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Formarse en Prevención: apuesta segura

Para que la prevención definitivamente funcione en nuestro país debe ir más allá de las empresas. Es un proceso educativo que ha de iniciarse desde el mismo momento que un niño se incorpora al colegio y continuar en las diferentes etapas educativas.

Publicado en Histórico Reportajes
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¿Qué falla en el sistema productivo de nuestro país que nos hace batir todos los records europeos en accidentalidad laboral? Baste decir que, según las cifras presentadas por el Ministerio de Trabajo español, en el año 2002 un total de 1.104 personas perdieron la vida en accidentes laborales, lo cual, ha supuesto, para mayor desgracia, un incremento del 8,1% con respecto al año anterior, la peor cifra desde la entrada en vigor de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales a finales de 1995. También es cierto que ahora trabajan más personas que nunca, que el número de accidentes laborales con baja han disminuido un 1% (948.896) y que los más graves también lo hayan hecho en un 2,3% (11.721), pero eso no quita que en todos los tipos de accidentalidad en el trabajo sigamos registrando las cifras más elevadas de entre los 15 países de la Unión Europea. Son mediciones de fuentes fidedignas y dicen que cerca del 20% de los accidentes mortales ocurren en España.


Y esto lo corrobora la Asociación Nacional de Entidades Preventivas Acreditadas (ANEPA) que ha obtenido datos similares en su última medición -los accidentes laborales aumentaron el año pasado un 9%- y que además llama la atención sobre el preocupante aumento en la construcción (14,5%) y en el sector servicios (17%). En efecto, la construcción, pero además, el transporte y la industria son las actividades con mayor accidentalidad laboral, los trabajadores temporales, de primer trabajo y los autónomo son los más expuestos a los accidentes, especialmente si éstos aún no han cumplido los 30 años y sobretodo si hablamos de los más graves. Pero que esto sea lo más habitual, no impide que todos los trabajadores estén de algún modo expuestos a riesgos en su puesto de trabajo. Precisamente, CCOO se quejaba hace unos meses de que los accidentes laborales son sólo la punta del iceberg de unas condiciones de trabajo que están provocando de manera creciente otro tipo de enfermedades. En este sentido, según sus datos, el 48% de la población trabajadora sufre alteraciones musculoesqueléticas y un 47% padece alteraciones psíquicas. De hecho, el estrés laboral es la enfermedad ocupacional más representativa de la actualidad que provoca en muchos trabajadores graves problemas psicológicos, fisiológicos o de comportamiento, y que las empresas sufren en la forma de absentismo, baja productividad y en la ineficaz organización del trabajo, incluso también viendo incrementado sus índices de accidentes.


Y lo paradójico es que esto ocurre a pesar de que se ha mantenido en los últimos años un crecimiento continuado de nuevas empresas acreditadas como servicios de prevención ajenos, al tiempo que las Mutuas de Accidentes han incrementado su actividad preventiva. Y eso que, además, nuestra legislación en esta materia cumple plenamente con los estándares europeos, incluso puede considerarse más ambiciosa que la de otros países de nuestra área.


Un modelo con escasos resultados


Tampoco podemos decir que desde instancias oficiales no se hayan hecho esfuerzos importantes para la mejora de la seguridad en las empresas. Con el ingreso en la Comunidad Económica Europea nuestro gobierno empezó a preocuparse por la prevención de riesgos derivados del trabajo, en un intento por armonizar nuestra política con la naciente política comunitaria. Para entonces buena parte de las empresas ya eran conscientes del alto coste que les supone la siniestralidad laboral y sus consecuencias en la calidad de productos y servicios. Pero no fue hasta la aprobación y posterior publicación de la Ley 31/95 de Prevención de Riesgos Laborales el 8 de noviembre de 1995 cuando en España se definió un adecuado nivel de protección de la seguridad y salud de los trabajadores. Ésta, el Real Decreto 797/1995, de 19 de mayo, y el posterior Real Decreto 949/1997, de 20 de junio, establecen un nuevo modelo conceptual y de acción en esta materia en el que la formación adquiere un carácter estratégico. Tenemos, así pues, un Reglamento de los Servicios de Prevención (RD 39/1997), nuevas obligaciones y, especialmente, necesidades formativas que alcanzan a diversos ámbitos dentro del sistema productivo nacional y a determinados puestos dentro de las organizaciones o empresas.


La actual legislación exige expresamente al empresario la formación e información del trabajador, la actualización periódica y puntual en su puesto de trabajo en lo que concierne a la seguridad, mandatos precisos cuyo incumplimiento se tipifica como falta muy grave. Se obliga a la organización preventiva de la empresa con la designación de un número determinado de trabajadores que velen por la prevención o a la contratación de servicios de prevención propios o ajenos, y en algunos casos a la realización de auditorías. Aparecen, de ese modo, la imprescindible figura del experto en prevención, los trabajadores designados para esta función y los delegados de prevención, por citar los más habituales. La demanda de expertos en prevención, en todas sus variantes, se ha multiplicado por 10 en estos últimos años. Así por ejemplo, las mutuas de accidentes, según estimaciones de la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo (AMAT), con el incremento de su actividad, el número de profesionales expertos en prevención que trabajaban para esta modalidad de empresa pasó de los 273 en 1996 a los 2.600 en 2000. Y en total se estima que el gasto anual de las empresas en España se acerca a los 1.500 millones de euros, cifra nada despreciable y, sin embargo, como arriba se puede comprobar, aún insuficiente. Entonces, ¿qué es lo que falla?


Ante la inquietud suscitada por la alta siniestralidad laboral –12.000 millones de euros es lo que pagan cada año las empresas y las autoridades públicas por accidentes de trabajo- a partir del año pasado se puso en marcha un nuevo plan de choque, suprimiendo el tradicional sistema (ineficaz a todas luces) de “castigar al malo y premiar al bueno”, sustituyéndolo por un nuevo sistema “bonus-malos”, básicamente consistente en premiar a las empresas que tengan avances positivos en el ámbito de la siniestralidad, de manera que coticen menos a la Seguridad Social, o más en caso contrario. Es una medida que se espera dé resultados a corto y medio plazo, que sirva para intensificar los esfuerzos en la formación de nuevos técnicos en prevención. Con todo, lo que tanto las autoridades como los expertos en la materia plantean es un nuevo enfoque de la prevención en nuestro país, que tenga un alcance global en la empresa, en la sociedad y en la vida de las personas. Es lo que algunos denominan una cultura preventiva en sentido amplio, única alternativa para la solucionar tan alta siniestralidad laboral en nuestro país. Pero quizá haya que aclarar este extremo.


Siempre la cultura


Podemos hablar, en primer lugar, de cultura preventiva en las empresas y aquí hay que decir que todavía existe un elevado número de empresas en nuestro país a las que no les resulta atractivo la implantación de un sistema preventivo, especialmente si nos referimos a las pequeñas y medianas empresas. Tenemos una legislación, extensa y rigurosa en esta materia pero que aún no es comprendida y cumplida en su totalidad por la mayoría. Así, para que definitivamente funcione adecuadamente un modelo preventivo, donde realmente prime lo propiamente preventivo y no lo correctivo, resulta clave la adopción de un sistema formativo integral, una infraestructura, una dinámica y unos programas que permitan satisfacer las necesidades formativas de forma permanente, a todos los colectivos implicados, los trabajadores y sus representantes, los empresarios, mandos intermedios y directivos, y muy especialmente los profesionales expertos, externos o internos, y esto en todas las empresas. Un modelo, además, integrado en un sistema general del país y de la Unión Europea.


Pero ya muchos expertos sitúan la raíz de la cultura preventiva más allá de las empresas. Este punto es precisamente el que defiende el Instituto de Higiene y Salud en el Trabajo (IHST) dependiente del Ministerio de Trabajo, organismo de referencia para profesionales y empresas en todo lo que concierne a la formación en prevención, particularmente en la formación de formadores y en el desarrollo de materiales y contenidos didácticos en esta materia. Su subdirector técnico, Florentino Alonso, en un texto publicado en la página web de este instituto sitúa el principio del problema de la accidentalidad laboral en que la sociedad hasta el presente no ha dado mucho valor a las actitudes preventivas. Así pues, para consolidar la cultura preventiva a largo plazo, para recuperar el espacio perdido con otros países europeos, hay que empezar desde la infancia. En la familia, la actitud de los padres ante el riesgo va a ser determinante en la actitud preventiva del hijo a lo largo de su vida, esperemos que larga.


Desde niños, prevenidos


Ya en el colegio, desde la enseñanza primaria obligatoria, vemos que aún no existe en España ningún tipo de enseñanza específica sobre salud y seguridad, en contraste con otros países europeos que sí la contemplan. Decir a este respecto que es en la edad 12-13 años, edad de definitivo desarrollo psicomotriz, desde cuando ya deben adquirirse los reflejos y nociones básicas sobre seguridad. Debería subvencionarse a colegios privados y públicos para que implanten enseñanzas relacionadas con la prevención. Quizá no como una asignatura específica, sino más bien se trataría de introducir las nociones y pautas básicas sobre prevención a través de las distintas áreas o asignaturas (como tema transversal en algunas de ellas). En todo este aspecto debe ser convenientemente formado el profesorado. Qué menos que los colegios se acostumbren a cumplir estrictamente la normativa relativa a prevención, que sean un ejemplo de seguridad y calidad de vida escolar.


 

Y especialmente importante es esta materia en la Formación Profesional, para empezar, en su variante de enseñanza reglada. Ya hablamos propiamente de la formación preventiva específica para el trabajo, hacer de cada uno un titular de un diploma profesional, “un actor protagonista de su situación de trabajo, con objetivos de seguridad, de salud y de eficacia en el mismo". Difícil tarea, pero el IHTS considera imprescindible que la formación específica en PRL forme parte del sistema general de la FP, que se integre, por tanto, en todos los planes, títulos y programas de Formación Profesional, sea cual sea el tipo y "subsistema", de una manera general y de una manera adaptada la actividad de cada una de las enseñanzas. Todo esto se ha querido contemplar en la nueva Ley de FP aprobada el año pasado y en cierta medida ya se contempla.Y si no es en la FP, dónde se va a prevenir...


Tenemos, entonces, en la educación reglada un Módulo General, Formación de Orientación Laboral (F.O.L.), en todos los títulos oficiales de FP, que incluye, entre otros, contenidos básicos en materia de prevención de riesgos laborales. Se pretende con ello que los futuros profesionales aprendan a detectar las situaciones de riesgo más habituales en el trabajo, así como a utilizar los mecanismos de prevención y protección pertinentes, a aplicar las medidas de atención primaria básica en el lugar del accidente cuando éste se produce e interpretar el marco legal del trabajo distinguiendo los derechos y obligaciones que emanan de la relación laboral. Estos, y otros conceptos generales a cualquier especialidad todos han de recibirlos. Y luego están los Módulos Especiales, de mayor amplitud y nivel, centrados en actividades profesionales concretas, de 65 horas de duración, contemplados en casi 90 títulos. Y aquí no hablamos aún de los títulos directamente relacionados con la prevención...


Pues antes hay que citar la Formación Profesional Ocupacional, aquella gestionada por las autoridades laborales, orientada a la inserción y reinserción profesional de la población demandante de empleo, mediante la cualificación, recualificación o puesta al día de sus competencias profesionales, y en la que también es necesario la integración transversal de la prevención en sus diferentes especialidades, de alguna manera adaptada a cada una de ellas. El “Certificado de Profesionalidad” es el título por el que el Ministerio de Trabajo o los órganos autonómicos competentes pueden acreditar las competencias profesionales adquiridas a través de esta modalidad de Formación Profesional, que, además, lleva aparejada unas competencias específicas sobre prevención. No obstante, también hay que decir que en este tipo de cursos no siempre se sigue rigurosamente las obligaciones en cuanto a la carga horaria y contenidos de dicha materia, se echa en falta un mínimo control. Asimismo, por el Real Decreto 949/1997, existe ya un Certificado de Profesionalidad específico de Prevencionista de Riesgos Laborales que pretende cubrir funciones de prevención de nivel intermedio, de eso luego habaremos.


Es, en realidad, la Formación Continua la que de forma más inmediata puede incidir sobre la salud y seguridad en las empresas, esa precisamente llevada a cabo por las mismas empresas, por patronales o sindicatos y dirigida exclusivamente a los empleados. La FORCEM había sido hasta ahora la encargada de gestionar la mayor parte de los fondos aportados por empresas, trabajadores y gobierno para la Formación Continua. Ahora, parece ser que serán las grandes empresas directamente, el gobierno central o los gobiernos autónomos con competencias los encargados de llevar a cabo y decidir sobre estas acciones formativas. La formación en prevención en todos los niveles jerárquicos, de todos los empleados, es un asunto prioritario, donde es necesario un eficaz sistema de incentivos hacia las empresas que más inviertan en este tipo de formación. El caso es que llegue a todas las empresas, a todos los empleados, de forma presencial y, si no, siempre a distancia. Que estén claramente definidas las funciones preventivas dentro de cada organización y asignadas según su nivel de responsabilidad y formación específica a determinados empleados, entre otros, el delegado en prevención y los miembros del comité de seguridad.


Y si hablamos de la prevención como materia de estudio en las universidades veremos que ahí ésta deja mucho que desear. Pocas son las carreras que incorporan la prevención como asignatura propiamente dicha, ni tan siquiera de modo transversal. Lo cierto es que la prevención y salud laboral, estarían totalmente ausentes de las aulas universitarias si no fuera por que se estudia en puntuales carreras de ciencias, lógicamente en enfermería y medicina en su especialidad de medicina del trabajo, y por las titulaciones de relaciones laborales y ciencias del trabajo. Sin embargo, en lo que se refiere a especializarse profesionalmente en prevención sólo se puede a través de la realización de determinados cursos de postgrado.


Las diferentes caras del prevencionista 


La Ley de PRL de 1995 y sucesivos reales decretos han ido perfilando la profesión y funciones de los prevencionistas, es decir, los profesionales cualificados que total o parcialmente pueden realizar tareas o tener responsabilidades relativas a la prevención. En estos ya más de 7 años, han ido apareciendo nuevas necesidades, nuevos perfiles como respuesta, que hacen de la prevención un área muy extensa, con múltiples funciones, y donde tienen cabida personas de muy diversas procedencias académicas y profesionales.


Básico


Fundamentalmente, tres son los niveles de cualificación que, a partir del Reglamento de los Servicios de Prevención (1997), entran dentro de la catalogación de prevencionista, tal y como corresponde reconocer al gobierno central a través del Ministerio de Trabajo o a las autoridades autonómicas competentes. En primer lugar tenemos el nivel básico, suficiente para desarrollar una actividad preventiva mínima, normalmente, en las empresas más pequeñas y con menor nivel de riesgo, es decir, en la mayoría de las empresas españolas. Para el desempeño de las funciones de nivel básico será necesario un curso de 50 ó 30 horas, según el tipo de actividad de la empresa, sobre conocimientos muy básicos en la materia, siempre realizado en un centro homologado. Hablamos casi en exclusiva de “trabajadores designados” con esta formación específica que, aparte de otras funciones normalmente ajenas a la prevención, desarrollan funciones tales como promover entre la plantilla los comportamientos seguros, el correcto uso de los equipos de trabajo, las actuaciones preventivas básicas, en general, la cooperación de trabajadores y mandos, así como, la evaluación y control de los riesgos de una empresa y la actuación primaria en caso de emergencia. Y muy cercano a este profesional “multiactividad” tenemos al Delegado de Prevención, figura de carácter representativo, habitualmente con vínculos sindicales, que vela por que la empresa desarrolle su actividad de acuerdo a la normativa preventiva, cuyo curso de reciente implantación tiene grandes similitudes en duración y contenidos con el de nivel básico y que, al igual que este, no exige titulación académica previa.

Intermedio 


De un carácter ya más profesional y de dedicación exclusiva, tenemos el nivel intermedio. También promueve, evalúa, vigila y controla los riesgos, como en el nivel básico, pero, el técnico de nivel intermedio además propone acciones para la reducción de riesgos, participa en la planificación y dirige actuaciones básicas, y, sobretodo, complementa, asiste y colabora con expertos externos o con el nivel superior. Trabajador designado por la empresa, quizá con dedicación exclusiva, la Ley no establece requisitos académicos previos, aunque este nivel está copado en su mayor parte por titulados en FP I.


Lo cierto es que muchas son las formas de acceso y varias las alternativas. El curso para obtener el título de nivel intermedio al menos tiene que tener una duración de 300 horas, estructurado en diferentes módulos que instruyen fundamentalmente en los conceptos básicos sobre seguridad y salud en el trabajo, en las técnicas de análisis, evaluación y control de diferentes tipos de riesgos, en las técnicas específicas de seguimiento y control, en la promoción, en la organización y gestión de la prevención. Hay que decir también que es habitual que licenciados o diplomados universitarios lo realicen como titulación complementaria y, en este sentido, es abundante la oferta formativa por parte de centros privados. Claro, que estos, si forman en modalidad presencial, para que sus cursos tenga carácter oficial ha de ser homologados por la comunidad autónoma en la que se imparte. Y en el caso de la modalidad a distancia, si es homologado por el órgano competente del ministerio de trabajo, sí tendrá validez en todo el territorio nacional.


No obstante, por funciones y por grado de responsabilidad, el Técnico Superior en Química Ambiental, el Técnico Superior en Salud Ambiental y el Técnico Superior en Prevención de Riesgos Profesionales, son tres especialidades de Formación Profesional de Grado Superior directamente relacionadas con el área preventiva -en especial la última- y de alcance equivalente al nivel intermedio. En concreto, el Técnico Superior en Prevención de Riesgos Profesionales ha sido la especialidad que mayor polémica ha levantado, y todo debido a lo confuso del nombre y a la invasión de funciones que se le atribuye. El caso es que la definición de Técnico Superior efectivamente corresponde a un título de Formación Profesional de Grado Superior o FP II, nombre que parece, sin embargo, equivalente al Técnico de Nivel Superior en Prevención aunque en realidad se suponga que sólo puede habilitar para desempeñar funciones preventivas de nivel intermedio. Ya sea por la ambigüedad en el nombre o ya sea por que el Real Decreto 1161/2001 que dio carta de nacimiento a este título y que en su texto no limita claramente las funciones de esta especialidad profesional con respecto al inmediatamente superior, lo cierto es que a los prevencionistas de nivel superior, mayoritariamente titulados universitarios, ven en todo ello una injusta amenaza a su estatus profesional.


Polémicas aparte, este título de FP II, de dos años de duración impartido sólo por centros reconocidos por las Comunidades Autónomas, va a ser en un futuro cercano la principal vía para la obtención del título Técnico de Nivel Intermedio. En general, se pretende desde las autoridades competentes integrar completamente el nivel intermedio en la Formación Profesional, ya sea a través de Certificados de Profesionalidad (Formación Continua o Formación Ocupacional) o a través del Técnico Superior en Prevención (FP II Reglada), eliminando así el actual sistema de cursos de Técnico de Nivel Intermedio, presenciales o a distancia, de calidad y rigor tan puestos en entredicho. Y no todos están de acuerdo con este último punto.


Superior 


Tampoco la formación de expertos, la de los Técnicos de Nivel Superior, abundantes en el mercado, cumplen en muchos casos los estándares de calidad deseados según el Instituto de Higiene y Seguridad en el Trabajo. Y aquí hablamos del profesional más cualificado en este área, que puede realizar las funciones del nivel intermedio pero que, más allá, es el único capacitado para asumir competencias de gestión, organización y planificación de estrategias en el ámbito de la prevención. Pero también por ello, al contrario que en los otro niveles, la actividad que desarrollan lleva implícita una responsabilidad civil y penal.


Dirigido en exclusiva a titulados universitarios, un curso de Técnico de Nivel Superior homologado no puede ser inferior a las 600 horas, con una parte común de 350 horas como mínimo, sobre fundamentos, técnicas en sus diversas especialidades, actuaciones, comunicación y ámbito jurídico, otra parte específica de 100 horas a elegir una entre Seguridad en el Trabajo, Higiene Industrial y Ergonomía y Psicosociología Aplicada, y otra parte de 150 horas para la realización de un trabajo o el desarrollo de actividades preventivas en un centro de trabajo.


Cuatro son en realidad las especialidades en prevención contempladas por la ley. A las ya contempladas en e anterior curso de nivel superior, Seguridad en el Trabajo , Higiene Industrial y Ergonomía y Psicosociología Aplicada , hay que sumarle la de Medicina del Trabajo, cuyas funciones sólo pueden ser asumidas por un médico especialista en Medicina del Trabajo o diplomado en Medicina de Empresa. Medicina es, de hecho, la única carrera universitaria que cuenta con una especialización oficial de postgrado, por el sistema MIR. Otros profesionales sanitarios con competencia técnica, formación y capacidad acreditada, pueden participar en la vigilancia y control de la salud de los trabajadores aunque no en funciones exclusivas al nivel superior.


Parece lógico que a este nivel y a sus especialidades sólo accedan titulados universitarios, lo que no parece tan claro es que el sistema de formación y certificación a través de un master o “título propio” expedido por una universidad e impartido por un centro asociado, a veces combinados con Medioambiente o con Seguridad Industrial, sea la manera más eficaz de cualificar a un especialista. En este sentido, se está trabajando desde el Ministerio de Trabajo y desde las Comunidades Autónomas en la creación de un título oficial que normalice este tipo de formación y que al mismo tiempo permita un mayor control en la calidad de las entidades formativas autorizadas. Asimismo, está en marcha en estos momentos un proyecto de lo que podría ser una Licenciatura en Riesgos Laborales que se está impartiendo en la Escuela de Prevención de Riesgos Laborales (ESPRL) . Otros piensan que una diplomatura sería suficiente, otros una licenciatura de segundo ciclo (2 años), y otros, sin embargo, defienden como bueno el actual sistema pues, no sin razón, consideran a la formación universitaria previa como la clave para la especialización en prevención y para la posterior incorporación a una empresa.


Luces y sombras de un mercado


Y efectivamente la prevención es un campo profesional tan amplio y variado, con tantas disciplinas, que a menudo nada tienen que ver en sus actividades y en el perfil profesional que encaja en cada puesto. No hay duda que la Ley de PRL de 1995 ha ido generando en estos años una creciente demanda de prevencionistas. Sólo 7 años de antigüedad suficientes, no obstante, para que se haya consolidado la profesión como una de las que mejor comportamiento muestra en el presente y mayores perspectivas de futuro promete. Bien es cierto que entre las distintas especialidades, entre los niveles profesionales, entre los distintos perfiles, dependiendo de la formación previa de la que disponga el candidato, hay grandes diferencias en cuanto a las posibilidades de colocación.


Los técnicos de nivel superior han sido normalmente los más demandados por las empresas. Especialmente si hablamos de licenciados en ciencias y sobretodo en carreras técnicas, la demanda ha sido siempre superior a la oferta, cosa que sigue ocurriendo en estos momentos gracias en buena parte al sector de la construcción. Ingenieros y arquitectos, técnicos y superiores, con las especialidades de seguridad en el trabajo e higiene industrial siguen gozando de una situación laboral inmejorable. Se trata, en definitiva, del perfil de prevencionista más valorado. Los médicos especialistas en medicina del trabajo también gozan de interesantes ofertas.


Con todo, los dos últimos años se han caracterizado porque la demanda de técnicos en prevención en general ha quedado estabilizada. Pero también en este tiempo se ha percibido un cambio en el sentido de que cada vez la demanda por parte de las empresas está favoreciendo al técnico de nivel intermedio en prevención frente al de nivel superior. La versatilidad de este perfil, la posibilidad de asignarle otras tareas distintas de las del área de prevención, han podido contribuir a que las empresas opten por este profesional. Más importante para explicar este cambio, no obstante, es el hecho de que está creciendo de manera significativa el número de empresas pequeñas y medianas que contratan los servicios de un prevencionista, las cuales, no se pueden permitir los elevados salarios del nivel superior. El último estudio retributivo realizado por Watson Wyatt situaba el salario medio de un técnico superior en prevención en 33.819 euros, en 27.785 el de nivel intermedio y el de un director de prevención en 50.000 euros anuales.
Lo cierto es que ahora la tendencia general es a integrar la prevención en la empresa. Y es que, según muchos defienden, para que la prevención funcione ha de estar plenamente integrada en las organizaciones, en toda su jerarquía, con profesionales que conozcan la realidad y riesgos de la compañía. Eso no quita que en muchos aspectos sean también necesarios los servicios externos, además, la prevención ha de llegar a las PYMES y la única solución para gran parte de éstas sigue siendo la contratación a terceros de servicios de prevención. Precisamente la creación de empresas que presten estos servicios es una de las alternativas más atractivas por la que pueden optar estos profesionales. La asesoría, la consultoría técnica y legal, la auditoría, así como, la formación son, en concreto, las actividades que más se demanda en el campo de la prevención.
Por otro lado, tenemos las mutuas de accidentes y aseguradoras, también las auditoras, como las empresas más representativas en el ámbito de los servicios de prevención ajenos. Después de experimentar un espectacular crecimiento en la segunda mitad de la pasada década, estos dos últimos años han ralentizado el número de nuevas incorporaciones. Con todo, este tipo de empresas sigue y seguirá desarrollando un papel fundamental, muy recomendables además, pese a su salario normalmente más bajo que en otros campos, para todos aquellos técnicos superiores recién titulados necesitados de experiencia, básicamente debido a los valiosos conocimientos teórico-prácticos que se pueden adquirir en los múltiples ámbitos de la prevención. Eso, antes de embarcarse en cualquier aventura en solitario.


La titulación previa que tenga el “prevencionista” va a ser en muchos caso fundamental para colocarse en una u otra empresa, siendo así también muy importante el sector donde desarrolle su actividad. De este modo, si se tratara de una empresa constructora lo más probable es que cuando busque un técnico superior en riesgos laborales, parta de que éste sea ingeniero o arquitecto, preferiblemente con cierta experiencia a pie de obra. Por el contrario, si la empresa fuera del sector químico o farmacéutico, serían los titulados en una de estas dos licenciaturas, además de técnicos superiores en prevención, los favoritos. En definitiva, el perfil profesional que buscan las grandes empresas para sus puestos de responsabilidad en el área de la prevención son técnicos de nivel superior, con título universitario directamente relacionado con la actividad de la empresa, con experiencia y conocedor de la actividad y así capaces de trasladar el modelo preventivo de la empresa a los empleados.


Sea como sea, la prevención es un campo muy amplio, en donde tienen cabida titulados universitarios y no universitarios, en especialidades muy diversas. En general, lo tienen más fácil los titulados en ciencias, pero también los licenciados en Derecho, diplomados en relaciones laborales, estos y otros, ya provengan de las letras o de las ciencias sociales, pueden encontrar su sitio en las empresas, quizá asumiendo funciones de gestión, administrativas o de asesoramiento. Y es que, aparte de la formación académica, el mercado también valora otras muchas facetas del candidato tales como capacidad de comunicación, negociación y organización, los principios éticos y la percepción del riesgo. Oportunidades surgen a medida que la prevención invade todos los órdenes de la vida económica y social, y antes de terminar, hay que citar el Plan de Choque contra la Siniestralidad puesto en marcha recientemente por Gobiernos, Sindicatos y Comunidades Autónomas, dados los preocupantes índices de accidentes. Se asigna cada año 240 millones, presupuesto que se quiere incrementar, pues, entre otras cosas, se va a duplicar la actual plantilla de inspectores de trabajo, actualmente cifrada en n700 efectivos.


Redacción Aprendemas.com - FGW


Enlaces de interés:


Página Web del Instituto de Higiene y Seguridad en el Trabajo - IHST



LEY 31/1995, de 8 de noviembre de prevención de riesgos laborales. B.O.E. nº 269, de 10 de noviembre



REAL DECRETO 39/1997, de 17 de enero, por el que se aprueba el Reglamento de los Servicios de Prevención



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Cursos y escuelas especializadas en Prevención:


Master en Prevención de Riesgos laborales (Colegio de Politicólogos; a distancia)



Master en Prevención de Riesgos laborales (CEF; on-line)



Curso en Prevención de Riesgos Laborales (CFE; on-line)



Master en Prevención de Riesgos laborales (IMF; semipresencial)



Master en Prevención de Riesgos Laborales (Instituto Europeo de Salud y Bienestar Social; a distancia)



Especialista Higiene Industrial (Instituto Europeo de Salud y Bienestar Social; Madrid)



Prevención de Riesgos Laborales (Instituto Amyca; a distancia)



Prevención de Riesgos en Vehículos (Sageris; Toda España presencial)



Master en PRL (Ergonomía y Psicosociología)



Ingeniería y tecnología industrial (F. ocupacional - Riesgos laborales)



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Programa de Formación en Prevención de Riesgos Laborales (nivel intermedio-Tècnico Especialista)



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