Menu
¡Llama gratis! 900 831 816

Inteligencia: claves para desarrollarla en el aula y en el trabajo

¿Cómo puede desarrollarse la inteligencia en el aula? ¿Cuáles son sus ventajas? ¿Y en la edad adulta y en el campo laboral? Una serie de expertos dan las principales claves de su importancia de cómo y por qué desarrollarlas a lo largo de toda la vida

Publicado en Histórico Reportajes
Foto de Inteligencia: claves para desarrollarla en el aula y en el trabajo
Estudiantes-grado-INELa inteligencia no siempre es sinónimo de sacar un 10 en el examen de Matemáticas o de Lenguaje. Es mucho más. A lo largo de los años, diversas investigaciones han puesto de manifiesto la existencia de diversas teorías que comprenden diferentes definiciones de inteligencia, siendo entre las más extendidas la Teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner o la Inteligencia Emocional. [Ver cursos para desarrollar la Inteligencia]

 

Estas teorías reflejan que la persona es mucho más que los conocimientos académicos, ya que se contemplan una serie de habilidades, competencias y capacidades que son igualmente importantes para la vida y para el desarrollo personal y profesional. Desarrollarlas desde pequeño, prácticamente desde que se nace es importante, aunque también se deben potenciar en la edad adulta.



La inteligencia puede definirse de varias formas. Algunas de sus definiciones más habituales y que figuran en la Real Academia Española de la Lengua son la capacidad de entender o comprender; la capacidad para resolver problemas; el conocimiento, la compresión o el acto de entender o bien la habilidad, destreza y experiencia, entre otras posibles definiciones a las que se suman más enunciaciones conforme a lo largo de los años se han ido desarrollando investigaciones en torno a la inteligencia.



Dentro de estas definiciones, por ejemplo, se halla la realizada por la American Psychological Association que incide en que las personas se diferencian entre sí por la habilidad de comprender ideas complejas, de adaptarse al entorno de forma eficaz y de aprender de la experiencia, así como por razonar y por superar obstáculos a través de la reflexión. Una definición en la que igualmente se refleja que las características intelectuales de las personas varían según las ocasiones.



No es la única definición, puesto que en el año 1994 la Mainstream Science on Intelligence la definía como una capacidad mental que implica diversas habilidades como razonar, resolver problemas, pensar de manera abstracta, comprender ideas complejas y de aprender de forma rápida y de la experiencia.

 

Además de estas dos definiciones, en el siglo XX también han aparecido otras teorías, sobre todo vinculadas al campo de la Psicología, que han descrito la inteligencia de diferentes formas. Es el caso de la Teoría Triárquica de la Inteligencia que fue desarrollada por Robet J. Sternberg, psicólogo de la Universidad de Yale, quien habló de tres categorías: inteligencia componencial-analítica (habilidad de planificar, ejecutar y lograr el conocimiento), inteligencia experiencial-creativa (la habilidad basada en la experiencia para tratar la novedad y automatizar procesos) y la inteligencia contextual-práctica (asociada a la conducta adaptativa al mundo real). De ese mismo siglo es la Teoría de la Inteligencia Emocional, de Daniel Goleman, que la define como la capacidad de reconocer sentimientos propios y ajenos y la habilidad de saberlos manejar y que últimamente se está aplicando en el ámbito educativo y de la empresa. [Ver cursos de Inteligencia Emocional]

 

Pero, sin duda alguna, hoy en día una de las teorías más extendidas y de mayor peso es la desarrollada por Howard Gardner con su concepto de inteligencias múltiples bajo el que este profesor de Cognición y Educación en la Harvard Graduate School of Education, y que recibió el Premio Príncipe de Asturias 2011 de Ciencias Sociales, explica que cada persona tiene al menos nueve formas de inteligencia que se presentan con diferentes niveles de desarrollo al nacer. Un desarrollo en el que no se olvida la carga genética.



La teoría no se queda ahí y señala que no es suficiente que una persona sea muy buena o sepa muchas matemáticas o lengua para desenvolverse en la vida, sino que es preciso desarrollar ciertas habilidades que no siempre están en los libros de texto como es, por ejemplo, el hecho de saber relacionarse con los demás o comprender las motivaciones o los deseos de otras personas, facetas sin las que las personas, aunque sean muy buenas en alguna materia, pueden ver mermada su vida personal y profesional.



Bajo este prisma, Gardner establece su clasificación en:



-Inteligencia lingüística: capacidad de usar el lenguaje para expresarse ya sea oral como escrito o bien para aprender idiomas.



-Inteligencia lógica-matemática: capacidad de analizar problemas de forma lógica y de realizar operaciones matemáticas, aparte de investigar temas científicamente.



-Inteligencia musical: capacidad de tocar, componer y apreciar piezas musicales, así como de reconocer tonos y ritmos.



-Inteligencia espacial: capacidad de presentar ideas visualmente, crear imágenes mentales, dibujar y confeccionar bocetos o visualizar con precisión.



-Inteligencia corporal-cinética: capacidad para realizar actividades que requieren fuerza, flexibilidad, coordinación y equilibrio o de hacer trabajos manuales o expresión corporal.



-Inteligencia interpersonal: capacidad de entender las intenciones, motivaciones y deseos de otras personas, facilitando la relación con los demás efectivamente.



-Inteligencia intrapersonal: capacidad de entenderse a uno mismo y apreciar las motivaciones, miedos o sentimientos.



-inteligencia naturalista: capacidad de observar, identificar y clasificar a los miembros de un grupo o especie.



-Inteligencia existencial: capacidad basada en la experiencia vivida para afrontar tareas novedosas, combinar experiencias y formular nuevas ideas.



Según explica Howard Gardner a aprendemas.com, estas inteligencias múltiples no son “innatas e inamovibles” y se pueden desarrollar en la educación e, incluso, más allá del ámbito estrictamente educativoen aquellos casos en los que las personas no han seguido en las aulas un programa educacional que contemplase estos tipos de inteligencia.

 

De hecho, Gardner constata que “las inteligencias se pueden mejorar si una persona está motivada para mejorarlas. Hay recursos disponibles tecnológicos, humanos, modelos financieros… si la persona quiere seguir practicando el uso de la inteligencia”. [Ver cursos de Motivación]

 

El desarrollo de la inteligencia en el aula

 

El ámbito educativo es fundamental para el desarrollo del niño y de su inteligencia. Y una de las mejores maneras de poder desarrollarla es empezar cuando los niños son pequeños y ya desde el aula, ateniendo a que “cada niño es diferente, cada uno tiene un potencial único y cada uno tiene talento. A medida que evolucionamos en el sistema educativo debemos asegurarnos de que desarrollamos cada faceta de nuestra inteligencia igualmente para que cada uno se de cuenta de su potencial”, afirma a aprendemas.com el experto en educación Richard Gerver. [Ver cursos de Psicología Educativa]

 

Precisamente las inteligencias múltiples, siguiendo la teoría de Gardner, pueden desarrollarse en el aula, lo que presenta una serie de ventajas claras como “el respeto a las potencialidades de cada niño al que se le ve desde un punto de vista más amplio y global y no sólo desde las matemáticas o las lenguas”, señala Nieves Gomis, profesora en la Universidad de Alicante y autora de la tesis ‘Evaluación de las inteligencias múltiples en el contexto educativo a través de expertos, maestros y padres’, quien añade que “a un niño a quien se le contemplan y reconocen todas sus potencialidades, se conocen sus puntos fuertes y débiles, es un niño que respeta su propia identidad”. [Ver cursos de Apoyo Escolar]

 

Además, el hecho de trabajar las inteligencias múltiples presenta la ventaja de que suelen ser niños y, posteriormente, adultos que “son más felices porque se relativiza todo mucho más y cuando uno es competente, al final, se consigue ver la realidad desde otro punto de vista y se tiene un mayor desarrollo a nivel personal”, añade Esteban Vázquez, doctor en Ciencias de la Educación, profesor asociado de la UNED y profesor de IES e inspector de Educación.

 

Las ventajas de trabajar la inteligencia en el aula aún son mayores. De hecho, Richard Gerver señala en declaraciones a aprendemas.com que “debido a que vivimos en una era post-industrial que requiere un nuevo tipo de ciudadano, que es empresarial, emprendedor, alguien que va a explorar nuevas ideas y posibilidades, que se conectará en red y colaborará y que prosperará en tiempos de incertidumbre, debemos nutrir y desarrollar todos los aspectos de nuestra inteligencia para crear a gente tridimensional que no sólo sobreviva sino que prospere en lo que es un nuevo paradigma o reto. Nuestra responsabilidad moral como educadores es preparar a nuestros niños para los desafíos del futuro. Y para ello hay que asegurarse de que tienen las mejores posibilidades y de educar al niño en su totalidad”.

 

Por ello, todas las inteligencias deben trabajarse por igual en el aula a través de entornos estimulantes en los que se activen las inteligencias de los niños y desarrollen su potencial e inteligencia”, aclara Gomis. No obstante, la profesora reconoce que socialmente “están más reconocidas unas que otras”, aunque incide en que en la escuela se “debe ofrecer la posibilidad de desarrollarlas todas por igual”.

 

Similar opinión es expresada por Esteban Vázquez, quien resalta la conveniencia de “trabajar para desarrollarlas desde la escuela con las competencias básicas. Se debería trabajar más por competencias y no tanto por contenido, trabajar de forma práctica y no tanto teórica porque si no la persona no se hace inteligente”. Y es que es preciso también abandonar patrones básicos en educación como que “alguien no vale para el dibujo, la educación física… porque ninguna inteligencia se trabaja sola y estos patrones previos desmotivan por lo que deberían olvidarse. Si una persona hace algo regular, hay que buscar la forma de hacerlo mejor y no estigmatizarla porque, al final, coge miedo en esa capacidad y luego ya no la desarrolla”.

 

No obstante, pese a las ventajas, en España la teoría de Gardner no está muy implantada en las aulas y tan sólo se pueden encontrar algunas experiencias en colegios privados o privados-concertados -raramente en los centros públicos-, en los que se desarrollan programas como, por ejemplo, el Spectrum para infantil y programas para considerar la inteligencia desde sus múltiples facetas.

 

Unos programas que no son siempre fáciles de implantar por su propio desarrollo y definición, “siendo más fácil identificar buenas propuestas que ya se hacen y en las que se trabaja”, asevera Nieves Gomis. Además, indica la profesora, en su implantación también hay que superar el reto de tener a profesores formados para poder “evaluar y dar formación que contemple las diferentes inteligencias”.

 

Además también es importante, añade Gomis, la “formación y coordinación con las familias para trabajar de forma conjunta y ver al niño desde una manera más global, más amplia y diseñar propuestas para trabajar conjuntamente. Los padres necesitan información y formación para integrar toda la filosofía y para que puedan abrir la mirada sobre sus hijos”. Un punto positivo en relación a las familias es que los padres que conocen esta filosofía suelen estar a favor de que se implante en las aulas, tal y como sucedió con el programa Spectrum, porque “los padres quieren buena formación para sus hijos”.

 

Y, ¿cómo se pueden desarrollar las inteligencias múltiples? Por ejemplo, a través de una serie de actividades según el tipo de inteligencia como, por ejemplo, juegos de palabras, lecturas en voz alta o jugar a ser reporteros en el caso de la inteligencia lingüística entre otras posibilidades, o hacer demostraciones científicas o jugar a juegos de lógica como el ajedrez en la inteligencia lógica y matemática. Otras actividades para la inteligencia espacial son hacer dibujos en 3D o pintura artística, mientras que para la inteligencia kinestésica son interesantes el teatro, las artes marciales o la danza, y para la inteligencia musical se puede extraer la letra de una canción que guste o inventar la letra y música de una canción. En el caso de la inteligencia interpersonal se puede optar por actividades como trabajos en grupo o juegos en parejas y, para la inteligencia intrapersonal, algunas alternativas contemplan las actividades de relajación o ejercicios de motivación y proyección personal y profesional, entre otras posibilidades.

 

Los programas relacionados con las inteligencias múltiples no son los únicos que se llevan a cabo en las aulas españolas para fomentar determinadas capacidades, competencias o habilidades más allá del contenido de los libros de texto. Por ejemplo, en Cataluña algunos centros siguen programas de educación emocional con los que se refuerzan las habilidades de socialización como el respeto o la autoestima entre el alumnado y se trabaja la inteligencia emocional.

 

Un sistema sobre el que “las investigaciones empíricas han aportado evidencias de efectos positivos en el desarrollo de competencias sociales y emocionales; en la mejora de actitudes hacia sí mismo, hacia los demás y hacia la escuela; en el comportamiento positivo en clase; en la mejora del clima en el aula; en la reducción del comportamiento disruptivo, en la mejora del rendimiento académico…”, explica Rafael Bisquerra, catedrático de la Universidad de Barcelona y experto en Educación Emocional.

 

Además, también se ha constatado “una disminución en los problemas de comportamiento, conflictos, agresividad, violencia, ansiedad y estrés”, añade Bisquerra, quien expone que su aplicación en el aula “consiste en actividades prácticas enfocadas al desarrollo competencias emocionales tales como conciencia emocional, regulación emocional, autonomía emocional, relaciones interpersonales, habilidades para la vida y el bienestar”.

 

Estas actividades son “eminentemente prácticas, incluyendo introspección, role playing, simulación, dramatización, grupos de discusión, imaginación emotiva, cambio de atribución causal, análisis de creencias, relajación, respiración, meditación, lecturas, gimnasia emocional, distanciamiento emocional, reestructuración cognitiva…”, especifica Bisquerra.


Sigue en este reportaje

La inteligencia en el trabajo y a lo largo de la vida


La inteligencia en el trabajo

 

Las personas que no se han formado con programas educacionales que refuerzan las competencias y capacidades siguiendo la filosofía de las inteligencias múltiples o de la educación emocional pueden desarrollarlas de adulto y aplicarlas en el ámbito laboral. Según explica Esteban Vázquez, dentro de este campo se desarrollan diferentes actividades como, por ejemplo, “cursos de lenguaje no verbal, de comunicación para directivos… y para fomentar la formación continua en la empresa en competencias que son estratégicas de la compañía”.

 

La ventaja de hacer estos cursos o bien de las personas que se han formado con la filosofía de las inteligencias múltiples frente a otros trabajadores que no han tenido esa posibilidad y no las han desarrollado es clara: “se es más profesional”, aclara Esteban Vázquez. Pero las ventajas son muchas más. Según Richard Gerver “en una era industrial en la que los empleos son fijos y dependen de la eficiencia y muchos puestos de trabajo son repetitivos, una educación académica era suficiente pero, ahora, las empresas y las organizaciones del siglo XXI quieren que las personas puedan ser adaptables a los cambios, resuelvan problemas, inicien nuevos proyectos, gestionen y trabajen en formas de colaboración…” De hecho, añade Gerver, serán aquellas personas con un mayor conocimiento de sus múltiples inteligencias, habilidades sociales… las que prosperarán. Debemos recordar que son habilidades que son la divisa fuerte del siglo XXI”.

 

No obstante, una vez más, para su implantación hay algunas barreras porque, al igual que sucede en la escuela, “en el ámbito laboral no hay suficientes estudios ni aplicaciones para desarrollar las inteligencias múltiples en la empresa y hay que ver qué actividades son más interesantes para el desarrollo de competencias en las compañías que, además, son más selectivas en las competencias de los trabajadores que el sistema educativo”, matiza Esteban Vázquez.

 

Igualmente útil en el trabajo es la aplicación de las técnicas que contempla la educación emocional. Y es que entre sus ventajas para la incorporación al mundo laboral figuran laautogestión emocional en el momento de superar las pruebas de selección de personal”, puesto que se ayuda a prevenir la ansiedad y estrés, así como una “mayor competencia social en el momento de superar una entrevista de selección de personal, mayor tolerancia a la frustración en el caso de no ser seleccionado y que comporta no perder el entusiasmo para continuar intentándolo, resiliencia ante la adversidad, creatividad en el momento de dar respuestas inmediatas…. Todo esto se ha demostrado que aumenta las probabilidades de conseguir un empleo, ya que en igualdad de condiciones, las empresas prefieren a las personas que manifiesten un claro dominio de estas competencias”, apunta Rafael Bisquerra.

 

Y para desarrollar la inteligencia emocional, así como las inteligencias múltiples, se puede acudir a formación específica. No obstante, se debe tener presente un dato importante: “hay que desechar la falsa idea de que esto es fácil de conseguir. Las competencias emocionales son de las más difíciles de desarrollar”, afirma Rafael Bizquerra, quien explica que precisamente por la dificultad de este desarrollo se han creado programas específicos como el ‘Postgrado en Inteligencia Emocional en las Organizaciones’ de la Universidad de Barcelona, “con la intención de formar especialistas que puedan contribuir a introducir dinámicas y procesos de inteligencia emocional en la empresa”.

 

La importancia de desarrollar la inteligencia a lo largo de la vida

 

Como indica Gardner, la inteligencia no es inamovible y se puede desarrollar por uno mismo porque la inteligencia es un perfil que va cambiando a lo largo de la vida y marca un aprendizaje en el tiempo y potencia áreas, aunque “la infancia es clave para que el alumno pueda llegar a su máximo de desarrollo”, explica Nieves Gomis.

 

Según Gomis, “desde que el niño nace hay que ver todas sus capacidades porque ya nace con múltiples inteligencias. Luego, al escolarizarlo, hay que verlo de manera múltiple y diversa e impulsar el desarrollo de sus capacidades con los mejores estímulos. Las familias deben tenerlo en cuenta y pensar que si un niño no lee a una determinada edad, no pasa nada, porque puede tener otras facetas o potencialidades”.

 

Para Esteban Vázquez, la infancia también es una edad clave. De hecho, considera que el desarrollo de la inteligencia “debe comenzar desde pequeños. A partir de los tres años ya hay esquemas de aprendizaje y con 14 años se cierran los esquemas y luego cuesta más”, incide Vázquez, quien aclara que es como la competencia en segundas lenguas que se hace más difícil a partir de los 14 años.

 

No obstante, a pesar de que conforme pasan los años es más difícil desarrollar la inteligencia, es conveniente hacer el esfuerzo. “Desde la Unión Europea –aclara Esteban Vázquez-, se apuesta por la formación permanente a lo largo de la vida y es fundamental”. Y para ello, es conveniente poder sacar tiempo para asistir a talleres, cursos, programas… “aplicados a la realidad y que aumenten y fomenten la inteligencia y que lo que se aprende se aplique”.

 

A lo largo de la vida no sólo es importante desarrollar las inteligencias múltiples, sino también la inteligencia emocional. Según Rafael Bizquerra “es muy necesario. El desarrollo de la competencias emocionales es un proceso que debería iniciarse con el nacimiento en la familia, estar presente a lo largo de toda la escolaridad de la educación Infantil, Primaria, Secundaria, Formación Profesional, educación superior, formación en las empresas y a lo largo de toda la vida”.

 

Un “enfoque del ciclo vital”, añade Bizquerra, que es “consecuencia de la dificultad que tiene desarrollar estas competencias y por otra parte, de hecho, de que en cada etapa de la vida se viven emociones específicas. Por ejemplo, una persona adulta se puede encontrar con situaciones inesperadas de ser despedido del trabajo, estar en el paro, perder alguna persona querida, estar en situación de separación o divorcio, dejar el empleo por jubilación, tomar conciencia de la pérdida de facultades como consecuencia de la edad…. Todo esto es fuente de emociones que pueden perturbar nuestra vida. La educación emocional se propone reducir situaciones de ansiedad, estrés, depresión, suicidios... Es por lo tanto una prevención inespecífica a través del desarrollo de competencias”.

 

Y, ¿cómo desarrollarlas a lo largo de la vida y, sobre todo, en la edad adulta? Richard Gerver da la clave: “Lo más importante es reconocer y valorar los diferentes elementos de nuestra personalidad y no sólo nuestra destreza académica. Debemos tratar de identificar en nosotros mismos las fortalezas y debilidades de nuestro propio carácter e intereses y desarrollar cada una de las inteligencias. Debemos hacer lo mismo que nuestros hijos, asegurándonos del desarrollo de competencias y atribuciones en equidad con las académicas. Explícitamente,se debe desarrollar la capacidad de resiliencia, confianza en uno mismo, empatía, curiosidad, asunción de riesgos y la capacidad de comunicación, por ejemplo, tal y como hacemos con las matemáticas”.

 

Pero todo ello y todos los recursos disponibles de nada sirven si no hay motivación. Y es que según Howard Gardner, “si la persona no está motivada, hay pocos o pobres recursos disponibles. Si la persona no trabaja de manera constante, entonces, por supuesto, la inteligencia no se verá reforzada”.

 

 


¡Sigue a aprendemas.com en Facebook, Twitter, Tuenti y LinkedIn!



Volver a Parte 1 del reportaje

Acercamiento al concepto de inteligencia

Formas de desarrollar la inteligencia en el aula