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Una guía recoge las mejores prácticas en Cooperación Universitaria al Desarrollo

En 2014, las universidades españolas destinaron más de 10 millones a cooperación al desarrollo, más que en 2013.

Publicado en Mundo Educativo
Foto de Una guía recoge las mejores prácticas en Cooperación Universitaria al Desarrollo
Un curso que pretende sensibilizar y formar sobre la realidad del mundo africano y latinoamericano  entre cuatro universidades de Cataluña, un programa formativo que permita a los profesionales de la salud dar respuesta a las necesidades de la salud de las mujeres, o un proyecto de colaboración interuniversitaria entre Madrid y Managua en energías renovables. Son tres ejemplos de los 41 recogidos en la Guía de Buenas Prácticas en materia de Cooperación Universitaria al Desarrollo (CUD) que ayer presentó la Comisión Sectorial de Internacionalización Cooperación de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE). Los proyectos seleccionados de un total de 56 provienen de 31 universidades y redes universitarias.

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La elaboración de esta guía ha supuesto, además, el primer proceso de autoanálisis que la CUD realiza en sus 15 años de vigencia. Además de resaltar los ejemplos más representativos “hemos querido hacer una reflexión interna, de forma que podamos fortalecer nuestras acciones futuras”, explicó Daniel Hernández Ruipérez, presidente de la citada comisión y rector de la Universidad de Salamanca. Este destacó también la importancia de la CUD, iniciada desde hace 15 años.

Las prácticas han sido seleccionadas bajo los criterios de pertinencia, orientación a resultados, eficacia, sostenibilidad, innovación y replicabilidad. La guía recoge políticas, como el programa 'Universidades por el Comercio Justo' de la Universidad de Córdoba; convocatorias, postgrados, proyectos de fortalecimiento institucional, acciones de educación para el desarrollo y de visibilización y sensibilización. Entre estas últimas pueden se encuentra el Programa Reutiliza, de la Universidad Politècnica de Catalunya. Este tiene como objetivo la reutilización de equipos informáticos procedentes, en su mayoría, de renovaciones en la propia universidad. Una vez revisados, los equipos se ponen a disposición de entidades de interés social y programas solidarios.

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De los 41 casos recogidos en la guía, ocho de ellos tienen lugar o están orientados a algún país de América Latina; tres a países de África; diez a otros países en vías de desarrollo sin especificar, y el resto se orientan al público universitario español.
El presupuesto de las universidades destinado a Cooperación al Desarrollo ha aumentado un 4%.

Sobre el dinero destinado por las universidades a Cooperación al Desarrollo, Guillermo Palao, presidente del Grupo de Trabajo CUD de la citada comisión sectorial, ha insistido en que “no sólo se ha mantenido sino que ha crecido durante 2014 un 4% respecto a 2013, situando su ayuda al desarrollo en 2014 en 10.023.942 euros”.

La presentación de esta guía coincide con uno de los puntos más álgidos de la crisis humanitaria de refugiados que Europa vive desde la II Guerra Mundial. El pasado 7 de septiembre, la Asamblea de la CRUE anunciaba que las universidades facilitarían el acceso a estudiantes refugiados que sean universitarios en su país, colaboración para profesores y promoverían acciones de voluntariado entre los estudiantes. Pero las acciones concretas que las universidades vayan a poner en marcha todavía están por determinar y dependerán de los recursos y de la capacidad de acción que cada una tenga.

Guillermo Palao ha explicado que, en el caso de Siria, “se ha producido un cambio de paradigma” en lo que se refiere a la cooperación universitaria al desarrollo en una crisis humanitaria. En el caso de Haití, “las universidades respondieron con un programa de becas para estudiantes haitianos que aún sigue vigente”. En el caso de Siria, “no se trata de cooperación con universidades sirias, sino de ayuda a refugiados”.

En un primer momento, la CRUE prevé movilizar al voluntariado universitario, ofrecer asesoramiento legal directo -como la Universidad de Valencia- y albergar en residencias universitarias a estudiantes refugiados -como en el caso de la Universidad de Salamanca-. Cuestiones relacionadas con homologaciones y acreditación de títulos no dependen directamente de las universidades, “por lo que es necesaria la colaboración del Ministerio”, afirmó Hernández.

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Más información:

Guía de Buenas Prácticas de Cooperación Universitaria para el Desarrollo. OCUD