La felicidad se aprende

La felicidad se aprende

La percepción y la actitud son claves en el aprendizaje de la felicidad.

La felicidad no es un concepto abstracto, ni un sueño de los idealistas. Se trata en realidad de un estado de ánimo y emocional que se caracteriza por la paz interior, la estabilidad y el interés por vivir y crecer.

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Tanto a la paz, como a la estabilidad y al entusiasmo no se llega por el destino, ni por las condiciones altamente favorables. Son estados emocionales que se pueden alcanzar como se logra el aprendizaje en cualquier área del conocimiento: con el estudio, el esfuerzo y la práctica.

Se ha comprobado que las personas son más productivas y tienen mejor salud si se sienten más felices.

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La percepción y la actitud

La felicidad es sobre todo una percepción y una actitud. Toda percepción implica un proceso selectivo. Esto quiere decir que de cada objeto, persona o situación, se eligen solo algunos aspectos para fijar la atención.

A raíz de las experiencias por las que todos hemos pasado, organizamos nuestra percepción de un modo específico. Algunos han sido formados para captar los aspectos más problemáticos o desagradables de la realidad. Es una especie de “frustración aprendida” que se retroalimenta a sí misma.

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El resultado de ello es una tendencia inconsciente a encontrar el punto negro dentro de la sábana blanca y enfocarse en ese pequeño aspecto, antes que en aquello que está bien. De este modo, se alimenta una percepción de la realidad en la que todo lo negativo cobra relevancia, ocupa tiempo e impide nutrirse de lo positivo.

Poco a poco, una percepción se convierte en actitud. Si percibes solamente lo malo, vas a actuar de una forma que responda a esa visión de la realidad.

Si ves lo malo de las personas, te volverás desconfiado y prevenido. Además, te vas a mantener tenso, precisamente porque esperas lo más negativo de los otros. Lo peor es que ese tipo de actitudes se impregnan en los demás, quienes, de uno u otro modo, terminarán viendo en ti lo que tú ves en ellos.

Quien desconfía, genera desconfianza. Quien ve lo peor de los demás lleva a que los demás también vean lo peor de él. Y así sucesivamente.

Así se forma un círculo vicioso en el que las cosas no resultan por la mala actitud frente a ellas. Y, a la vez, el hecho de que no resulten refuerza la actitud negativa.

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Aprendiendo la felicidad

Aunque todos tenemos un componente genético que nos predispone a ser más felices o más tristes, también contamos con la posibilidad de educar nuestras emociones para que estén de nuestro lado y no en contra de nosotros mismos.

Según Clemente García Novella, autor del libro “Ser feliz es fácil”, lo más importante para ser feliz es aprender a gestionar nuestros impulsos. Indica que debemos mantener una actitud de observación sobre nosotros mismos, de modo que evitemos actuar automáticamente y, en cambio, evaluemos la mejor manera de responder frente a una situación determinada.

Así mismo, indica que es importante aprender a construir una memoria benéfica de lo que nos sucede. Una vez salgamos de una situación difícil, es necesario construir un relato de la misma, que enfatice en lo aprendido y en los aspectos positivos de la forma como lo enfrentamos.

También es fundamental buscar el contacto físico con los demás seres humanos, aprender a escucharlos y gastar dinero en otros. Elegir momentos para hacer algo sacrificado por alguien que lo necesite. Esto aumentará la seguridad en nosotros mismos y la autoestima.

Finalmente, siempre se debe recordar que el cuerpo y la mente conforman una unidad. Por lo tanto, es necesario cuidar la salud a través de una alimentación equilibrada, el ejercicio físico regular y la práctica de alguna forma de meditación o relajación.

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