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La problemática de Marta es la de miles de estudiantes en México: deficiencias educativas

Analizamos el caso de Marta que es el de miles de estudiantes mexicanos que acceden a estudios universitarios sin el nivel formativo adecuado.

Publicado en Mundo educativo
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Marta tiene 21 años y está estudiando la licenciatura en una universidad particular de mediano prestigio en la Ciudad de México. Sus habilidades lecto-escritoras están al nivel de un alumno de sexto grado de Primaria, y además, desconoce muchos temas que a su nivel educativo ya debería manejar con mucha más soltura.

La realidad de Marta es la que viven miles de jóvenes mexicanos desde su educación básica, una formación mediocre con serias deficiencias educativas que se van arrastrando durante años gracias al sistema educativo mexicano, que obliga a los docentes a acreditar con mínima calificación aprobatoria de 6 a los alumnos debido a la prohibición de reprobar con tal de inflar las cifras de egresados de la educación básica nacional  y exaltar que el gobierno proporciona enseñanza de calidad.

Marta vio su realidad cuando participó en el Concurso de Selección para la Educación Media Superior; y es que año tras año, la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior (Comipems) informa que aproximadamente uno de cada 10 jóvenes que presenta el examen único de admisión a bachillerato se queda sin asignación a un plantel porque no alcanzó el puntaje mínimo para los planteles que escogió, o por haber elegido una escuela de la UNAM o el Politécnico Nacional y no lograr un promedio mínimo de 7 en su certificado de secundaria;  el caso de Marta fue no alcanzar un puntaje mínimo, pues contaba con una calificación superior a 8 en su certificado de Secundaria.

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Retomando el caso de Marta: cuenta con serias deficiencias educativas, lo cual imposibilita su ingreso a cualquier institución pública, hecho que genera que sus únicas opciones de estudio sean entidades educativas particulares de mediana o mínima calidad, donde el nivel educativo global es bajo, pues aunque los docentes cuenten con amplia experiencia, no pueden avanzar y ofrecer educación más compleja por el mínimo nivel de aprovechamiento grupal, es decir, todos los compañeros de Marta padecen de la misma problemática, y al ser universidad particular, si el grupo considera que el docente es exigente éste es reportado para mantenerlo asignado e imposibilitado para exigir calidad grupal, y todo con el respaldo de las autoridades escolares.

Marta va avanzando de grado. Ella entiende que un 8 de calificación es fácil de ganar, pues no comprende el significado de la cultura del esfuerzo; sin embargo la historia de sus compañeros egresados la hacen vislumbrar su futuro: falta de oportunidades laborales, comentarios negativos respecto a su nula formación académica, entre los que destacan: “si yo fuera tú, regresaría a estudiar la carrera de nuevo en otra escuela”;  y poca competitividad comparada con jóvenes egresados de universidades de alto prestigio en el país.

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Como Marta hay miles de jóvenes que actualmente estudian en nivel superior sin estar preparados para llegar a estos niveles, y las escuelas de poco prestigio identifican a estos jóvenes y los matriculan, haciéndolos acreditar sus materias y hasta titularlos con pocos o nulos requisitos; su negocio es obtener más estudiantes, incrementar su matrícula y hasta venderles posgrados en la misma institución para obtener doble titulación, olvidándose completamente de la ética educativa y ofreciendo a la nación falsos profesionistas que no están preparados para la práctica cotidiana ni resolución de problemas sociales.

La mala educación es un mal que inicia desde la casa; con padres que evaden su responsabilidad formativa y cierran los ojos ante una realidad evidente, y con jóvenes poco comprometidos y nada responsables que perpetúan sus deficiencias formativas cada vez que aceptan una calificación aprobatoria sin ganarla con conocimiento, disciplina y cultura del esfuerzo.

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