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Exámenes finales: claves que te ayudan a aprobar

Llega el final del curso y los temidos exámenes finales. Te damos las principales pautas para que todo el esfuerzo que se ha hecho durante el año concluya con éxito. Una buena técnica de estudio, una adecuada alimentación y mantener los nervios bajo

Publicado en Histórico Reportajes
Foto de Exámenes finales: claves que te ayudan a aprobar
Estudiantes-grado-INELos exámenes finales están a la vuelta de la esquina y muchos estudiantes está haciendo ya un sprint final para acabar el curso con los mejores resultados. A estas alturas del curso, el cansancio puede empezar ya a aparecer, pero no hay que desesperar porque hay soluciones para aprovechar mejor el tiempo y que se obtenga un mejor rendimiento. De hecho, desde Aprendemas, hemos hecho una compilación de consejos y pautas prácticas que pueden ponerse en marcha para conseguir finalizar el curso con éxito, superar los exámenes y sentar una buena base y adquirir hábitos adecuados para los próximos cursos. [Ver cursos de Técnicas de Estudio]

 

Y para ello es muy importante “estar seguro del rendimiento desarrollado en el curso, así como mantener un buen estado de bienestar emocional, donde el autocontrol y la motivación alcancen un papel destacado”, explica Silvia Oria, psicopedagoga del Departamento de Orientación e Innovación Educativa en el Colegio Británico de Aragón y vocal de Formación de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía.

 

No obstante, hay que tener en cuenta que “un buen hábito de estudio no es aplicable únicamente en la fecha de los exámenes finales. Resultaría algo agotador, física y mentalmente desarrollar unas perfectas técnicas de estudio a una semana antes de los exámenes”, afirma Silvia Oria, quien añade que “podría funcionar pero, si confiamos en que en una ocasión posterior va a volver a tener éxito logrando un aprobado, podríamos estar confundidos. Por ello, a lo largo del curso escolar, los alumnos deberían tener presentes los aspectos académicos, nutrición, actividad física y tiempo libre. Una buena organización implica tener tiempo para los cuatro mencionados campos”.

 

A la hora de estudiar “no existe la técnica de estudio clave o la pócima mágica que puedan tomar los estudiantes para superar los exámenes”, aclara Silvia Oria, ya que considera que “cada alumno y alumna es diferente y se debe de tener en cuenta su estilo de aprendizaje y qué le resulta más cómodo a él o ella como estudiante. Es decir, personalizar una técnica de estudio y adaptarla a las necesidades de cada alumno es la combinación perfecta para obtener un resultado satisfactorio”.

 

De hecho, la observación sobre cómo aprende un alumno es una ayuda para “poder aconsejar un método visual, auditivo o kinestésico basado en una forma analítica o global del procesamiento de la información”, afirma Silvia Oria, quien añade que “el siguiente paso facilitaría el recuerdo y memoria permaneciendo no sólo en la memoria de trabajo, sino a largo plazo. Todo esto sumado a un aprendizaje holístico donde la relación de contenido con conocimientos previos es la mezcla idónea. La individualidad y particularidad hace singular cada una de las técnicas de estudio”.

 

Y aunque no existe una técnica de estudio mágica, sí es cierto que hay un factor importante. Y es que “la clave del aprendizaje es la comprensión”, asegura Claudio Fernández, asesor pedagógico de Miacademia, centro en el que se imparten cursos para niños y adultos en los que se enseñan las barreras que impiden aprender y usar lo que se está estudiando y a cómo solucionarlas.

 

De hecho, “cuando un estudiante no comprende lo que está estudiando tiene una serie de manifestaciones como distracción, quedarse en blanco, sentirse cansado, aburrimiento, nerviosismo y otras. La solución errónea a la falta de comprensión es tratar de sustituirla con el aprendizaje memorístico. El problema es que hasta ahora no se conocían las barreras a la comprensión”, asegura el asesor pedagógico Claudio Fernández.

 

Y para que esto no suceda, un consejo sencillo que pueden poner en marcha los estudiantes para aprender mejor y “aumentar la eficacia en el estudio es dar énfasis a adquirir una comprensión clara y verdadera de las palabras. A veces se dice erróneamente a los estudiantes que deduzcan el significado de las palabras por el contexto. Esto puede conducir a errores garrafales y a una falta de certeza en la comprensión de lo que se estudia”, señala Claudio Fernández.

 

Vinculada con esa falta de compresión se encuentra el hecho de que muchos profesores han detectado que los alumnos parece que no comprenden los que se les pregunta o el enunciado del problema. Una situación ante la que “el uso del diccionario y una buena comprensión de la terminología de la asignatura son herramientas básicas del estudiante”, indica Claudio Fernández, de Miacademia, centro que enseña la técnica Applied Scholastics. Además, “una buena ayuda para no cometer serios errores en los exámenes es hacer una lista de la terminología de una materia, buscar buenas definiciones de cada término y asegurarse de que se dominan”.

 

Aparte, puede ser de gran utilidad “apoyarse en medios audiovisuales, dibujos y subrayado con colores, lápiz, bolígrafo fluorescente… si la información se procesa de una forma visual”, indica Silvia Oria, quien añade que si el estilo de aprendizaje es auditivo son útiles las grabaciones y lecturas en voz alta que el mismo alumno realice o con ayuda de un compañero o de sus padres. Y en el supuesto de seguir un método kinestésico, el apoyo debe venir de visitas a los lugares en los que aparece el contenido que se va a estudiar, construir o fabricar, tocar… No hay que olvidarse de que “la estimulación del mayor número de sentidos posible es un potenciador del afianzamiento y recuerdo eficaz del contenido a estudiar”, confirma Silvia Oria.

 

Pero además de cómo se debe estudiar, también es igualmente importante fijarse un horario de estudio y una organización de las actividades y quehaceres diarios porque “la adquisición de una rutina afianza la confianza en uno mismo” dice Silvia Oria. Y, aunque no hay un tiempo fijo establecido, como pauta general puede indicarse que, a partir del tercer curso de Educación Primaria, se recomiendan 30 minutos de repaso, aumentado 10 minutos por curso hasta alcanzar los 60 en sexto de Educación Primaria. Por su parte, en la etapa de Secundaria, el tiempo irá en función de lo que cueste el repaso de lo realizado a lo largo del día más el tiempo de estudio, que debe ser de entre 90 y 180 minutos. En las etapas superiores, es preciso adquirir una mayor autonomía.

 

No obstante, con independencia del tiempo que se estudie diariamente, lo que sí es conveniente es intercalar tiempos de descanso, cambiar de deberes a estudio y que las horas de estudio no se prolonguen hasta altas horas de la noche puesto que “un descanso nocturno es fundamental para la recuperación y cargar pilas para enfrentarse al siguiente día de colegio”, recomienda la psicopedagoga Silvia Oria.

 

Dormir lo suficiente también se recomienda la víspera del examen, así como un adecuado descanso y no estudiar la tarde anterior, pudiendo destinar este tiempo a pasear, hacer deporte o a actividades de respiración. Muy importante es no hacer acciones muy enérgicas y que requieran un gran esfuerzo ni escuchar música muy alta porque puede alterar. Y, por supuesto, no discutir con padres, compañeros, amigos, novio o novia… ni ingerir alimentos muy pesados o en grandes cantidades.

 

Pero, si a pesar de ello, el alumno se ha quedado a medio punto de conseguir el aprobado, no hay que desesperar ni dramatizar. De ayuda en estas situaciones es que educar por parte de profesores y de padres para la tolerancia a la frustración y la resiliencia. “Un alumno tiene que, por sí mismo y con ayuda, saber afrontar esa falta de medio punto y adquirir la capacidad de superación para el próximo examen”, indica Silvia Oria.

 

Y si hay que acudir a una revisión de examen, mantener una actitud correcta es fundamentala pesar del sentimiento de rabia, tristeza o de ira. Lo recomendable en estos casos, según Silvia Oria, es la escucha activa, el interés por mejorar, la superación, las anotaciones acerca de lo que requiere y demanda el profesor en una o varias preguntas determinadas, comprobar con los apuntes… Son pautas que considero aconsejables en un alumno ante esta situación”.Cómo mantener los nervios a raya

 

Quien más y quien menos a la hora de tener que preparar los exámenes finales se ha sentido nervioso y ha experimentado síntomas como dolor de estómago o de tripa o se ha sentido agobiado o que le falta el aire, entre otros. Todas estas señales no tienen en sí por qué ser preocupantes porque “los nervios son necesarios para estar alerta, atentos, activos y despiertos”, explica Silvia Oria, psicopedagoga del Departamento de Orientación e Innovación Educativa en el Colegio Británico de Aragón y vocal de Formación de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía, quien añade que, sin embargo, los nervios “no tienen que llegar a suponer un bloqueo u obstáculo para demostrar el trabajo que se ha invertido en el estudio” por lo que es necesario “tener el autocontrol suficiente para que no se prolonguen en exceso en el tiempo”.

 

Una opinión que también comparte Silva García, psicóloga clínica de Gamma Psicólogos, quien añade que “todos necesitamos una cantidad de estrés, energía… para una actividad como hacer deporte, conducir… pero si esa energía se dispara es cuando es negativa”. Y es que ese es el momento en el que empiezan a aparecer pensamientos que no son muy favorables como, por ejemplo, que no se tiene suficiente inteligencia y la persona se puede bloquear. Un motivo por el que el nivel de ansiedad debe ser óptimo, es decir, “lo que se llama motivación”, entendido como un “impulso para rendir”.

 

No obstante, hay casos en los que los estudiantes tienen demasiada ansiedad y precisan adoptar una serie de pautas para controlarla, siendo necesario en algunas ocasiones ponerse en manos de profesionales. Estas pautas varían en función de cómo se manifieste la ansiedad, ya que ante ella cabe hablar de tres tipos de respuesta. Una de ellas es la respuesta cognitiva, que se define por que el estudiante tiene pensamientos o imágenes en su mente que no son placenteros como pueden ser frases del tipo “no voy a aprobar”.

 

En estos casos, lo más aconsejable es que “se controlen los pensamientos y se detecte qué es lo que genera ese nerviosismo o ansiedad”, explica Silvia García, quien añade que hay que convertir esas ideas en pensamientos positivos y reales. Un ejemplo de ello son frases como “la asignatura es complicada, pero he superado otras”, “me voy a dar la oportunidad”, “si aprovecho el tiempo lo voy a conseguir” o “si me equivoco, aprenderé de ello”.

 

Otra de las respuestas que puede producirse es la fisiológicaen la que la persona siente síntomas físicos como dolor de garganta, molestias gástricas, sequedad de boca o tensión en los músculos. Para evitarlo, lo más aconsejable es realizar técnicas de relajación. Una de las más beneficiosas es la técnica de respiración diafragmática para relajar el cuerpo y la mente a través de la respiración.

 

Ante los nervios, también se puede producir una respuesta motora, que es aquella que se caracteriza por comer más, fumar más o por levantarse y sentarse de forma reiterada mientras se está estudiando. Para estos casos, también hay pautas que pueden adoptarse. Una de las más útiles es aprender a gestionar el tiempo. “Muchas veces no se sabe gestionar el tiempo”, explica la psicóloga clínica Silvia García. Esta técnica no es habitual que se imparta en los centros de estudios y se tiende a pensar que se sabe de antemano, no siendo así en muchos casos. De ayuda en estas situaciones es trabajar técnicas de estudio, planificar la semana, buscar un buen lugar para estudiar y tener una buena técnica también para repasar. Unas pautas que también contribuyen a relajar los efectos negativos de las respuestas cognitivas y fisiológicas.

 

No obstante, en ocasiones, pueden darse las tres respuestas con mayor o menor intensidad, siendo necesario poner en marcha todas las pautas para cada una de ellas. Pero hay también casos en los que el nerviosismo puede llegar a bloquear al alumno y que no recuerde todo lo que ha estudiado. Aquí es dónde puede haber un problema, siendo necesario acudir a un experto. Y, ¿cómo saber si hay que ponerse en manos de un profesional? La respuesta es sencilla: según el número de veces que sucede y la intensidad y, sobre todo, cuando los nervios o la ansiedad empiecen a afectar al rendimiento.

 

En estas situaciones, los tratamientos son personalizados en función de las características de cada estudiante. Sin embargo, lo habitual es que en las consultas se haga una primera valoración de la persona y de su estado de ansiedad “porque a veces puede ser puntual por una temporada en la que se acumulan las cosas, pero en otras es porque hay un rasgo de respuesta”, aclara Silvia García, de Gamma Psicólogos.

 

Además, es frecuente que al estudiante se realice un análisis de perfeccionismo porque los nervios o el estado de ansiedad pueden estar relacionados con un nivel de exigencia muy alto. Son casos en los que, por ejemplo, sacar un 8 se considera horrible.

 

Una vez realizado el análisis, hay que empezar a aprender determinadas estrategias que van dirigidas a solventar los problemas que se han detectado. No obstante, es habitual que “se hagan técnicas de relajación y que se reduzcan las secuencias de irritación”, señala la psicóloga clínica Silvia García.

 

Y con independencia de los tratamientos personalizados y del tipo de respuesta que se experimente frente a los nervios, hay otros consejos que son también de utilidad. Entre las técnicas que pueden funcionar bien para controlar los nervios se hallan, por ejemplo, la denominada técnica de la visualización del éxito en la que la persona se visualiza en ese momento –en el del examen-, de manera positiva ya que hay que verse haciendo la prueba y aprobando, lo que ayuda a calmar los nervios. Asimismo, es útil establecer metas de estudio y conseguirlas porque da seguridad y confianza.

 

Antes de comenzar el examen igualmente es de utilidad conocer el tiempo del que se dispone para hacerlo y tener dispuestos todos los materiales que se precisan, así como hacer una lectura tranquila y con calma de las preguntas del examen y ubicarlas en los apuntes no anticipando o apresurando la respuesta, recomienda Silva Oria, quien añade que hay que hacer un repaso final sin observar si el resto de compañeros han entregado ya o no el examen. Pero, si los nervios aparecen durante el examen, su control pasa por centrarse en el presente, empezar por la pregunta que resulte más fácil o sencilla “porque da seguridad”, afirma Silvia García, quien recomienda para los lapsus “pasar a otra pregunta y no angustiarse. En ese momento, se hace una respiración, la persona se recupera y se va a por otra pregunta”.

 

Otro buen consejo es tomar algo con los amigos después del examen y no salir del aula corriendo para estudiar para el siguiente test. Tener un tiempo de ocio tras la prueba “es un refuerzo inmediato, al igual que darse algún capricho”, afirma Silvia García.

 

La alimentación, una buena aliada

 

Una de las claves del éxito del aprendizaje es la alimentación. Aunque es muy importante cuidarla a lo largo de toda la vida, hay que prestar especial atención cuando se está estudiando porque, a veces, se adquieren hábitos que no sólo no son buenos para estudiar, sino que generan problemas de salud como la obesidad y el sobrepeso.

 

En realidad, las pautas de alimentación que tiene que adoptar un estudiante son “las mismas que debe seguir en toda su vida, con independencia de si está o no de exámenes porque es muy importante llevar una dieta equilibrada y evitar la obesidad”, explica Fernando Martínez Ubieto, cirujano y especialista en aparato digestivo, metabolismo y nutrición.

 

Una de las comidas más importantes es el desayuno. “Es vital que los niños y adolescentes vuelvan a una cosa que se pierde: el desayuno. Cada vez desayunan menos porque no se tiene hambre o no se les educa y toman sólo, por ejemplo, un poco de leche”, añade Fernando Martínez Ubieto. Sin embargo, esto es un error. Es clave hacer un buen desayuno que tiene que estar formado “por alimentos que contengan hidratos de carbono como cereales o pan, además de leche y frutas, evitando hidratos de carbono que no son tan beneficiosos”. Entre los productos que es conveniente no ingerir en el desayuno figuran los zumos por sus azúcares y la bollería industrial. Además, un dato importante es que la fruta debe ser natural.

 

Aparte del desayuno, igualmente relevante es prestar atención al resto de comidas y a la actividad diaria. Por ejemplo, en total, un estudiante debe hacer entre cuatro o cinco comidas diarias en las que primen alimentos ricos en fibra “porque sacian y carnes y pescados, aunque sin sobrepasarse en carnes rojas. Es mejor optar por carnes magras y quitar la piel de pavo o pollo, así como las grasas en el resto de carnes”. Para el mediodía puede comerse un plato de arroz o pasta, alimentos que están prohibidos para la cena.

 

Otra pauta de alimentación que se debe seguir está relacionada con los embutidos, que deben reducirse y controlar su ingesta. Y, a la hora de cenar, hay que evitar los alimentos o platos más calóricos, siendo una buena opción las sopas, ensaladas o puré.

 

Aparte de estas pautas, todavía hay más consejos que tienen que seguirse. Uno de los más importantes es evitar las grasas saturadas de origen animal como las natas, margarina o mantequilla.

 

Y para aquellas situaciones en las que los estudiantes sienten más hambre por nervios o bien porque llevan ya muchas horas estudiando, una buena opción es tomar fruta natural, leche, yogur o una rebanada de pan. “Nunca es aconsejable la bollería industrial y las bebidas azucaradas”.

 

Precisamente, dentro de las bebidas hay que evitar el café y todas aquellas bebidas energéticas porque “no son aconsejables. Se usan para aguantar más horas despierto, pero tanto el café como las bebidas con cafeína no mantienen la capacidad de atención y de concentración” por lo que las horas que se pasen delante del libro bajo sus efectos no son sinónimo de un buen rendimiento.

 

Con todas estas pautas, no es necesario que se tome ningún complejo vitamínico, ni siquiera los que se anuncian para estudiar “porque con una dieta equilibrada están todas las necesidades cubiertas”, aclara Fernando Martínez Ubieto, quien matiza que siempre que se tomen deben ser bajo control médico y por su recomendación.

 

Y, por supuesto, en el día a día no hay que olvidarse tampoco de la importancia de hacer ejercicio físico. Con la habitual de la vida diaria que haga cada uno es suficiente. No obstante, como pauta general es recomendable que se realice actividad física entre semana entre media hora y una hora como mínimo. Pero, como esto “puede ser menos llevadero mientras se está con los exámenes, se recomienda una actividad normal, ya que una actividad extraordinaria puede ser más complicada. Además, al final del curso, se tienden a reducir las competiciones, partidos…”, concluye Fernando Martínez Ubieto.