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Vuelta al cole...¡YA ERA HORA!

Familias “hiperocupadas”, padres sólo pendientes de su trabajo o de sus propios asuntos, sin tiempo que prestar a sus hijos. Las vacaciones estivales son un tiempo demasiado largo que intentan ocupar los más jóvenes con el consumo llevado al exceso.

Publicado en Histórico Reportajes
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Hace unas semanas se lamentaba una importante publicación anglo-americana en un lúcido artículo de la preocupante realidad social y personal que están empezando a vivir una cada vez más elevada proporción de familias norteamericanas. Un problema del que intentan sacar causas y claras ideas diferentes sociólogos, psicólogos y educadores de aquel país y del que sólo coinciden en señalar de manera unánime su consecuencia más inquietante que no es otra que la del desmembramiento familiar.


Y señalan múltiples razones por las que esto sucede más a menudo en las últimas décadas. Especialmente importante es de señalar el hecho de que la mujer, (o uno de los cónyuges), de una manera generalizada ha dejado de permanecer en el hogar. Para ello valga el dato de que en 2000 un 70% de las familias estadounidenses tenían a los dos cónyuges trabajando, o el único cónyuge en el caso de madre o padre solteros. En la actualidad, los progenitores pasan 22 horas menos a la semana con sus hijos que en 1969.


Se quejan algunos de la generalización de los divorcios, de que más de un tercio de los niños nazcan ahora fuera del matrimonio. Otros lamentan el elevado número de familias que no tienen más remedio que trabajar ambos padres para vivir con una aceptable dignidad, adultos que se sienten obligados a trabajar largas jornadas, atareadas sus tardes con continuas llamadas telefónicas e imprevisibles asuntos relativos al trabajo. Con un sistema fiscal, de salud y de pensiones que sólo estimula la jornada completa, penalizando, por el contrario, la jornada flexible.


Quizá el más terrible de los efectos lo experimenten estas familias rotas, “atomizadas”, una vez los hijos llegan a la difícil edad de la primera adolescencia. Se encuentran estos chicos de 12 y 13 años con unos vínculos familiares muy débiles, aislados, cautivados por un consumismo incontrolado y consentido, llevados por un entorno presionante, que estima como el mejor de los valores la autosatisfacción, y cómo no, con un fácil acceso a las drogas y el alcohol. Y desgraciadamente nos encontraremos muchos chicos que llevarán este modo de vida hasta el límite.


Y tampoco el sistema educativo y social pone las cosas fáciles, anclado en una realidad que ya hace dos o tres décadas que debió pasar a los libros de historia. Se pregunta en el mencionado artículo por qué, si la mayoría de mujeres están totalmente incorporadas al sistema productivo, los colegios en el período estival cierran durante tres meses sin proponer soluciones, acciones complementarias que llenen mínimamente este largo intervalo de inactividad. Ya durante el curso la inmensa mayoría de escuelas públicas cierran antes de las 3 de la tarde. El cuidado de los niños es muy caro e injusto en tanto en cuanto no todos tienen capacidad económica para sufragarlo. En Estados Unidos uno de cada cinco niños de entre 6 y 12 años con madre trabajadora llega a una casa, la suya, vacía.


Septiembre ha ido pasando y también los españoles nos hemos encontrado con la vuelta al “cole”. La televisión no se ha cansado de poner imágenes de los padres acompañando a sus hijos el primer día de clase. Muchos niños con su rostro circunspecto, algunos resistiéndose a lo ya inevitable, no obstante, gritando, llorando. Y lo cierto es que en la leve sonrisa de alguno de esos padres podía adivinarse el alivio que supone el que por fin su hijo tenga algo que hacer.


Hay que reconocer que la realidad social europea es en muchos aspectos diferente a la americana. Con sus bajos índices de fertilidad y su bien consolidado estado de bienestar. Pero tampoco se puede afirmar que aquí estemos libres de esta amenaza y, de hecho, muchos indicios nos lleva a pensar que algo de eso está pasando. España, muy especialmente las grandes urbes como Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla o Valencia, tampoco pueden ser indiferentes a este creciente fenómeno social.


No se puede negar que la mujer española ha mejorado muy significativamente en lo que se refiere a presencia en el mercado laboral. Eso es una muy buena noticia. Sin embargo, tiene una segunda consecuencia no tan apetecible. Y es que las mujeres no pueden ahora prestar tanta atención a sus hijos como antes lo hacían y por lo que parece de momento no se ha dado una solución satisfactoria para todos. Los colegios “sueltan” a sus pupilos a las cinco, los institutos públicos, desde primero de ESO, los sueltan incluso antes de las tres, siempre mucho antes de que uno de sus progenitores pueda estar con él. Y entre finales de junio y mediados de septiembre tenemos la mayoría de colegios cerrados a cal y canto. ¿Y qué hacen todos estos niños con tanto tiempo libre?


Cada uno tendrá su propia respuesta, cada familia lo afrontará como bien pueda y tenga ganas, pero es fácil suponer que tan difícil tesitura puede a veces llevar al problema anteriormente descrito. Las familias cada vez son más una suma de individuos aislados y no un verdadero colectivo. Estos individuos sólo se preocupan por su autorrealización, su autosatisfacción y por aquello que más puede complacer, el consumo que pasa a ser un fin en sí mismo. Los hijos buscan cada vez más a menudo sus vínculos con personas afines no pertenecientes a la familia, etc.


Podemos con esto encontrar ciertas explicaciones a algunos de los problemas que más preocupan a los españoles en general como puede ser el generado por las drogas y el alcohol –el famoso botellón-. Y si esto preocupa a todos, muy especialmente el colectivo de inmigrantes podría ser el más afectado en tanto en cuanto dispone de menos capacidad económica para resolver tales desajustes. Además, todas las mujeres inmigrantes necesitan trabajar largas jornadas cada día para, simplemente, sobrevivir. De cualquier manera, tenemos ante nosotros otras siniestras amenazas como ahí están el alejamiento de las familias, el fracaso escolar, el robo, la marginación, el crimen y la violencia.


Soluciones deben darse desde los poderes sociales, desde el gobierno central en su gestión social y educativa, la autonomías en lo que les corresponda. Se necesita ante todo un trabajo justo y consensuado entre las diferentes facciones y los diferentes partidos políticos. Y lo cierto es que la comunidad política, la sociedad española en general, no ha sabido todavía reaccionar plenamente ante este importante desafío.



Fermín Gómez Wilkie para Aprendemas.com



Nota: buena parte de la información proviene de la revista “The Economist”


A punto está de estrenarse en España una excelente película que pretende ser reflejo de este creciente tipo de familias en las sociedades modernas: “Thirteen” dirigida por Catherine Hardwicke