Neurocientíficos de la Universidad de Boston relacionan la materia cerebral en la infancia con la habilidad del lenguaje a los 5 años

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Neurocientíficos de la Universidad de Boston relacionan la materia cerebral en la infancia con la habilidad del lenguaje a los 5 años

Estudian cómo las redes neuronales en los bebés influyen en sus habilidades de aprendizaje del lenguaje en la primera infancia.

Desde que el bebé está en el útero materno y tan pronto como llega al mundo, comienza a absorber información de su entorno y del de los adultos que lo rodean, aprendiendo rápidamente después del nacimiento a comunicarse a través de llantos, sonidos, risas y otros tipos de conversaciones.

Pero, ¿cuándo comienzan a desarrollar las habilidades de comunicación en la infancia? Un nuevo estudio científico de la Universidad de Boston revela que la composición de la materia cerebral en la infancia comienza a estar relacionada con el grado de habilidad del lenguaje a partir de los cinco años.

La conexión entre el desarrollo cerebral y el lenguaje

La neurocientífica Jennifer Zuk siguió de cerca el desarrollo cerebral de un grupo de niños para averiguar cómo se estructura el cerebro de los bebés y cómo es su capacidad para aprender un idioma a una edad temprana. También han querido analizar en qué medida el entorno de los niños juega un papel importante en el desarrollo del cerebro y del lenguaje.

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Al comenzar este estudio, Zuk trató de dar respuesta a varias cuestiones:

– ¿Hasta qué punto la estructura predispuesta del cerebro juega un papel en el desarrollo?
– ¿Se desarrolla el cerebro junto con el lenguaje o el entorno impulsa el progreso de ambos?
– ¿En qué medida la estructura del cerebro en la primera infancia prepara a los niños para el éxito con el lenguaje?

Durante el desarrollo de la investigación se descubrió que las redes neuronales del cerebro pueden sentar las bases para la adquisición del lenguaje de un niño durante el primer año de vida.

Estas vías se conocen como materia blanca, y actúan como conectores entre los miles de millones de neuronas, llamadas materia gris, que componen el tejido cerebral. Esto permite el intercambio de señales y todas las diferentes tareas y funciones que necesitamos realizar, así como todos los procesos biológicos que nos sustentan.

Concretamente, este estudio demuestra que cuando un niño hace una determinada tarea en repetidas ocasiones, como aprender un nuevo idioma, más fuertes y refinadas se vuelven las vías en las áreas del cerebro responsable de esa tarea, permitiendo que la información fluya de manera más eficiente a través de la materia blanca.

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La influencia del entorno en el lenguaje

Pero además del desarrollo de la materia blanca, esta científica también ha demostrado que el entorno del niño juega un papel importante en la formación y adquisición de sus habilidades lingüísticas.

Según sugieren los hallazgos de este estudio, los niños nacidos con mayores indicios de organización de la materia blanca suelen tener mejores habilidades lingüísticas a los cinco años, lo que sugiere que las habilidades de comunicación podrían estar fuertemente vinculadas a la estructura cerebral predispuesta.

Aunque Zuk asegura que todavía quedan muchas incertidumbres sobre si la naturaleza o la crianza son factores más dominantes a la hora de determinar la composición de la materia blanca y cómo aprende un bebé a comunicarse.