Cada verano miles de jóvenes aprovechan las vacaciones para conseguir su primer empleo. Para algunos supone una oportunidad para ganar dinero; para otros, el primer contacto con el mercado laboral. Sin embargo, trabajar mientras se estudia no siempre tiene el mismo impacto. Todo depende del equilibrio.
En España, el 16% de los jóvenes de entre 15 y 29 años compagina estudios y empleo.
Expertos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) sostienen que la experiencia laboral durante la etapa formativa puede convertirse en una ventaja competitiva siempre que no comprometa el rendimiento académico ni el bienestar del estudiante.
«El hecho de trabajar mientras se estudia ofrece oportunidades de aprendizaje difíciles de reproducir únicamente en el aula», explica Lourdes Guàrdia, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC.
El verano puede ser una buena puerta de entrada al mercado laboral si el trabajo no compromete los estudios.
Trabajar antes de terminar los estudios tiene ventajas que van mucho más allá del sueldo
Aunque el incentivo económico suele ser el principal motivo para buscar empleo, la experiencia laboral también permite desarrollar competencias que difícilmente se adquieren únicamente en las aulas.
Gestionar el tiempo, resolver problemas reales, trabajar en equipo, comunicarse con personas de perfiles diversos o adaptarse a situaciones cambiantes son algunas de las habilidades que las empresas valoran cada vez más y que pueden comenzar a construirse desde los primeros empleos.
Además, cuando el trabajo guarda relación con la formación, los estudiantes tienen la oportunidad de aplicar los conocimientos adquiridos, conocer de cerca su futura profesión y empezar a crear una red de contactos que puede facilitar su incorporación al mercado laboral.
Según los especialistas, incluso los empleos que no están directamente vinculados con la carrera pueden aportar aprendizajes útiles si el estudiante es capaz de reflexionar sobre la experiencia y extraer competencias transferibles.
El punto de inflexión: cuando el empleo empieza a perjudicar
El problema aparece cuando el trabajo deja de ser un complemento para convertirse en una carga.
Los investigadores advierten de que jornadas excesivas, horarios incompatibles con las clases o una presión constante para rendir tanto en el empleo como en los estudios pueden provocar agotamiento, estrés y una caída del rendimiento académico. En los casos más extremos, incluso pueden aumentar el riesgo de abandono educativo.
La clave, explican, no es simplemente trabajar o no hacerlo, sino encontrar un equilibrio que permita mantener la prioridad en la formación.
España sigue por debajo de Europa
En España, solo el 16% de los jóvenes de entre 15 y 29 años compagina estudios y empleo, una cifra claramente inferior a la media de la Unión Europea, situada en el 25,4%. En Cataluña, el porcentaje es ligeramente superior, aunque todavía lejos de algunos países europeos donde estudiar y trabajar simultáneamente forma parte habitual del itinerario educativo.
Los expertos consideran que una mayor integración entre universidad y mercado laboral podría facilitar una transición más sencilla hacia el empleo, especialmente en un contexto en el que el paro juvenil continúa siendo uno de los principales retos del mercado laboral español.
Cómo saber si trabajar mientras estudias te está beneficiando
Los especialistas apuntan a varias señales positivas:
– Mantienes un buen rendimiento académico.
– El empleo te ayuda a desarrollar nuevas habilidades.
– Consigues organizar tu tiempo sin renunciar al descanso.
– La experiencia mejora tu autonomía y tu confianza.
En cambio, conviene replantearse la situación si el trabajo obliga a faltar a clase, dificulta preparar exámenes, genera estrés continuado o deja de aportar aprendizaje para convertirse únicamente en una obligación económica.
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