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Objetivo: igualdad real en educación y empleo

El Día Internacional de la Mujer constituye un momento para reflexionar sobre los avances logrados por la mujer y solicitar cambios necesarios.

Publicado en Histórico Reportajes
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Estudiantes-grado-INELos países con igualdad real de derechos entre hombres y mujeres presentan un mayor crecimiento y prosperidad. Y si esto ocurre en un estado, también es constatable en una escala más pequeña, como puede ser el ámbito universitario, profesional o empresarial, en donde la mujer ha alcanzado muchos logros, pero también tiene otros muchos que conquistar.

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El lema del Día Internacional de la Mujer elegido para 2015 es “Igualdad para las mujeres: progreso para tod@s”, toda una declaración de intenciones que subraya como cómo la igualdad efectiva de género y el respeto por los derechos de las féminas son cruciales para el desarrollo económico y social de cualquier sociedad, ya que las mujeres juegan un papel clave como agentes de desarrollo.

Aunque la igualdad entre hombres y mujeres ha experimentado un importante impulso, tanto en la orientación de políticas como en el plano normativo, estos avances no han impedido que las mujeres sigan sin estar adecuadamente representadas en muchos ámbitos sociales, laborales y políticos. Son muchos los escenarios en los que cada días ellas tienen que ejercer una lucha diaria por enfrentar los retos pendientes y conservar los conseguidos. Entre ellos se encuentran los siguientes:

Como estudiante

La educación es una de las claves para erradicar, a largo plazo, las desigualdades existentes entre hombres y mujeres. Hoy en día, las leyes españolas defienden un modelo educativo formal basado en la igualdad entre niños y niñas, en el que se combata la discriminación, los estereotipos sexistas y las jerarquías por motivos de género.

En general, las alumnas destacan por su mejor rendimiento académico, y sus menores porcentajes de fracaso escolar y de abandono escolar temprano. Ellas son mejores en lectura que los varones, mientras que ellos rinden mejor en matemáticas.

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La diferenciación por sexo en la elección del tipo de estudio es una constante que no se ha logrado erradicar. Hay una elevada concentración de mujeres en algunas ramas de FP, si bien la matriculación de las mujeres en esta opción es más baja que en el resto de países de nuestro entorno. En el ámbito universitario, es constatable una menor proporción de mujeres entre los graduados en carreras científicas y tecnológicas, y también en la carrera investigadora, habiéndose producido en los últimos años un pequeño descenso de la presencia femenina en lecturas de tesis.

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En cuanto al acceso al primer empleo, suele ser más tardío en las carreras más feminizadas, como las relacionadas con las áreas de Salud, Humanidades o Educación, lo que explica en parte una inserción inicial más lenta de las mujeres, con la excepción reseñable de Derecho. Además, el desempleo cinco años después de terminar los estudios afecta en mayor medida a las universitarias.

Por otro lado, si tenemos en cuenta la formación permanente, en España, al igual que ocurre en Europa, observamos bajos niveles de participación por parte de las féminas, fruto de las responsabilidades familiares que denotan la necesidad de medidas de compatibilización entre la formación y el cuidado de niños y mayores.

Como profesional

La incorporación de las mujeres al mundo del empleo remunerado ha sido una de las principales transformaciones sociales experimentadas en la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, tanto la participación laboral de las mujeres españolas como sus tasas de empleo siguen siendo inferiores a la media de la UE, a pesar de que el diferencial entre las tasas de actividad masculina y femenina se ha reducido de 20 a 16 puntos en apenas tres años.

En cuanto a las tasas de paro, la diferencia entre el desempleo masculino y femenino se ha ido reduciendo. En la actualidad, el aumento del desempleo de larga duración está siendo superior en los varones, pero las mujeres acusan principalmente dificultades de inserción laboral, temporalidad, rotación, trabajo a tiempo parcial y salarios inferiores a los de los hombres.

Existe una actitud positiva generalizada por parte de la sociedad ante la igualdad entre hombres y mujeres, pero en el terreno laboral se sigue asumiendo el estereotipo de la mayor dedicación de las féminas al hogar, lo que implica implícitamente una mayor habilidad natural para el cuidado familiar. En esta situación, el problema de la conciliación de la vida laboral y familiar surge del intento de ensamblar dos esferas tradicionalmente separadas en el modelo social clásico: familia y trabajo, socialmente adjudicadas a mujeres y hombres, respectivamente. Y aunque haya dejado de ser la norma, sigue persistiendo entre las trabajadoras el abandono del mercado laboral por motivos principalmente relacionados con las responsabilidades familiares.

Por otro lado, existen diferencias en función de las actividades a las que se dedican hombres y mujeres. Mientras que los hombres se emplean mayoritariamente en actividades industriales y de la construcción, las féminas se concentran en mayor medida en el sector servicios y, en concreto, en la rama del comercio, en actividades sanitarias y de servicios sociales, en hostelería, en educación y en el servicio doméstico, y con una presencia creciente en otras actividades como las administrativas, profesionales, financieras o de seguros.

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A pesar de los avances experimentados en el terreno laboral, sigue existiendo desigualdad salarial. Las mujeres cobran un de un 16% a un 26% menos que los hombres.

Como madre

Uno de los cambios más visibles en los hogares españoles en los últimos años es el decrecimiento del número de mujeres dedicadas exclusivamente al trabajo del hogar. En España, como en el resto de Europa, se ha producido un acusado descenso de las tasas de natalidad, como consecuencia de la masiva incorporación de la mujer al mercado laboral. Las mujeres españolas jóvenes tienen prioridades diferentes a las de anteriores generaciones, y el trabajo pasa a ocupar un lugar importante, aunque eso suponga menos hijos o tenerlos más tarde.

El modelo clásico de familia va perdiendo peso a favor de otras formas de convivencia, animadas por un cambio de los valores tradicionales. De esta manera, los hogares unipersonales y monoparentales, compuestos principalmente por mujeres con sus hijos, han aumentado su presencia, principalmente como resultado del incremento de las rupturas de pareja, que en España son de un 2% aproximadamente, una cifra menor que la media de la UE. En los últimos años ha aumentado el número de hogares con mujeres menores de 64 años como personas de referencia.

Por otro lado, la crisis ha hecho que haya más familias con tres o más adultos, lo que refleja la presencia de jóvenes que aún no han abandonado el núcleo familiar por la baja tasa de emancipación, o personas que viven con familiares dependientes de edad avanzada. En ambos casos, la figura de la mujer se considera clave para la cohesión familiar.

Como ejecutiva

La mujer ha aumentado su presencia en los procesos de tomas de decisiones, si bien todavía existe un claro desequilibrio entre hombres y mujeres en el ámbito de la participación política, económica y social. Entre la persistencia del denominado “techo de cristal”, que impide a las mujeres alcanzar posiciones de mayor responsabilidad y retribución, figura un amplio conjunto de pautas culturales, a las que se les añade la subestimación de sus capacidades profesionales y el hecho de que tengan que seguir afrontando en solitario responsabilidades de la organización doméstica.

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La presencia de la mujer en los cargos ejecutivos de los partidos políticos no rebasa el 30%, pero se ha experimentado una elevada presencia entre los miembros del poder judicial ( jueces y magistrados), personal judicial (secretarios) y otros profesionales que colaboran con el poder judicial (fiscales). Sin embargo, su presencia en los órganos de gobierno y cargos superiores de la carrera judicial continúa siendo menor a la masculina.

En el conjunto del sector privado, el acceso de las mujeres a los puestos de dirección y gerencia permanece como uno de los principales retos a alcanzar en materia de igualdad entre mujeres y hombres. En cualquier caso, la proporción de mujeres directivas va aumentando según disminuye el tamaño de las empresas.

Son muchas las cosas que quedan por hacer en cuanto a desigualdad y eliminación de estereotipos. Y son también muchas las mujeres que, día a día, contribuyen en crear escenarios donde demostrar su valía, con el decidido pero todavía insuficiente apoyo de instituciones y organismos nacionales e internacionales.

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