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Más de 1.000 internos estudian una carrera en cárceles españolas

Más de mil internos de las distintas cárceles españolas estudian una carrera universitaria gracias al programa que la UNED tiene implantado desde hace más de 25 años.

Publicado en Histórico Reportajes
Foto de Más de 1.000 internos estudian una carrera en cárceles españolas
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Terminado el curso escolar, comienza un periodo de descanso en el que la mayoría de las universidades no cierran y muchos alumnos deciden aprovechar la oferta educativa que éstas ofrecen dentro de los programas de cursos de verano. La UNED es una de ellas que, además de impartir en distintas sedes oficiales en toda España, también lo hace en 12 centros penitenciarios.


 


Este lunes ha comenzado en el Centro Penitenciario Villabona el primero de los doce cursos que se impartirán en cárceles a lo largo de todo el mes de junio: ‘El cine y la libertad de expresión’. También el séptimo arte será el camino a través del cual se expresen otros aspectos de la realidad, como el cambio social de la incorporación de la mujer en el cine o el conocimiento y la defensa de los derechos. En concreto, ‘¿Realidad o ficción? Cambio social y mujer en el cine’, que se impartirá del 14 al 16 de julio en el CP Madrid VI, y ‘Los derechos a través del cine’ en el CP Alama.


 


Ceuta, Jaén II, Albolote o Dueras serán otras de las sedes. El año pasado fueron diez los centros penitenciarios donde se ofertaron cursos de verano y, por primera vez, abrieron sus puertas a los alumnos del exterior que desearon matricularse en ellos. Este año son doce, entre ellos se encuentra Soto o CP Madrid V, donde se impartirá el curso ‘Enigmas sobre el Paleolítico’, del 20 al 22 de julio.


 


Relativamente nueva (se inauguró en 1995), Soto es uno de los centros en los que la UNED tiene un módulo propio en el que estudian 144 internos de los más de 1.100 que se matricularon este curso 2008/09. De planta cuadrada, tiene repartidos los módulos a un lado y a otro de la torre de control: enfermería, el módulo de madres, los de mujeres, aislamiento e ingresos.


 


El módulo 10, junto al 9 y enfrente de aislamiento e ingresos, se encuentra entrando después del último puesto de control a la derecha. Todos los internos de ese módulo son estudiantes de la UNED. De dos pisos, como todos, reparte en la planta superior las celdas y en el inferior la cocina con el comedor, la sala de estar, el economato y el patio. Enfrente, donde en otros se ubican las salas para actividades y talleres, se encuentran las aulas, con la biblioteca y un gimnasio, elemento común a todos. Deben ser como las once de la mañana. Hay gente jugando a las cartas. Otros pasean por el patio. Te ofrecen un café. Miran, de reojo. Te saludan: “Buenos días”.


 


Mar, coordinadora de formación del centro, ejerce de anfitriona junto a un funcionario. “Este módulo es especial”, afirma. Los horarios son más flexibles, la rutina toma forma de libro. Este equipo, el de formación, se encuentra en la parte baja de la torre de control. Una pequeña oficina desde donde se gestionan, como si fuera la dirección de un instituto, los cursos de formación: cocina, cerámica, fotografía o jardinería, entre otros, que se imparten periódicamente en Soto. También se encargan de facilitar en todo momento las actuaciones que tienen que ver con la enseñanza que imparte la UNED, el trabajo de las ONG (Secretariado Gitano o Solidarios para el Desarrollo) que operan en Soto o la celebración de diferentes conferencias para los internos que tienen lugar en el centro.


 


Sus inquietudes formativas y profesionales


 


El pasado 8 de junio se celebraron los exámenes de junio. En el turno de la mañana, el de las 9:00, se examinaron pocos alumnos, tan solo ocho. Las pruebas se hacen en el polideportivo, que prácticamente vacío se ve desangelado. El tribunal recibe a los alumnos. Uno por uno entrega su carnet, cogen su examen y son conducidos al asiento, en ese momento comienzan. Sus caras son las más parecidas a las de los estudiantes universitarios del exterior. Unos charlan entre sí, haciendo bromas y buscando la mirada del visitante. Otros entran sin mirar a ninguna parte, concentrados.


 


Ana Herrero es profesora de Economía aplicada y uno de los miembros del tribunal. Lleva doce años acudiendo a examinar en centros penitenciarios y en concreto a Soto del Real. Todos los profesores tienen aprendidas las técnicas de relación con los internos. La entrada y el acomodo de todos los alumnos se hace de manera tranquila, sin importar demasiado la puntualidad. “Debemos flexibilizar. El concepto autoridad no lo llevan nada bien. Son bastantes las reglas y horarios que ya tienen de por sí”, reflexiona Ana. Sin embargo, todo debe estar a la vez marcado por la fluidez sin pausa. A las 13:30 horas tienen que comer y, o no terminan el examen o se quedan sin comer. Cuatro sesiones al día, de 9 a 11 y de 11:30 a 13:30. Por la tarde, a las cuatro, después de comer y haber subido a la celda, otro turno y por último el de las 18:30 hasta la 20:30. “Intentamos no estar hasta tan tarde. A las ocho tienen que estar cenando y, además, tienen recuento, por lo que empezamos un poco antes. Funciona todo mejor si lo haces de un modo más flexibilizado”, concluye Ana Herrero.


 


Conforme van terminando, aquellos que no tienen destino –un trabajo, remunerado o no, que hacer en la cárcel- llegan al módulo. Algunos están poco contentos; otros, sin embargo, han salido satisfechos.


 


Valentino de Cuñado estudia 1º de Turismo. Asegura que el estudiar una carrera universitaria mientras se está en la cárcel constituye una salida para vivir lo más decente posible durante la condena. Algo en lo que coincide Yadira, que está preparando el acceso a Turismo. Valentino y Yadira resaltan el hecho de que puedan presentarse ante sus familias como universitario. “Seré el primer universitario de mi familia”, anuncia Valentino. Yadira sentirá el orgullo de  pese a haber estado aquí dentro, cuando regrese [a Guatemala] lo haré con una carrera universitaria”. La carrera que estudiará Yadira se ha convertido en la titulación que más interés está despertando entre los estudiantes (129, en 2008), desbancando a Derecho que en el mismo periodo contaba con 110 estudiantes. Les siguen Psicología y Trabajo Social con 56 y 47 alumnos respectivamente.


 


Según la propia universidad, este cambio es relevante porque tanto Derecho como Psicología han sido relacionadas tradicionalmente con estudios propios de las características del espacio penitenciario y la elección está siendo cambiada por carreras más cortas y más orientadas al mercado laboral. Por otro lado, Historia sigue manteniéndose como la quinta opción (42 estudiantes) y tras ella vuelven a aparecer titulaciones más cortas y con mayores posibilidades de inserción laboral.  Educación Social (35), Administración y Dirección de Empresas (29), Ingeniería Técnica en Informática de Sistemas (20), Diplomatura en CC. Empresariales (17) e Ingeniería Técnica en Informática de Gestión (16).


 


Aunque los esfuerzos porque la normalización de los estudios en las cárceles son muchos, como la igualdad ante la oferta formativa, convocatorias de exámenes, becas para poder cursar titulaciones (deben aprobar un 33% de aquello que se matriculen para obtener la gratuidad de la matrícula y el material), las rejas provocan un doble obstáculo: igual que no dejan salir, tampoco permiten entrar.


 


Antonio Biedma, vicerrector adjunto de Estudiantes y Desarrollo Profesional y coordinador de este programa de formación explica el origen de las dificultades a la hora de introducir la educación en una cárcel: “Todo lo que supone comunicación choca con los temas de seguridad del centro”.


 


En la cárcel no hay acceso a Internet. Los profesores acuden dos horas una vez por semana a dar tutorías. Si luego surgen dudas, se utiliza el correo ordinario.


 


Paul tiene 29 años, espera que salga su juicio. Mientras, estudia 1º de Físicas. Entiende que no existan accesos a Internet, pero no puede evitar lamentarse de que comunicarse con los profesores suponga esperar tres semanas a que te contesten una duda: “A veces planificas el estudio para un mes y si te surge alguna duda, debes mandar una carta, que hasta que llega, se contesta y llega de nuevo aquí pueden pasar tres o cuatro semanas”. Antonio Viedma insiste en que se deberían rescatar las plataformas educativas. “Se hizo un intento de introducir la plataforma educativa que tenemos para el exterior, realizando una copia en un DVD, pero de momento no es posible. Se necesitan muchos fondos”.



[Cómo ven el Plan Bolonia los internos]


 

Cómo ven Bolonia los internos


 


Como es natural, el proceso de adaptación a Bolonia que está sufriendo la universidad en España también afecta a esta variante de la enseñanza superior. La transformación de los planes de estudio debido a los acuerdos de Bolonia y a la adaptación del Espacio Europeo de Educación Superior afectan de manera decisiva a la Educación Superior en prisión.


 


Por un lado, muchas de las titulaciones pasarán a ser de cuatro años y, por otro lado, todas requieren de un mayor componente de prácticas y comunicación con el profesorado. Cuando preguntas a los profesores cómo se va a implantar Bolonia en los centros penitenciarios la respuesta es: “Buf, no sé. Va a ser muy complicado”.


 


Uno de espíritus con los que nace Bolonia es el de acercar la realidad a los alumnos. De manera obvia, esa posibilidad se torna complicada en la cárcel. También la de fomentar la movilidad, que incluso llega a resultar una paradoja. Los alumnos intentan recordar lo que se les explicó en una charla que se dieron al principio de curso. Paul, sonríe, y prefiere no oír ni hablar del tema. Él ya conoce las dificultades que genera un cambio de plan en la educación superior –fue universitario en el exterior- y ve como una montaña de obstáculos todo el tema de convalidaciones que supondrá el cambio a Bolonia.


 


Valentino, por su parte, ve algunos beneficios: “Vamos a estar más especializados”, pero también inconvenientes como el que las diplomaturas vayan a contar con un año más. Todos coinciden en que son un gran inconveniente las restricciones con la comunicación que sufren al estar presos. Paul apuesta por crear una línea de comunicación más rápida de contacto con los profesores. Yadira mira hacia un futuro un poco más lejano; plantea que se creen sistemas para realizar prácticas en el exterior, reguladas legalmente, sería una buena manera, “siempre controlando la evolución del alumno”, apostilla. Valentino prioriza sobre el acceso a la información dentro del centro: “Estaría bien que dispusiéramos de un sistema, con restricciones, pero que nos permitiera acceder a información específica sobre la materia en cuestión”.


 


Sin embargo, ninguno de los tres resulta afectado por la implantación de Bolonia como puedan estarlo los estudiantes del exterior. La educación es una forma de ocupar el tiempo libre que les queda al final de día, en ocasiones menos del que se pueda imaginar.


 


El destino de Yadira es el de auxiliar de biblioteca en el centro sociocultural que tienen en Soto. También trabaja en el office de su módulo y ha hecho un curso de cocina y otro de confección. Además, participa en la ópera que está dirigiendo Valentino. Una obra inédita en la que él mismo ha compuesto canciones y para la que han recibido formación de miembros del Teatro Real, y que se estrenará a finales de julio. Valentino se interesó por el mundo teatral a los 16 años como hobby. Esta ópera no es la primera obra que dirige, ya puso en escena Jesucristo Super Star, con la que causó un gran revuelo. “Cuando vino a contarnos que quería montar este musical, todos nos quedamos sorprendidos. Pero fue una experiencia fantástica y muy bonita”, cuenta Mar desde la coordinación de formación.


 


La reinserción social, el objetivo primordial en el que se basa nuestro sistema penitenciario, se sustenta en los diferentes programas de educación que se desarrollan en los centros penitenciarios, y que se estructuran dependiendo del diferente perfil educativo de los internos: educación básica y bachillerato, dependiente de la comunidad autónoma de turno, y enseñanza superior a través de la UNED. Para el equipo de psicólogos que trabaja en Soto, estos programas educativos hacen que los internos generen un espíritu de superación. Básico para la volver a la sociedad exterior.


 


 


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Más información:


 


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Cursos de verano de la UNED en Centros Penitenciarios