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Universidad para mayores: nunca fue tarde para aprender...

Parece que últimamente las personas mayores tienen más interés por estudiar en la universidad. En esto sigue la tendencia del resto de países comunitarios que consideran la educación a lo largo de toda la vida como un derecho y una necesidad esencial

Publicado en Histórico Reportajes
Foto de Universidad para mayores: nunca fue tarde para aprender...

Nunca fue tarde para aprender... 


¿De qué sirve ya con 60 ó 70 años aprender a tocar el piano? ¿Estudiar la historia de Roma, la Desamortización de Mendizábal o nuestra Guerra Civil? ¿Recordar con detalle la Catedral gótica de Reims? ¿adquirir conocimientos de geometría, o idiomas, o macroeconomía? Puede que fueran estos conocimientos muy útiles en nuestra juventud, nos hubieran preparado para afrontar con éxito el reto de incorporarnos al mercado de trabajo, mejorar nuestras expectativas profesionales o, cuanto menos, pasar a formar parte de la sociedad culta e instruida. Pero cuando uno ya está dando sus últimos coletazos, cuando ya lo ha hecho todo en el mercado laboral, adquirir tales conocimientos se antoja, pueden pensar algunos, algo tan infructuoso como tratar de mover molinos a agua pasada.



Y sin embargo los tiempos están cambiando y por ello tenemos que tratar de cambiar nuestras rígidas ideas o prejuicios, siempre en pro de la mejora, mejora de nosotros y de la sociedad. También, como institución esencial de las sociedades modernas, fundamentadas, de hecho, en el conocimiento y la comunicación, las universidades deben asumir estos cambios como un reto, un envite por el constante progreso. La universidad es tanto para los más jóvenes, para los profesionales consolidados, como para los más mayores, personas, estas últimas, que el habla popular no se cansa de insistir en que son los más sabios. Así pues, si son los más sabios, quién va merecer más que ellos acceder a los estudios superiores.


Con una longevidad ya cercana a la centuria, en la que los avances médicos y la calidad de vida ha mejorado espectacularmente las expectativas de vida de los españoles, edades más maduras a las que se llega, por otra parte, en un estado físico y mental muy satisfactorio y así en las que se puede afrontar en muchos casos retos intelectuales ambiciosos, en las que además se dispone de mucho tiempo de ocio, no podía más que hacer plantear a los responsables de las instituciones de enseñanza superior la posibilidad, ya urgencia, de ofrecer algún tipo de programas educativos a medida de tan creciente colectivo.


“El placer en el saber”
 


Interesantes fueron las conclusiones a las que se llegó en una encuesta realizada el año pasado entre los alumnos matriculados en el Aula de Formación Permanente de la Universidad de Granada, todos ellos mayores de 55 años. Se comprobó que estudiar mejora entre estas personas su salud y autoestima, dándoles así calidad de vida. En general los encuestados poseían un concepto de sí mismos entre alto y muy alto, creían tener bajo o muy bajo el riesgo de depresión, y además, su salud se consideró de buena. Y es que cualquiera se siente a gusto consigo mismo cuando los demás le consideran competente, preparado para afrontar cambios y retos intelectuales. Así pues, si de algún modo estudiar es gratificante en sí mismo, que existan instituciones de este tipo está más que justificado.


Algunos podrán decir que esta actitud es previa a la universidad, que siendo de por sí personas optimistas y sanas decidirían seguir mejorando, así no tiene por qué ser mérito de la universidad, y sin embargo, lo que es indudable es que esta institución ha de saber, en realidad es su obligación, canalizar convenientemente esta inquietud, esta voluntad por aprender que tienen algunos mayores. Pues el estímulo social que esto supone es indudable, y siempre es posible, cualquiera que sea la edad, lograr una mejora de capacidades como la memoria y el razonamiento. Dicen los expertos que de no ejercitarlas se pierden las capacidades mentales y no siempre la larga etapa laboral, con lo complaciente, repetitiva y monótona que puede llegar a ser, las estimula convenientemente, de ahí en parte el sentido de todo esto. La Universidad ha de ser ante todo universal, ha de cumplir con una de sus funciones esenciales, lugar de encuentro donde desarrollar valores humanos tan necesarios en la sociedad cualquiera que sea la edad de las personas, como es el deseo de mejora, el progreso, la integración y participación en el grupo.


Además, no hay que olvidar que las universidades, debido a la progresiva bajada de natalidad de las últimas décadas, así como, al aumento de la oferta privada, se encuentran en estos momentos faltas de población universitaria, con medios sobrados, muchas veces infrautilizados, para emprender nuevos proyectos académicos. La universidad necesita ajustes, una reestructuración seria, necesita de nuevas propuestas, y quizá uno de los más importantes asuntos que ha de enfrentarse sea éste de la educación a lo largo de toda la vida, desde la juventud hasta la edad más madura.


Así pues, si las comparamos con el estudiante convencional, estas personas siempre mayores de 50 años, aunque mismo afán de superación intelectual, tienen muy diferentes objetivos, capacidades, preparación y necesidades a la hora de afrontar sus estudios universitarios. Sin ya aspiraciones laborales, de poco servirá el reconocimiento oficial de los estudios a realizar que, por el contrario, podría más bien limitar su alcance académico y social. El título es lo de menos en este caso, y sin embargo, el diseño específico del programa, ajustado a todas estas particularidades, es lo más importante. El modelo de educación en los mayores ha de estar basado de manera especial en la interactividad, es decir, en la discusión, en el enriquecimiento de todos, del profesor pero particularmente del alumno. El clásico diseño de clases presenciales, trabajo individual o en equipo y exámenes, ha de ser perfeccionado, complementado y en ciertos aspectos sustituido, por otras acciones como pudieran ser encuentros, debates, intercambios, viajes culturales, estudio y tutorías personalizadas, actos sociales y culturales, etc. Por todo ello también, la exigencia ha de ser acorde con la capacidad particular del alumno y, en primer lugar, el acceso a los estudios debe estar abierto, en general, a todos (habría que matizarlo), sin cupos, ni medias previas, ni exámenes de ingreso. Hay que tener en cuenta que por motivos sociales muchas de estas personas no tienen ni el graduado escolar y hasta ese momento no han podido acceder a una educación. Es para ellos, en definitiva, una última oportunidad de aprender.

Y ya van 47...


Las distintas universidades públicas oficiales, dentro de su autonomía como instituciones educativas de primer orden empiezan a afrontar este reto de distinta manera. Algunas ya desde hace una década, como es el caso de la Universidad de Alcalá de Henares que en 1992 inició su programa superior de educación específica para mayores y que por ello se la considera pionera en nuestro país. A esta iniciativa, tres cursos académicos relacionados con las humanidades y con derecho a título propio universitario (Diploma), institucionalizada a través de su Vicerrectorado de Extensión Universitaria bajo el nombre de "Cursos de Humanidades Senior", le siguieron dos proyectos similares, uno llevado a cabo por la Universidad Pontificia de Salamanca y otro por la Universidad de Granada, que en el caso de ésta última ha obtenido hasta la fecha un éxito arrollador.



De hecho, por el Área de Educación Permanente de la Universidad de Granada desde su implantación en el curso 1994-95 ya han pasado más de 3.500 alumnos y en concreto, este año, se han matriculado unos 700 alumnos que oscilan entre los 55 y los 80 años de edad. Como dato a tener en cuenta decir que esta iniciativa está teniendo una gran aceptación entre las personas de 55 a 60 años, esas que en su juventud no pudieron concluir los estudios y que ahora en su trabajo o con su jubilación anticipada disponen del tiempo libre suficiente para seguir el programa. La oferta académica se ha ido completando en los sucesivos cursos académicos hasta el punto que es, la de esta institución, quizá actualmente la más variada de las ofrecidas por las universidades españolas. Se compone de un primer ciclo de tres años con un programa específico de asignaturas tanto obligatorias como optativas, que posteriormente se complementa con un segundo ciclo de dos años y en el que se puede optar entre un programa de formación continua, un programa de formación extensiva o un programa mixto. Durante este tiempo se podrá profundizar en todas las disciplinas del saber, de las ciencias y de la cultura, se asistirá a numerosas actividades académicas, culturales y sociales alternativas, a seminarios, conferencias y talleres. Todo ello reconocido por un sistema de créditos y por un título propio acreditativo. Además, para alcanzar una formación aún más integral, estos avezados estudiantes tienen la alternativa de matricularse en varias de las asignaturas de libre configuración de las carreras oficiales en igualdad de condiciones que el resto de universitarios más jóvenes.



Esta primera experiencia llevada a cabo en Andalucía, quiso extenderla la Consejería de Asuntos Sociales de la Junta en el curso 97-98 por completo a la Comunidad Autónoma, que a partir de entonces tituló "Aulas Abiertas para Mayores" y en cuyo programa actualmente colaboran ésta y otras universidades andaluzas. Según datos conocidos el curso pasado, un total de 5.972 personas mayores de 55 años ya habían participado hasta esa fecha.



También hay que destacar por su amplio alcance a muchas de las provincias de Castilla y León, la “Universidad de la Experiencia”, programa apadrinado por la Universidad Pontificia de Salamanca por el que desde 1993 ya han pasado casi 3.000 alumnos y del que hay que reconocer los esfuerzos para diseñar una programación muy ajustada a los temas de interés de los más mayores, como es, la psicología, sociología, salud o voluntariado de las personas mayores, entre otros.



Y los proyectos de enseñanza para mayores se han ido extendiendo por toda la geografía española. La universidad San Pablo CEU ya hace años comenzó con su particular programa de enseñanza superior para personas mayores bautizándolo con el nombre de "Universitas Senioribus". De parecidas características la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid, ofrece en su “Universidad de Mayores” un programa de tres años dirigido a jubilados de nivel cultural medio alto titulados universitarios o al menos de Bachillerato, en el que se tratan materias relacionadas con la ciencia y tecnología, las humanidades y la problemática actual de las sociedades modernas, y en la que tampoco se olvida prestar una detallada atención a los asuntos teológicos y religiosos.


Y con la popularización de estos programas dentro de las universidades españolas, aún confusos y descoordinados, la atención prioritaria que merecen, ha llevado a convocar diversos encuentros en el que los responsables implicados están tratando de poner orden en todo lo que respecta a esta nueva modalidad. Ya se dieron los primeros pasos para crear una Comisión de Programas Universitarios para Mayores; se ha implicado en la gestión y planificación al Ministerio de Educación, al INMERSO y a los servicios sociales de las distintas Comunidades Autónomas; de estos organismos se ha logrado cierto apoyo económico e institucional. Después, en el VI Encuentro Nacional de Programas Universitarios para Mayores, último celebrado precisamente en abril de este año, se ha incidido en la necesaria potenciación para el futuro, sobretodo en establecer pautas comunes que conduzcan al reconocimiento educativo por parte de la administración, y así también de una apropiada convalidación y homologación entre los distintos centros y con los otros estudios universitarios, con los cuales, pudieran enlazarse incluso si son enseñanzas regladas, pero siempre sin perder el imprescindible carácter eminentemente flexible, universal y vocacional de este tipo de programas. Así, se pretende configurar un plan de estudios de referencia que tendría una duración mínima de tres años y una docencia de 400-450 horas (40 ó 45 créditos), entre asignaturas obligatorias y optativas. Y hacia este punto parece que se irá dirigiendo la educación universitaria específica de los mayores.

Dirigida en exclusiva a los jubilados, tenemos la Universidad Nacional Aulas de la Tercera Edad (UNATE) , institución que comenzó hace exactamente 25 años formando a estas personas bajo el nombre de Aulas de la Tercera Edad y que ahora está adscrita a la Universidad de Cantabria. Su larga y sólida trayectoria lo demuestra el hecho de que casi 900 alumnos concurren cada año a sus actividades formativas. Con el mismo planteamiento, la Universidad Popular de la Edad Adulta (UPDEA) en Madrid va exclusivamente dirigida a personas mayores. Más que una universidad con correspondiente diplomatura de tres años como es habitual, esta institución privada prefiere ofrecer, por el contrario, un amplio programa de cursos breves en todas las materias y unas numerosas actividades alternativas que más se le acerca a un centro cultural de adultos.


En Cataluña la oferta más seria en este sentido es la de la Universidad Rovira i Virgili que hace llamar "Aules d'Extensió Universitaria per a la Gent Gran-Reus" y que ha optado por organizar un programa de 9 meses dividido en 3 trimestres, con clases presenciales al estilo clásico, con materias optativas, así como, con actividades complementarias que estimulan la participación de todos. Ya no sólo en Catalán, hasta en inglés es posible que los mayores realicen sus estudios superiores y eso gracias a la reciente iniciativa de una institución privada británica que con el nombre de University of the Third Age ha establecido una sede en la Costa del Sol (Marbella) dirigida principalmente a los muchos jubilados anglosajones residentes en esta parte de España.



Como éstas, podríamos citar otras muchas universidades que han ido incorporando programas específicos para mayores. Ya en España, se calcula que casi 22.000 alumnos cursan los 47 programas universitarios que en la actualidad existen. Una oferta que año tras año aumenta, encuentra su sitio, un sentido nuevo en un país moderno como el nuestro. Y es que, a fin de cuentas, de lo que se trata con todos estos proyectos es de mejorar, seguir vivo, de mantener latientes los valores de una sociedad, pues el que aprende también enseña, y la universidad, ahí donde confluye todo el conocimiento, tiene mucho que aprender y enriquecerse con estas personas. Y si hay niños prodigio, ¿por qué no va a haber también abuelos prodigio? Quién sabe, quizá ese anciano que tan torpe parecía a nuestros ojos pueda saber más de lo que pensamos...



redaccion@aprendemas.com



Programas y Universidades para Mayores más representativas presentadas en la red:


“Aula de Formación Abierta para Mayores”; Universidad de Málaga
“Aula Permanente de Formación Abierta”; Universidad de Granada
“Aula Universitaria de Mayores”; Universidad de Cádiz
“Universidad para Mayores”; Universidad Carlos III
“Programa para Mayores”; Universidad de La Laguna
Universidad Senior; Universidad Politécnica de Valencia
“Aulas de la Experiencia”; Universidad del País Vasco
“Cuarto Ciclo Universitario”; Universidad de Santiago de Compostela
“Aula de la Experiencia”; Universidad Pública de Navarra
Aula d'Extensió Universitària Gent Gran d'Osona; Universidad de Vic
Aulas d’Extensió Universitaria per la Gent Gran; Universidad de Barcelona
Universidad de Mayores; Universidad Pontificia de Comillas
Universidad Permanente; Universidad de Alicante
"Cursos de Humanidades Senior"; Universidad de Alcalá de Henares
“La Nau Gran”; Universidad de Valencia
“Universitat per a Majors”; Universidad Jaume I



Otros enlaces de interés:


Conclusiones finales del VI Encuentro Nacional de Programas Universitarios para Mayores
Observatorio de Personas Mayores; Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales