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Violencia escolar y bullying: dos fenómenos a la orden del día

Un estudio realizado por el Centro Reina Sofía analiza la violencia en las aulas escolares.

Publicado en Histórico Reportajes
Foto de Violencia escolar y bullying: dos fenómenos a la orden del día
Estudiantes-grado-INE

El problema de la violencia en las aulas escolares, un asunto del que ya venimos oyendo hablar desde hace algún tiempo, es un tema cuando menos preocupante, sobre todo si tenemos en cuenta el siguiente dato: en España, el 2,1% de las mujeres comprendidas en la banda de edad de los 15 a los 64 años sufre maltrato por parte de su pareja. Pues bien, entre los escolares de 12 a 16 años, el 2,5% sufre acoso por parte de un compañero. Tal es el dato que José Sanmartín, director del Centro Reina Sofía, menciona con preocupación manifiesta en el prefacio del informe que dicha institución ha elaborado bajo el título “Violencia entre compañeros en la escuela”, en colaboración con la empresa demoscópica Metra-Seis.



El estudio se ha basado en una encuesta realizada por el Centro Reina Sofía y cumplimentada por medio de entrevistas telefónicas con ayuda de soporte informático. En total, se compone de 32 preguntas divididas en tres secciones: testigo, víctima y agresor. De esta forma, se ha querido obtener una visión del problema desde la perspectiva de las distintas partes implicadas. El número de entrevistados asciende a 800, todos ellos adolescentes entre 12 y 16 años de ambos sexos, escolarizados y residentes de derecho en territorio nacional.


 


Violencia escolar


 


Una vez establecida la definición general de violencia como todo acto u omisión intencionada con el fin de causar alguna clase de daño a personas, animales u objetos, el informe define algunos otros tipos más específicos de violencia (doméstica, política, económica, etc.) para acabar centrándose en la violencia escolar, entendida como la que se da en el ámbito de la escuela, y su forma más grave, el acoso o bullying.


 


Algunas de las conclusiones recogidas en el informe resultan ciertamente dignas de atención. De cada cien alumnos entre 12 y 16 años, setenta y cinco han sido testigos de algún acto de violencia escolar; quince han sido víctimas y de éstas, ocho de cada diez ha sufrido maltrato emocional y siete maltrato físico. Seis de cada diez han sufrido varios tipos de violencia simultáneamente. Lo curioso es que los agresores no se suelen autopercibir como tales; más bien piensan que se defienden de agresiones o provocaciones de sus víctimas. En el caso de la violencia escolar en general, tanto las víctimas como los agresores suelen ser chicos, algo que curiosamente no ocurre con el acoso, figura en que la mayor parte de las víctimas son chicas.


 


Otra de las diferencias existentes entre las víctimas de acoso y las de violencia escolar en general, es que las primeras se autodefinen de forma más negativa que las segundas. La proporción de víctimas que guarda la llamada “ley del silencio” es baja en ambos casos, pero aún más en el acoso. Así, mientras que entre los que sufren violencia un 18,1% decide no contarlo a nadie, entre los afectados por el acoso esta cifra desciende hasta los 10 puntos porcentuales.


 


Acoso escolar (bullying)


 


El término “acoso” no es baladí, ya que si por violencia escolar se entiende cualquier tipo de violencia que se dé en el contexto escolar contra alumnos, profesores o propiedades, el acoso escolar o bullying implica un factor repetitivo que desemboca en auténtico hostigamiento, provocando la exclusión social de la víctima. Algunos datos significativos sobre el acoso contenidos en este estudio: del total de víctimas de violencia escolar, el 17,2% sufre acoso (un 2,5% sobre el total de encuestados); de éstos, el 45% sufre violencia por parte de más de un agresor. El tipo de maltrato que recibe la víctima es mayoritariamente emocional (90%) seguido del físico (70% de los casos). Sólo en un 5% de las ocasiones consiste en actos de vandalismo. Como nota importante, el 60% de las víctimas de acoso sufre más de un tipo de maltrato. Entre las victimas de violencia escolar en general, este porcentaje se reduce hasta el 35,3%.


 


El perfil de las víctimas de acoso, según refleja el informe, son chicas (65% de los casos) de nacionalidad española (95%) y de 13 años de edad (el 40%). Es interesante observar que la proporción de víctimas que se auto-califican de solitarias, depresivas y con pocos amigos duplica la de violencia escolar en general. En cuanto al perfil del acosador, en el 65% de los casos se trata de chicos que en un 95% son de nacionalidad española.



Especialmente interesante con respecto a esta figura es constatar la escasa vigencia de la llamada “ley del silencio”, en la que sólo se refugia el 10% de las víctimas, mientras que nada menos que el 90% comenta el acoso con alguien. Los efectos secundarios más inmediatos para quienes sufren este tipo de violencia son sentimientos de tristeza, soledad, alteraciones del sueño o un menor rendimiento escolar.


 


Factores de riesgo


 


Existen ciertos aspectos personales, del entorno, etc. que se consideran como “factores de riesgo” de la violencia escolar, ya que aumentan la posibilidad de que ésta se produzca. En el caso del agresor, algunos de éstos son la ausencia de empatía con las demás personas, una baja autoestima, egocentrismo, fracaso escolar, consumo de alcohol o estupefacientes, maltrato familiar, malas prácticas de crianza, ausencia de sanción adecuada en la escuela para el comportamiento violento, transmisión de estereotipos sexistas, etc.


 


En el caso de la víctima, los factores de riesgo son escasas habilidades sociales, nerviosismo excesivo, rasgos físicos o culturales distintos, discapacidad o poca participación en actividades de grupo, entre otros.


 


En general, existen algunos factores de riesgo socioculturales tales como la presentación, por parte de los medios de comunicación, de modelos carentes de valores, la baja calidad de la programación, contenidos violentos, etc. Las situaciones económicas precarias o la justificación social de la violencia forman también parte de los factores que intervienen.


 

Perfil del agresor y reacción ante los ataques


 


El porcentaje de alumnos que se declara agresor asciende al 7,6% de los encuestados. El 44% de las víctimas afirma haber sido agresor alguna vez mientras que el 83,6% de los agresores afirman también haber sido víctimas. En general, los agresores son aficionados a las actividades de riesgo (59%) películas y juegos violentos (41%) y es frecuente que alberguen sentimientos de odio hacia los demás (39,3%). Precisamente una de sus características es una percepción distorsionada de la realidad, por la que consideran que su ataque es una defensa frente a una agresión o supuesta provocación de la víctima (hasta un 70,5% lo piensa). Por este motivo suelen necesitar asistencia psicológica además de la lógica sanción. Otro dato interesante es que el 57,4% de los chicos que se confiesa agresor participa uniéndose a un compañero que ha agredido a otro, es decir, como secuaz.


 


El 55,7% de agresores afirma que los profesores intervienen ante un acto de violencia y el resultado, según el 36,1% de ellos, suele consistir en una sanción (expediente o expulsión) cuyo principal efecto es que se controlan más. Por parte de las víctimas, la reacción más común ante el ataque suele ser la de aguantar (50%) seguida de los insultos (36,2%) o la respuesta física (pegar) que se da en un 19,8% de las ocasiones, exactamente el mismo porcentaje que decide “hacerle lo mismo”. Unas proporciones que varían cuando de acoso se trata, donde la respuesta más frecuente es la de insultar (40%), seguida de aguantar (35%) o hacerle lo mismo (35%).  Finalmente, 25 de cada cien optan por pegar al agresor.


 


En cuanto a la intervención de los profesores ante estos incidentes, según los datos del estudio el 46% interviene en la agresión frente al 39,7% que “no intervienen porque no se enteran”. Por lo que hace referencia a los testigos, la mayoría de ellos (71,5%) dice intervenir de alguna manera y en los casos en que no lo hacen, el motivo más alegado es que “no les interesa”. La principal razón para intervenir, por otro lado, suele ser amistad con la víctima.


 


Otros estudios


 


Este no es, lógicamente, el único estudio realizado sobre el tema de la violencia en las aulas. El año pasado, por estas fechas, un informe realizado por el catedrático  Pedro Eyerbe ya anticipaba como posibles causas de la indisciplina en los centros escolares la falta de supervisión familiar de los adolescentes, la pérdida de las normas de respeto y consideración, el querer llamar la atención, la heterogeneidad de las clases y el poco aprecio social de los estudios. El propio informe del Centro Reina Sofía que hemos sintetizado en este texto efectúa una breve comparativa con el llevado a cabo por el Defensor del Pueblo en 2000 o los que han sido elaborados por países como Noruega, Inglaterra, Italia o Francia.


 


Las conclusiones más destacables del estudio del Defensor del Pueblo son que los agresores son más numerosos que las víctimas, que la violencia se da con más frecuencia entre los 12 y 14 años (primer ciclo de educación secundaria) para descender después a partir de los 16 años, que son los chicos quienes realizan más actos de agresión y que son las chicas quienes más ejercen la exclusión e intimidación psicológica.


 


Otro de los trabajos publicados recientemente sobre el tema es el libro de Pere Pena “Generación L”, que analiza las tres reformas legislativas (LOGSE, LOCE y LOE) llevadas a cabo en el entorno educativo. Este libro sostiene que violencia escolar y el acoso o bullying no son sino el resultado del hundimiento de un modelo de educación. La escasa atención de los padres y su falta de orientación serían asimismo origen de la violencia y pasotismo de los adolescentes. Ello sin obviar la responsabilidad de los centros educativos, que Pena considera aún mayor que la de los progenitores.


 


 


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Más información:


 


Centro Reina Sofía


 


Defensor del Pueblo


 


 


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