Menu
¡Llama gratis! 900 831 816

Voluntariado, mil y una formas de dar lo mejor de uno mismo a cambio de sonrisas

Formar parte de uno de los proyectos del Servicio de Voluntariado Europeo, ganar el premio al mejor voluntariado universitario o viajar a Filipinas como miembro de uno de los programas de Naciones Unidas sobre el terreno. Laura, Elena y Miguel compar

Publicado en Histórico Reportajes
Foto de Voluntariado, mil y una formas de dar lo mejor de uno mismo a cambio de sonrisas
"Lo más bonito fue poder trabajar con ellos y lo que más valoro es lo que me ha aportado como persona". Laura Verdejo acaba de regresar de Rumanía donde ha participado en un programa del Servicio de Voluntariado Europeo (SVE). Como ella, Elena Terry y Miguel Serrano también saben lo que es dar lo mejor de sí mismos por los demás, una en la Asociación Bokatas, ganadores del Premio de la Fundación Mutua Madrileña al Voluntariado Universitario, y el otro como joven voluntario de Naciones Unidas en Filipinas.

Ver programas de voluntariado

Ver cursos para ser monitor

Experiencias a través del Servicio de Voluntariado Europeo

"Había escuchado hablar de voluntariado para jóvenes pero hasta el año pasado que terminé la carrera no me había informado", recuerda Laura, cacereña de 24 años. A través de internet descubrió la web del Servicio de Voluntariado Europeo donde había ofertas en distintos puntos del mundo. "No lo hice por el destino, me decanté por Rumanía porque me gustó la temática ya que tenía que ver con ciencias de la actividad física y la nutrición y estaba muy relacionado con lo que había estudiado", indica esta titulada en INEF.

Ver formación en cooperación al desarrollo


Ver cursos para gestionar ONG


Para participar es necesario tener entre 17 y 30 años y residir legalmente en Europa. El voluntariado internacional se puede hacer en una organización o en una autoridad pública del Viejo Continente, África, Asia o Sudamérica por un período de entre 2 semanas y 12 meses. El SVE es un programa dentro de Erasmus+ y como tal está financiado por la Comisión Europea. Cubre el alojamiento, la manutención y proporciona el reembolso de los gastos de viaje a los que resulten seleccionados.

"Al principio nos dijeron que íbamos a trabajar utilizando el rumano y me asusté mucho. Busqué cursos online pero no había y me compré una guía para aprender más rápido", explica divertida. Al final su idioma diario fue el inglés y por eso tuvo que mandar una carta de motivación en esta lengua para solicitar el puesto, además de su currículum.

Ver cursos de idiomas:
Inglés
Alemán
Ruso
Chino
Francés


A finales de 2014 le comunicaron que había sido una de las seleccionadas y que su labor consistiría en asistir a varios colegios de la ciudad de Sighisoara para formar a los niños en higiene corporal, nutrición y actividades físicas.  "En el primer colegio que estuve el nivel de vida era bueno, pero en otro se notaban las diferencias, eran personas con más problemas y necesidades", explica Laura. En su vida diaria también estaban patentes: "Te das cuenta de cosas que aquí en España ya hemos superado. Si iba a un gimnasio con un compañero a él le saludaban y a mí por ser chica no".

Considera que su destino, Sighisoara, era muy turístico pero detrás de la vorágine de los visitantes y de las actividades dedicadas a ellos, había mucha desigualdad. Iban pasando las semanas y en el ecuador de su viaje los coordinadores del programa le preguntaron qué haría cuando terminara: "Se me saltaron las lágrimas, aunque tenía claro que era pasajero". Antes de acabar su aventura ya estaba pensando en vivir otra en la India pero surgió una oportunidad de trabajo en casa.

Ver estudios en Relaciones Internacionales


Ver formación en derecho internacional


Ahora es dinamizadora deportiva en el Ayuntamiento de Alcántara, su pueblo natal, pero lo del voluntariado no se olvida. "Me gustaría montar una ONG, tengo que ver cómo se podría empezar…Ahí está la idea pero mi pueblo es chiquitito y es complicado…".

Bokatas, dosis de compañía universitaria para mejorar la vida de personas sin hogar

Hace unos meses, la red profesional LinkedIn elaboró un estudio basado en el hábito de sus usuarios. Cada vez más personas incluyen en su perfil una experiencia de voluntariado. "Si lo haces tiene que ser de corazón, no por tu currículum", apunta su parte Elena Terry, miembro de la asociación Bokatas y ganadora junto a su organización del Premio al Voluntariado Universitario 2014 de la Fundación Mutua Madrileña. Como ella, miles de universitarios de España participan o bien a través de sus campus o de otras asociaciones en algún tipo de iniciativa que tiene como objetivo ayudar al prójimo o bien a conservar el entorno.

Desde el lunes 1 de junio y hasta las 14.00 horas del 31 de octubre de 2015, están abiertos los III Premios al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña. "Hemos puesto el foco en el ámbito universitario porque sabemos que hay mucho movimiento. Desde el primer año han tenido una excelente acogida y en la edición pasada se llegaron a presentar más de 70 propuestas", explica Conchita Navarro, responsable de Responsabilidad Social Corporativa de Mutua Madrileña.

"Cada año se complica la decisión de elegir a los ganadores. Aumenta el número de participantes, todos son muy buenos y ya no se trata de que sean mejores o peores. Todos cumplen una labor social muy relevante", señala sobre la dificultad de dar los galardones. Éstos consisten en 35.000 euros que se reparten entre seis trabajos vencedores: 10.000 euros para el primero y 5.000 euros para los otros cinco proyectos finalistas. Como requisito imprescindible está que los participantes sean universitarios o que hayan finalizado sus estudios hace menos de dos años. Además, tienen que estar vinculados a entidades sin ánimo de lucro constituidas como asociaciones o fundaciones inscritas en el registro correspondiente.

"Era la primera vez que nos presentábamos. Justo coincidió que llevábamos 10 años como asociación registrada y además habíamos creado el Centro de Acompañamiento", recuerda Elena para explicar por qué Bokatas decide presentarse al certamen de Voluntariado. La asociación está inscrita en el Registro oficial de la Comunidad de Madrid desde 2004 pero todo comenzó hace más de 20 años, cuando seis voluntarios se juntaban en la Parroquia San Jorge de la capital para repartir bocadillos, café y sobre todo muchas dosis de conversación y compañía a las personas sin hogar que había por los alrededores.

Elena tiene 24 años y lleva tres formando parte de este grupo de personas que se dedica a mejorar la vida a otras. "La idea es incluirlos en la sociedad y que la sociedad les incluya a ellos", afirma. Los principios no son fáciles y tampoco el ganarse su confianza pero poco a poco todo va fluyendo. "El proceso es lento, pero para eso hacemos unas rutas establecidas con los mismos voluntarios. Nuestro objetivo no es alimentarlos sino darles compañía. Al final tú te abres a ellos y ellos a ti", prosigue. Una buena señal es que después del primer encuentro a la semana siguiente les esperen en el mismo lugar.

En el certamen de Fundación Mutua ganaron el primer premio por su Centro de acompañamiento que es el nuevo punto de encuentro que sirve para complementar la labor que hacen en la calle. Además de Elena, participan voluntarios de distintas universidades como la Autónoma de Madrid, Complutense, Politécnica de Madrid y Pontificia de Comillas. Ahora son más de 350 voluntarios, con varias sedes en Madrid y en otros lugares de España como Valencia.

Ver oferta de grados universitarios para 2015/2016


"Aceptamos ayudas económicas y también estamos buscando voluntarios para nuestro centro de acompañamiento que nos ayuden los fines de semana", apunta. Una manera de sumar refuerzos es acudir a colegios y a universidades para contar lo que hacen. Los miembros de Bokatas se reúnen por sedes y cada una de ellas sale dos o tres veces a la semana para realizar rutas preestablecidas en las que se encuentran con esas personas que tanto los necesitan: "A muchos los ves más que a tus amigos. La idea es establecer un vínculo de igual a igual, que ellos lo sientan así".

"Cuando alguien no está verdaderamente implicado lo acaba dejando. Exige mucho compromiso y mucho tiempo pero merece la pena", indica Elena.  Por ello antes de empezar a colaborar, se reúne a todos los interesados en ser voluntarios para explicarles qué es lo que hace Bokatas. Una vez que comienzan su actividad, reciben formación de psicólogos, de otras ONG que trabajan con personas sin hogar y de instituciones como el Samur Social para saber cómo atajar situaciones concretas y a dónde tienen que derivarles si requieren algún tratamiento especial.

Ver formación en:
Psicología
Atención social
Emergencias sanitarias
Cuidado y conservación del Medio Ambiente


Un español en Filipinas como joven voluntario de la ONU

AECID son las siglas de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, que depende del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación. Entre sus objetivos está la lucha contra la pobreza y el desarrollo humano sostenible. Una de las formas que tiene de llevarlo a cabo es la de servir de puente para que españoles preparados puedan trabajar en organismos internacionales.

Ver academias para preparar oposiciones


Ver másteres en derechos humanos


"Me enteré de la convocatoria por un anuncio en las redes sociales. Era la primera vez que me presentaba pues también era el primer año que desde la AECID sacaron este tipo de puestos de Jóvenes Voluntarios de Naciones Unidas". Miguel Serrano tiene 29 años, es de Madrid y hace unos días ha regresado de su experiencia como cooperante internacional en Filipinas. Antes ya había participado en Guatemala en el programa de Voluntariado de la ONU para universitarios y había estado varios meses en Nicaragua ayudando en un proyecto de alfabetización en una comunidad rural.

Aunque ha estudiado carreras de Ciencia como Bioquímica y Biología, quería y quiere dedicarse a la cooperación al desarrollo fuera de España. Como requisitos principales para ser "joven voluntario" le pedían saber inglés, tener al menos dos años de experiencia profesional preferiblemente trabajando con niños o jóvenes y por último demostrar interés en trabajar en temas relacionados con la reducción del riesgo de desastres y la respuesta a emergencias. Primero fue preseleccionado y luego un panel de expertos le realizó una entrevista telefónica en inglés.

Ver oferta de postgrados internacionales


"Para mí fue una gran alegría porque sabía que estos puestos los había pedido mucha gente así que ser uno de los seleccionados era complicado", reconoce. Después de pasar un reconocimiento médico y de tramitar su visado en la embajada de Filipinas, comenzaba la experiencia. Su cometido consistía en supervisar los programas de reducción del riesgo de desastres que UNICEF apoyaba en dos provincias afectadas por el paso del tifón Haiyan en noviembre de 2013.

"Trabajé muy estrechamente con las autoridades locales y funcionarios municipales, los cuales me trataron muy bien y la colaboración fue muy fluida", declara. Aunque su sede estaba en Manila, más del 70% del tiempo lo pasaba sobre el terreno, supervisando los proyectos. Cogía un par de aviones cada semana para ir a dichas áreas donde tenía que apoyar técnicamente los proyectos y hacer el seguimiento financiero de los mismos.

Como contrapartida recibía un subsidio mensual de 1.700 mensuales con los que tenía que pagar su alojamiento y su manutención. También le facilitaron billetes de ida y vuelta al país así como un subsidio inicial de instalación para sufragar la estancia en un hotel hasta que encontrara una casa de alquiler. "Trabajar en Naciones Unidas es sinónimo de trabajar con personas de muchas nacionalidades por lo que se tiene que ser muy abierto y sensible a las diferencias culturales", asegura Miguel. "Por otro lado hay que quitarse la idea de que las personas que trabajan allí son dioses o la excelencia. No es así, como en cualquier sitio, hay gente muy profesional y otros que no lo son tanto", prosigue.

Desde su punto de vista, en Naciones Unidas la gente gana bastante dinero, sobre todo si se compara con el salario medio del país en el que uno se encuentra: "Si la persona es profesional y está comprometida con su trabajo y con contribuir con mejorar las condiciones de vida de las personas para las que trabajamos se puede entender y considerar adecuado. El problema es cuando a tu alrededor te encuentras a personas poco profesionales y con cero compromiso con lo que hacen".

Miguel considera que sus experiencias anteriores como voluntario le sirvieron pero también aprendió mucho sobre la marcha: "Lo más bonito y lo que a mí más me reconforta es que se note la contribución que uno hace (aunque sea pequeña o se tarde en apreciar) para mejorar las condiciones de vida de las personas más vulnerables". También hay cosas duras como estar lejos de los suyos que al final se sobrellevan porque estaba haciendo lo que le gusta.

"Lo que considero esencial para ser un buen voluntario es compromiso con lo que se hace, humildad para entender que no somos los salvadores de nadie y sensibilidad para no perjudicar o restar en vez de ayudar y sumar", explica este joven madrileño. Además confiesa que es voluntariado es algo que engancha: "Este tipo de experiencias en países en desarrollo dota de una perspectiva diferente a la hora de, por ejemplo, valorar lo que realmente es estar en crisis o de preocuparte por las cosas que realmente importan".

Cada año, la AECID convoca varios programas de este tipo en función del presupuesto. A través de su web se pueden consultar requisitos, fechas del programa y otros detalles para que los españoles interesados puedan ser voluntarios y trabajar en organismos internacionales.

¡Sigue a aprendemas.com en Facebook, Twitter, Tuenti y LinkedIn!

Más información:

Servicio de Voluntariado Europeo

Bases de los III Premios al Voluntariado Universitario de Mutua Madrileña

Asociación Bokatas

AECID – Promoción de la presencia de Españoles en Organizaciones Internacionales