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La correcta identificación y una rápida intervención, claves en la depresión infantil

La depresión no solo afecta a los adultos. Los niños también pueden sufrir este trastorno. Saber cómo actuar es clave para la recuperación.

Publicado en Mundo Educativo
Foto de La correcta identificación y una rápida intervención, claves en la depresión infantil
La depresión es un trastorno que no solo afecta a los adultos. La depresión infantil también existe y, de hecho, el número de menores diagnosticados no deja de aumentar. Una correcta identificación de los síntomas y la rápida actuación de las familias son clave para un buen pronóstico.

Todos los niños se sienten infelices, tristes e irritables en algún momento de su vida y eso no significa que estén pasando por un trastorno depresivo. La depresión es una alteración grave del estado de ánimo y, como tal, necesita de una rápida intervención.

 
Aproximadamente un 5% (uno de cada 20 niños y adolescentes) tendrá un episodio depresivo antes de cumplir los 19 años

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Los expertos calculan que alrededor de un 5% de los niños y un 8% de los adolescentes presenta depresión, unas cifras que aumentan hasta el 15% y el 31% respectivamente si los menores presentan, además, problemas de conducta. En estos casos, la depresión infantil puede llegar a afecta gravemente a los pequeños que la sufren, alterando desde el rendimiento escolar hasta sus relaciones sociales.

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Causas, síntomas y tratamientos de la depresión infantil


La depresión infantil puede darse por factores biológicos, hereditarios, estacionales, por causas psicológicas como la muerte de un ser querido o problemas de autoestima, o por la presión del entorno y el estrés. El comienzo de los síntomas puede ser gradual o súbito, y puede confluir con otros trastornos, como la ansiedad.

Para hablar de depresión se tienen que dar varios síntomas simultáneamente, como:

- estado de ánimo irritable o depresivo
- pérdida de interés o concentración
- aislamiento social
- problemas de conducta
- baja autoestima
- llanto frecuente
- quejas de dolencias físicas
- cambios en el apetito
- trastornos del sueño
- autolesiones
- intentos de suicidio

Si se tienen sospechas que el menor está sufriendo un trastorno depresivo hay que acudir al especialista cuanto antes para que establezca un diagnóstico y, si es necesario, un tratamiento, que puede ser psicológico, farmacológico o una combinación de ambos.

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Más prevención de trastornos emocionales


Un estudio de la Universidad del País Vasco pone de manifiesto la necesidad de "desarrollar e implementar programas de prevención de los trastornos emocionales en la infancia y adolescencia" ante la depresión infantil.

Las autoras del estudio, las profesoras Maite Garaigordobil, Joana Jaureguizar y Elena Bernarás, creen que "los trastornos emocionales en la infancia puedan influir de forma importante en el desarrollo integral de los niños", ya que "afectan a todas las áreas del funcionamiento humano", refiriéndose al cognitivo, emocional, somático y comportamental.

Tras poner en práctica diversos programas de intervención socioemocional, las profesoras ratifican el "positivo potencial" de "programas de juego cooperativo, aumento del autoconcepto y habilidades sociales" que son factores protectores de la depresión.

Ayuda a niños y adolescentes 


Paralelamente los padres y el entorno del alumno pueden ayudar al menor aumentando su autoestima, manteniendo una estabilidad familiar, invitando a que hable de sus sentimientos, ayudándole a encontrar una actividad placentera, favoreciendo el apetito con sus comidas favoritas, establecimiento el ambiente adecuado para una buena calidad del sueño, enseñándole técnicas de relajación, y sobre todo apoyándole y tranquilizándole.

La colaboración entre el psicólogo y los padres es fundamental para lograr el éxito. En ocasiones, los profesionales de la salud pueden pedir a los progenitores que observen y registren lo que hace el niño con el fin de establecer cuál es la causa del comportamiento. Establecer una línea base de actuación ayuda a los padres a sentirse más tranquilos en el manejo de la situación.

Por otro lado, el psicólogo también puede actuar con los niños enseñándole técnicas de autocontrol que le permitan bajar la ansiedad y la tristeza. Dotar de herramientas al pequeño para hacer frente a sus sentimientos más negativos puede reducir considerablemente sus niveles de angustia. Si es necesario, la terapia cognitivo-conductual se puede completar con fármacos, aunque siempre es el profesional el que tiene que decidirlo.

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