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Inglés en la universidad: En busca de una acreditación homogénea

La lengua inglesa y el español siguen a la gresca. Un estudio realizado por profesores de las universidades de Alcalá y de Vigo y el British Council ha puesto de manifiesto la falta de un criterio homogéneo que sirva para certificar el nivel de idiom

Publicado en Histórico Reportajes
Foto de Inglés en la universidad: En busca de una acreditación homogénea
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Cuando se habla de la formación que los estudiantes españoles tienen en un idioma extranjero, inevitablemente se hace referencia a la relación de amor odio que existe entre la lengua de Shakespeare y el ciudadano medio español. Pese al auge que están experimentando idiomas como el chino, el árabe o la recuperación del francés como segundo idioma, la lengua inglesa es la niña bonita, y por el momento continúa siendo nuestra asignatura pendiente.


 


Sin embargo, la importancia de acreditar un buen nivel de idiomas empieza a calar entre la población, y las administraciones e instituciones educativas han encontrado en el fomento de este aprendizaje uno de los pilares sobre los que apoyar la mastodóntica reestructuración que ha supuesto la adaptación de la universidad española al Espacio Europeo de Enseñanza Superior.


 


Este tópico instalado en nuestro adn académico empieza a encontrar algunas vías de extinción a través de la implantación del Plan Bolonia en la Universidad española. No obstante, un nuevo muro entorpece el camino hacia una política lingüística acorde a un mundo globalizado, en el que la comunicación entre personas de diferentes países se hace más necesaria que nunca.


 


Determinar cuál es el nivel que los estudiantes españoles deben demostrar al acceder a un grado o al término de su formación, hoy por hoy, es materialmente imposible. Así lo pone de manifiesto el estudio La acreditación del nivel de lengua inglesa en las universidades españolas, realizado por los profesores de la Universidad de Alcalá de Henares, Ana Halbach y Alberto Lázaro, y por Javier Pérez, de la Universidad de Vigo, así como el British Council. El informe lleva a cabo un mapeo de la situación de la formación en lengua inglesa en España y de los diferentes requisitos que se solicitan al alumno para certificar su nivel de inglés. “Nos centramos en el inglés por ser el idioma predominante”, aclara Alberto Lázaro, uno de los autores.


 


La propuesta de estos profesores va dirigida a buscar “una coordinación y homogeneización que sea igual y se interprete del mismo modo en todas las universidades”, explica Lázaro. Tras la presentación del estudio, que tuvo lugar el pasado jueves, los representantes de las universidades ahí presentes se comprometieron a crear un grupo de trabajo en el que prime la transparencia. “Es muy importante ver qué hace el otro y que haya reciprocidad. Se deben acordar unas tablas de equivalencia para todos iguales. Se debe buscar la homogeneización en cuanto a la acreditación”, sentencia Lázaro.


 


Para Lázaro el futuro que se proyecta tras la presentación del estudio es optimista. “Detectado el problema –asegura- el Ministerio y la CRUE deben hacer sus propuestas”, y que de ahí se den los pasos previos para la creación de una mesa que trate la coordinación. Y como ejemplo, un botón. En la misma presentación del informe se discutía que en algunas universidades conceden el B1 por simplemente haber dado una clase en inglés. Otros centros, obligan a presentarse a una prueba.


 


El fomento del aprendizaje de este idioma se ha convertido en prioridad para el sistema de Enseñanza Superior. La consolidación del Plan Bolonia en el escenario universitario ha traído la presencia de nuevos grados impartidos, bien en su totalidad o de manera parcial, en inglés. Una vez establecido un plan de formación, el desbarajuste llega a la hora de encontrar un protocolo uniforme con el cual acreditar el nivel de inglés de aquellos que quieren acceder a dichos grados.


 


Como dijera el refranero español, cada maestrillo emplea su librillo, y la responsabilidad de implantar una política lingüística en un centro universitario dependen ora de la administración autonómica de turno, ora de la propia institución. Ambas instituciones se reparten la responsabilidad de impulsar una enseñanza acorde a los criterios establecidos por el marco europeo, y por ende, también asumen los criterios de evaluación del nivel que adquieren sus estudiantes.


 


Sin embargo, el baremo empleado difiere según la comunidad en la que se ubica el estudiante. En algunos casos sólo se siguen las directrices que establecen las órdenes ministeriales para titulaciones concretas, como ocurre con los planes de estudios de Maestro en Educación Infantil y Maestro en Educación Primaria, en los que se requiere el dominio de un idioma extranjero equivalente al nivel B1 del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas. 


 


El mismo requisito se exige también para el nuevo Máster en Formación del Profesorado de Secundaria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas, antiguo Certificado de Aptitud Pedagógica o CAP, que ha empezado a ofrecerse por primera vez en muchas universidades españolas. Por otro lado, en el ejercicio de la autonomía universitaria, algunas instituciones han establecido diferentes niveles de lengua extranjera para sus nuevas titulaciones o para la participación en programas internacionales de intercambio.


 


A falta de unos criterios unificados, el panorama universitario es como una colcha de patchwork, en la que cada comunidad es un tejido y requiere un trato diferenciado del resto. Habida cuenta de la necesidad de un análisis profundo sobre el terreno, el informe, presentado ante representantes del Ministerio de Educación y diferentes universidades de España, hace un recorrido por los requisitos que se solicitan al alumno dependiendo de la universidad a la que quiera acceder.


 


En algunos casos, como son los de la Universidad de Castilla-La Mancha, la de Alicante y la de Santiago de Compostela, los estudiantes han de acreditar un nivel B1 de una lengua extranjera para poder obtener su título, sea de la especialidad que sea. En realidad esta medida es lógica si se tiene en cuenta que el nivel con el que los estudiantes deben finalizar el Bachillerato es precisamente el B1. Tan sólo se está pidiendo que se mantenga el nivel con el que se debería haber accedido a los estudios universitarios. Otras universidades fijan el nivel mínimo en un B2 para todas sus titulaciones. Así ocurre, por ejemplo, en la Universidad de Cantabria y en la de las Islas Baleares.


 


Sigue…


Reto: lograr homogeneidad en acreditación de idiomas


 


Reto: lograr homogeneidad en acreditación de idiomas


 


Son muchas las universidades que todavía no han diseñado una política concreta y común en cuanto a la competencia lingüística de sus alumnos, y han dejado que cada facultad o centro, siguiendo las indicaciones de las comisiones elaboradoras de los nuevos planes de estudios, decida sobre la conveniencia o no de que exista un determinado número de asignaturas de inglés o un nivel de conocimiento concreto de esta lengua.


 


Esto provoca que el alumno deba sacar diferentes certificados dependiendo de sus inquietudes académicas, deba abonar tasas adicionales para acceder a una formación que imparte su centro de estudios o, en definitiva, que tenga que buscarse la vida para alcanzar el nivel exigido.


 


Por supuesto, si pasamos a hablar de los certificados oficiales tampoco se encuentran criterios homogéneos a la hora de aprobar tablas de equivalencias, tanto españolas como extranjeras, lo que hace que a estudiantes de diferentes universidades se les pida puntuaciones diferentes de un mismo examen oficial para acreditar el mismo nivel. Si a esto se añade que la acreditación de un nivel suele llevar consigo la convalidación de créditos trasversales o de formación complementaria correspondientes a una titulación, la injusticia que produce esta falta de homogeneidad se ve incrementada.


 


Tampoco parece muy correcto que no haya una igualdad de trato en cuanto a los periodos de validez de estos certificados oficiales. Mientras que en algunas universidades se aplican las especificaciones de cada diploma en cuestión, en otras no se regula este extremo, pudiéndose aceptar un certificado de inglés obtenido hace muchos años para acreditar un nivel B1 en el curso actual.


 


La solución a este problema es que universidad y administración se pongan manos a la obra. Al menos, el estudio ha servido para que los responsables sean conscientes de que tienen trabajo pendiente. Y para Lázaro, la creación de una Mesa de Política Lingüística en cada universidad se impone como algo necesario. “Además, debe haber un órgano a nivel nacional que permita que estén en coordinación todas las universidades españolas”.


 


Aunque la exposición y puesta sobre la mesa de la situación que se vive en España a este respecto al menos requiere ha servido, según Lázaro, para acordar un nivel de mínimos necesario. Es decir, que “el trabajo de coordinación podría ir dirigido a establecer unos requisitos que sean aceptados por todas la universidades”. Crear las tablas de equivalencias a lo largo de este curso también es un propósito asumible para Lázaro.


 


Este primer paso sería un gran avance que, además, no necesitaría de recursos económicos extras, pues uno de los lemas de la implantación de Bolonia hacía referencia a una conversión al sistema de grados con coste cero. Sin embargo, sí se necesitarán recursos para dotar a la universidad de un profesorado formado y con un nivel acreditado, programas de formación e infraestructura que los albergue.


 


Lázaro augura que para cuando el grado esté totalmente implantado tal vez sí sea necesario invertir en estos aspectos. “Cuando los estudiantes tengan que acreditar un nivel de idioma, lo ideal es que esa universidad que exige ese nivel permita formarte, te proporcione los medios para conseguirlo. Algunas lo están haciendo, otras te ofrecen unas clases, pero que tienes que pagar. En otras, no hay, y el alumno debe buscarse la vida, y para eso hace falta dinero”.


 


 


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Más información:


 


British Council


 


Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas


 


Universidad de Alcalá de Henares


 


Universidad de Vigo