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Hablar con los padres, clave en el dominio de lenguas

Las interacciones entre padres e hijos aumentan el conocimiento de la lengua en los niños.

Publicado en Idiomas y Comunicación
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Las interacciones entre los padres e hijos son decisivas para que los niños puedan tener una calidad verbal y dominar una lengua. Es la principal conclusión que se desprende de una investigación realizada por la UT Dallas en la School of Behavioral and Brain Sciences –con la Temple University, Georgia State University y la University of Delaware- en la que se pone de manifiesto que, para conocer bien un idioma, la interacción entre los niños y los padres es tan importante o más como la cantidad de palabras que oyen los pequeños en sus casas.

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Una nueva investigación que arroja más datos sobre el aprendizaje, puesto que anteriormente los estudios previos se habían centrado en el número de palabras, constatando que la cantidad reducida de vocablos que escuchan los niños en sus hogares, sobre todo en los de familias con bajos recursos económicos, está relacionada estrechamente con un conocimiento pobre de la lengua. En concreto, la brecha lingüística entre los hijos de familias de bajos y altos ingresos se cifró en 30 millones de palabras.

Una brecha que se podría corregir con las interacciones entre padres e hijos, según se recoge en esta última investigación que ha sido publicada recientemente en la revista ‘Psychological Science’, puesto que estas conversaciones permiten crear una base sólida de comunicación para desarrollar las habilidades del lenguaje, siendo esta más importante que el número de palabras que los niños oyen en casa.

Y es que los investigadores consideran que aprender a comunicarse es un esfuerzo compartido, generándose esa interacción entre padres e hijos de diferentes formas, incluso antes de que se pronuncie la primera palabra.

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Los cimientos de una buena comunicación

No obstante, para crear una buena base de comunicación, el equipo investigador considera que es conveniente que la interacción entre padres e hijos se base en tres pilares principales: participación conjunta en actividades con símbolos, objetos, palabras y gestos; rutinas y rituales compartidos que incluyan actos con gestos que simbolicen los significados, y conversaciones fluidas y conectadas tanto verbales como no verbales y que sean equilibradas, evitando la monopolización de la interacción por parte del padre. Un sistema que influye tanto en el conocimiento de la lengua del niño como en su rendimiento posterior en la escuela y en el aprendizaje de otros idiomas.

Y es que si las palabras se introducen dentro de actividades compartidas y con el apoyo de los padres, los pequeños aprenden su significado y su uso. Un marco sin el que las palabras que pronuncian los progenitores son como un ruido de fondo y no tienen impacto en el aprendizaje de los hijos.

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Estas conclusiones se han extraído tras hacer un seguimiento a niños de dos años de edad de familias de bajos ingresos económicos, analizando la calidad de las interacciones verbales y no verbales entre los hijos y sus padres. Este estudio permitió prever la capacidad lingüística posterior de los niños, superándose cualquier predicción derivada de la cantidad de palabras de los padres en estas interacciones.

Precisamente, sobre la importancia de la calidad de las interacciones entre progenitores e hijos se basa el plan del estudios del Programa Juega Conmigo del Center for Children and Families dentro del que los especialistas en desarrollo bilingüe comparten información y dan apoyo a los padres en las conversaciones, además de facilitar actividades de juego y aprendizaje con los niños a través de juguetes o de la música porque promueven las interacciones entre los progenitores y los hijos.

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