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"La capacidad de empatizar es lo primero que tiene que tener un buen comunicador"

Antonio Fabregat es campeón mundial universitario de oratoria. Comparte con aprendemas sus trucos para hablar en público.

Publicado en Mundo Educativo
Foto de "La capacidad de empatizar es lo primero que tiene que tener un buen comunicador"
"Estoy contento porque se empieza a reconocer el mundo del debate y de la oratoria a nivel español, que creo que era un gran olvidado hasta hace nada, porque con la importancia que tiene, creo que se ha infravalorado a la comunicación en el ambiente universitario". Antonio Fabregat es el mejor orador universitario del mundo en la lengua de Cervantes, título conseguido este verano en el mundial celebrado en Colombia. Sorprendido todavía por el revuelo generado en los medios, comparte con aprendemas.com su pasión por hablar en público.

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 "Al principio como todos tienes nervios, te da miedo quedarte en blanco, esas cosas típicas de personas que no se han enfrentado nunca a una audiencia", recuerda este madrileño de 20 años, estudiante de Derecho y Administración de Empresas en la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE. Sus primeros pasos en este mundo los dio cuando iba al colegio SEK-Ciudalcampo, donde le ofrecieron la posibilidad de participar a los 16 años en un torneo de debate. "Como toda persona que trabaja en un campo, vas mejorando, vas puliendo errores y vas mejorando tu capacidad y llegas hasta este punto, cuatro años después".

El debate es el que hizo que acabara como estudiante en la universidad madrileña. "Iba a estudiar arquitectura pero me di cuenta de que en verdad no era mi vocación porque estudié Bachillerato tecnológico por influencia paterna y materna porque mis padres son arquitectos, pero quería dedicarme a otra cosa". Aun así, pone un ejemplo para explicar que tanto para estudiantes de ciencias, como de cualquier campo, también es básico saber hablar. "Tengo un amigo que me decía 'Yo no sé porqué si presento un concurso o un proyecto mío y es mejor que el de otros no lo gano, bueno en realidad sí lo sé, porque luego el otro llega y lo presenta de una manera mucho más atractiva que yo'".
"He aprendido que hablar también es escuchar"

Antonio reconoce que se están haciendo progresos a nivel de formación en comunicación pero considera que todavía está muy por debajo de lo que debería ser: "Mucha gente tiene carreras, mucha gente tiene másteres y al fin y al cabo lo que te puede definir una nota o un plus en esas entrevistas de trabajo es la capacidad de poder comunicar mejor que el que tienes al lado".

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Pero, ¿cómo evitar el pánico escénico? "Parece un tópico, pero el miedo se pierde hablando. Es decir, viendo que no es tanto una cuestión de tener una capacidad natural ni nada por el estilo, sino que es la práctica lo que te va dando la posibilidad de ir mejorando", explica sobre sus avances. "Una de las cosas que más he aprendido es que hablar no es sólo hablar, sino también escuchar. La capacidad de empatizar con otra persona es lo primero que tiene que tener un buen comunicador".

Estas enseñanzas son las que intenta transmitir a sus alumnos, ya que también da clases de oratoria en su antiguo colegio. "Te sorprenderías de la cantidad de cosas que un niño puede hacer y de cómo un chaval de 12 años puede contar cosas que no esperamos para una persona de su edad y el pensamiento crítico que puede llegar a tener", asegura.
"Hay que preguntarse qué voy a decir y cómo. El resto sale solo"

Otros "truquillos" son fijarse en un punto concreto de la audiencia y mirar a los ojos de las personas con las que tengan confianza: "Toda persona que vaya a intervenir en público tiene que hacerse dos preguntas a las que tiene que responder: qué voy a decir y cómo. Si tienes la capacidad para responder, el resto sale solo. En ese mensaje está todo el contexto de la comunicación". Según Antonio el resto de cosas se van dando solas: "El mirar a los ojos, ser más persuasivo... Tienen que comprender que cada vez que hablen tienen que tener un motivo, no es hablar por hablar, es hablar con un sentido y callar cuando hay que callar también".

En el Mundial de Debate Universitario tuvo que poner en práctica todas estas enseñanzas. En el mismo participaban otros países de lengua española como Perú, México o Guatemala, pero también otros como Estados Unidos y Rusia. "Para nosotros era más fácil que para un ruso o un estadounidense, que de todas formas tienen más capacidad porque en esos sistemas educativos, sobre todo en Estados Unidos, lo de debatir lo tienen incorporado". Aún así, tanto él como su compañero de equipo Alberto de Unzurrunzaga, que representaban a ICAI-ICADE y a España, fueron superando los nueve debates y acabaron como primero y segundo en la clasificación individual.

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"Lo más complicado es poder abrir la mente a comprender cosas que hasta entonces no comprendíamos. El debate te abre la mente", explica, y pone como ejemplo un tema de máxima actualidad como la secesión de Cataluña: "El poder hablar de ello y ver que tanto el gobierno central esgrime unos motivos que parecen aparentemente justificados pero que también la parte independentista te está dando una argumentación que puedes llegar a comprender". Para él todos los problemas tienen una doble cara: "Las personas que se posicionan en una lo hacen por unos motivos y no son decisiones irracionales. Una vez que has conocido esas posturas puedes comprender la magnitud de los problemas que conciernen a la sociedad".

Después de su victoria tiene varios retos pendientes: conseguir el triunfo por equipos con su compañero, ya que quedaron subcampeones, y lanzarse a debatir en inglés. "Lógicamente tiene una complejidad mayor, no sólo por el idioma que bueno, aunque lo tengamos incorporado en la universidad, cambiar a la hora de debatir es complejo". En su futuro inmediato se ve acabando sus dos carreras y dando clases a niños, y en el futuro: "Me gustaría ejercer la abogacía en algún despacho al menos por un tiempo porque creo que el uso de la palabra puede ayudar a ganar causas más que justas que la fuerza o que otros medios. Luego el tiempo lo dirá".

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