Menu
¡Llama gratis! 900 831 816
Pedir información

Hitos y reivindicaciones en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora

La mujer avanza posiciones en el mundo laboral, aunque el camino hacia la igualdad es largo y todavía hay que derribar barreras y vencer estereotipos de épocas pasadas.

Publicado en Histórico Reportajes
Foto de Hitos y reivindicaciones en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora
Estudiantes-grado-INE

El primer modelo de maestra que hubo en España debe buscarse en los últimos años del siglo XVIII, en pleno reinado de Carlos III, quien tuvo a bien considerar que las niñas también debían recibir una educación, como ya la recibían los varones. Por lo cual, allá por el 1768, se establecen las normas a través de las cuales se crean las casas de enseñanza para niñas. Una tarea que será encomendada a mujeres, las llamadas maestras analfabetas.


 


Si los maestros debían, además de superar una prueba de doctrina cristiana y demostrar buena conducta moral, ser duchos en la escritura y lectura; para ser maestra, a las mujeres sólo se les pedía demostrar una buena reputación moral, conocimientos básicos de adoctrinamiento cristiano y, por ejemplo, saber coser. El rey ilustrado abría una pequeña ventana donde las mujeres sólo tenían que hacer en público lo que hacían en privado: enseñar a ser esposa y madre a sus pupilas. Una ventana que se convertiría en una gran puerta, pasado los años, para la emancipación laboral de las mujeres y que permitiría que el colectivo femenino pudieran incorporarse a un trabajo cualificado con el que conseguir una mayor autonomía económica y personal, tal y como explica Consuelo Flecha García en su libro ‘La vida de las maestras en España’.


 


Una profesión que desde entonces acaba en ‘a’ y que precisa para su desarrollo de un componente que ha acompañado a las mujeres en su largo e inacabado –todavía- camino hacia la igualdad: la vocación. Un elemento consustancial a todas las generaciones, que desde hace tres siglos, optaron por la educación como un medio y un modo de vida.


 


Concha Cortés recuerda cuando en verano su padre le mandaba tareas para que ocupara su tiempo libre. “Tal vez fue eso lo que me influyó”, recuerda. Hoy, a sus 60 años, está jubilada. Ha sido profesora de Física y Química, aunque también ha dado clases en la formación profesional, en distintas especialidades, siempre en la enseñanza pública.


 


Veinte años más tarde, el contacto con los niños sería determinante para que Laura Gutiérrez se dedicara a la enseñanza. Fue durante un campamento como monitora cuando cambió la idea de lo que sería su futuro. “Me encantó trabajar con aquellos niños y me sentí muy satisfecha cuando al final del campamento una madre me agradeció todo el trabajo realizado”, relata. Ahora estudia 2º curso de Educación Infantil en la Universidad Complutense de Madrid.


 


Todas coinciden en señalar que el gusto por la docencia fue determinante a la hora de elegir su profesión. Aunque en el caso de Rosario Romera, profesora titular del Departamento de Estadística en la Universidad Carlos III de Madrid y que obtuvo la acreditación de Catedrática en septiembre pasado, fue la atracción que sintió por la investigación –“esa segunda misión que tiene la universidad”- la que hizo decantar la balanza. “La posibilidad de conocer lo más novedoso en Ciencia, Matemáticas y Estadística y poder contribuir a ampliar ese conocimiento con aportaciones originales y creativas fue decisivo para dedicarme a la universidad”, afirma.


 


Una primera elección que no le terminó de convencer (había elegido Trabajo Social) hizo que Ángela Arreva, de 51 años, terminara ingresando en la escuela de Magisterio La Normal de Huesca. “Me quedé un poco colgada tras abandonar la carrera en el primer trimestre. Magisterio era una opción fácil para poder continuar con mi formación”, lo que unido al placer por los estudios humanísticos en general hizo que encarara su carrera para terminar siendo profesora de Historia y Geografía en el Instituto Cervantes, en el madrileño barrio de Lavapiés.


 


También es en Madrid donde trabaja, Ana G. Angulo, de 31 años. Desde hace 4 años imparte clases de medios informáticos aplicados al diseño gráfico, al diseño web y la fotografía digital en la Escuela de Arte número diez de la Comunidad de Madrid. Tras licenciarse en Bellas Artes, realizó el curso de adaptación pedagógica como una salida profesional más. Finalmente, la docencia, en este caso también superior, le ha resultaba más enriquecedor que trabajar como diseñadora: “No sólo tienes que aprender cosas nuevas que enseñar; los alumnos cada año son diferentes y ellos también te enseñan cosas a ti”. 


 


La experiencia de cada una tiene tintes comunes, y aunque pequeñas diferencias van surgiendo según nos movemos en una franja de edad u otra, resulta sorprendente que en el camino iniciado para la consecución de la igualdad de oportunidades, todavía hay que derribar barreras y vencer estereotipos de épocas pasadas.


 



 


 


Dificultades al incorporarse al mundo laboral


Líderes desde la Antigua Grecia



Dificultades al incorporarse al mundo laboral


 


No hay duda que la mujer ha  avanzado en las últimas décadas posiciones importantes en la incorporación al mundo laboral. Concretamente, en la educación universitaria, el porcentaje de mujeres que engrosan el profesorado de las universidades públicas alcanza un 35,78%, casi cinco puntos más que en el año 1993, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Sin embargo, a la catedrática Rosario Romera le preocupa que en los puestos de dirección no haya más mujeres, “lo que implica que las decisiones relevantes las siguen tomando varones, sin tomar en cuenta el punto de vista de las mujeres”: las rectoras que hay en España tan sólo representan el 2% del total.


 


Las razones de la ausencia de féminas en puestos directivos o de responsabilidad son diferentes. Pese a que las medidas en forma de becas y subvenciones que instituciones publicas y privadas ponen en marcha resultan ser un instrumento muy útil, “no dejan de ser elementos puntuales que son válidos para un número muy reducido de mujeres”, explica Esther Muñoz, responsable estatal de Mujer de la Federación de Enseñanza de CC.OO. En su opinión, las medidas realmente efectivas son aquellas que se realizan de forma generalizada para permitir el acceso a los puestos directivos a mujeres y hombres en igualdad de oportunidades y que establecen medidas de acción positiva, durante un tiempo, para permitir corregir las discriminaciones que puedan existir.


 


Al ser preguntadas por cuál creen ellas que es la razón de que haya pocas mujeres en puestos de responsabilidad, las respuestas de todas las entrevistadas apuntan hacia una misma dirección: los años que ocupan en su desarrollo como madre. Si bien hasta los estudios de doctorado el porcentaje de hombres y mujeres es equiparable, es cuando las mujeres llegan a los 30 el momento en el que se genera la brecha. Una fractura que indica que aún cuando las mujeres llegan a puestos directivos, por una razón o por otra, terminan siendo los hombres quienes ocupan estos cargos, tal y como cuenta la profesora Ana G. Angulo que sucede en su escuela, donde ha habido mujeres en puestos directivos pero por circunstancias familiares, finalmente, el cargo ha sido ocupado por un compañero varón.


 


Rosario señala que, también en la enseñanza universitaria se visualiza claramente el llamado techo de cristal, barreras invisibles que impiden a la mujer alcanzar sus metas en el ámbito laboral, y asegura que si no se implementan medidas que descuenten los años ocupados en maternidad a la hora de evaluar su currículum y/o dar ventajas a las mujeres que recién se incorporan tras una maternidad, “será muy difícil igualar el trabajo en un ambiente tan competitivo como es el mundo académico”.


 


En esa etapa de la maternidad, las mujeres, hoy, cuentan con la ayuda de su pareja o la de los abuelos, como asegura Laura (estudiante de la Complutense) que les sucede a algunas compañeras que durante su carrera universitaria se han quedado embarazadas. Algo que no difiere mucho de lo que sucedía en los tiempos en los que Concha fue madre. Por lo que, si las mujeres que se quedan embarazadas hoy recurren a los mismos mecanismos que aquellas que fueron madres hace 30 ó 40 años, ¿en que se ha traducido la aplicación de la Ley para la Conciliación laboral y familiar? La mujer trabajadora sigue realizando la mayoría de las tareas del hogar tras finalizar su jornada laboral remunerada.


 


Según Ángela (51 años), la mujer sigue encargándose de las tareas del hogar y el hombre, si hace algo, es sólo ayuda. No hay que sembrar las dudas en este aspecto, pues en comparación con aquellas mujeres que comenzaron a ir a la escuela en tiempos de Carlos III se ha avanzado mucho; pero sí se deben reconocer abiertamente los problemas. Para Rosario, la clave de que exista un coladero por donde se escapa el reparto de las tareas del hogar por igual es que “la conciliación apuntó a la mujer como protagonista de la misma, acentuando el rol de madre/trabajadora -algo ya obsoleto-” y olvidando el concepto realmente clave: la corresponsabilidad.  Por lo tanto parece que no es un cambio de legislación lo prioritario para romper estereotipos y roles anticuados. Ana, quien todavía no tiene hijos, por lo que no le urge conciliar, ve positivo que existan instrumentos legales que lo faciliten, pero piensa que sería “más necesario un cambio de mentalidad social que legal”.


 


Es necesario, pues, conocer en detalle cómo influyen en el avance hacia la igualdad los instrumentos legales disponibles, pues en algunas ocasiones dichos mecanismos suponen un lastre para conseguir el objetivo. Por eso Esther Muñoz, de FE-CCOO, cuestiona algunos artículos de otra ley, la de Dependencia, que en lugar de favorecer la creación de puestos de trabajo de calidad, favorecen, con mínimas subvenciones, el abandono, fundamentalmente de las mujeres, del trabajo asalariado para realizar tareas de cuidado en condiciones precarias. Resulta paradójico, cuanto menos, que algunas políticas de protección social, en lugar de favorecer la incorporación de las mujeres al empleo de calidad, potencien la permanencia de las mujeres en el hogar.


 


Llegados a este punto, el debate de la conciliación de la vida laboral y familiar se reconduce irremediablemente al de las diferencias salariales entre hombres y mujeres: la mujer debe encargarse de las tareas del hogar y debe reducir el tiempo dedicado al trabajo remunerado. Graciella Chichilnisky, de la Universidad de Columbia, y Elisabeth Hermann Frederiksen, miembro de la Unidad de Investigaciones sobre Política Económica (EPRU) de la Universidad de Copenhague, exponen en su Análisis del desnivel salarial entre hombres y mujeres con un modelo de equilibrio, publicado en la Revista Internacional del Trabajo, como cuando las mujeres comenzaron a incorporarse al mercado laboral, la disparidad que había entre salarios se equiparó, dejando abierta una brecha que, con el paso de los años, ha permanecido vigente hasta la actualidad: las mujeres de los países pertenecientes a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) siguen cobrando el 85% del salario de sus compañeros varones. Paradójicamente, al mismo tiempo que se ha mantenido este desnivel, las tareas domésticas se han seguido repartiendo de forma muy convencional.


 


Tal y como comprueban las sociólogas Shannon Davis, Theodore Greenstein y Jennifer Gerteisen Marks en un estudio realizado en 28 países, en todos ellos sin excepción las mujeres dedican más tiempo a las tareas del hogar que los hombres. Según este estudio, las mujeres realizan de dos a tres veces más labor doméstica que los hombres en las sociedades modernas y pasan menos tiempo en su trabajo remunerado que los hombres. Con lo cual se perpetúa el desnivel salarial del que se habló antes. Ninguna de las mujeres con las que se ha contactado ha sufrido este tipo de discriminación; todas ocupan un cargo en la Administración pública, donde la equiparación salarial entre hombres y mujeres es algo vigente desde hace tiempo, pero reconocen la existencia y la gravedad del problema.


 


Líderes desde la Antigua Grecia


 


“Permaneceré intocable en mi casa / Con mi más sutil seda azafranada / Y haré que me desee / No me entregaré /  Y si él me obliga / Seré tan fría como el hielo y no le moveré”. Estos versos, extraídos de la obra de teatro más famosa de Aristófanes, componen el juramento inicial que Lisístrata y las demás mujeres de Atenas, Esparta y otras polis griegas entonaron en una conjura a favor de la paz.


 


Cansada de las guerras, Lisístrata convenció al resto de mujeres para que se negaran a copular con sus maridos hasta que estos firmaran un acuerdo de paz.  Consumidos por la falta de sexo, los guerreros deciden dejar de luchar. Y así fue como nació lo que se podría llamar el primer movimiento feminista de la humanidad, hace nada menos que 26 siglos.


 


Esta capacidad de liderazgo y concordia también se pone de manifiesto cuando las mujeres que se dedican a la docencia tienen que afrontar problemas de integración de inmigrantes, de desigualdad entre géneros, violencia en las aulas o de acoso, como el bullying.


 


Ángela percibe una falta de formación entre el profesorado en estos aspectos. La preparación del profesorado, tanto inicial como permanente, resulta clave para la educación en igualdad. Es por esto que Esther Muñoz considera imprescindible asegurar que esa formación alcance a todo el cuerpo docente, porque “sólo si todo el profesorado educa en igualdad podremos ver en el futuro un cambio general en el alumnado”. Mientras, en los colegios, los departamentos de Orientación y Psicología, ayuda a solucionar aquellos conflictos que puedan surgir tanto en el colegio como en el ámbito familiar del alumno: “Se suele recurrir a ellos cuando nos encontramos ante un caso, por ejemplo, de absentismo reiterado y no justificado; has hablado con el alumno, has avisado en casa, etc”, explica Ángela que sucede en el Instituto Cervantes. Desde su posición como futura educadora, Laura apunta hacia una cooperación entre padres y profesores como un método imprescindible para avanzar de modo firme en la educación del menor: “Lo que construyes en la escuela se puede destruir en casa en segundos”.


 


Los testimonios de estas cinco mujeres son una radiografía de cómo la profesión de maestra ha cambiado a lo largo de los últimos 40 años. Desde que al rey que inspiró la Puerta de Alcalá se le ocurriera que también se debía educar a las mujeres, los avances en materia de igualdad de oportunidades para hombres y mujeres han sido inimaginables, aunque siempre han adolecido de cierta lentitud, propia de las luchas por el logro de los derechos humanos. El próximo día 8 de marzo llega, un año más, para recordar que la lucha por el logro de la total igualdad no debe cesar.


 


 


*  *  *  *