Un estudio registra el aumento de la actividad cerebral al aprender idiomas

Un estudio registra el aumento de la actividad cerebral al aprender idiomas

Investigadores de la Universidad de Tokio han corroborado, a través de un escáner cerebral, que en las fases iniciales de aprendizaje de un nuevo idioma aumenta el flujo sanguíneo en el cerebro.

Desde hace años, numerosos estudios científicos han apuntado los múltiples beneficios que aporta aprender idiomas. Ahora la ciencia ha ido más allá, y una nueva investigación de la Universidad de Tokio mide, por primera vez, cómo cambia la actividad cerebral cuando se estudia un nuevo idioma. 

 

Se detecta un aumento inicial significativo durante la fase de aprendizaje y un declive a medida que se consolida el conocimiento del idioma.

Concretamente, este estudio se llevó a cabo con un grupo de estudiantes de japonés, y los resultados demostraron que adquirir un nuevo idioma aumenta la actividad cerebral inicialmente y que, transcurridos unos meses de aprendizaje, la actividad se reduce a medida que mejoran las habilidades lingüísticas. 

Según Kuniyoshi L. Sakai, neurocientífico de la Universidad de Tokio, durante los primeros meses de aprendizaje se pueden medir cuantitativamente las mejoras de las habilidades del lenguaje mediante el seguimiento de la actividad cerebral. 

Por ello, para realizar este estudio los investigadores siguieron a 15 estudiantes voluntarios que habían empezado a tomar clases de japonés durante tres horas al día. Todos los voluntarios eran hablantes nativos de algún idioma europeo y, antes de realizar el estudio, realizaron exámenes de lectura y de comprensión auditiva durante un periodo de ocho semanas. 

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Tras este periodo, los investigadores optaron por evaluar exclusivamente las habilidades lingüísticas pasivas de lectura y de comprensión auditiva, ya que éstas pueden puntuarse de manera más objetiva que las habilidades activas.

Los voluntarios se sometieron a una prueba de escáner de imágenes por resonancia magnética mientras realizaban las pruebas de idiomas para que, de esta forma, los investigadores pudieran medir el flujo sanguíneo local alrededor de las regiones del cerebro, un indicador de la actividad neuronal.

Durante las pruebas de lectura y de comprensión auditiva, las cuatro áreas del cerebro de los voluntarios mostraron un aumento significativo en el flujo sanguíneo, lo que revelaba que los voluntarios estaban pensando mucho para reconocer los caracteres y sonidos del idioma desconocido.

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Varias semanas después los voluntarios se sometieron a una segunda prueba y las puntuaciones en las pruebas de lectura mejoraron un 55%, además, fueron más rápidos a la hora de elegir una respuesta, lo que demostró que habían mejorado su nivel de comprensión del japonés.

Finalmente, al comparar los resultados de ambas pruebas, los investigadores descubrieron una disminución de la actividad cerebral en el centro gramatical y en el área de comprensión durante las pruebas de audición, así como en las áreas visuales de los lóbulos occipitales durante las pruebas de lectura. 

Este patrón de cambios en la actividad cerebral, con un aumento inicial significativo durante la fase de aprendizaje y un declive a medida que el nuevo idioma se adquiere y se consolida, puede brindar a los expertos en neurobiología del lenguaje una herramienta biométrica para evaluar los planes de estudio de los estudiantes de idiomas, asegura Kuniyoshi L. Sakai.

Sin embargo, hasta que se pueda identificar un método ideal y realmente efectivo para aprender un nuevo idioma, los investigadores de la Universidad de Tokio recomiendan adquirir un idioma en un entorno natural, como una inmersión, como estudiar en el extranjero, o a través de cualquier otro método que active simultáneamente las cuatro regiones del lenguaje del cerebro.

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