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Universidad e Investigación, sonrisas y lágrimas

Un reciente estudio comparativo presentado por la OCDE, y uno más detallado sobre las cifras de la Universidad Española, han puesto en evidencia ciertas carencias que aún nos colocan a la cola de los países desarrollados en lo que a educación superio

Publicado en Histórico Reportajes
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Que la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) critique abiertamente las políticas del gobierno en lo que a educación se refiere ya no es un hecho que vaya a sorprender a nadie. Y es que desde que la Ministra de Educación y Cultura, Pilar del Castillo, anunciara hace más de una año la elaboración y posterior aprobación de la nueva Ley de Universidades, y con ello, la reforma de buena parte del sistema español de educación terciaria, esta importante institución ha emprendido una encarnizada guerra dialéctica contra lo que considera una grave intromisión en varios asuntos que sólo deberían competer a los profesores y demás docentes de la enseñanza superior. En particular, lo que más duele a los integrantes de este influyente grupo son los nuevos métodos a los que la nueva ley obliga a las universidades públicas en cuanto al reclutamiento y selección de profesores, así como, a la elección de sus rectores.


En las últimas semanas se ha quejado la CRUE ante los medios nacionales de que el gasto público en educación por estudiante universitario es actualmente un 40% inferior al de la media de los países de la Unión Europea, todo ello pese a reconocer que en los últimos 7 años este gasto ha aumentado. Sí, se ha avanzado algo, pero, tal y como ha podido constatarse en un reciente estudio comparativo realizado por la OCDE y presentado hace dos semanas en Londres, la situación española respecto a la media Europea y de la OCDE es todavía preocupante, siendo deficitaria en la mayoría de partidas destinadas a educación superior. Entre 1998 y 1999, el gasto por estudiante pasó de 5.038 a 5.707 dólares. España destina a la enseñanza superior, pública y privada, el 0,9% del PIB, mientras que la media de la UE es del 1,4%, lo cual, coloca a nuestro país en penúltima posición sólo por encima de Italia con un gasto equivalente al 0,8% de su PIB nacional.


Mejorando, pero sólo en parte


Pero quizá para conocer de forma más precisa la situación actual de nuestro sistema de enseñanza reglada más cualificada, lo mejor sería leer detenidamente el informe publicado también recientemente por la CRUE en el que se calculan y analizan todas las cifras de las universidades españolas. Especialmente en la parte que compara a España con el resto de países de la Unión Europea y de la OCDE, podemos ver de manera clarividente cuáles son nuestras principales carencias.


Dado que estamos en un mercado de trabajo que valora muy positivamente la educación superior, en España hay una fuerte demanda de este tipo de estudios. Sobretodo es el nuestro, un país de licenciados, los segundos de la OCDE en proporción (después de Finlandia), y así, diez puntos por encima de la media. Por el contrario, en diplomaturas y demás “títulos cortos”, estamos diez puntos por debajo, desequilibrio que ha provocado durante décadas una preocupante falta de población activa con cualificaciones medias en muchas especialidades. Es un problema, no obstante, que parece que poco a poco se está solucionando.


Falla nuestro modelo de financiación universitaria, por insuficiente y por injusto. Según estimaciones de la CREU en dicho informe, el gasto total en enseñanza terciaria es equivalente al 1,11% del PIB cuando la media OCDE está en el 1,33%. Países como Suecia, Suiza o Finlandia el gasto anual por estudiante universitario está cercano a los 10.000 dólares. Teniendo en cuenta que nuestra renta per capita es inferior en casi todos los casos, hace dos años se estimó en el polémico “Informe Bricall” que para igualarnos al resto de Europa este gasto debería alcanzar entre el 1,5 y 16% de nuestro PIB nacional. Importante ser conscientes de ello, toda vez, que nos acercamos a un modelo de mercado laboral intereuropeo y basado el conocimiento y la cualificación profesional, como así han demostrado Irlanda y otros países de gran crecimiento en los últimos años. Una falta de competencia ya no sólo laboral, sino también en lo que se refiere a la calidad en la enseñanza y a la investigación en los centros universitarios.


La tendencia en nuestro país, siguiendo la línea de toda Europa iniciada a partir de principios de los 90, es a que vaya aumentando la proporción de gasto privado en este tipo de educación. Con todo, Korea con más del 80%, Japón con casi el 60% y Estados Unidos alcanzando aproximadamente el 50%, han sido tradicionalmente países con una mucho mayor proporción de gasto en educación superior privada. España en 1999 tenía una proporción del 24,5% en gasto privado, cifra en general mayor que la de nuestros vecinos y que es de esperar que siga creciendo durante los próximos años. Decir también que, según los datos aportados por el Ministerio de Educación, en el curso 2002-2003 de los 1.497.000 alumnos matriculados en enseñanza universitaria, 128.000 (8,6%) lo han hecho en universidades privadas.


¿Pero cómo se distribuye este gasto? En opinión de muchos expertos nuestra distribución es poco coherente, errónea e injusta. Desde los 90, al igual que otros gobiernos, el nuestro ha ido incrementando significativamente los precios de matrícula, así como, la dotación para ayudas. Precisamente, son los gastos en instituciones, en especial para financiar las infraestructuras de las que tradicionalmente hemos carecido, los que con gran diferencia más parte absorben del presupuesto total (89%). Por ello, para becas y ayudas al estudio sólo queda un 11% de fondos, y además, de lo que sobretodo se quejan los más críticos con este sistema es de lo insuficiente de dicha partida y de lo mal distribuida que está. Y es que el 40% de las ayudas públicas se destinan al pago de tasas universitarias y sólo el 25% va para la “compensación” de precios. Según las conclusiones del estudio de la CRUE, el esfuerzo del gobierno en ayudas al estudio es insuficiente, de hecho sólo representan el 0,1% de nuestro PIB nacional, es decir, 454 dólares por alumno, cifra ridícula si la comparamos con la media de la OCDE que está en 1.840 dólares por alumno (0,27% del PIB; estimaciones año 2000). Así las cosas, y como bien saben sus beneficiarios, estas becas en su mayor parte no permiten cubrir ni los costes de residencia ni los de oportunidad de estudiar. A esto hay que unirle la falta en España de programas de créditos preferenciales para que los universitarios puedan de esa manera financiar sus estudios.


 

El caso es que el Ministerio de Educación ha querido siempre en sus comunicados de prensa destacar que desde 1996 el gasto en educación, y en concreto, la partida dedicada a la enseñanza superior no ha dejado de crecer, y además, en muchos conceptos de una manera significativa. Recientemente, defendiéndose de las numerosas críticas vertidas por docentes, políticos y grupos de estudiantes y becarios, ha querido informar sobre aquellos aspectos más positivos del presupuesto para el curso 2002-2003. En primer lugar, ha dicho que éste se ha visto incrementado en un 7,73% con respecto al año anterior. Así, en concreto, la dotación para becas y ayudas al estudio es 7,9 puntos superior (748,3 millones de euros) y los programas de educación compensatoria, tan criticados por su falta de soporte económico, lo ha hecho en más de un 20%. Además, otro dato a tener en consideración es que el descenso de los últimos años en el número de matriculados universitarios hace que el gasto por estudiante sea mucho mayor. También hay que decir que el hecho de que la universidad privada esté adquiriendo mayor peso en el sector permite al Ministerio disponer de mayor capacidad de financiación para otros conceptos de la enseñanza superior.


Inevitables cambios


Lo cierto es que estamos ante una nueva realidad universitaria y todo ello debería hacer reflexionar a éste y a futuros gobiernos sobre la necesidad de un nuevo modelo financiero para la enseñanza superior. La movilidad de estudiantes dentro y fuera de nuestro país, hace tiempo que se señaló como un objetivo prioritario para el Ministerio de Educación. Claro, que esto sólo sería posible sí se desarrollara un ambicioso programa de becas, créditos y otras ayudas que estimularan dicha movilidad. Sin embargo, como se ha podido comprobar por los medios, para este curso académico no se ha sabido responder a lo que ha sido una masiva demanda por parte de los universitarios españoles, y baste recordar la polémica levantada hace apenas unas semanas por la congelación presupuestaria en este nuevo curso académico del programa de Becas Sócrates, el que es, de hecho, soporte fundamental del cada vez más solicitado Sistema de Intercambio entre Centros Universitarios Españoles (SICUE).


Asimismo, en Europa se está constatando un cambio de tendencia en cuanto a lo que es el perfil estándar del universitario. Como ya se ha dicho, en la última década ha disminuido en número de jóvenes matriculados en las universidades, la edad media de los estudiantes de tercer ciclo en general ha aumentado y se está percibiendo en la población más madura un deseo de incorporarse o continuar también con este tipo de estudios. Ya se empieza a hablar de que no sólo los jóvenes deberían obtener becas y otras facilidades financieras, y esto en España es, hoy por hoy, un asunto sin una mínima atención por parte de las instituciones y organismos educativos oficiales.


La asignatura que más duele


Pero quizá el ámbito educativo que vive una situación más preocupante sea el de tercer ciclo universitario. Ahí es donde precisamente la falta de fondos y apoyo oficial se manifiesta de manera más dramática y hace que nuestro país sea desgraciadamente el segundo de los de la OCDE con menor producción de doctores. Si la media de los países más desarrollados está en el 1% de la población, llegando en países como Alemania a casi al 2%, el nuestro sólo registra un 0,5%. Las consecuencias de este déficit continuado alcanzan a todos los cimientos de sistema universitario español, la investigación, la calidad, la altura intelectual y científica de nuestras universidades y empresas, y de esa manera, llegan al propio sistema de ciencia y tecnología, eje vertebrador del progreso en cualquier nación.


Por eso no extraña las ya numerosas manifestaciones de protesta protagonizadas por el colectivo de científicos e investigadores españoles que antes que becarios prefieren hacerse llamar “precarios” por lo lamentable de su situación. Su máxima reivindicación en estos momentos es el actual sistema de becas que les niega la consideración de trabajadores en activo y con ello la imposibilidad de beneficiarse de todos los derechos que tendrían por ello, entre otros, el subsidio a desempleo, cotizaciones a la seguridad social y al sistema de pensiones, bajas por maternidad o enfermedad y vacaciones. En definitiva, los aproximadamente 30.000 becarios de investigación y los más de 15.000 investigadores “sin papeles” ya no quieren oír hablar de las tan polémicas becas sino sólo de la definición de un nuevo contrato laboral.


Y es que particularmente la investigación nuestro país, como así también ocurre en general en gran parte de Europa, sufre de varios problemas crónicos que ya hace muchas décadas nos ha puesto muy por detrás del gigante americano, sólo por citar el país más desarrollado en este aspecto. ¿Qué nos hace “peores” que los Estados Unidos? Encontrar todas las razones se antoja una tarea muy difícil por no decir imposible.


Sobre esta cuestión, Herbè, un joven Francés que actualmente está realizando una larga investigación para su doctorado en Alemania quiso darnos una explicación a tan significativo retraso como también quiso dejar claro que Europa goza de muchos y muy buenos científicos. Lo que para este licenciado en astrofísica ocurre en muchos países del Viejo Continente, Francia, Italia y España incluidos, tiene que ver simplemente con un asunto de prioridades. Se trata de sistemas de financiación en los que los estudios de licenciatura o diplomatura son preferentes. Los gobiernos financian las tasas universitarias, se conceden becas de movilidad, en menor medida de compensación, todo ello en perjuicio de lo que es la actividad de más alto nivel universitario e imprescindible para el avance y profundización en el conocimiento. Es decir, no se apoya suficientemente los estudios de postgrado, la investigación doctoral y postdoctoral, que tampoco se integra en el tejido productivo nacional, y que es la única capaz de profundizar en el conocimiento y en la esencial mejora de los países. Así pues, estos brillantes talentos que la mayoría de sistemas universitarios “producen” no tienen otro remedio en muchas ocasiones que continuar sus estudios e investigaciones en otros países que sí están deseosos de apoyarles.


En este sentido, Estados Unidos plantea un sistema universitario muy diferente, fundamentado en una educación de financiación privada, pero con un apoyo postuniversitario, público y privado, muy eficaz y generoso para el estudio y la investigación. En lo que realmente apuesta ese gobierno es en el talento y en la élite académica y de ahí que atraiga a buena parte de los investigadores extranjeros, formados en su país de origen pero faltos de oportunidades una vez concluida su licenciatura.


España también produce científicos brillantes, diamantes en bruto que sólo pueden triunfar en aquellos países de primera línea en lo que a investigación se refiere. También hay que decir que nuestro sistema universitario ha mejorado mucho en los últimos años, sobretodo en infraestructuras y en número de profesores. Pero todavía el desequilibrio es excesivo, demasiados estudiantes de licenciatura, estudios que son demasiado largos y que por ello absorben mucho presupuesto, y de ese modo, demasiado gasto en el precio de la matrícula. Así pues, poco dinero queda para los estudios doctorales y para la investigación. Esta es, sin duda, nuestra gran asignatura pendiente. ¿Quién la aprobará?



redaccion@aprendemas.com



Enlaces de interés:


El estudio realizado por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas a partir de su Observatorio Universitario y en las que se ha basado buena parte de este reportaje:


La Universidad Española en Cifras



Análisis y Comentarios de la Información Académica, Productiva y Financiera de las Universidades Públicas


El Ministerio de Educación ha dado a conocer recientemente las cifras del nuevo curso académico:


Datos y cifras del curso escolar 2002-2003


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