Prácticas: ¿Cómo es el “primer empleo”?

Los períodos formativos en empresas son la oportunidad que tienen para conocer el contexto profesional e insertarse en el mercado de trabajo antes de graduarse. Sin embargo, la experiencia de muchos que han sido ‘becarios’ revela que no siempre estas prácticas se ajustan a las exigencias que marca el Real Decreto que lo regula. La falta de remuneración, realizar labores fuera del horario y cargar con demasiadas responsabilidades son algunos de los puntos más negros de este ‘primer empleo’.

Jarea Satué Redacción Aprendemas - 08/06/2012

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Prácticas: ¿Cómo es el “primer empleo”?

Llegada la hora de la holganza y los días de asueto, algunos estudiantes universitarios verán alejarse las bicicletas que Fernán Gómez catalogó para el verano y las toallas sobre la arena hasta que se oculte el sol. En verano, a veces, toca trabajar, y no precisamente para ganar dinero. Las prácticas en empresas son períodos formativos habituales durante el verano, y también durante el transcurso del año escolar, en entidades, instituciones o centros docentes durante los que los alumnos tienen la posibilidad de desarrollar un aprendizaje aplicado, además de adquirir las habilidades necesarias para una exitosa incorporación laboral.
 
A través de los servicios universitarios de empleo, una suerte de bolsas de empleo dependientes de las Universidades, entidades y alumnos se buscan y se encuentran. Currículos con diferentes perfiles y ofertas de las más diversas características se cruzan para dar como resultado prácticas formativas en las que el alumno, supervisado por un tutor, “debe obtener una mejora en sus competencias y habilidades. No solo hay que plasmar sus conocimientos teóricos, sino aprender a relacionarse y a funcionar en un entorno laboral”, apunta Dolores Dorado, jefa de Servicio del Centro de Orientación e Información de Empleo (COIE)de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Luis Jiménez Catena, del Servicio de Orientación y Planificación Profesional de la UC3M, es de la opinión de que tras una práctica formativa de estas características, el estudiante tiene más posibilidades de ser mejor valorado por las empresas ante un futuro de trabajo. “Las entidades valoran enormemente y diferencian positivamente a aquellos que tienen una experiencia laboral antes de titularse”. ¿Las razones? “Han aprendido una serie de habilidades aplicadas a situaciones reales. Y sobre todo porque cuando entras a trabajar en una organización no sólo tienes que desarrollar tus capacidades profesionales sino también habilidades relacionadas con el saber trabajar en equipo y con la necesidad de adaptar a un entorno en el que tienes que convivir con un grupo de personas”.
 
Los más solicitados
 
La implantación de Bolonia ha obligado, en el caso de algunos grados y postgrados, la integración de las Prácticas Formativas en el plan de estudios con una correspondencia en créditos académicos. En algunos planes de estudio la obtención del título está sujeto a la realización de estas prácticas. Del mismo modo, la necesidad de desarrollar las máximas competencias posibles antes de lanzarse al mundo profesional hace necesario trabajar en perfiles transversales y muy versátiles, con un amplio dominio de las diferentes tareas asociadas a cada sector empresarial. Entidades y compañías son conscientes de la evolución del tejido productivo. Por ello, cada vez más, las empresas solicitan candidatos con buen dominio de idiomas, valorando además las becas Erasmus y otras actividades extraacadémicas.
 
Según los servicios de empleo universitarios consultados, los sectores en los que mayor número de prácticas se demandan y se solicitan son Empresariales, Administración y Dirección de Empresas, Finanzas y Contabilidad, y Economía. Por otro lado, están las ingenierías, y sobretodo las titulaciones con más tirón en verano, que son Periodismo y  Comunicación Audiovisual.
 
En Accenture, entidad especializada en la consultoría de gestión, servicios tecnológicos y outsourcing, tienen claro el perfil de competencias que buscan a la hora de incorporar candidatos a su Programa de Becas: “Buscamos personas con un perfil de competencias que encaje en el rol del consultor, como la capacidad de trabajo en equipo, habilidades de comunicación y afán por crecer profesionalmente”, explica Lola Marcos, directora de selección de de la compañía. De la misma opinión es Fernando Martínez Gómez, director gerente de la Fundación Universidad-Empresa, que describe cómo la tendencia general hace que se requieran a perfiles versátiles, con formación y competencias transversales. Esto, según Martínez Gómez, permite una mayor flexibilidad a la hora de ubicar al trabajador en un área de actividad de la empresa u otra.
 
Es una realidad que en los tiempos que corren las empresas prestan cada vez más atención al perfil blando del titulado. “Desde el trabajo en equipo y la proactividad, hasta la capacidad de aprendizaje y generación de nuevas ideas, pasando por la gestión de la información y la comunicación”, resuelve el director gerente de FUE. No obstante el perfil formativo y competencial demandado varía mucho en función del tamaño de la empresa. “La capacidad para trabajar en un contexto internacional y el dominio del inglés, por ejemplo, adquieren gran relevancia en las compañías con más de 10.000 trabajadores, mientras que las pymes valoran más los conocimientos de gestión de empresas”, especifica.
 
Los “puntos negros” de las prácticas
 
Pese a ser perfiles altos y con gran número de competencias, no hay que olvidar que los estudiantes en prácticas no son ni sustituyen a los trabajadores. Y su incorporación a una entidad o compañía en calidad de estudiante en prácticas tiene su propia regulación -el Real Decreto 1707/2011-. Dicha normativa define el carácter de las mismas como formativo y niega que de su realización pueda derivarse, en ningún caso, obligaciones propias de una relación laboral, ni la sustitución de la prestación laboral propia de puestos de trabajo. Ante lo que sucede a ojos de todos pero que nadie se atreve a denunciar, Bruselas ha puesto en su punto de mira los abusos que los empleadores cometen al entender al becario como mano de obra barata y sin seguridad social.
 
Sin embargo, y aunque la experiencia niega la mayor y en el sector del Periodismo y la Comunicación contravenir la norma que regula las prácticas es habitual, los centros encargados de servir como enlaces entre empresas reconocen no tener conocimiento de que estas situaciones se den en un alto porcentaje. “En el caso de las becas que gestionamos desde la Asociación de la Prensa de Madrid, no. ¿Que los estudiantes lo asuman? Tampoco les interesa decirnos que han estado haciendo el trabajo del redactor que está de vacaciones. ¿Que lo hayan hecho? Probablemente en algún caso lo hayan hecho. No todos, ni mucho menos. Siempre pedimos que haya un tutor que los esté vigilando”, responde María Fernández, responsable del Dpto. de Formación y Empleo de la Asociación de la Prensa de Madrid.
 
Junto al sector de medios de comunicación, que por otra parte es uno de los que mayor número de ofertas y demandas de prácticas genera, otros ámbitos profesionales son señalados con el dedo, pero siempre bajo el anonimato. Entre la población universitaria se arrojan acusaciones contra entidades -en el marco de la gestión cultural (museos y fundaciones)- que pecan de encubrir puestos de trabajo, ahorrar en la contratación de personal y buscar la mano de obra barata. Luis Jiménez Catena, director del Servicio de Orientación y Planificación Profesional de la UC3M, aclara tajante al respecto, que estos comportamientos por parte de las empresas son totalmente improcedentes: “Eso no se puede hacer. No deberían aceptarse este tipo de prácticas. Y si se da algún tipo de acto de este tipo, desde la universidad intervenimos. Nos parece que no procede. No hay que olvidar que esto es una práctica formativa no un trabajo”. A la pregunta de cuáles pueden ser las razones por las que un alumno no denuncie este tipo de conductas abusivas, Jiménez Catena intuye que podría alegarse las dificultades de acceder a un puesto de trabajo y actual la precariedad laboral, “ya que el nivel de competencia es muy elevado. Del mismo modo reconoce no sólo el sector de la prensa sufre de arbitrariedad a la hora de marcar los límites a las responsabilidades de los estudiantes en prácticas: “En algún otro sector también puede estar ocurriendo, como es el del Turismo”, y recuerda que es responsabilidad de todos el sensibilizar a las empresas al respecto.
 
Frente a la extralimitación en las competencias asumidas, la falta de remuneración o ayudas al estudio es otro de los puntos negros de las prácticas formativas. Sin embargo, en esto el Real Decreto es más ambiguo y deja al alumno a merced de la voluntad de la entidad demandante del puesto recibir una aportación en concepto de bolsa o ayuda al estudio. “La remuneración es algo que no es obligatorio y depende de lo que establezca la empresa. Hay prácticas de 0 a 1.000 euros, una media sería 450 euros”, explica Dolores Dorado, del COIE de la UCM. Además, hay que tener en cuenta que en estos casos siempre es el estudiante es el que decide qué tipo de prácticas realiza. “En el COIE hacemos una preselección con los requisitos que nos marca la empresa”. Finalmente, son alumno y empresa los que deciden. Del mismo modo, Jiménez Catena explica cómo las dotaciones más altas suelen darse en el campo de las ingenierías, el sector industrial o la consultoría. “Pero también existe una variación interempresarial muy alta. Puedes encontrar consultoras que pagan bien y otras no tanto. También varía en función de la dedicación”.
 
Por ejemplo, en Accenture depende del número de horas diarias que el becario realice pero lo habitual es que vaya desde 475 euros al mes por cuatro horas diarias a 840 euros por ocho horas diarias. “Todo depende de la disponibilidad del becario porque Accenture se adapta a sus necesidades de horario de mañana o tarde en el caso de que no puedan hacer jornada completa, y obviamente también disponen de tiempo libre para sus exámenes”, explica Lola Marcos. También la Fundación Universidad-Empresa se mueve entre estos mismos baremos, con becas que incluyen ayudas a partir de los 400 euros brutos mensuales en el caso de los estudiantes (media jornada) y de los 800 euros brutos mensuales en el caso de los recién titulados (jornada completa).