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Así se prepara un discurso sobresaliente

¿Sabemos hablar en público? Se puede aprender. Estas son las claves para un discurso y presentación de diez.

Publicado en Idiomas y Comunicación
Foto de Así se prepara un discurso sobresaliente
El próximo 26 de junio (26-J) España se enfrenta a unas nuevas elecciones generales y en estas semanas volveremos a ver a los políticos pasear sus artes oratorias por los atriles nacionales. Una gran oportunidad para aprender, de sus técnicas y sus errores. “Nuestros políticos por lo normal son oradores aburridos. Es decir, predecibles y no sorprenden” asegura Sergio Campano, CEO de Workea.es y conferenciante.

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Gonzalo Álvarez Marañón, editor del blog El Arte de Presentar, y autor de los libros El Arte de Presentar (Gestión 2000) y El Superhéroe de las Presentaciones, coincide en su escaso nivel, aunque cree que es algo normal porque premian en sus portavoces “unas cualidades personales que tienen en el buen orador el mismo efecto que la «kriptonita» en Superman”.

Bajo su punto de vista el problema es que el político “ha aprendido a hablar de forma que sus palabras se puedan entender de una forma y de la contraria al mismo tiempo, a adornar medias verdades para ocultar grandes perjuicios, y a soltar mentiras gordas como sapos mientras cruza los dedos por detrás de la espalda, aterrado por la idea de que alguien pueda plantearle una réplica sensata”. En esas condiciones, dar un buen discurso parece una tarea titánica o directamente imposible.

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Las últimas incorporaciones a la vida política de Albert Rivera, de Ciudadanos, y Pablo Iglesias, de Podemos, “han subido la media y han dado un aire fresco al debate político”, precisa Campano. Eso no quiere decir que sean oradores excepcionales, ya que todavía distan mucho de grandes figuras como ahora mismo es Barack Obama o como lo fue John Kennedy.
¿Por qué fallan los políticos en sus discursos y todavía más en el debate?

Además de por la propia ambivalencia del mensaje, porque los políticos no están debidamente preparados. Para empezar por “una educación que no penaliza este tipo de lagunas”, comenta Campano.  En nuestra educación cuestiones como las presentaciones en público o los debates están totalmente relegadas a un segundo plano. Son muy pocos los colegios en los que se enseña el arte de la oratoria y todavía menos los que apuestan por los concursos de debate.

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Así, es fácil que una persona entre en el mundo laboral con muy poca experiencia a la hora de preparar un discurso, hacer una presentación o debatir. Como es lógico todo esto genera una inseguridad que puede transformarse en miedo a quedar expuesto al hablar en público. Afortunadamente, raras veces es algo patológico y en la mayoría de ocasiones bastará con asimilar una serie de estrategias para tener más confianza y dejar los nervios de lado.
En nuestra educación cuestiones como las presentaciones en público o los debates están totalmente relegadas a un segundo plano

Lo que ocurre es que los españoles tendemos a no preparar las presentaciones ni los discursos. “Se confía demasiado en el desparpajo y en la complicidad de la audiencia”, precisa Álvarez. La realidad es que “nunca hay que presentarse ante un público sin haber ensayado a conciencia el contenido y la presentación y sin, al menos, una lista de ideas que nos permita recuperar el hilo de la exposición si nos quedamos en blanco por culpa de los nervios”.

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Campano coincide en la necesidad de llevar el discurso aprendido y preparar la ponencia “pero no para hacerla de memoria, la improvisación es el mejor remedio para soltarse y no caer en recitar y tensionarse”.

En esta misma línea, el profesor de la Universidad Pompeu Fabra e investigador de ICREA, Salvador Soto-Faraco desvela que para él la clave está en “saber exactamente lo que voy a decir en los primeros 30 segundos, simplemente para superar sin problemas el momento de mayor estrés, que es el principio”. Y esto se consigue principalmente de una forma, ensayando una y otra vez hasta que conviertas lo que quieras decir en algo propio, que salga de forma automática porque “la persona que habla bien en público es porque antes trabaja bien en privado”.

A partir de ahí, todo consiste en encontrar el equilibrio entre la seguridad de saberte conocer de tu discurso y la espontaneidad y entusiasmo imprescindibles que debes ser capaz de transmitir.

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Álvarez lo llama encontrar el equilibrio “entre argumentos racionales e intuitivos”, todo ello siempre dentro de un mensaje claro, bien estructurado y “adaptado al destinatario”. Esto es algo en lo que coinciden los tres expertos y que entraría dentro de la preparación del discurso. Tanto el mensaje como el propio tema deben estar adaptados al público objetivo.
"La improvisación es el mejor remedio para soltarse y no caer en recitar y tensionarse”

A fin de cuentas no es lo mismo hablar para tus compañeros de clase en una presentación que para padres y profesores en una ceremonia de graduación por más que también estén el resto de alumnos. No sólo son dos ambientes diferentes, son también personas diferentes que recibirán el mensaje de forma distinta. Si todavía no lo tienes claro, prueba a contar a tus padres la última anécdota que os ha parecido graciosa en clase y observa su reacción.

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Pese a todo siempre es posible quedarse en blanco durante la presentación. Si te ocurre, lo primero es no darle más importancia de la que tiene porque le puede pasar a cualquiera y lo segundo, admitirlo. “Nadie espera ver a un superhéroe en el escenario. Al contrario: la naturalidad nos hace más amables para el público” indica Álvarez. En YouTube hay innumerables vídeos de traspiés de Madonna, Beyoncé o Lenny Kravitz en mitad de sus conciertos y siguen contando con una legión de admiradores.

Una estrategia que Campano utiliza en sus charlas y clases cuando se equivoca es usar frases como “un segundo, que no encuentro la diapositiva”, “esta presentación no es la que corresponde...” y similares. Según su experiencia “añade naturalidad y te da unos segundos para pensar qué haces. Si te quedas en silencio añades más tensión y te puedes bloquear”.

Otro de los temores más repetidos es el de no saber responder a las preguntas del público. Es normal porque cuando haces una ponencia se supone que conoces el tema. El problema llega ante audiencias expertas, donde siempre surge la posibilidad de que alguien pregunte algo que no sabes. Una buena fórmula para evitar ese momento incómodo es estudiar de antemano esas posibles cuestiones y buscar las respuestas. Pero como es imposible abarcar todo, Campano aconseja tener preparadas contestaciones tan fáciles como un “no lo sé”, pero dicho sin miedo ni vergüenza u otras salidas como la posibilidad de contestar más tarde vía email cuando se trata de ponencias en público. Lo que nunca debes hacer es caer en la tentación de inventarte la respuesta, porque ahí entrarías ya en terreno desconocido y las consecuencias pueden ser nefastas.
Estamos acostumbrados a discursos y presentaciones planos, donde una persona habla y el resto escucha

Este miedo a las preguntas no debe hacer que evites la interacción con los oyentes. En España estamos acostumbrados a discursos y presentaciones planos, donde una persona habla y el resto escucha. Solo al final y en caso de que haya tiempo se procede con el turno de preguntas. No todas las presentaciones tienen por qué ser así. “A mí personalmente me gusta trufar mis conferencias de preguntas y respuestas, interacciones e intervenciones con los asistentes durante las presentaciones. Creo que esto enriquece mucho el evento y así todos somos ponentes y no es unidireccional el discurso” indica Campano. Dirigirse al público directamente e incluso formular preguntas es una buena forma de lograr esta interacción.

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Ser conciso y usar frases cortas es otra fórmula que te ayudará enganchar a la audiencia, porque tu mensaje llegará de forma más clara. En general debes evitar andar por las ramas. Es mejor ir al grano, tanto en los argumentos como en el fondo de la cuestión. En el ámbito de presentaciones profesionales esto quiere decir no abusar del marketing. ”No defraudes convocando con un gran titular y después no cumplas en la charla, no vendas tu producto. Si vas a hablar de cómo hacer crecer tu start up, diles a tus asistentes 30 formas de hacerlo, no les hagas una presentación corporativa de tu empresa. Saldrán contentos y hablarán de ti y de tu compañía” recalca Campano. Al final, es el mismo efecto que puede tener un gran titular en una noticia que después no cumple con las expectativas o no te da lo que promete.

En cuanto a la entonación, habla despacio y vocaliza, relájate porque no hay prisa. Has preparado bien la presentación y debes disfrutar de ella, es la culminación a todo el trabajo previo pero no un examen. Tómatelo como ese partido que llevas tanto tiempo esperando o esa fiesta que te ha costado tanto organizar.

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Más allá del lenguaje verbal


El contenido es la parte fundamental de toda presentación, pero no la única ni mucho menos la que más respeto infunde. Lo que ocurre es que el contenido es más fácil de controlar que el otro elemento clave: el lenguaje no verbal, lo que no se transmite con la voz.

Quieras o no, tu cuerpo puede hablar por ti y ponerte en evidencia. Uno de los errores más comunes del presentador novato es dar la charla sentado, lo que resta dinamismo a toda la presentación, o hacerlo parado y oscilando su cuerpo de un lado a otro.

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A esto hay que sumar otra potente arma de comunicación, los gestos. Éstos deben acompañar al lenguaje y se pueden usar para reforzar determinadas ideas. “Los gestos ayudan al ponente a organizar sus ideas y también transmiten énfasis”, explica el profesor, quien reta a “explicar algo complicado con las manos detrás de la espalda” y ver cómo cuesta mas y cómo mueves las manos de forma instintiva.
Solemos sincronizar los gestos con las palabras importantes de cada frase a la vez que modulamos la voz

La cúspide del gesto, como cuando extendemos la mano, coincide con la sílaba tónica de la palabra enfatizada. “Por poner un ejemplo gráfico, nuestras manos (también cabeza y cuerpo) son como las del director de orquesta, que organiza el sonido que sale de nuestra boca” precisa.

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Ahora el estudio “Hand gestures as visual prosody: BOLD responses to audiovisual alignment are modulated by the communicative nature of the stimuli" liderado por Salvador Soto-Faraco ha descubierto que determinadas áreas del cerebro son capaces de detectar esa sincronización, de forma que se activan cuando existe sincronía y responden en menor medida cuando no la hay. ¿Quiere esto decir que sin gestos el mensaje llega peor? La investigación no lo aclara, pero el profesor tiene claro que es más difícil seguir a un ponente que habla totalmente inmóvil.  Del mismo modo, sí que han detectado que “a veces un gesto poco natural puede distraer del mensaje”.

Por eso mismo es tan importante encontrar una serie de gestos que salgan de forma natural y no forzada. Los primeros tendrán que ver con las manos, que muchas veces no sabemos dónde ponerlas. Debes moverlas para apuntar, señalar y comparar cuando sea necesario, pero nunca las dejes caídas, porque tu mensaje perderá fuerza. Eso sí, no las uses para tocarte pelo, cara u otras partes del cuerpo.

Aprovecha también el poder de la vista para conectar con el público. Mírales a los ojos para sientan que les hablas a ellos, pero no mantengas la mirada.

Este tipo de resortes se pueden automatizar ensayando. Cuando más practiques, más naturales te saldrán hasta que llegue un momento en el que ni siquiera tengas que pensar antes de ejecutarlos. En cualquier caso, “es mentira que el éxito de un discurso radique más en su forma que en su contenido” asevera Gonzalo, en tanto que Campano estima que “el lenguaje no verbal y la entonación es aproximadamente el 30% del mensaje”.

Como en un buen plato de cocina, la clave del discurso reside en la suma de todos los elementos e igual que para convertirse en un gran chef hay que practicar, para ser un buen orador “tenemos que aprenderlo si queremos hacerlo bien” y por fortuna cada vez somos más conscientes.

Álvarez lo compara con la cocina: “hace treinta años en España cocinaban las amas de casa y poco más. Hoy, gracias a los programas televisivos de cocina, a tantos libros como se han publicado, y a todos los vídeos que se suben a Internet, hemos entendido que merece la pena formarse y practicar porque la comida no sabe igual cocinada de cualquier manera que cuando uno sigue los pasos de la receta y ensaya antes de ofrecérsela a los amigos. Hablar en público es lo mismo. ¡Lo que nos hace falta es un Arguiñano!”.

Más información:

Hand gestures as visual prosody: BOLD responses to audio–visual alignment are modulated by the communicative nature of the stimuli