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La calidad y financiación en la Universidad a debate

Calidad y financiación son dos aspectos fundamentales de la enseñanza superior. Calidad de la enseñanza, de las titulaciones y de los servicios universitarios. Financiación para conseguir esa calidad. De todo ello te hablamos en el siguiente reportaj

Publicado en Histórico Reportajes
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En España, hay un alto porcentaje de personas muy interesadas en todo lo que tenga que ver con la universidad. Esto es algo que no resulta extraño, teniendo en cuenta el elevado número de titulados universitarios que existe dentro de nuestras fronteras. Y es lógico pensar que el nivel de calidad con que se imparten las enseñanzas universitarias sea uno de los puntos clave para todo aquel que esté pensando en cursar este tipo de estudios o que lo hagan sus hijos.


 


Poniendo los cimientos de la Calidad


 


En nuestro país, existe un organismo creado recientemente por el Ministerio de Educación, ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) que se ocupa de vigilar la excelencia de los centros universitarios públicos y privados y ellos de varias formas. Por una parte, existe la posibilidad de que el centro solicite por sí mismo una evaluación de esta agencia, en la que se comprobarán si reúne una serie de requisitos previamente especificados, obteniendo de esta manera la oportuna certificación, que, en caso de ser positiva, conduce al otorgamiento del sello ANECA e incluso a una posible financiación de aquellas organizaciones calificadas como excelentes. Las características principales de este método es que es voluntario y sobre todo, temporal, es decir, necesita de una revisión periódica para mantener su validez.


A diferencia del primero, la acreditación de títulos oficiales, eje principal de las activiades de ANECA, es obligatoria, ya que la LOU establece que finalizado el periodo de implantación de un plan de estudios, las universidades deberán someterse a ella, pudiendo revocarse la homologación de los títulos en función de los criterios y procedimientos establecidos por el Gobierno. La evaluación institucional, por su parte, consiste en una evaluación de las enseñanzas conducentes a la obtención de esos títulos oficiales. No olvida tampoco ANECA la evaluación del profesorado, más concretamente de su actividad docente e investigadora con vistas a su contratación por los centros universitarios. Precisamente a raíz de una de estas evaluaciones y como consecuencia de la queja presentada por un profesor de la Universidad de Extremadura, el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, pidió a la Ministra Pilar del Castillo una mayor objetividad en dichos procesos de evaluación, garantizando la transparencia e igualdad en el caso de los profesores no titulares.


Sin embargo, a medida que la convergencia europea avanza en su camino hacia el ansiado Espacio Europeo de Educación Superior, se hace cada vez más patente la necesidad de que los países europeos implicados colaboren en el campo de la acreditación. Conscientes de ello, en noviembre del pasado 2003 los representantes de las agencias de acreditación de siete países, entre ellos España, constituyeron en Córdoba el llamado Consorcio Europeo de Acreditación (ECA). En el corazón de este proyecto subyace la idea de que conocer los sistemas de acreditación de los diferentes países hará posible diseñar un modelo común que favorezca la movilidad de los alumnos. El Consorcio ha establecido ya dos fechas clave en el tiempo: el 2004 para tener determinados los criterios y metodología para el establecimiento de un marco europeo de acreditación; y el 2007 para la implantación efectiva del reconocimiento mutuo de la decisiones en materia de acreditación de las agencias de los Estados firmantes.


No contenta con esto y con el claro objetivo de favorecer un marco común incluso fuera de los contornos del continente europeo, ANECA ha participado en la creación de RIACES (Red Iberoamericana para la Acreditación de la Calidad de la Educación Superior), que al igual que en el caso de Europa, sienta las bases de colaboración entre las agencias de acreditación de la zona.


Tratando el tema de la preocupación por la calidad de la enseñanza universitaria, no podemos olvidar mencionar el borrador de Real Decreto sobre creación y reconocimiento de centros universitarios que el gobierno ha enviado recientemente para ser objeto de debate en el seno del Consejo de Coordinación Universitaria. Su objetivo es fortalecer las garantías de calidad de los estudios superiores en centros públicos y privados. Entre sus puntos fuertes, la exigencia de un profesor por cada 25 alumnos, existencia de un mínimo de ocho titulaciones para poder crear un centro universitario, un mínimo del 60% del personal docente habrá de ser doctor (un 25% en las privadas acreditando una evaluación positiva de la ANECA) y en las universidades públicas, un 51% deberá tener la condición de funcionario. Por último, los profesores no podrán compatibilizar su actividad docente entre universidades públicas y privadas, con la única excepción de los dedicados a tiempo parcial que desarrollen su actividad en centros privados adscritos a universidades públicas.


 


Los estudiantes opinan


 


Una vez expuesta esta extensa información acerca de la supervisión de la calidad de los estudios universitarios impartidos en nuestro país, lo lógico es preguntarse por el grado de satisfacción que los más implicados, es decir, los propios titulados, tienen en relación con las enseñanzas recibidas. Pues bien, un reciente estudio realizado por ANECA saca a la luz unos datos en principio bastante sorprendentes en comparación con lo que se dice en la calle. Y es que, según este estudio, realizado el año 2000 sobre un total de 182 titulaciones, el 77% de los 5.565 licenciados entrevistados encontró trabajo durante el año siguiente a la obtención de la licenciatura. Además, el 65% cree que la labor que desempeña es adecuada a su formación y el 50% de los mismos continúa en su primer empleo.


Entre otros datos interesantes obtenidos de esta encuesta, podemos mencionar que el 24% de los estudiantes confía en los contactos de padres y otros familiares como el medio más efectivo de conseguir un primer trabajo, seguido de un 20% que declara haberlo obtenido a través de contacto directo con el empresario, sin saber a priori si éste disponía de plazas vacantes o no. Entre las demás opciones, como responder anuncios o acudir a agencias de trabajo, la peor parte fue para el INEM, con un pequeñísimo 5%. En cuanto a vocaciones, el 69% de los estudiantes afirma haber realizado sus estudios por vocación, frente a un 9% que confiesa no saber muy bien qué razones les impulsaron a cursarlos.


 


La financiación preocupa en Europa


 


Pero si interesante es el tema de la calidad, no lo es menos el de la financiación. En España, es frecuente escuchar argumentos a favor de la universidad pública frente a la privada. Y es que, sin lugar a dudas, una universidad subvencionada favorecerá siempre la tan ansiada igualdad de oportunidades para todos. No parecen opinar lo mismo en el Reino Unido, donde recientemente se ha levantado la polémica a raíz de la propuesta por parte del gobierno de elevar las tasas universitarias desde las actuales 1.125 libras esterlinas hasta las 3.000, es decir, más del doble, una propuesta que, cuando menos, refleja un importante cambio de planteamientos, en el sentido de evolucionar del actual modelo de universidad pública imperante en la mayor parte de Europa hacia un modelo de universidad de pago al estilo norteamericano.


Lo que subyace en el fondo de este controvertido paso es la ausencia de financiación necesaria para mantener la calidad en las universidades británicas. Los grandiosos edificios de Oxford y Cambridge conviven ahora con nuevos módulos de escasa calidad por el bajo presupuesto con que fueron construidos, donde van y vienen profesores de salarios dolorosamente bajos. Estas famosísimas universidades no son, ni de lejos, el peor caso que se puede encontrar en Inglaterra, ya que su presupuesto conjunto de 4.000 millones de libras más que duplica los 1.700 destinados a la totalidad de los centros universitarios restantes.


Los partidarios del modelo norteamericano piensan que una universidad de pago tiene las ventajas de una mayor calidad por su mejor financiación y además, no están condicionadas por la intervención del Estado, como en el reciente caso de una universidad británica que fue objeto de una multa por no cubrir el cupo de alumnos procedentes de estratos menos pudientes. Además, su supervivencia a largo plazo estaría mejor garantizada, los profesores estarían más motivados por sus mejores salarios y se elevaría el nivel de servicios ofrecidos. En cuanto a la igualdad de oportunidades, se argumenta que la variedad en la oferta es la solución más plausible, en el sentido de ofrecer más cursos especializados orientados al ejercicio de una profesión sin caer en una focalización en las licenciaturas universitarias. Por otro lado, la libertad de precios favorecería la existencia de un amplio espectro dando la oportunidad a los más desfavorecidos de encontrar universidades asequibles.


Indudablemente, todos los sistemas tienen defectos y es sabido que la perfección absoluta es inalcanzable, pero también lo es que las soluciones radicales pocas veces son buenas. Ante la idea de establecer un modelo universitario o totalmente público o completamente privado, ¿por qué no dejar que coexistan los dos? En nada perjudica a los estudiantes una mayor amplitud en las posibilidades de elección, más bien al contrario. Los que quieran (y puedan) pagar más, que lo hagan, si es su gusto, pero sin olvidar que todos tenemos derecho a la educación. La universidad pública es una puerta abierta para que aquellos con menos recursos puedan abrirse camino desde el punto de vista de la formación, y en cuanto a la supuesta intervención del Estado, en una Europa cuya principal meta, en todas las áreas y también en la educativa, es la convergencia, de la idea de que los centros universitarios dispongan a su libre antojo sobre todo lo concerniente a la educación superior, lo menos que puede decirse es que es por principio contraria a la deseada homogeneización.


Y en nuestro país este debate por la financiación está también muy presente entre los colectivos implicados. En relación a esto, la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas organizó recientemente unas interesantes jornadas tituladas “Las universidades en la sociedad del conocimiento: financiación de la enseñanza superior y de la investigación”, en las que su propio rector intervino para pedir muy especialmente el compromiso de los agentes sociales, económicos, empresariales, sindicales y partidos políticos con la universidad. Pidió, asimismo, un mayor clima de pacto y un estilo de gobierno por las grandes políticas universitarias, teniendo en cuenta que la financiación ha sido insuficiente para las reformas de la enseñanza superior en las que en estos últimos años ha estado inmersa la sociedad española. Especialmente insuficiente son los recursos dedicados a Becas y ayudas a los estudiantes.


Todos estuvieron de acuerdo en que, aparte del componente puramente monetario, es preciso mejorar en la eficiencia de los usos y los recursos. Esperanza Aguirre también fue invitada, y en su intervención puso énfasis en un aspecto ciertamente mejorable. Y es que, como bien dijo, “poco más se le puede pedir al contribuyente que ya financia el 80% de las plazas universitarias”. Por tanto, ha que buscarse nuevos “cauces para implicar a todos” con la universidad, y en concreto, es una de las asignaturas pendientes la falta de apoyo por parte de los sectores económicos más dinámicos. Se refería, claro está, a las empresas privadas, que deberán convertirse en principales promotores de la investigación y del desarrollo de la sociedad del conocimiento.


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Enlaces de interés:


Web Oficial de la Asociación Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación - ANECA


Consejo de Coordinación Universitaria


Web Institucional de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE)


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