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Trabajo sin límites: las caras de la inclusión social

FSC Inserta y la Fundación Carmen Pardo-Valcarce son algunas de las entidades que actúan de intermediarias entre las personas con discapacidad y las empresas. También hay incubadoras de empresas sociales como Socialnest que demuestran que otra econom

Publicado en Histórico Reportajes
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“Entre las personas con discapacidad menores de 65 años cabe destacar la importancia de las restricciones para acceder a un empleo adecuado”. Esta es una de las conclusiones que refleja la ‘Encuesta de Integración Social y Salud 2012’ elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y hecha pública hace unos días. Estos datos son una realidad que comparten también personas en riesgo o en situación de exclusión social y que cada día luchan por normalizar su vida. Para lograrlo pueden optar por diferentes caminos como son acudir a entidades que les ayuden en su inserción laboral, a incubadoras sociales para lanzar sus proyectos o a formas de trabajo comunitario como el cooperativismo. Muchas de estas iniciativas están abiertas al voluntariado para compartir el mensaje de que otra economía es posible. [Ver cursos de Cooperación]

 

“La crisis ha hecho que acudieran a nosotros más personas con discapacidad que no trabajaban”, explica Virginia Carcedo, secretaria general de FSC Inserta. Desde que comenzó su actividad en 2009 han pasado por su programa Por Talento más de 89.000 participantes. “También ha influido que las cifras son buenas: hay posibilidades de encontrar un trabajo de calidad”, prosigue. Esta empresa de Recursos Humanos pertenece a la Fundación ONCE y está presente en todas las comunidades autónomas y en la mayoría de provincias españolas.

 

“No somos ‘headhunter’ sino un programa de lucha contra la discriminación”, afirma Carcedo. Para acudir a sus oficinas es necesario estar en situación de desempleo y tener el certificado de discapacidad. Su labor consiste en hacer un diagnóstico ocupacional en el que se analiza el talento del demandante, así como sus puntos fuertes y aquellos donde se puede mejorar. “Cuando se detectan y si se requiere, se les ofrece una formación para el empleo”, señala. Esta preparación puede ser transversal, que cualifica para cualquier puesto o específica, que sirve para una labor determinada. [Ver cursos profesionales y cursos de idiomas]

 

Virginia señala que el trabajo no acaba aquí, porque después se hace un seguimiento de las personas que han pasado por FSC Inserta. Por otro lado, su labor también está en contactar y captar empresas. Según recuerda, la normativa obliga a las que tienen más de 50 personas a contar con un 2% de empleados con discapacidad en su plantilla: “Las pymes no están obligadas pero se dan cuenta que esa política que aplican las grandes empresas es de justicia y de responsabilidad social”. [Ver cursos de RSC]

 

La secretaria general de FSC Inserta considera que ahora la sociedad es más inclusiva, aunque quedan muchos pasos por dar. “Nosotros no les vendemos a las empresas que es una obra social sino que esas personas tienen un talento y que van a trabajar igual que sus compañeros”, apunta. Antes de la incorporación de los seleccionados a sus puestos, en algunas ocasiones, se organizan sesiones de sensibilidad con los que van a ser sus futuros compañeros: “Se les dice qué tienen que hacer o a veces no hace falta porque también consiste en eso, que sepan que tienen que tratarles igual que a los demás”.

 

“A veces si las empresas no contratan no es porque no quieran, sino porque no saben cómo hacerlo”, asevera. Desde FSC Inserta se analiza con cada una qué puestos tienen y cómo se pueden desempeñar por personas con discapacidad. Por ejemplo, Virginia menciona el Plan No te rindas nunca, que está abierto a la participación de cualquier compañía que quiera compartir sus ofertas de empleo en la bolsa de trabajo. Esta iniciativa se dirige a jóvenes con una edad comprendida entre los 16 y 29 años. A través del mismo se diseña un plan personalizado, que incluye cursos de formación y acciones de intermediación laboral sin ningún coste para el usuario ya que está cofinanciado por el Fondo Social Europeo a través del Programa Por Talento.

 

‘Personal keeper’ en la Huerta de Montecarmelo

 

La Fundación Carmen Pardo-Valcarce es otra de las entidades que trabaja por la participación de las personas con discapacidad intelectual en la sociedad. “Una de nuestras principales líneas de actuación es el fomento del empleo. Creemos que se trata de una evolución natural que deben de seguir como cualquier otro ciudadano”, afirma Almudena Martorell, directora de la institución. Para lograrlo impulsan programas de formación, recursos propios y establecen convenios con empresas.

 

Su modus operandi en esta área es por un lado a través de su Oficina de Empleo, que elabora y proporciona formación especializada para después actuar como puente entre los trabajadores y las empresas ordinarias, y por otro a través de los Centros Especiales de Empleo que cuentan con una plantilla propia de más de 100 empleados con discapacidad intelectual, y que ofrece servicios a compañías españolas destacadas.

 

“Fue un orgullo para nosotros contar con el reconocimiento de Naciones Unidas. Sobre todo porque lo que se valoraba era la capacidad de hacerse sostenible y de que fuera precisamente la valía del colectivo atendido la que consiguiera esa sostenibilidad”, explica. Esta distinción se produjo en 2007 cuando el organismo internacional la incluyó entre las 85 fundaciones más fiables en su relación con las empresas. [Ver cursos de sostenibilidad]

 

“En nuestro caso no son donativos que se dan a las personas con discapacidad sino que son ellos los que hacen esto sostenible con su trabajo bien hecho”, recuerda Martorell. Por ello explica que cualquier interesado que quiera buscar empleo a través de proyectos de la entidad puede contactar a través con la oficina destinada para tal fin (en el teléfono 917355790), donde serán atendidos por un equipo de orientación. A su vez anima a cualquiera que quiera ayudar a hacerse voluntario ya que también son claves para los talleres y proyectos.

 

Una de esas iniciativas es la de Rus in Urbe, La Huerta de Montecarmelo. Este proyecto fue presentado en 2011 y en este tiempo ha permitido a los aficionados a la naturaleza y a la gastronomía tener un huerto en Madrid. “Los clientes contribuyen a la labor que realizamos para la integración laboral de las personas con discapacidad intelectual, formados como horticultores y viveristas, que actúan como ‘personal keepers’ ocupándose del mantenimiento de los mismos”, apunta.

 

“Los ‘personal keepers’ contratados en el Centro Especial de Empleo tienen, por supuesto, los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro trabajador: reciben un salario y cotizan a la Seguridad Social”, explica la directora de la Fundación para recordar que también contribuyen a crear riqueza para el país. “Las relaciones con los clientes son excelentes cuando les aconsejan en el cultivo y en el cuidado del huerto. De esta manera consiguen ganar confianza y seguridad en sí mismos”, prosigue.

 

Francisco Javier Trillo: “Mi familia opina que si estoy a gusto y contento, ellos también lo están”

 

Francisco Javier Trillo y Celia Muñoz son dos de los nombres propios de estos trabajadores. “El ambiente laboral es muy bueno y me gusta mucho. Mi familia opina que si estoy a gusto y contento, ellos también lo están”, explica el primero de ellos. A sus 43 años forma parte de la fundación desde 1988 y trabaja en La Huerta de Montecarmelo desde que comenzó su actividad.

 

Entre sus labores diarias está quitar las malas hierbas, abonar, ayudar a los clientes en todo lo que necesiten, además de otras tareas propias del puesto. Para desempeñar este trabajo recibió una formación específica, aunque antes ya se ocupaba de un vivero. [Ver cursos de jardinería]

 

En el caso de Celia su incorporación ha sido este mismo año y también tiene que realizar las mismas tareas que su compañero. “El ambiente laboral para mí es bonito por los compañeros y por el sitio. A mi familia al principio no le gustaba que trabajara al aire libre, pero me ven tan contenta que ellos también lo están”, asegura esta mujer de 40 años, que también forma parte de la Fundación desde 1988.

 

“Si se les dan oportunidades y están preparados, responden”

 

Esa libertad, esa independencia y esa autonomía es la que persiguen los vecinos de los barrios de La Milagrosa y La Estrella de la ciudad de Albacete. Para lograrlo fundaron la Cooperativa Miguel Fenollera a raíz de la Asociación del mismo nombre. “La clave es la participación y el protagonismo de las personas. En lugar de constituir una Sociedad Limitada pensamos que la mejor forma de salir adelante era el cooperativismo ya que implica una transformación real”, recuerda Javier López, presidente de la misma.

 

“Es un proceso difícil porque se trata de un proyecto de reivindicación total. Están transformando su vida no sólo a través de charlas sino de convencimiento a través de un empleo”, señala para recordar que los socios son personas en situación o en riesgo de exclusión social que en algunos casos han tenido problemas con las drogas o han estado en prisión. “Si se les da oportunidades y están preparados, responden”, añade.

 

La Cooperativa Miguel Fenollera nació en 2010 cuando ya había comenzado la crisis. “Existía una oportunidad real de cambiar las cosas y además estaba en marcha un programa europeo con inversiones muy fuertes”, explica López para hablar del proyecto Urbanitas y del apoyo del Ayuntamiento de Albacete y del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER). A día de hoy la forman nueve socios y cuenta con 50 afiliados. “Se creó esta figura por si la cooperativa tiene más trabajo, pero de momento no hay empleo continuo en el tiempo para todos”, apunta.

 

“Todo lo que hacemos es a través de concursos como todo el mundo”, indica el responsable, aunque también destaca una red de socios y colaboradores que les ayudan a conseguir medios y recursos. Entre sus clientes están distintas empresas privadas y también administraciones e instituciones públicas como el Consistorio de su ciudad o la Universidad de Castilla-La Mancha. Los servicios que ofrecen son trabajos en la agricultura, limpieza, industria, reformas y reparaciones para el hogar, construcción, telemarketing, y monitores de deporte, ocio y tiempo libre. [Ver cursos de monitor de ocio y tiempo libre]

 

“Estamos abiertos al voluntariado, de hecho colaboramos con psicólogos, abogados y otros profesionales que nos echan una mano en todo lo que pueden”, explica para animar a toda persona que quiera colaborar. “El hacer algo así lleva un trabajo enorme y te dan mucho apoyo pero no financiación”, denuncia para señalar que muchos de los proyectos que se conceden se les pagan meses después.





Continúa…

Cooperativas e incubadoras de empresas sociales

 



Rafael Layón, superación en forma de cooperativa

 

“Pusimos 2.000 euros cada socio y establecimos los estatutos de funcionamiento. Ahora soy encargado de 10 personas en mi trabajo como pintor y también entreno al baloncesto”, afirma Rafael Layón, uno de integrantes de la Cooperativa Miguel Fenollera. A sus 36 años ha logrado un empleo y una vida feliz después de superar sus problemas con las drogas y su paso por la cárcel.  

 

“Ya llevo tres años cotizando y estando todo tan complicado tengo que dar las gracias por todo lo que tengo”, señala. Él mismo compartió su historia en el Parlamento Europeo cuando Ramón Flecha, catedrático de Sociología de la Universidad de Barcelona, le llamó para hacer partícipe al mundo de que la superación es posible. “Ahora tengo relación con mi familia, en mi casa están muy orgullosos de mí y es algo que no cambio por nada del mundo”, añade Rafael.

 

Una economía alternativa con las incubadoras de empresas sociales

 

Como trampolín para estas iniciativas sociales se creó la incubadora de empresas Socialnest, fundada por Margarita Albors. “La necesidad social se conoce muy bien pero la parte empresarial no tanto”, afirma esta ingeniera que vio como su carrera profesional y su vida cambiaban por completo después de hacer un Máster en Management en la Universidad de Harvard.

 

“En Estados Unidos antes de 2010 ya se veían empresas sociales muy desarrolladas, pero aquí no había nada similar”, explica. Por ello decidió darle forma a una idea que se gestó en tierras americanas. “Buscamos apoyar a personas que tengan una visión del mundo mejor. Luego los proyectos pueden variar pero si la persona de verdad tiene esa pasión y esa determinación seguro que sale hacia delante”, prosigue. [Ver cursos de emprendimiento]

 

Cada año lanzan un programa de incubación en el que convocan a estos emprendedores sociales para presentar sus proyectos. “Buscamos que se centren en necesidades reales que afecten a un número determinado de personas para que sea sostenible en el tiempo”, apunta la responsable. Cuando ya tienen los seleccionados comienza una preparación de 10 meses en la que se imparte una formación de 100 horas en colaboración con la escuela de negocio ESIC en la que se les hace reflexionar sobre temáticas clave para la viabilidad del negocio como la financiación y el marketing.

 

“Además de la formación hay un proceso de mentorización, que es el apoyo de expertos en diferentes áreas”, indica Albors. Aquí es cuando se hace el llamamiento para que participe el resto de la sociedad. “Somos un país muy solidario pero de temas de voluntariado no somos tan constantes. A través del programa pueden poner su granito de arena en sectores que conocen”, afirma.

 

Hay dos figuras, la primera de ellas es la de Mentor Senior que está abierta a profesionales del mundo de la empresa o del sector social que luego apoyan a los emprendedores seleccionados en sus distintas áreas de especialización. La segunda es la de Mentor Junior que se dirige a jóvenes que quieran aportar sus conocimientos para mejorar el mundo.

 

Margarita Albors explica que también se puede colaborar de muchas más formas como por ejemplo con contactos o formando parte de la comunidad Socialnest: “La gente tiene esa actitud positiva y ganas de ayudas pero también hay que ponérselo fácil. La edición de incubación de proyectos 2014 está cerrada, pero durante todo el año recaban propuestas, establecen contactos con emprendedores y se evalúan proyectos de cara a la próxima convocatoria.

 

 

Contratar a personas con enfermedades mentales, asignatura pendiente en España

 

La Fageda fue una de las primeras cooperativas sociales que nació en España, creada en el año 1982 por su fundador Cristóbal Colón. “Ahora somos 290 personas, de las cuales 170 presentan algún grado de discapacidad o enfermedad mental. Ya no somos ‘aquel lugar donde los discapacitados de la comarca iban a pasar el rato’”, afirma Albert Riera, responsable de comunicación de esta empresa catalana que se ha convertido en el tercer fabricante de yogures de su Comunidad Autónoma. [Ver grados en Psicología]

 

“Nuestro proyecto se estudia en las principales universidades y escuelas de negocio, incluido Harvard”, apunta. Tras él una idea que comenzó con 14 trabajadores, que eran personas atendidas por los servicios de salud mental o recién salidas del hospital psiquiátrico de Salt en Gerona: “La Fageda está plagada de fracasos, pero siempre hemos tenido la fuerza para salir adelante porque, como dice Cristóbal, la alternativa era volver al manicomio…”.

 

Dicho y hecho, empezaron su actividad en la Garrotxa, una zona que por su belleza y valor ecológico fue declarada después Parque Natural de Cataluña. “Cuando iniciábamos algo nuevo y no salía bien, inmediatamente buscábamos una alternativa, porque nuestro compromiso es ofrecer un trabajo digno a estas personas que presentan carencias”, afirma para señalar que un empleo es una herramienta potente de reconstrucción personal y de autoestima.

 

Además de la granja donde cuidan a las vacas que producen la leche para sus productos, y su fábrica de yogures y postres, también ofrecen otros servicios como jardinería, y la elaboración y comercialización de mermeladas y helados. Sus clientes son consumidores catalanes ya que entre sus prioridades no está salir de Cataluña y mucho menos exportar, como ellos mismos señalan.

 

A la hora de hablar de ayudas, Albert Riera cita la que obtienen del Estado por ser un Centro Especial de Empleo aunque explica que ahora es un porcentaje pequeño de sus ingresos. El tema está en la falta de concienciación: “La contratación de personas con discapacidad intelectual y especialmente con enfermedad mental sigue siendo una asignatura pendiente en España, donde este último colectivo tiene una tasa de paro cercana al 80%”.

 

Desde La Fageda señalan que entre sus socios y empleados hay dos colectivos muy distintos como son los que presentan una discapacidad de nacimiento y los que tienen una enfermedad sobrevenida, que en este caso es mental: “Todos ellos por lo general tienen una gran sensibilidad y son tremendamente agradecidos”. Cuando reciben visitantes les transmiten el ambiente de serenidad que se percibe: “Eso no quita para que todos, sean cuales sean nuestras capacidades, debamos trabajar con responsabilidad, ya que del desempeño de cada uno depende que los yogures se acaben vendiendo”.   

 

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Más información:

 

FSC Inserta

 

Rus in urbe – La Huerta de Montecarmelo

 

Socialnest

 

Cooperativa Miguel Fenollera

 

Cooperativa La Fageda