Técnicas para ganarse a la clase

Un estudio relaciona los estímulos positivos en el aula con mejores resultados académicos

Un estudio de la Universidad de Missouri-Columbia se enfoca en hallar soluciones para mejorar el comportamiento negativo y disruptivo que muestran algunos estudiantes en clase.

Habitualmente, un mal comportamiento en el aula suele ir asociado a un peor rendimiento académico, y este tipo de conductas disruptivas suponen todo un reto para el profesorado de los centros educativos. 

Ahora, una nueva investigación realizada en la Universidad de Missouri-Columbia apunta que ofrecer estímulos positivos a los estudiantes que presentan malas conductas en clase podría mejorar sus resultados a nivel académico y social. 

Con el objetivo de ayudar a los maestros a proporcionar un entorno más estructurado y enriquecedor en el aula, Keith Herman, profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de Missouri implementó CHAMPS, un modelo de intervención para el manejo del comportamiento en el aula en una escuela de St.Louis (EE.UU) durante un período de cinco años. 

Este modelo de intervención se basaba en principios y prácticas que han demostrado ser de gran utilidad en la gestión exitosa del aula, como comunicar expectativas claras a los estudiantes o primar los discursos en positivo en detrimento de las reprimendas negativas. 

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Tras los cinco años que duró este estudio, la intervención se tradujo en una disminución del comportamiento disruptivo en el aula así como de los problemas de concentración de los estudiantes.

Asimismo, este modelo de intervención mejoró tanto el trabajo de clase completado como las notas de los exámenes de los alumnos, y también contribuyó al aumento de la cantidad de tiempo que los estudiantes permanecieron concentrados en las tareas de clase. 

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Los investigadores también observaron que la intervención contribuyó a aumentar la participación de los estudiantes en clase y mejoró el nivel de confianza de los maestros en su capacidad para manejar conductas disruptivas.

«Como educadores, a menudo nos enfocamos en comunicar lo que no queremos que nuestros estudiantes hagan en clase, pero hemos descubierto que eso simplemente no funciona. En cambio, debemos establecer expectativas claras sobre los comportamientos que queremos ver», asegura Keith Herman.

Este estudio pone de manifiesto que el profesorado debe satisfacer las necesidades de todos los estudiantes, y no atender simplemente las necesidades de aquellos alumnos que están más preparados para aprender. Y, precisamente, con el modelo de intervención que propone Keith Herman, se pueden conseguir estos objetivos.

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