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¿Cuál es el mejor truco para mejorar las notas?

Ni estudiar horas y horas, ni completar los apuntes buscando por Internet ni hacer trampas. La Universidad de Stanford ha dado con la clave para mejorar las calificaciones.

Publicado en Mundo Educativo
Foto de ¿Cuál es el mejor truco para mejorar las notas?
Con el final del curso, llegan los exámenes y las preocupaciones y nervios por conseguir superarlos con la mejor nota posible y por lograr las mejores calificaciones. Un motivo por el que en estas fechas es habitual que los estudiantes pasen horas y horas delante de los libros para intentar consolidar los conocimientos adquiridos durante el curso académico o bien se lleven a cabo otras prácticas como ampliar el contenido del manual de texto para obtener mejor puntuación. Incluso, en algunos casos, se puede llegar a hacer alguna trampa como copiar o intentar conseguir el examen previamente, entre otras acciones.

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Sin embargo, nada de esto ni ninguna otra idea que se tenga ahora mismo en la cabeza al leer esta información es el mejor sistema para conseguir mejorar las calificaciones. Y, entonces, ¿cuál es la técnica ideal? La Universidad de Stanford la ha descubierto tras haber realizado una investigación. Esta buena noticia, además, no viene sola porque el estudio llevado a cabo desvela que para conseguirlo no hace falta estudiar horas ni horas ni ser más inteligente.

El secreto no es otro más que el estudiante debe ser consciente de lo que está estudiando. Un truco que a priori puede parecer poco serio, pero que es la única manera de lograr el objetivo de mejorar las calificaciones. Así, por lo menos, se recoge en la investigación titulada ‘El uso estratégico de recursos para el aprendizaje: una intervención de autorreflexión que mejora el rendimiento académico’, que se ha publicado recientemente en la revista ‘Psychological Science’.

El estudio constata que la clave radica en lo que se llama metacognición, es decir, la capacidad que tiene cada persona de reflexionar sobre el proceso de aprendizaje y conocimiento, lo que conlleva tener que planificar qué se quiere aprender y cómo se quiere hacerlo.

Un sistema que no suele ser puesto en práctica por los estudiantes que no diseñan previamente una estrategia para planificar lo que van a aprender y con qué recursos ni por los centros educativos, que no suelen validar la eficacia de las herramientas tecnológicas y métodos de estudio que ponen a disposición de sus alumnos.


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Para llegar a esta conclusión, la investigación se centró en estudiar a dos grupos de jóvenes universitarios diez días antes de hacer un examen. El primero de ellos sabía que la prueba se iba a realizar próximamente por lo que eran conscientes de que tenían que estudiar mientras que el segundo grupo de estudiantes recibieron un test de 15 minutos relacionado con el examen que tenían que hacer.

En concreto, a este segundo grupo, el equipo de investigadores les recomendó reflexionar antes de comenzar el test y que se preguntaran sobre la nota que querían tener, la importancia de este resultado en su carrera académica y las probabilidades que creían que tenían de superar la prueba de forma exitosa. También se les pidió que indicaran las herramientas que iban a emplear para estudiar, ya fueran libros, vídeos u otras aplicaciones, los motivos por las que las habían elegido y cómo iban a utilizarlas.

Los resultados demostraron que este programa de autoconocimiento fue fundamental para que el segundo grupo de jóvenes tuviera notas más altas que las que obtuvieron el primer grupo de universitarios, que realizaron esfuerzos ciegos, es decir, reconocieron haber trabajado duro pero no dirigieron ese esfuerzo de forma eficaz porque no emplearon la metacognición.

El estudio realizado permitió constatar que con la metacognición se logra un promedio de mejora de las notas de un tercio de la letra de grado. Este resultado se consigue porque los estudiantes fueron más autoreflexivos sobre cómo deberían llevar a cabo su aprendizaje, aparte de propiciar que utilizaran más recursos de una manera más eficaz.

Además, la investigación constató que el pensamiento estratégico tuvo otros beneficios para los estudiantes como los psicológicos al registrar sentimientos de autonomía en relación a su educación y tener un mayor control sobre su aprendizaje, aparte de expresar menos sentimientos negativos sobre las pruebas académicas.

De momento, este sistema se ha visto que es positivo en entornos en los que los estudiantes tienen acceso a múltiples recursos educativos como apuntes, libros de texto, recursos online, asistentes de enseñanza y otras herramientas. Todavía no se ha corroborado que sea igualmente efectivo con aquellos alumnos que están en un entorno educativo más pobre en recursos.

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