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Cómo preparar una buena exposición

Consejos y claves para aprovechar esta oportunidad al máximo, que te puede abrir un sinfín de puertas académicas y profesionales.

Una exposición no es solo la manera de obtener una buena calificación y cumplir con un deber. Más allá de ello, se trata de una ocasión que debes aprovechar para desarrollar y pulir cada vez más tus habilidades comunicativas en el campo profesional. Saber transmitir tus ideas a un público es una llave que te abre infinidad de puertas en el mundo laboral.

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Hacer una buena exposición significa lograr que quienes te escuchan se interesen por lo que dices y entiendan todo aquello que quieres transmitir. Significa también mantener el control sobre el auditorio y estar en capacidad de responder a sus inquietudes y expectativas.

Saber transmitir ideas es una llave que abre infinidad de puertas

Hay algunas claves que te ayudarán para que tu exposición sea un éxito. Estas son algunas de ellas.

Estructurar el contenido

Lo más importante para que tu exposición sea todo un éxito es que el contenido sea óptimo. Para lograrlo es necesario que hagas una investigación detallada acerca del tema. Detallada no quiere decir muy extensa, sino muy bien enfocada. No te sirve si utilizas información general y superficial. Lo aconsejable es que vayas al grano y seas capaz de aportar datos relevantes.

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No es adecuado tomar una sola fuente y tratar de repetir lo que dice allí. Lo ideal es que consultes varios puntos de vista y extraigas lo mejor de cada uno. Luego, organiza la información de tal modo que puedas hacer una exposición ordenada y didáctica del contenido.

Define los tiempos

Toda exposición se compone de tres partes básicas: introducción, desarrollo y conclusión. Una presentación en público exige que manejes muy bien el tiempo, de tal modo que no vayas a dejar algo importante por fuera o tengas que apresurarte a terminar. Lo lógico es que tanto la introducción como las conclusiones sean breves.

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El desarrollo del tema, por su parte, también debe ser dividido, especialmente si es muy extenso. Es importante determinar qué tanto tiempo demanda cada subtema y dejar un margen de 3 a 5 minutos de más, para que alguna eventualidad no vaya a dar al traste con toda la planificación.

La mejor manera de controlar los tiempos es haciendo un guión de la exposición, en donde queden consignadas todas las partes y el tiempo asignado a cada una.

El inicio y el final: dos momentos clave

El inicio de la exposición es un momento decisivo. Es allí cuando se establece conexión con el público y se genera una atmósfera adecuada para desarrollar el tema. Por eso es válido que elijas las tres primeras frases con mucho cuidado y las memorices, para hacer una apertura impactante, amable y motivante.

De la misma manera, los espectadores recordarán con mayor nitidez todo aquello que quede plasmado en las conclusiones. Por eso el cierre debe ser muy concreto y lo suficientemente atractivo como para dejar la impresión dentro del auditorio de que valió la pena asistir.

Ensaya en voz alta

Nada mejor que hacer tu exposición previamente, frente a un espejo o a algunas pocas personas de tu confianza. Sin apenas notarlo, lograrás memorizar los aspectos esenciales y podrás detectar aquellos momentos en los cuales no hay suficiente claridad o fluidez. Esto te permitirá replantear los puntos flojos antes de presentarte ante tu público.

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También podrás pulir aspectos que son importantes, como el tono de la voz, la gestualidad y el tiempo que te tardas en desarrollar cada tema y subtema. Si eres de los que se ponen muy nerviosos al hablar en público, ensaya varias veces antes de la presentación.