El debate sobre si los teléfonos móviles y las aplicaciones de mensajería dañan la salud mental de los jóvenes suele centrarse casi exclusivamente en las horas de uso. Sin embargo, una nueva investigación publicada en la revista científica Child and Adolescent Mental Health desmonta esta idea: el factor determinante en el bienestar psicológico no es cuánto tiempo pasan chateando, sino con quién lo hacen.
El trabajo, liderado por la Universidad de Estocolmo (Suecia), analizó las respuestas de 3.034 adolescentes de 15 años procedentes de dos olas del estudio Health Behaviour in School-aged Children (2017/2018 y 2021/2022). Los resultados muestran una clara bifurcación en los efectos psicológicos según el tipo de vínculo social que sostienen a través de las pantallas.
Chatear con amigos cercanos protege; los contactos exclusivamente virtuales restan
El análisis reveló dos patrones opuestos. Por un lado, los amigos íntimos y grupos presenciales. En este caso, una comunicación digital frecuente e intensa con amigos cercanos del entorno real y grupos amplios de conocidos se asoció con un mayor bienestar emocional y satisfacción vital. Esto supone que las plataformas digitales actúan como una extensión saludable del vínculo social cotidiano.
Por otro lado, los amigos únicamente virtuales. En este caso, mantener una comunicación moderada o intensa con personas que solo se conocen por Internet se vinculó de forma contundente con peores índices de bienestar mental.
«En pleno debate y preocupación social sobre la vida digital de los jóvenes, nuestros hallazgos demuestran que no solo importa cuánto se comunican en línea, sino con quién lo hacen», señala Viviane S. Straatmann, profesora del Departamento de Ciencias de la Salud Pública de la Universidad de Estocolmo y autora principal de la investigación.
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Las chicas y los hogares con menos recursos, los más vulnerables
El impacto negativo derivado de relacionarse prioritariamente con amistades exclusivas de la red no afectó a todos por igual. El estudio identificó una vulnerabilidad significativamente más alta en adolescentes de género femenino, quienes mostraron una caída más pronunciada en sus niveles de bienestar cuando su interacción dependía de amigos a distancia o desconocidos de internet.
También en jóvenes de familias con menor nivel socioeconómico percibido. Aquellos que indicaron sentir que su hogar contaba con menos recursos económicos presentaron una correlación más fuerte entre vínculos exclusivamente virtuales y malestar psicológico.
Los autores apuntan a que los lazos exclusivamente digitales pueden, en muchos casos, sustituir redes de apoyo presenciales deficientes o responder a situaciones previas de aislamiento social, exponiendo al menor a dinámicas de validación inestables.
Un cambio de enfoque para familias y educadores
La conclusión central de la investigación subraya la necesidad de matizar el discurso sobre la desconexión digital. Establecer límites estrictos de minutos de pantalla sin atender a la naturaleza de las relaciones que se construyen en esos dispositivos ignora la función socializadora que hoy cumple la tecnología.
Fomentar que las interacciones digitales refuercen los círculos de amistad escolar y comunitaria —en lugar de desplazar el contacto cara a cara hacia comunidades anónimas de internet— se perfila como la clave para proteger la salud mental de las nuevas generaciones.