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Pronunciación y entonación, clave para que los niños aprendan vocabulario

Los bebés mejoran su capacidad lingüística si los padres les hablan con lentitud, prolongando el sonido de las palabras y exagerando la entonación.

Publicado en Mundo Educativo
Foto de Pronunciación y entonación, clave para que los niños aprendan vocabulario
La manera en la que se habla a un bebé es importante y no solo para que vaya aprendiendo a hablar y el lenguaje de una forma natural, sino también para el desarrollo de sus habilidades lingüísticas. Una relación que se ha puesto de manifiesto en el estudio realizado por el Instituto para el Aprendizaje y Ciencias del Cerebro de la Universidad de Washington (I-LABS) en el que se constata que los padres que hablan a los bebés pronunciando vocales alargadas y con una entonación más exagerada ayudan a que sus hijos mejoren sus habilidades lingüísticas.

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Este hallazgo es especialmente importante porque los padres son los primeros maestros de los bebés, pudiendo afectar así su forma de hablar a los resultados de sus hijos. Y es que las habilidades lingüísticas tempranas son factores importantes para predecir el aprendizaje de un niño para leer y para que tenga éxito en la escuela.

Los investigadores han comprobado -a lo largo de los más de 30 años de investigación en laboratorio-, que los bebés prestan mayor atención si se les habla de forma lenta y con claridad, exagerando las vocales y la entonación. Es lo que se denomina ‘parentese’ y consiste en un discurso gramatical con palabras reales, pronunciación más alargada y una tonalidad más exagerada a diferencia de lo que sucede en otras charlas con bebés que son palabras o sonidos que no tienen sentido.

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Una preferencia que tiene un efecto positivo en el desarrollo de sus habilidades y capacites lingüísticas puesto que se ha observado que los bebés que están expuestos a esta forma de hablar tienen un vocabulario más amplio que otros niños pequeños que han oído a sus padres una forma de hablar estándar.

Para llegar a estas conclusiones del estudio, que recientemente se ha publicado en ‘Developmental Science’, el equipo de investigación realizó grabaciones de audio a varias familias durante los fines de semana. En concreto, el estudio incluyó personas con diferentes orígenes socioeconómicos, trabajando con 77 padres que hablaban en inglés como idioma principal y sus bebés de seis meses de edad al inicio del proyecto, quienes tenían que llevar una pequeña grabadora en un chaleco especialmente diseñado para niños con el fin de hacer las grabaciones cuando tenían 6, 10 y 14 meses de edad.

Además, los padres se distribuyeron en grupos de ‘control’ y de ‘coaching’. Estos últimos participaron en sesiones individuales llevadas a cabo a los seis y diez meses de edad del bebé. En esas clases, se les proporcionaron sugerencias de interacción del idioma y estrategias de comunicación para aprender las claves del ‘parentese’ y poner en práctica lo aprendido en el día a día y en actividades concretas como el baño, el cambio de pañales o la comida del bebé, aparte de analizar las grabaciones con un ‘coach’.

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Estas pruebas evidenciaron que los bebés cuyos padres formaron parte de este entrenamiento tenían más capacidad verbal a los 14 meses de edad, además de comprobarse que establecen una mayor conexión con sus progenitores y están más motivados para responder, aunque solo sea un balbuceo.

El estudio arrojó a su vez otros resultados: El grupo de padres que recibió el ‘coaching’ habló más y con más frecuencia a sus hijos entre los 6 y 14 meses, mientras que los padres que formaban parte del grupo de ‘control’ registraron un menor crecimiento tanto en participación como en la cantidad del habla, registrándose un aumento del 15% y 7%, respectivamente.

La evolución de los bebés también fue analizada, clasificando sus sonidos en balbuceos o como palabras si eran claramente reconocibles. Los resultados fueron claros, ya que los bebés de familias que habían estado en el grupo de ‘coaching’ balbuceaban en el 43% de las grabaciones frente al 30% de los bebés de padres en el grupo de ‘control’. También introducían más palabras a los 14 meses de edad que los otros bebés cuyos padres no habían sido entrenados.

 

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