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Si tú lo haces bien, a mí me dejas en mal lugar: el porqué de la envidia en el trabajo

Las personas tienden a castigar a estos trabajadores dentro de un entorno competitivo porque creen que les hace ser peor vistos ante las empresas u organizaciones.

Publicado en Empleo
Foto de Si tú lo haces bien, a mí me dejas en mal lugar: el porqué de la envidia en el trabajo
Al hablar de las cualidades que tiene que tener un buen empleado es habitual que se mencionen términos como trabajar en equipo, cooperación, tolerancia o generosidad. Sin embargo, en ocasiones, son capacidades que no siempre son buenas. Y es que este tipo de personas que trata de hacer lo mejor no suele ser bien vista por el resto de compañeros.

Es una conclusión que se desprende del estudio realizado por la Universidad de Guelph (Canadá) en el que se constata que las personas que son muy cooperativas y generosas pueden atraer el odio y el castigo social por parte de otros compañeros cuando se está trabajando especialmente en entornos competitivos.

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Y este resultado de la investigación -que puede parecer extraño o, al menos, chocante-, se corresponde con el hecho de que a algunas personas les gusta castigar a las que son realmente buenas porque puede que estén haciendo que a ellos se les vea mal en el puesto de trabajo, en la sala de juntas o en cualquier otra reunión u organización.

Según el estudio, que se ha publicado recientemente en Psychological Science, la gente muestra su odio hacia las personas que son realmente buenas. Una conducta que se ha encontrado en todas las culturas que se han examinado. De hecho, ser suspicaz, celoso u hostil hacia quienes parecen ser mejores o más bondadosos forma parte de la psicología de los humanos.

Esto se constató al observar que el comportamiento cooperativo atraía al castigo con mayor frecuencia en entornos en los que los miembros compiten entre sí. Esta conducta se apreció incluso en aquellos casos en los que castigar o derrocar a estas personas buenas era perjudicial para el resto del grupo, incluido el castigador, por disminuir los beneficios.

La investigación aún ha dado un paso más allá para tratar de averiguar los mecanismos psicológicos que intervienen en esta conducta. Para ello, se ha acudido a evidencias antropológicas de sociedades igualitarias de cazadores y recolectores, que ya sugieren un fenómeno similar y que impidió que los cazadores dominaran ese grupo. La clave está en que en muchas de estas sociedades se hace una defensa de la igualdad de condiciones al derrocar a alguien que se considera que podría dominar a los demás.

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Este proceso se trasladaría a una organización actual con la actitud, por ejemplo, de ‘trabajas demasiado y haces que el resto de nosotros luzcamos mal’. Pero eso no es todo porque la investigación también pone de manifiesto que incluso hay personas que son conocidas dentro de una organización por vigilar lo duro que trabajan lo demás para asegurarse de que nadie esté subiendo el listón más de lo que se espera.

Son dinámicas sociales que tienen traslación en otros ámbitos como, por ejemplo, el medioambiental donde quienes no llevan a cabo acciones para proteger el entorno natural atacan a los ecologistas para que su reputación no se vea dañada. De hecho, esta es una de las maneras más frecuentes de derribar o de derogar a esas personas para que al castigador se le vea mejor que al otro.

Una dinámica sobre la que los investigadores consideran que, ahora que se ha descubierto, puede que no funcione al crearse una mayor concienciación sobre este tipo de situaciones.

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