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Guía para estudiantes tramposos

Hay mil razones para no copiar en un examen, pero cuando el tiempo se agota y las horas de estudio no han dado los resultados esperados, muchos estudiantes ven una sola vía: copiar. A pesar de los esfuerzos que hacen los profesores para evitarlo,

Publicado en Histórico Reportajes
Foto de Guía para estudiantes tramposos
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Los hay más o menos diestros, e incluso auténticos maestros del engaño capaces de sacar una chuleta ante los mismos ojos del examinador y salir airosos. En el lado opuesto del ‘ring’ se encuentran los centros y los docentes, quienes tienen que desplegar en cada examen todo su talento para evitar que los alumnos copien utilizando técnicas tan dispares como hacer distintos tipos de examen, usar hojas de diferentes colores o marcadas con alguna señal característica, no dejar entrar a los alumnos en el aula hasta el momento del examen, interrumpir el examen a la mitad y hacer escribir una frase, y muchas más.


 


En algunos países, como China o Taiwán, hacer trampas en los exámenes es una práctica tan extendida que han optado por tomar medidas drásticas y acusar de un delito criminal a los estudiantes que copien. Aún así, el año pasado unos 18.000 estudiantes que se presentaron a un examen para conseguir el título de profesor en Hong Kong se quejaron de que muchos candidatos habían copiado casi la totalidad del examen de la web, a través de sus teléfonos móviles.


 


Para evitar esta práctica, en Estados Unidos las universidades han comenzado a desconectar durante los exámenes la conexión inalámbrica. Una medida más que recomendable si tenemos en cuenta los datos de un estudio realizado a casi 62.000 estudiantes de licenciatura de 96 universidades, de los cuales, dos tercios admitieron haber copiado alguna vez en un examen.


 


En nuestro país las instituciones académicas cada vez se inclinan más a adoptar este tipo de medidas. Por ejemplo, en la convocatoria de junio de los exámenes de Selectividad, la Universidad de Castilla-La Mancha ha instalado por primera vez inhibidores de frecuencias y localizadores de 'blootooth'. Los alumnos que se han examinado en Zaragoza, Alicante  o Valencia, entre otros, no han podido tener sus móviles conectados, ni llevar a los exámenes PDA o MP3. Sólo se permite que lleven calculadoras, eso sí, sin memoria alfanumérica.


 


En el Reino Unido un cuarto de los estudiantes utilizan sus teléfonos móviles para copiar, según las cifras publicadas por la Qualifications and Currículo Agency (QCA). Para solucionar este problema, la QCA ha propuesto realizar los exámenes en aulas aisladas por metal, creando así una caja de Faraday, con el objetivo de bloquear las señales de los móviles.


 


Más sorprendentes todavía son los resultados de un estudio realizado por la Academy of Management Learning and Education entre 5.300 estudiantes de Estados Unidos y Canadá. Éstos revelaron un alarmante incremento de los estudiantes de postgrado que recurren a estas técnicas para superar los exámenes, especialmente los alumnos de económicas, quienes ostentan el primer puesto en este singular ranking de tramposos.


 


Muchos de los estudiantes entrevistados en el estudio consideran que hacer trampa, como copiar en los exámenes o plagiar textos ajenos, es una práctica aceptada en el mundo de los negocios. Por eso no es de extrañar que más de la mitad de los candidatos a un MBA admitan haber copiado al menos una vez durante el curso pasado. 


 


Para los autores del estudio, la solución pasa por concienciar a los estudiantes de la importancia de seguir códigos éticos de conducta desde la universidad y conseguir que los sigan aplicando durante el resto de su vida laboral. Precisamente este es el objetivo del código de honor creado por los estudiantes de Eli Broad Graduate School of Management (Michigan State University). Los autores pretenden que este trabajo sirva de referente para todos los estudiantes y profesionales del sector. Es por eso que el código refleja las infracciones que se deben evitar tanto a nivel académico como profesional, como por ejemplo, el plagio, falsear datos en el currículum, el uso incorrecto de la propiedad, etc.


 


Copiar o no copiar, esa es la cuestión


 


La chuleta reduce la ansiedad en el momento previo al examen, porque le da al alumno seguridad en sí mismo, aunque produce el efecto contrario en el momento de copiar al provocar ansiedad y estrés por miedo a ser descubierto. Esta es la conclusión del estudio realizado por el profesor de Psicología de la Universidad CEU San Pablo, Dr. Fernando Miralles Muñoz. Cíclicamente, con los exámenes de junio y septiembre, las clínicas de Psicología se llenan de estudiantes universitarios y opositores con cuadros de ansiedad. La ansiedad es una reacción ante las expectativas creadas y como reacción a la incertidumbre”, explica Miralles.


 


Para poder hacer frente a la ansiedad y al estrés derivado de la época de exámenes, este especialista en Psicología Clínica recomienda que, “antes de la época de los exámenes, el alumno debe utilizar técnicas efectivas de estudio empleando la memoria visual y reglas nemotécnicas. Es fundamental tener un lugar adaptado para el estudio, así como acostumbrarse a llevar una agenda organizada que permita repasos. También es importante practicar técnicas de relajación y respiraciones abdominales”.


 


Es necesario recibir el apoyo de los padres y profesores, y tratar de dormir las horas necesarias los días previos al examen. Hay que tener en cuenta que las comidas copiosas y las bebidas y fármacos excitantes no son nada recomendables. Repasar los contenidos del examen varias veces al día sirve, también, para reducir la ansiedad, explica Miralles.


 


El día del examen, “el alumno debe levantarse con tiempo para ir sin prisas. Comentar antes del examen los temas con los compañeros sólo vale para ponernos más nerviosos. A la hora de comenzar el examen, el alumno tiene que empezar por las preguntas que más domine y controlar bien el tiempo que resta de examen para poner todo lo más importante que se sepa. Si el alumno se pone nervioso, tiene que poner en práctica las técnicas de relajación y sobre todo las respiraciones abdominales”, añade.


 


Según las estadísticas presentadas por Fernando Miralles, “entre el 15% y el 25% de los alumnos presentan cuadros de ansiedad ante los exámenes”. Como ejemplo de la importancia que tiene este efecto en los jóvenes, Miralles hizo referencia al dato que muestra que sólo en el mes de mayo del año pasado diez alumnos se suicidaron en China debido a la presión a la que se vieron sometidos durante los exámenes.

Viejas y nuevas técnicas para copiar


 


Por mucho que pasen los años, las viejas técnicas de copiar siguen vigentes entre los estudiantes. Los métodos más tradicionales, como mirar las respuestas del compañero que se sienta al lado, escribir fórmulas en la tapa de la calculadora, grabar lo más importante en los laterales del boli Bic o apuntarse fechas en la mesa, siguen triunfando hoy en día. Es difícil que sean descubiertos, a no ser que el profesor preste mucha atención, pero no permiten ‘guardar’ demasiada información. Son más bien un refuerzo para aquellos que, aunque han estudiado, no consiguen memorizar algún concepto o fórmula.


 


Otros estudiantes, sin embargo, necesitan sistemas que permiten disponer de mucha más información. Hay quien directamente saca los apuntes y los pone debajo de la hoja de examen, otros se molestan en fotocopiar a escala muy reducida los apuntes de clase o algún que otro libro, pero la mayoría prefiere el uso de las nuevas tecnologías, mucho más discretas.


 


Los móviles son la alternativa más extendida, bien mediante mensajes de texto o usando la conexión a Internet. Los ‘pinganillos’ son otra opción muy de moda últimamente. El estudiante ‘sólo’ necesita esconder un micrófono y un dispositivo receptor de señales para comunicarse con su compinche en el exterior, que le pase las respuestas. Un sistema parecido es el uso de los reproductores de MP3, que permiten a los estudiantes grabar las lecciones en diferentes pistas y poder escucharlas durante el examen. Su ventaja es que no se necesita la intervención de ninguna otra persona, pero su problema es que los cables de los auriculares son difíciles de esconder.


 


Cuando el alumno no es consciente de que hace trampas


 


Aunque parezca difícil de creer, en muchas ocasiones los estudiantes no tienen claro qué es copiar y qué no. Evidentemente, todos saben que sacar una chuleta está prohibido, pero otras situaciones, como ‘chivar’ a un compañero la respuesta de un examen o copiar textos de Internet, no son vistas por la gran mayoría de los alumnos como acciones reprobables.


 


En 2004, Michael Gunn, un estudiante inglés de 21 años, demandó a la Universidad de Kent por haberle expulsado por plagio. El estudiante admitió haber usado material bajado de Internet para completar sus trabajos, el problema es que, según explicó a The Times,  “nunca creí que esto fuera un problema”.


 


Gunn opina que la Universidad debería haberle alertado antes de las consecuencias de plagiar textos. “Si ellos me hubieran expulsado al principio, con el primer trabajo, y me hubieran avisado de los problemas y consecuencias, esto hubiera sido más que suficiente”. 


 


Pero el de Gunn no es un caso aislado. Según un análisis de los ensayos realizados por los estudiantes de primer curso de la London South Bank University, comparándolos con millones de páginas web, el 90% copia los trabajos de sus compañeros de clase o de Internet. Es más, un 20% presentó trabajos de los cuales más del 50% era plagiado.


 


Para evitar este comportamiento, cada vez más extendido, el Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO) patrocinó durante el Salón Monográfico de la Educación, la Formación y el Empleo Docentia, celebrado en Vigo el pasado mes de abril, una conferencia titulada ‘El copiar y pegar se va a acabar’. La jornada trató de concienciar a los profesores y profesionales de la educación sobre la importancia de enseñar a los estudiantes a realizar trabajos escolares y académicos que sean respetuosos con los derechos de autor.


 


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