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Relajación: Cómo aprender a relajarse de EL PRADO PSICOLOGOS

EL PRADO PSICOLOGOS

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Impartido en: Madrid

Presentación


Aprender a relajarse es muy sencillo. ¿Cómo saber si un taller de relajación es para ti? Contesta a estas preguntas:

¿El día a día te resulta muy estresante?

¿A menudo te sientes agobiado/a y ansioso/a?

¿Quisieras enfrentar los problemas cotidianos desde una perspectiva más serena?

Entonces nuestro taller de relajación te puede ayudar.


La relajación: Una asignatura pendiente

El mundo moderno gira tan rápido que a menudo nos vemos envueltos en su espiral de vertiginosidad. Entre el trabajo, los compromisos sociales y la familia, a veces es difícil encontrar tiempo para uno mismo y relajarse. De hecho, muchas personas ni siquiera son conscientes de que necesitan hacer un alto y continúan con un ritmo de vida frenético que termina pasándoles factura, tanto en el plano emocional como físico.


Podemos estar estresados sin darnos cuenta, podemos tener problemas en nuestras relaciones interpersonales o ver cómo merma nuestra productividad sin percatarnos de que la causa es el estrés y nuestra incapacidad para relajarnos. ¿Cómo es posible?


La respuesta es muy sencilla: nos hemos ido acostumbrando poco a poco a un estilo de vida muy estresante, el mismo estilo de vida que lleva la mayoría de las personas que nos rodean, por eso asumimos que nuestros hábitos y actitudes son la manera natural de hacer las cosas y pasamos por alto los signos de alerta que nos indican que debemos replantearnos algunos de nuestros comportamientos, pero cuando llevamos una vida estresante aprender a relajarse es crucial para nuestra salud física y mental.


Las consecuencias de no relajarse

Cada persona es un mundo y enfrenta su cotidianidad con un ritmo diferente, pero todos necesitamos relajarnos. Por ejemplo, durante el sueño nuestro cuerpo se regenera y el cerebro expulsa las sustancias de desecho de su metabolismo. No obstante, más allá de los beneficios a nivel fisiológico, el sueño también nos ayuda a procesar las experiencias que hemos vivido a lo largo del día, restándoles su impacto emocional y ayudándonos a fijarlas en la memoria.


La relajación es un estado parecido al sueño en el cual logramos un estado de distensión muscular y psíquica. Durante este estado, nos mantenemos conscientes pero aún así, nos liberamos de las tensiones que se han ido acumulando a lo largo del tiempo. Cuando no logramos relajarnos, las consecuencias se dejan apreciar, tanto en el plano físico como en el psicológico y, obviamente, a la larga termina afectando nuestro rendimiento.


Consecuencias psicológicas: alteración de la memoria, fuga de ideas, ansiedad, irritabilidad, cansancio, depresión, cambios de humor repentinos, insomnio, crisis de angustia, sensación de agobio e insatisfacción


Consecuencias conductuales: dificultades para tomar decisiones, disminución de la productividad, problemas para concentrarse, roces en las relaciones interpersonales, alteraciones del sueño,

pérdida de intereses, tics y abuso de sustancias


Consecuencias fisiológicas: dolor de cabeza y/o de espalda, presión sanguínea alta, trastornos gastrointestinales, aumento o disminución del peso corporal y pérdida del deseo sexual

Por supuesto, la incapacidad para relajarse no afecta a todos por igual, hay quienes experimentarán los síntomas del estrés primero mientras otros no verán las señales hasta que no hayan pasado los años pero normalmente estas terminan manifestándose con gran virulencia. De hecho, la incapacidad para relajarse es uno de los principales factores que predicen la aparición de infartos e ictus.


Los mecanismos subrepticios del estrés

Cuando percibimos que una demanda sobrepasa nuestros recursos, sobreviene el estrés. Por eso nos sentimos estresados cuando tenemos que presentarnos a un examen para el cual no hemos estudiado lo suficiente, cuando debemos acudir a una entrevista de trabajo con la que no nos sentimos cómodos o cuando se acerca la fecha límite de entrega de un proyecto.


Nuestro cerebro percibe estas situaciones como un peligro y activa mecanismos de defensa ancestrales que nos permiten ponernos a salvo. En estos momentos aumenta la frecuencia respiratoria y la presión arterial, nuestro corazón bombea con más rapidez y se libera una gran cantidad de adrenalina.


El problema comienza cuando esta respuesta natural se mantiene a lo largo del tiempo pues sufrimos una sobrecarga de tensión que termina desgastando nuestro organismo y provocando un patrón de respuesta completamente disfuncional. En práctica, este mecanismo comienza a activarse con más frecuencia y cada vez ante estímulos menos amenazantes, conformando así un círculo vicioso del cual es muy difícil salir.


Tampoco podemos olvidar que el estrés provoca cambios a nivel metabólico que pueden dar lugar a enfermedades. Esto se debe a que el hipotálamo le envía una señal de alarma a la hipófisis y esta dispara la producción de ciertas hormonas, cuya función es ayudarnos a enfrentar el supuesto peligro pero que, a largo plazo, se convierten en un arma de doble filo. Una de estas hormonas es el cortisol, cuyo exceso termina destruyendo los tejidos del cuerpo ya que induce un proceso inflamatorio que propicia la aparición de diferentes patologías, desde las enfermedades cardiacas hasta la diabetes y el cáncer.

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