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“Hijos, me apunto a la universidad”

Llevan poco más de diez años en nuestro país pero ya se han consolidado como una fórmula idónea para mantenerse activos y actualizados una vez cumplidos los 50. Los Programas Universitarios para Mayores se imparten en casi todas las universidades esp

Publicado en Histórico Reportajes
Foto de “Hijos, me apunto a la universidad”
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La experiencia es la madre de todas las ciencias. Por eso cuando uno ha participado medio siglo en la vida, puede decir bien alto que tiene ciencia para rato. Con otras palabras decía Leonardo da Vinci que la sabiduría es hija de la experiencia, pero no es sino otra forma de expresar que el saber se va ganando con los años.


 



Alcanzar los 50 años supone por tanto llegar a un nivel de madurez difícil de lograr en etapas anteriores: los primeros pasos, la escuela, los amigos, los estudios, la pareja, el trabajo, la familia, los problemas, la casa, los enemigos, las exigencias, los compañeros, los hijos, la responsabilidad… Y muchas veces la falta de tiempo para dedicarse a uno mismo.


 


Pero da la impresión de que al llevar cinco décadas cumpliendo años, sueños y metas, el ego se vuelve un poco más receloso y es cuando se ponen en marcha quehaceres a los que antaño no pudieron dedicarse tiempo. Tiempo para viajar, para leer, para alejarse de la ciudad, para cuidar el cuerpo, para recordar, para emprender y, cómo no, para aprender cosas nuevas.


 


Muchos buscan formarse y actualizarse a la realidad del momento donde la tecnología gobierna todos los ámbitos desde la sanidad a la arquitectura, pasando por la economía, el empleo, la comunicación, la sociedad y hasta nuestra propia casa.


 


De esos “muchos” los hay que le echan valor para entrar como alumnos en la universidad. Cada año se atreven cerca de 25.000 personas que ya han cumplido los 50 y que desean conocer más de los avances en diferentes disciplinas, así como refrescar conocimientos que aprendieron hace años. Los resultados, dicen ellos, son muy buenos. No sólo por esa adquisición de conocimientos -pequeña porción en su conjunto de sabiduría- sino porque logran un reto, el de estudiar en la universidad, y se les abre ante sí un mundo lleno de oportunidades.


 


Alumnos de larga trayectoria


 


Si echamos la vista atrás unos cuantos años, comprobamos las dificultades de estudiar en la universidad que existían allá por la década de los años 50 y 60. De hecho, los datos del Instituto Nacional de Estadística nos recuerdan que cuatro de cada diez españoles mayores de 60 años no han alcanzado niveles superiores en su educación. Por eso la mayoría de los alumnos que eligen ahora continuar con sus estudios, lo hacen porque en su día no tuvieron ni los recursos ni las facilidades para estudiar en la universidad y han tenido que ser autodidactas más de la mitad del tiempo de lo que llevan de vida.


 


Los orígenes de los programas universitarios para mayores hay que buscarlos en Francia, concretamente en Toulouse que albergó a mediados de los 70 la primera Universidad para Mayores. Se abrió entonces un amplio marco en los centros de educación superior para impartir formación a la población adulta. Ese sería el preámbulo de una larga lista de universidades que se unirían a este proyecto.


 


Concepción Bru, presidenta de la Asociación Estatal de Programas Universitarios para Mayores (AEPUM) nos posiciona en el inicio de estos estudios. “Eran programas basados en conferencias, charlas y actividades de entretenimiento cultural dirigidas a un público que accedía por primera vez a estudios de grado medio o superior”, relata. Pero a mediados de los años 90 “surgió la necesidad de coordinar iniciativas y se estableció la celebración de encuentros de carácter nacional para abordar problemas comunes y compartir experiencias”. Fue entonces cuando “se puso en funcionamiento en España un destacado número de Programas Universitarios para Personas Mayores (PUPMs)”.


 


Como motivos para la puesta en marcha de estos programas, la presidenta de AEPUM cita las exigencias sociales, es decir, el acceso a los estudios de personas que no los pudieron realizar en otra época y en especial las mujeres; la necesidad de adaptación de la  ciudadanía mayor a los cambios tecnológicos, sociales y culturales del siglo XXI; el desarrollo personal de los mayores; los cambios demográficos, esto es, una sociedad longeva que requiere de oferta para su tiempo libre y de ocio; y la necesidad de responder a los cambios estructurales en los que existe una buena masa de prejubilados muy jóvenes (50 ó 55 años) que quieren seguir activos intelectualmente.


 


Hoy, en España la práctica totalidad de nuestras universidades públicas y privadas dispone de un programa específico para personas con más de 50 años. Están experimentando, además, “una creciente demanda y aceptación”, explica la presidenta de AEPUM. Aunque en su opinión “se ha notado una evolución en el tipo de alumnado que se incorpora a estos programas en la última década y que ha ido creciendo en porcentaje de titulados”. Incluso cita como alumnos a “profesores y catedráticos a los que interesa profundizar, conocer otras disciplinas o áreas del saber a las que no han dedicado suficiente tiempo en su vida profesional”.


 


Como norma general, el mayor número de estudiantes se concentra entre los 55 y 64 años, con niveles de estudios superiores a los de la población mayor española, con un 52% de diplomados y licenciados entre el personal que accede a los cursos, aunque sólo una minoría compatibiliza estos estudios universitarios con un empleo. En conjunto, expone Bru que “la mayoría lo hace por seguir formándose y no quedar excluidos de una sociedad que avanza a grandes pasos en el ámbito tecnológico, económico y cultural”.


 



Sigue…


Contenidos de los Programas Universitarios para Mayores


Requisitos y precio


Y al terminar… ¿qué?


 

Pienso, luego existo


 


¿Qué se estudia realmente en estos programas? Aunque cada universidad dispone de su propia oferta de materias, la mayoría cubren las áreas de Humanidades y Ciencias Sociales, Ciencias Sociales y Jurídicas, Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente, Ciencias Biosanitarias y Ciencias Tecnológicas. Entre las asignaturas troncales, se encuentran Historia de España, Literatura, Arte, Salud, Antropología, Economía, Psicología, Geografía, Informática y Derecho, entre otras.


 


Además de las materias comunes en todos los programas universitarios para mayores, hay algunas disciplinas menos habituales como es el caso de la asignatura de Inglés para Viajar que imparte la Universidad de la Experiencia en Logroño (La Rioja); el taller de Musicoterapia que ofrece la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria; los talleres de Redacción y Seguridad Vial que se pueden realizar en la Universidad de la Experiencia de Zaragoza; o el curso de Voluntariado que posee la UNED Senior en su sede de A Coruña.


 


Neus Vila, coordinadora hasta el pasado mes de julio del Programa Senior que ofrece la Universidad de Lleida, explica que “como el plan se organiza en asignaturas obligatorias y optativas, pueden incluso diseñarse su propio perfil de estudios, más centrado en Humanidades y Ciencias Sociales o más enfocado hacia Ciencias Experimentales y Medicina”. Según nos cuenta, “algunas de las asignaturas que atraen mayor número de alumnos en nuestro programa son Educación emocional, Historia de Cataluña, Biología y Sociedad, Nutrición y Dietética o Ecología”. Por su parte, Concepción Bru apunta que “las asignaturas experimentales ganan cada día más terreno siendo las nuevas tecnologías las que han alcanzado una rápida progresión en estos últimos años”.


 


Pero precisamente por la falta de formación en nuevas tecnologías entre las personas mayores es por lo que cuesta un gran trabajo que las universidades ofrezcan los programas en formato online o a distancia. “A la brecha tecnológica, que aún hay que superar entre este colectivo, se añade que los alumnos prefieren la formación presencial”, apunta Bru. Por su parte, Neus Vila también coincide en afirmar que lo importante de los PUPMs es “el hecho de ir a clases, encontrarse con otras personas en su misma situación, tratar cara a cara con el profesorado e incluso con alumnos jóvenes”. Por eso, es importante “combinar las TIC con el carácter presencial en estos estudios, pero no que aquéllas sustituyan a ésta”, expone Vila.


 


Con respecto al profesorado, son en su mayoría profesores de la universidad, titulares y catedráticos, más algunos asociados”, asegura Vila, pero “siempre titulados en los ámbitos que imparten”. Además, en la mayoría de los casos los docentes prefieren la evaluación continua, de forma que no suele establecerse un examen final único “sino pruebas, prácticas y trabajos a lo largo del curso a partir de los cuales se configura la nota final de cada alumno”. Y viceversa. Los alumnos también evalúan continuamente a sus profesores aunque sea de otra forma. “La continua exigencia del colectivo senior hacia los docentes universitarios (atención en clase, preguntas, debates, tutorías…) hace que éstos a su vez se esfuercen más en satisfacer este tipo de demanda formativa”, explica Bru.


 


Además de las clases lectivas, se ofrecen otras actividades complementarias como prácticas, talleres y excursiones. Cada profesor “planifica su docencia en función de estos elementos, lo cual hace que la formación sea muy dinámica”. En concreto, la Universidad de Lleida ofrece créditos de libre elección “que los estudiantes senior comparten con el resto de alumnos”, asegura Vila, “y participan de todas las actividades culturales y académicas que ofrece la universidad”.


 


Tampoco los mayores quedan al margen del Espacio Europeo de Educación Superior. Tanto Concepción Bru como Neus Vila consideran que el Plan Bolonia no dejará indiferente a estos estudiantes de más de 50. “Los PUPMs en algunas universidades se están organizando como títulos propios que siguen los mismos criterios y normas que los nuevos grados”, explica Bru. Es el caso de la Universidad de Lleida, en el que se constituye como título propio y se encuentra “programado según el modelo de Bolonia, con créditos ECTS”, afirma Vila, lo que hace que estos estudios “puedan llegar a convertirse en la puerta de entrada a otras titulaciones superiores”, aunque por el momento “se está trabajando para que estos sea posible”.


 


Para acceder a estos programas basta con haber cumplido una edad y tener ganas de aprender. “El requisito de acceso más común es la edad”, comenta Concepción Bru, que especifica que en algunos programas la edad mínima es de 50 años, en otros 55 e incluso los hay para mayores de 60 años. Asimismo, el 15% de las Universidades para Mayores exige “estar jubilado o no desempeñar ningún trabajo remunerado”, el 11% “tener un nivel de estudios previo (siempre muy básicos)”, y otros 16% exige “realizar una prueba de acceso”.


 


El precio varía en función de la universidad y comunidad autónoma. Neus Vila concreta que “el importe de matrícula es importante, pero éste nunca está por encima de lo que se establece para el precio del crédito de estudios oficiales”. Y nos habla del caso de la Universidad de Lleida, en la que “en el curso 2010-2011 para el primer ciclo (4 cursos) cada crédito cuesta 12 euros y para el segundo ciclo (2 cursos más), 18 euros; los estudiantes pueden matricularse como mínimo de tres asignaturas y como máximo de diez por año, lo que representa un mínimo de 108 euros y un máximo de 378 euros”. No obstante, los precios más asequibles los encontramos en Canarias (menos de 70 euros) y los más caros en universidades privadas de Madrid (hasta 1.450 euros).


 


Un futuro de largo alcance


 


Al terminar el curso… ¿a qué dedican el tiempo libre los estudiantes senior? Para Neus Vila, “ya no piensan en que se ha acabado su vida ocupada, sino que ésta ya no va a acabar nunca”. Y nos cuenta que muchos le transmiten su deseo de seguir en la universidad mientras su salud se lo permita, “lo cual nos obliga a los gestores universitarios a pensar en propuestas de continuación de estudios y actividades específicas para ellos”.


 


Desde su experiencia, Concepción Bru explica que “cada vez se afianza más la asistencia a cursos de verano en los que participan igual que los alumnos de otras carreras universitarias”. Asimismo, se organizan desde las asociación de alumnos actividades como viajes de fin de curso y de estudios, o grupos de intercambio con otros centros nacionales y extranjeros que suele ser en los meses de junio y julio, porque en agosto “suelen estar en casa con sus familias y disfrutando de las ofertas lúdicas y culturales que ofrecen las ciudades y municipios donde residen”.


 


Tampoco descartan seguir estudiando, de tal forma que “se enganchan a carreras universitarias, realizan investigaciones o cursos de especialización”. Con ese interés por bandera de no estancarse, en muchos casos desarrollan proyectos y acciones de voluntariado o se involucran en acciones de su entorno social.


 


Y es que, tal y como piensa Concepción Bru, “hay que desmitificar el concepto de que ‘eso es algo imposible a mi edad’, pues no hay límite de edad para la curiosidad y el conocimiento”. Por su parte, Neus Vila sentencia que “aprender por aprender es lo más sincero y saludable que hay; quizás cueste un pequeño esfuerzo, pero eso es lo que muchas personas también quieren sentir: vencer nuevos retos en su vida”.


 


Junio de 2011 es la fecha para el IV Congreso Iberoamericano de Universidades para todas las Edades que se celebrará en España. Una ocasión idónea para debatir sobre las exigencias formativas de los mayores y proponer nuevas fórmulas en base a estas necesidades, ya que participarán todas las universidades españoles que ofertan Programas Universitarios para Mayores y los centros universitarios que también desarrollan esta actividad en Iberoamérica.


 


 


Consultar todos los programas para mayores


que ofrecen las universidades españolas para el curso 2010-2011


 


 


 


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Más información:


 


Asociación Estatal de Programas Universitarios para Personas Mayores


 


Programa Universitario para Mayores en la Universidad de Lleida