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Oriente: la frontera más lejana

Un comercio todavía escaso y, sobretodo, muy deficitario exigen de España un mayor esfuerzo inversor en los países del Lejano Oriente. Y frente a este difícil reto de llegar a este gran mercado que tanto se resiste a las empresas españolas es de suma

Publicado en Histórico Reportajes
Foto de Oriente: la frontera más lejana
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Asía, esa tierra oriental y demasiado lejana, tan lejana que durante muchos siglos los europeos nada conocieron de ella, más que extraños relatos. Hostil y fascinante fue para los primeros portugueses y españoles que se atrevieron a viajar y tratar con gentes tan distintas: en lengua, en cultura, en sus modos de vida. Y desde luego, esos contactos iniciales, hace ya varios siglos, no se les podría calificar, ni mucho menos, de plenamente gratificantes.


Ahí tuvimos un ilustre jesuita, navarro él, hombre de mundo y, sobretodo, universal. Estuvo San Francisco Javier durante 15 largos años en el remoto oriente llevando a efecto con entusiasmo su vocación evangelizadora. Primero la India. Más tarde Japón, país en donde tras un cálido recibimiento pasó a ser perseguido. Y luego en China tampoco tuvo demasiado éxito en sus muchos años entregado a su misión de traer almas a la causa cristiana, lugar del que ya no volvería al morir ahí, pobre y enfermo, en 1556. Y muchos han sido los religiosos y comerciantes que con escasa fortuna y gran sacrificio han tratado con posterioridad de estrechar relaciones con el gran país asiático, quedando patente que las ideas y modos europeos nunca fueron del agrado de sus clases dirigentes.


Intercambiando mercancías...


El comercio ha sido en ocasiones fluido. Sin embargo, nunca hasta este siglo se ha establecido una relación fácil e igualitaria entre el lejano oriente y occidente. Particularmente con España, muy esporádicos han sido los contactos e intercambios, si exceptuamos, claro está, la que fue única colonia española estable en ese vasto continente: Filipinas.

Tras estos antecedentes, oportuno es recordar -ahora que se han cumplido los 150 años-, aquel trascendente incidente militar que protagonizó el Comodoro Mathew Perry en la misma bahía de Tokio al negarse Japón a abrir, ni siquiera, uno sólo de sus puertos al comercio y a los barcos norteamericanos. De este suceso hay que agradecer lo que sería el principio de las relaciones de intercambio comercial entre Japón y Estados Unidos, y posteriormente, con los más poderosos países occidentales. Y no menos habitual y difícil fue el largo intercambio comercial entre el Imperio Británico, la gran potencia militar y económica del momento, y China, así como, con la India y otros países del sudeste asiático.

Llámese internacionalización o globalización, cierto es que las fronteras tienden a disiparse, las distancias a acortarse y los contactos y el entendimiento a hacerse inevitables. Es el intercambio de dinero y de productos entre países y sus empresas un proceso creciente e inexorable, como proceso irreversible es el cada vez más habitual encuentro de personas de diferentes razas, nacionalidades y culturas.


Nuestra tímida apertura...


El caso es que poco a poco oriente se fue abriendo a occidente y también España, aunque sólo muy recientemente, ha ido perdiendo el miedo a tan lejanos mercados. Ha sido sobretodo en el último lustro cuando nuestras empresas han empezado a mostrar interés más allá del intercambio de las especias y los transistores. No en vano, estamos hablando del mayor mercado del mundo en número de consumidores, donde el desarrollo económico muestra un crecimiento rápido y equilibrado, que tiene, además, unas reglas, usos y estructuras, en muchos aspectos muy diferentes a los de los países de nuestro entorno más cercano.

Según datos del Ministerio de Economía la inversión total española en Asía el año pasado fue de 1.496 millones de euros, seis veces más que la realizada en 2000 (252 millones). Es aún un porcentaje pequeño dentro de la suma de flujos netos de la inversión española en el exterior, que ese mismo año alcanzó los 117.000 millones de euros (España es el séptimo mayor país inversor en el mundo). Sin embargo, está claro que esta inversión crece de una manera espectacular, especialmente en lo que respecta a los sectores de la automoción, de bienes de consumo, maquinaria, material eléctrico y equipos electrónicos.

Y en esta misma línea las exportaciones españolas hacia Asia, aunque todavía muy escasas, muestran un firme crecimiento -2,8% en 2001; 3,5% en 2002-. Filipinas, dado sus antiguos vínculos coloniales y culturales con España, siempre ha sido un país receptor de buena parte de nuestras exportaciones en esa zona. No obstante, han sido Vietnam con un 42,5%, China con un 24,1%, la India con un 22,5%, Corea del Sur con un 21,6% y Australia con un 20,7% los países en los que más ha aumentado la presencia de nuestros productos en el año 2002 con respecto a 2000.

Particularmente, China es un país de gran relevancia, plenamente integrado en la Organización Mundial de Comercio y así parece que va a ser el gran referente económico en años venideros. Un mercado de 1.300 millones de potenciales consumidores, 100 de ellos con un elevado poder adquisitivo, además, se espera que las importaciones chinas alcancen el 7% del total de las realizadas en el mundo durante 2005. Valga, asimismo, el Informe Mundial de Inversiones 2003 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) sobre las inversiones en todo el mundo que confirmó a China como el segundo país receptor de inversión extranjera en el año 2002 sólo superada por los Estados Unidos, acaparando, de hecho, 53.000 millones de dólares de los 651.000 millones que se estimaron como total de inversión ese mismo año. A punto de obtenerse los datos de 2003, todo apunta a que va a ocupar la primera posición.

Apoyando este creciente empuje, el cada vez mayor interés de las empresas españolas por el gigante asiático, en octubre de 2002 se celebró el III Encuentro Empresarial Hispano-Chino para el que se desplazó a China nuestro Ministro de Economía Rodrigo Rato acompañado de una representación de 84 empresas españolas. Y fueron más de 400 las empresas chinas las que estuvieron presentes. Un encuentro, en definitiva, que sirvió para fortalecer lazos comerciales y para conocer y proponer actuaciones en una situación que los expertos opinan que ha de mejorar significativamente.

La inversión española en China es muy baja si la comparamos con la media europea. Fue en 2001 de 71 millones de euros, es decir, apenas significó el 0,1% de nuestra inversión extranjera total cuando la media de los países de la Unión Europea se situó ese año en el 1,2%. Poco más de 160 empresas españolas son las que directamente están invirtiendo en China.


 

Siendo la inversión tan escasa, no ha de extrañar que nuestras exportaciones al país más poblado del mundo sean también irrelevantes. Entre enero y agosto de 2002 las exportaciones reales fueron de 692,5 millones de euros mientras que las importaciones supusieron 4.865,5 millones (4,4% de las importaciones totales), es decir, un déficit de 4.173 millones de euros lo que equivale al 17,1% del déficit total de España. Sí hay que destacar como aspecto positivo que este déficit está disminuyendo progresivamente.


Ambiciosos retos...


China es nuestra última frontera comercial, un gran reto que urge y merece la pena afrontar sin más dilación. Se estima que su tamaño económico superará al de Japón hacia el año 2025 y se convertirá de ese modo en la segunda mayor economía del mundo. A más corto plazo, los Juegos Olímpicos de 2008 en Pekín van a suponer un desembolso en inversiones públicas que podría rondar los 30.000 millones de euros, lo cual, exige de nuestras empresas más representativas un especial esfuerzo para no quedar al margen en varios de los ambiciosos proyectos previstos.

Y hay que decir que el interés por China de las autoridades españolas ha aumentado considerablemente en los dos últimos años. Por un lado, desde el Ministerio de Economía y, por otro, desde el Ministerio de Asuntos exteriores, pusieron de manifiesto el año pasado el lugar prioritario que se le ha otorgado al gigante asiático, en especial, a partir del Plan Marco Asia Pacífico 2000-2002, ahora en su segundo bienio (2002-2004). Importante fue en este sentido el reciente establecimiento de un Consulado y Oficina Comercial de España en Shangai, auténtica capital económica de China.

Por tanto, es necesario seguir con esta apuesta decidida, al más alto nivel, por parte de la Administración y del sector privado, es decir, un mayor compromiso de las empresas españolas que a su vez reciban toda la cobertura posible desde la Administración. Como se ha dicho, urge asimismo un mayor esfuerzo inversor, esto es, inversión directa de las empresas. Además, una mayor flexibilidad de los créditos oficiales, transmitir una más fuerte imagen-país de España (“país avanzado”, “socio comercial fiable”, “productor y exportador de bienes y servicios de calidad intermedia”) en China. Por supuesto, hay que desplegar una política exportadora mucho más agresiva. Y todo este esfuerzo ha de ser con paciencia y perseverancia, como así ha sido el de otros países europeos que han logrado una fuerte presencia en aquel país.

Claro que, para llevar a cabo cualquier acercamiento a un mercado que en lo esencial es muy diferente al español, tan desconocido para nuestras empresas, también es fundamental la participación de profesionales que conozcan y que sepan llevar a cabo acciones coherentes dadas las grandes diferencias sociales, políticas y culturales. Y lo cierto es que en nuestro actual mercado laboral existe una evidente falta de profesionales capaces de desarrollar esta función con solvencia, fruto del escaso interés existente en cualquiera de sus facetas y de la escasísima oferta formativa centrada en el estudio multidisciplinar de la cultura y economía de los países asiáticos. Se echa en falta, por tanto, un papel mucho más activo por parte de las escuelas superiores y universidades españolas.


Escuelas que abren la senda...


El caso es que muy pocas son las instituciones educativas que hasta ahora se han preocupado por formar a profesionales expertos en esta materia. Destaca entre esa esporádica oferta puntuales seminarios que desde hace un par de años ha estado desarrollando la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Barcelona para dar a conocer la realidad socio-económica del continente asiático y sus oportunidades comerciales. Con mucho mayor contenido teórico tenemos un programa de postgrado de 900 horas impartido por la Universidad de Barcelona que bajo el título “Estudios de Asia” ofrece una completa visión de la realidad de esta zona geográfica en toda su dimensión. Cataluña es, sin duda, la comunidad española que mayor interés está mostrando en el lejano oriente, y para constatarlo oportuno es mencionar el programa de segundo ciclo sobre Asia Oriental que a partir de este curso académico 2003-2004 van a impartir en colaboración las universidades Autónoma de Barcelona y Pompeu Fabra.

Otro importante ejemplo lo encontramos en la Universidad Autónoma de Madrid, la cual, creó hace unos años el Centro de Estudios de Asia Oriental. Este presume de ser la primera institución española en su género creada con el fin de promover la investigación y la docencia en torno a las diferentes facetas sociales, culturales, económicas y políticas que caracterizan a los países del Este de Asia, con especial referencia a China y Japón. Y en modalidad online, tenemos a la Universidad Oberta de Catalunya que a modo de máster ofrece una interesante licenciatura de segundo ciclo (dos cursos académicos; 1200 horas) en estudios de Asia Oriental, de hecho, un programa por el que ha apostado muy fuerte en este curso académico.

Si escasa es esta oferta formativa en nuestro país, mucho más difícil va a ser encontrar instituciones educativas españolas que hayan establecido contactos y alianzas con organizaciones similares ubicadas en el continente asiático. Y han sido casi en exclusiva las escuelas de negocio las interesadas en abrirse al lejano oriente. En este sentido, no podemos dejar de mencionar a ESADE que dispone de uno de las redes de relaciones internacionales más amplias del mundo. Son más de 100 las universidades y escuelas de negocios de todo el mundo que forman parte de su programa de intercambios internacionales, entre los que hemos de citar en este caso la NUS Business School (Singapur), Thammasat Business School (Tailandia), Faculty of Business Administration (Hong Kong; China), Graduate School of Pan-Pacific International Studies (Korea), Nanyang Business School (Singapur), School of Business and Management (Hong Kong; China) y la University Sains Malaysia (Malasia).

Sin embargo, ha sido otra de nuestras más importantes escuelas de negocio la que primero y de manera más directa se ha implicado en proyectos de alta educación en China. De hecho, fue debido al creciente interés de Europa por estrechar lazos comerciales con este país que en 1993, a iniciativa de la European Foundation for Management Development (EFMD) y con el apoyo financiero de la Unión Europea, se creó el China-Europe International Business School (CEIBS). El IESE ha sido desde el principio uno de los colaboradores académicos de referencia en este proyecto pues ya entonces era considerada una de las escuelas de negocio de mayor prestigio en Europa. Y esta colaboración se ha prolongado hasta la actualidad, contribuyendo en todo este tiempo al desarrollo económico del país y de su tejido empresarial y de formar a ejecutivos chinos con el fin primordial de que estos trabajen en las filiales europeas y norteamericanas establecidas en Asia.


Como corolario a esta estrecha colaboración, hace unos años el IESE comenzó a impartir uno de los programas más exclusivos del mundo en formación de ejecutivos. El Global Executive MBA va dirigido a directivos con una experiencia de al menos 8 años y se desarrolla durante dos años en 7 módulos que corresponden a sesiones presenciales de dos semanas en diversos centros económicos mundiales de primer orden. Y, precisamente, es en Shangai, en el CEIBS, donde tiene lugar una de estas sesiones presenciales en la que, evidentemente, la economía China pasa por dos semanas a ser el tema central de análisis y estudio.

De similares características, dirigido, no obstante, a un perfil de ejecutivo más joven, quizá, con menos experiencia, tenemos el programa de otra de nuestras escuelas de mayor proyección internacional. En este caso, el Global MBA que ha empezado a impartir IEDE justo a partir de septiembre tiene una duración de 1.470 horas, repartidas en cuatro sedes. Ha sido gracias al acuerdo alcanzado con la prestigiosa Tongji University lo que ha permitido incorporar a sus ya clásicas sedes de Madrid, Londres y Santiago de Chile, una nueva sede en el mismísimo corazón financiero de China: Shangai. El caso es que es en esa ciudad donde está programada la impartición de un módulo de 275 horas. Se pretende así, incorporar al sistema productivo directivos con la más sólida y completa formación, capaces, por tanto, de tomar decisiones coherentes en un escenario plenamente internacionalizado.

Y no podemos terminar sin mencionar la última aventura académica emprendida por una conocida escuela española en el lejano oriente. Llevaban ya varios meses los responsables de ESERP estableciendo estrechos contactos con dos importantes universidades chinas -la Universidad de Hebei Shifang y la Universidad de Lishuy- con el objetivo de poder ofrecer a sus alumnos una más completa formación internacional. Para ello contaron con el valioso y decidido apoyo de la embajada española en Pekín, que también encontraron por parte de relevantes líderes, así como, de medios de comunicación en aquel país.

Ha sido, finalmente, a mediados de este año 2003 cuando los principales directivos de ESERP se desplazaron para firmar los convenios acordados que permitirán a los alumnos tanto en los programas de postgrado como en las carreras que imparte esta escuela en Barcelona, Madrid y Palma de Mallorca especializarse en cómo negociar con el mercado chino. Podrán, asimismo, los alumnos de ESERP, tal y como se acordó en las mismas negociaciones, beneficiarse de un programa de intercambio con las citadas universidades. Tampoco quisieron dejar escapar la ocasión durante esa estancia en China para presentar uno de los libros que tanto prestigio han dado a esta escuela de postgrado en España y Europa en el ámbito de la comunicación empresarial y las relaciones públicas.

Pocas son, en definitiva, las escuelas españolas que han probado suerte en el mayor mercado del mundo, un mercado muy emergente al que el tejido empresarial español no puede por más tiempo dar la espalda. Esperemos, por tanto, que otras empresas y escuelas superiores sigan la senda abierta por estos primeros pioneros.

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Enlaces de interés:

Las relaciones económicas España-China: balance y perspectivas (Pablo Bustelo; Real Instituto Elcano)
Información Política y Económica en el Área Geográfica de Asia-Pacífico

Sobre la Vida de San Francisco Javier

Commodore Perry's Expedition to Japan

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