Exámenes: claves para aumentar la memoria y estudiar mejor

Al estudiar siempre se piensa en que la memoria es la clave del éxito. Pero en él influyen las estrategias de aprendizaje, la motivación y la atención que se ponga, entre otros factores. Siguiendo una serie de consejos, se puede aumentar el rendimiento y conseguir mejores resultados.

Eva Sereno Redacción Aprendemas - 10/01/2013

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Exámenes: claves para aumentar la memoria y estudiar mejor

La memoria es importante, pero no lo es todo a la hora de estudiar y de preparar los temidos exámenes. Hay varios factores que influyen para conseguir obtener un buen rendimiento y alcanzar el objetivo académico marcado. De hecho, “la memoria es considerada una de las principales aptitudes de un buen estudiante, pero la memorización sin más, meter la información a presión, repetir una y otra vez, no es útil, y en muchas ocasiones puede ser el origen de importantes dificultades en el aprendizaje”, según  explica María Luisa Delgado Losada, doctora en Psicología y profesora del Departamento de Psicología Básica II (Procesos cognitivos) de la Universidad Complutense de Madrid.
 
Pero, realmente, ¿qué es la memoria? La memoria puede definirse como la capacidad cognitiva que nos permite codificar, almacenar y recuperar diferentes tipos de información, conocimientos y habilidades. Pero, “la memoria no es un proceso psicológico, una capacidad neurocognitiva única, unitaria, sino que existen diferentes tipos de memorias, cada una con unas características, funciones y procesos propios, que se diferencian entre sí por la cantidad de información que pueden albergar y el tiempo que ésta puede mantenerse almacenada (memoria sensorial, memoria a corto plazo, memoria operativa o de trabajo, memoria a largo plazo)”, aclara María Luisa Delgado, quien añade que “el correcto funcionamiento de la memoria implica la realización adecuada de tres operaciones o procesos: registro, almacenamiento y recuperación de la información”.
 
Estos tres procesos de la memoria se ven favorecidos por el uso de estrategias y técnicas de memoria (mnemotecnias). De ahí “la importancia de su aprendizaje y aplicación como técnica de estudio para mejorar el rendimiento académico”, según explica la doctora. Y es que las estrategias y técnicas de memoria “son los procedimientos que favorecen y mejoran el funcionamiento de la memoria, facilitan el procesamiento de la información, permitiendo la codificación, almacenamiento y recuperación de la información que se desea recordar. Por ejemplo: acción de repetir, organizar, agrupar, asociar, visualizar”.
 
Dentro de estas estrategias, la de asociación desempeña un papel fundamental de cara al aprendizaje y la memorización porque “podemos fortalecer las conexiones entre los conceptos o materiales a aprender si establecemos vínculos y relaciones de unos temas con otros, uniéndolos con conocimientos y experiencias previas”, aclara María Luisa Delgado.
 
Algunas técnicas o mnemotécnicas que utilizan la estrategia de asociación y que han demostrado su utilidad en la mejora del aprendizaje y la memoria son, por ejemplo, la creación de acrónimos y acrósticos y de rimas, técnica de encadenar, el método de los lugares, la técnica del relato, el método PQRST para el recuerdo de texto o el método IRA para el recuerdo de nombres.
 
Todas estas técnicas es muy útil conocerlas, manejarlas y aplicarlas con el material que hay que aprender porque mejoran el aprendizaje y el posterior recuerdo de la información así aprendida y almacenada”, explica María Luisa Delgado, autora del libro “Programa de entrenamiento en estrategias para la mejorar la memoria. Manual del terapeuta y Cuaderno de entrenamiento” de la editorial pedagógica EOS, en el que se recoge un programa de entrenamiento científicamente probado con estrategias y técnicas de memoria, ejercicios y herramientas de trabajo que se lleva aplicando desde hace más de doce años.
 
Pero no todo depende de la estrategia de asociación; la clave para ser un estudiante eficaz o para mejorar el rendimiento académico es el conocimiento y uso de unas buenas estrategias de aprendizaje metacognitivas (estrategias para administrar el tiempo, la planificación y la programación efectiva de tiempo de estudio, la gestión de tareas a realizar, trabajos o presentaciones); cognitivas (estrategias para favorecer la atención, técnicas para la mejora de la velocidad y la comprensión lectora, estrategias y técnicas para mejorar la memoria, cómo seguir una explicación de forma eficaz); afectivas (actitud positiva ante el estudio, estrategias para establecer y mantener la motivación, para controlar la ansiedad ante el estudio y, sobre todo, ante los exámenes, conciencia y control de las emociones propias) y el entorno físico y ambiental (las condiciones físicas del estudiante, el lugar y el ambiente de estudio, materiales de estudio, toma de notas, calidad de los apuntes, técnicas de subrayado, hacer resúmenes, representaciones gráficas, esquemas o mapas conceptuales).
 
Unas estrategias que, conforme se ponen en práctica, permiten aumentar la memoria y el aprendizaje, lo que se refleja físicamente en el cerebro. Diversas investigaciones así lo constatan. “Cuando una persona aprende se producen cambios que se reflejan en el hipocampo del cerebro”, según explica Ángel Barco, investigador del Instituto de Neurociencias-CSIC, quien añade que “una persona puede actuar sobre ellos”.
 
No obstante, no hay que olvidar que la memoria “no es un valor absoluto, son términos relativos. El cociente intelectual no es una realidad intrínseca porque se hacen varias pruebas para medirlo y hay diferentes formas de hacer esas mediciones. Algunos de esos componentes pueden estar relacionados con la inteligencia. Pero la inteligencia no es sólo una propiedad sino una capacidad distinta del cerebro y la memoria”.
 
Una línea de investigación que se ha ido desarrollando desde hace años atrás y que se ha centrado en observar los cambios de tipo plástico que se producen en el cerebro. A través de estos años de investigación se ha evidenciado que si el cerebro se usa más, es más fácil que se produzcan esos cambios, mientras que si se abandonan hábitos para mantener el cerebro activo con los que se consigue aumentar la capacidad para aprender más cosas, el cerebro se deja de usar y se empieza a atrofiar. Unas conclusiones por la que si se siguen determinadas estrategias de aprendizaje se puede conseguir potenciar la memoria.
 
De hecho, por ejemplo, según explica Ángel Barco, los animales de laboratorio cuando son cambiados de entorno, dejan su habitáculo habitual, y hacen ejercicio físico obtienen mejores resultados en pruebas de memoria. De esta manera, se puede decir que una vida sana y variada con actividades diversas es más beneficiosa para la memoria que hacer una vida no tan sana y centrada en una sola actividad. Pero hoy en día las investigaciones todavía van más allá y en el Instituto de Neurociencias se estudian los mecanismos moleculares de la memoria y los cambios que se producen cuando se aprende. Es sólo una de las líneas de investigación que se llevan a cabo en este instituto en el que también se están llevando a cabo otras investigaciones que permitirán arrojar luz sobre síndromes como, por ejemplo, el retraso intelectual.
 
Consejos prácticos para estudiar mejor
A la hora de estudiar diariamente o de preparar un examen son varias las pautas y consejos que se pueden seguir para mejorar el rendimiento y el aprendizaje durante el tiempo que se dedique al estudio. Lo principal “es hacer una planificación del horario que sea objetiva y en la que no se incluya un espacio de fin de semana. No debe ser de lunes a viernes, sino que se tiene que incluir el sábado y el domingo porque no puede haber un período de corte, aunque estos dos días –sábado y domingo- no tiene por qué ser el mismo horario”, según explica Andrés González Bellido, presidente de la sección de Educación del Col.legi Oficial de Psicòlegs de Catalunya (COPC).
 
También es especialmente importante que se haga un pequeño descanso cada cierto tiempo. Andrés González Bellido recomienda que se realice una parada de cinco minutos cada espacio de una hora. No obstante, en el caso de estudios universitarios o superiores, este descanso puede hacerse cada dos o tres horas. Y, aunque no hay un número máximo ni mínimo de horas aconsejables para estudiar, lo cierto es que a las cinco o seis horas de haber estado estudiando baja el rendimiento.
 
Vital es que el estudiante tenga un área de estudio en casa propiay específica para estudiar en el que no se hagan otras tareas o acciones con el fin de disponer de “un espacio determinado para que nadie moleste”. Y es que el ambiente es muy importante. Por ello, por ejemplo, en el caso de alumnos de áaster es conveniente que “acudan a las bibliotecas porque se crea un ambiente para estudiar”, aclara el presidente de la sección de Educación del Col.legi Oficial de Psicòlegs de Catalunya.