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La acreditación, cauce para la calidad universitaria y solución al fraude académico

En el marco de la III Conferencia Internacional de Barcelona sobre Educación Superior, celebrada en la Universidad Politécnica de Cataluña del 27 al 29 de noviembre, se ha presentado el ‘Informe sobre la educación superior en el mundo 2007’. La creci

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La percepción global de la necesidad de procesos de acreditación en educación superior está pasando a ser un hecho innegable: un 42% de los expertos en formación superior interrogados en una encuesta realizada por la Red Global de Universidades para la Innovación (GUNI) cree necesaria la acreditación internacional y un 41% más condiciona esta necesidad a la forma en que la acreditación se lleve a cabo.


 


La acreditación es, por lo tanto, una garantía para la calidad de las universidades, hecho que se ha analizado a fondo en el marco de la III Conferencia Internacional de Barcelona sobre educación superior. Esta Conferencia, que se ha celebrado del 27 al 29 de noviembre en la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), ha reunido a 450 profesionales de la educación superior, procedentes de 78 países de todo el mundo. Durante los tres días, los participantes han podido intercambiar opiniones, comparar experiencias y debatir sobre temas actuales de la educación superior con más de 30 expertos de reconocimiento internacional que han tomado parte del evento. 


 


Sobre la acreditación también se ha centrado el segundo Informe sobre la educación superior en el mundo 2007, elaborado por 48 expertos, y presentado durante la Conferencia bajo el título “Acreditación para la garantía de la calidad: ¿qué hay en juego?”. El año pasado se presentó en la UPC el primero de esta serie de informes de la GUNI sobre compromiso social que se centró en la financiación de las universidades.


 


Según pone de manifiesto el Informe 2007, los expertos, procedentes tanto de países desarrollados como en vías de desarrollo, coinciden en afirmar que la acreditación es un instrumento para garantizar la calidad de la educación superior en todo el mundo y, con ella, la confianza de la sociedad en la calidad de programas e instituciones. Hay que tener en cuenta que la demanda de educación superior crece vertiginosamente, y que se ha pasado de 13 millones de estudiantes, en el año 1960, a 132 millones el año 2004. Este crecimiento ha comportado un aumento progresivo de instituciones de educación superior y la creación de un mercado donde cada vez es más preocupante garantizar la calidad de la educación.


 


“Más allá de un convenio universal para el reconocimiento de titulaciones”



Para Stamenka Uvalić-Trumbić -jefa de la Sección para la Reforma, la Innovación y la Garantía de la Calidad del Área de Educación Superior de la UNESCO- las tendencias y dilemas que está creando la creciente comercialización de la educación superior han centrado la atención en la calidad. “Hay un incremento de la tensión entre la percepción de la calidad en la educación superior entendida como una cuestión que implica solamente a las naciones-estado soberanas y el nombre cada día más elevado de voces a favor de planes internacionales de acreditación”. En esta línea se encuentran precisamente el proceso de creación del Espacio Europeo de Educación Superior en el Viejo Continente o el intento de impulsar un registro mundial de calidad basado en la meta-acreditación de agencias de calidad. Para Uvalić-Trumbić, la clave está en ir más allá de un convenio universal para el reconocimiento de titulaciones, se trataría de “crear una comunidad práctica que sea capaz de alcanzar los mismos objetivos pero de una manera más dinámica” y apunta que la creación de comunidades prácticas alrededor de directrices que evolucionan generaría, posiblemente, una aceptación internacional mayor para el desarrollo de una cultura de la calidad.



Actualmente, 142 países de todo el mundo disponen de algún mecanismo para garantizar la calidad de la educación superior. De todos ellos, la acreditación es uno de los más utilizados en un mundo donde los estudiantes representan un gran volumen de recursos económicos y el mercado de la formación superior es cada día más competitivo. Sólo algunos datos: Estados Unidos cuenta con más de 6.000 instituciones de educación terciaria, que tienen más de 16 millones de estudiantes matriculados. En China, las cifras son más espectaculares, ya que el nombre total de estudiantes matriculados en el sistema de educación superior superó los 23 millones de personas en el 2005. Según estadísticas oficiales, en el 2004 había 2.236 instituciones de educación superior en China, 1.731 de las cuales eran escuelas universitarias y universidades, y de estas, 684 ofrecían cursos de grado y 1.047 ofrecían cursos de formación profesional. Había 505 instituciones de educación superior que ofrecían cursos para adultos.


 


Los estudiantes, una fuente económica


 


Según el ‘Informe sobre la educación superior en el mundo 2007’, los estudiantes extranjeros son una fuente importante de ingresos de exportación en diversos países, ya que gastan una gran cantidad de dinero en viajes, educación, manutención y ocio. Por ejemplo, los ingresos de exportación de servicios educativos ascendieron a un mínimo estimado de 30.000 millones de dólares, en el año 1999, en todo el mundo. Además, según los cálculos, las exportaciones norteamericanas generaron aproximadamente 8.000 millones de dólares en el final de la década de 1990. El quinto ámbito del sector de servicios en lo que se refiere a la exportación fue la educación superior, con 4 millones de lugares de trabajo. Según los cálculos de la Alianza Global para la Educación Transnacional, entre Estados Unidos, Reino Unido y Australia exportaron alrededor de 27.000 millones de dólares en concepto de educación superior en Asia y el Pacífico durante el mismo periodo.

El fraude en la educación superior


 


Otro de los temas que trata el Informe de 2007 es el fraude. La tendencia de crecimiento del estudiantado ha fomentado una competencia en la educación superior. Esta presión incrementa el riesgo de fraude académico y engaño por parte de los estudiantes (conseguir entrar en determinadas instituciones educativas o aprobar exámenes) y de las instituciones de educación superior (rebajar los requisitos de admisión académica, vender programas o proporcionar certificados falsos). La competencia también llega en el área de la investigación, donde las instituciones son más vulnerables al plagio y a la manipulación de resultados de la investigación.



Según relatan en su informe los investigadores Jacques Hallak y Muriel Poisson, en Georgia, los tutores privados aceptan sobornos para ayudar a asegurar que los estudiantes sean admitidos en el departamento que hayan elegido, y las conductas fraudulentas se extienden a los exámenes, a la concesión de credenciales, licencias y acreditaciones académicas. Un fraude académico donde están implicados diversos grupos de interés, como profesorado, funcionarios y personal, y los mismos organismos encargados de la garantía de calidad.



Los exámenes son el área clave de diversas prácticas fraudulentas. Profesores que ofrecen caras sesiones de tutoría como requisito para matricularse; trabajadores que filtran los contenidos de los exámenes; tratamiento de los temas de los exámenes en academias privadas de funcionarios dirigidas a los candidatos al examen; uso de centros fantasmas dirigidos por examinadores corruptos donde los candidatos hacen los exámenes con ayudantes; sustitución de manuscritos; intimidación a los vigilantes de los exámenes, así como prácticas fraudulentas durante la corrección del examen como soborno, falsificación de expedientes, venta de plazas a estudiantes no admitidos y la emisión de títulos falsos.


 


El uso no autorizado de una marca en determinados programas formativos o la donación fraudulenta de títulos de grado de instituciones como Yale o Harvard son otras prácticas engañosas. Fraude que, hasta el momento, los procesos de acreditación no han conseguido evitar totalmente. Así, por ejemplo, el inspector general del Departamento de Educación de los Estados Unidos (USDE) declaró en mayo de 2005 que en el 74 % de los casos de fraude estaban involucradas instituciones con ánimo de lucro. El sistema de acreditación de EEUU está considerado como el más efectivo del mundo.



Internet es, actualmente, el principal vehículo para las prácticas engañosas en la educación superior. Entre otras, la gran telaraña digital ha favorecido prácticas como la venta de trabajos académicos (convirtiendo el plagio en un problema importante), o la donación de títulos de grado falsos, a veces, de célebres escuelas universitarias e instituciones reconocidas por su excelencia como Harvard y Yale.



Según la Agencia Nacional de Educación Superior sueca, Suecia está más afectada que nunca por el fraude: doctorados falsos, solicitudes de estudiantes para hacer cursos basados en titulaciones falsas y uso de títulos universitarios falsos para acceder a un sitio de trabajo. Además, existen universidades falsas que se anuncian en la prensa internacional, difunden información a través del envío masivo de correo electrónico (spam) y aparecen en los primeros lugares de las listas de buscadores de Internet.



El fraude también aparece en la gestión de estudiantes extranjeros. Se ofrecen incentivos económicos a los estudiantes para que se matriculen; los aspirantes acceden con credenciales falsos y pagan a los funcionarios para falsificar documentos y así ser aptos para entrar; se matricula indiscriminadamente a estudiantes extranjeros sin requisitos de acceso, y se baja el nivel de exigencia a los estudiantes extranjeros.


 


Retos para afrontar la corrupción


 


Jacques Hallak, consultor internacional y profesor de la Universidad Julio Verne de Amiens (Francia), y Muriel Poisson, especialista en programas en el Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE) de París, proponen seis líneas de acción para hacer frente a la corrupción universitaria:



• Regular las condiciones operativas del mercado de la educación superior para combatir el fraude, cosa que significa establecer criterios y procedimientos claros de admisión.



• Establecer organismos profesionales autónomos con una representación justa de los grupos de interés (públicos y privados), para reducir el riesgo de aparición de conflictos de intereses.


 


• Diseñar y adoptar códigos de conductas profesionales, éticas y de honor tanto para estudiantes como para profesores. Ha habido experiencias relevantes en este sentido en países como Canadá, Hong Kong, la India y los Estados Unidos.


 


• Utilizar herramientas de gestión más eficaces y transparentes tanto en lo que se refiere a las formas nuevas de educación superior como para las tradicionales, así como también para los mecanismos y organismos responsables de la garantía de la calidad y las acreditaciones. Por ejemplo, el uso más sistemático de las TIC permite poder detectar el fraude, comprobar si existe plagio y aumentar los costes de las prácticas corruptas en procesos de examen y en el acceso al mercado de trabajo para los graduados en educación superior.



• Facilitar el acceso público a la información: sistemas de información fiables y fáciles de hacer servir en las instituciones de educación superior y en los organismos acreditadores. Favorecer el acceso a bases de datos internacionales de referencia de cursos e instituciones de educación acreditados.


 


• Establecer y hacer servir indicadores que permitan verificar la integridad de un organismo acreditador o de una institución educativa.

¿Cómo garantizar la calidad de la educación superior?



A pesar del crecimiento de los procesos de acreditación, los países en vías de desarrollo se enfrentan a graves problemas en el momento de iniciar mecanismos eficaces, a causa de la falta de recursos humanos competentes y de recursos financieros adecuados. En este contexto, hay que tener en cuenta que acreditar implica invertir recursos en el sistema: una acreditación completa en Nigeria cuesta 0,013 euros por estudiante, mientras que en Australia el precio es de 0,60 euros por estudiante, es decir, 46 veces más caro.



En España, en el 2002 se creó la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) como fundación estatal. Su misión es la coordinación de las diferentes políticas de gestión de la calidad que se llevan a cabo en las universidades españolas. La ANECA centra sus actividades en la evaluación, la certificación y la acreditación (aunque esta no está plenamente implantada) de los diferentes planes de estudio existentes en las universidades españolas, la evaluación del profesorado, la realización de estudios de prospectiva y la difusión de información para la comunidad universitaria, la administración pública y la sociedad sobre aquellas temáticas de interés para la mejora de la calidad de la educación superior. No obstante, en España hay 11 agencias autonómicas de calidad, que, en algunos casos, han visto marcada su tarea por una cierta duplicidad de funciones respecto a la ANECA. Esto ha generado la propuesta de crear una comisión de coordinación de todas ellas (que actualmente aún no está plenamente constituida), que coordine todo el sistema de evaluación de la educación superior con criterios de transparencia y cooperación.



En Estados Unidos, el gobierno federal no tiene ninguna función directa en la acreditación ni tampoco participa en los mecanismos de aprobación de instituciones que solamente son competencia de los estados. No obstante, la acreditación es el núcleo de la garantía de la calidad en este país, donde prácticamente todas las instituciones de educación terciaria están acreditadas o están en las fases iniciales del proceso. Las agencias que realizan la acreditación son independientes, no gubernamentales, y realizan tales revisiones a través de la definición de sus propios procedimientos. En total, son unas 60 agencias, de las cuales la mayoría evalúan programas académicos.


 


En África, siete países realizan acreditación institucional, uno para programas y cuatro más acreditan ambos conceptos; seis están en proceso de establecer un sistema de acreditación y cinco tienen algún mecanismo de garantía de la calidad como por ejemplo la evaluación. Por su parte, en los Estados Árabes solamente un país practica la acreditación institucional, mientras que cuatro acreditan programas e instituciones; diez países están en proceso de establecer un sistema de acreditación. En Asia, solamente un país practica la acreditación institucional, otro más lo hace por programas, doce países acreditan ambos conceptos y otros doce están en proceso de establecer un sistema, mientras que tres cuentan con otros tipos de sistemas para la garantía de la calidad como por ejemplo la evaluación.



En Europa y América del Norte, ocho países acreditan instituciones, cuatro acreditan programas y 22 países acreditan ambos conceptos; cuatro países están en proceso de establecer un sistema de acreditación, mientras que siete países cuentan con un sistema de garantía de la calidad basado en la evaluación. En América Latina cuatro países realizan acreditación institucional, solamente uno para programas y catorce países acreditan ambos conceptos; ocho están en proceso de establecer un sistema de calidad y dos disponen de un sistema de garantía de la calidad basado en la evaluación. La mayoría de los procesos de acreditación llevados a cabo en estos países son realizados por agencias nacionales vinculadas con los ministerios de educación.


 


 


 


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Más información:


 


III Conferencia Internacional de Barcelona sobre Educación Superior


 


Red Global de Universidades para la Innovación (GUNI)



 


Universidad Politécnica de Cataluña


 


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