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Exigir demasiado a los hijos puede ser contraproducente

Un estudio sugiere que demasiada exigencia puede ser perjudicial para el bienestar del niño.

Publicado en Mundo Educativo
Foto de Exigir demasiado a los hijos puede ser contraproducente
El papel que adoptan los padres en la educación y, en concreto, en relación a su rendimiento educativo, puede tener consecuencias negativas para los niños. Un reciente estudio realizado por la National University of Singapore (NUS) sugiere que los padres que tienen unas expectativas demasiado altas sobre las calificaciones académicas de sus hijos y no saben reaccionar ante sus posibles fallos o errores pueden hacer que su hijo sea más autocrítico y más propenso a sufrir depresión y ansiedad.

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El estudio, publicado en ‘Journal of Personality’, también analiza el perfeccionismo desadaptativo, que puede llevar a que el niño sienta miedo a cometer el más mínimo error y a culparse de sí mismo por no ser perfecto.

Un comportamiento sobre el que el estudio alerta de que, con el tiempo, puede ser perjudicial para el bienestar del niño al aumentar el riesgo de desarrollar síntomas de depresión o ansiedad e, incluso, de suicidio en los casos más graves.

El estudio se ha centrado además en analizar el perfeccionismo desadaptativo desde dos aspectos concretos como son el de la autocrítica y el del perfeccionismo social, que consiste en la percepción de una persona que cree que el resto tiene expectativas muy altas sobre uno mismo.

La investigación se ha realizado durante cinco años con niños de siete años de edad procedentes de diez escuelas de Primaria de Singapur –siendo el único estudio que aborda este segmento de edad-, además de participar también el progenitor más familiarizado con el estudiante de cada familia.

El estudio ha analizado el primer año la intrusión parental a través de un juego que realizaba el niño y en el que tenía que resolver puzles en un tiempo determinado. El padre le acompañaba y podía ayudarle para detectar el impacto de su intervención en la resolución de los juegos con independencia de las necesidades reales de su hijo.

Posteriormente, se evaluó a los escolares a los ocho años de edad, a los nueve y a los once para ver los niveles de la mala adaptación del perfeccionismo. Los datos reflejaron que alrededor del 60% de los 263 niños evaluados tenía una clasificación alta en el aumento de la autocrítica, mientras que el 78% estaba en ese mismo nivel en el caso del perfeccionismo social. Además, el estudio evidenció que ambos aspectos pueden darse a la vez, lo que se apreció en el 59%.

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Consejos de experto


Ante estos resultados, el equipo de investigadores ha realizado una serie de recomendaciones para los padres con el fin de que no empujen a sus hijos hacia estas situaciones. La primera de ellas es que los niños tengan un entorno de aprendizaje propicio, que siempre implica cometer errores y aprender de ellos.

Además, se pueden introducir cambios en la forma de hablar sobre su rendimiento académico. De este modo, en lugar de preguntarle si ha recibido la máxima puntuación en una evaluación, se le puede hacer la pregunta de una forma más genérica con frases como “¿Qué tal te ha ido el examen?”.

Otro de los consejos consiste en no culpar al niño si no ha hecho bien el examen o como se esperaba, siendo más aconsejable alabar primero los logros antes de pasar a los errores. También se le debe ayudar a que aprenda de esos fallos cometidos.

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Más información:
National University of Singapore