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Exámenes: claves para aprender y aprobar

No hay varitas ni fórmulas mágicas. Pero con una serie de consejos y pautas, aprender y estudiar no tiene por qué ser complicado ni debe haber ningún problema para superar con éxito un examen. Disciplina, constancia y motivación son algunas claves fu

Publicado en Histórico Reportajes
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Estudiantes-grado-INEExámenes. Palabra temida por la mayoría de los estudiantes, sobre todo, cuando se acerca la fecha señalada. Sin embargo, no tiene por qué ser una ardua tarea. Incluso, puede ser algo divertido si se disfruta con lo que se aprende, se comprende su utilidad y la importancia de tener una cultura y para conseguir los objetivos marcados en la vida.

 

Pero, aunque esto queda muy bien dicho sobre el papel, la realidad es que no siempre es fácil estudiar ni preparar los exámenes. Hay factores que juegan en contra del estudiante. Por ejemplo, las técnicas de estudio no “siempre se practican en la escuela”, explica Milagros Valera, pedagoga y logopeda del Gabinete Psicopedagógico Mentor y vocal de Educación y Diversidad del Col·legi de Pedagogs de Catalunya. [Ver cursos de Técnicas de Estudio]

 

Además, no es habitual que se empleen técnicas de recogida de la información o lo que se conoce comúnmente como “coger apuntes”, al igual que sucede con las técnicas de compresión lectora o de análisis para hacer subrayados, cuadros sinópticos… que son de ayuda en el estudio. Tampoco se trabaja la expresión oral y escrita.

 

Todo esto se acompaña de otros problemas como las actividades extraescolares que suponen una prolongación de la jornada escolar y que dificultan que se disponga de tiempo para estudiar. “Los estudiantes suelen tener excesivas actividades extra por la incompatibilidad de horarios. Hay un excesivo estrés emocional. Los alumnos cada vez pasan más tiempo sometidos a exigencias”, apunta Pedro Santamaría, experto en intervención familiar y asesor del Colegio Oficial de Filosofía, Letras y Ciencias Profesionales de la Educación.

 

Tampoco hay que obviar el problema de que muchas veces los exámenes no están muy espaciados en el tiempo porque hay centros “que los hacen de cada lección”, señala Milagros Valera, quien añade que “esto propicia que no se puedan preparar los exámenes bien porque tienen uno cada dos o tres días”. Además, en otras ocasiones, se avisan con poco tiempo. [Ver cursos de Gestión del Tiempo]



  

Pero todo tiene solución, es cuestión de organización y de planificación y de saber aprovechar el tiempo al máximo. En el día a día pueden seguirse pasos tan sencillos, pero fundamentales, como “la lectura reposada y sin distracciones y la combinación de procesos de lectura e interpretación de textos con la actividad de síntesis por escrito, en borrador; escribir y resumir lo que se lee; categorizar y organizar las ideas básicas; exponer en voz alta y dar concreción hablada a los procesos mentales que se están desarrollando. Asimismo, pasar los apuntes diarios a limpio en casa, ordenarlos y clasificarlos con frecuencia contribuye de manera eficiente a mejorar siempre el proceso de aprendizaje”, explica José Antonio Luengo, psicólogo y miembro de Colegio de Psicólogos de Madrid.

 

Son sólo unas primeras pautas para poner en práctica a las que hay que sumar la disponibilidad de “un tiempo para actividades desestresantes y para elucidado personal, merendar… antes de retomar el estudio” si hay muchas actividades extraescolares, expone Pedro Santamaría.

 

Con esta base genérica, ya se está listo para empezar a estudiar y aprender siguiendo más claves y consejos que aquí te contamos para que todo el proceso de aprendizaje sea más sencillo y se alcance el éxito.

 

¿Por dónde empezar?

 

Muchas veces a la hora de estudiar y de preparar un examen no se sabe por dónde empezar ni qué hacer, qué técnica de estudio utilizar o cómo organizar el tiempo que queda después de clase. Lo que hay que tener claro, con independencia de las horas disponibles para estudio, es que “un examen no se prepara en una semana. Es un día a día”, afirma Santiago Castillo, catedrático de Didáctica de la UNED, autor de la publicación “Enseña a estudiar” y colegiado emérito del Colegio Oficial de Filosofía, Letras y Ciencias Profesionales de la Educación.

 

Sin embargo, Castillo reconoce que es un consejo que para algunos llega tarde porque muchos estudiantes preparan los exámenes en una semana, e incluso, en unos pocos días. En estos casos, la opción es “organizar el tiempo para ver los temas que son más urgentes o susceptibles de ser objeto de pregunta, aunque esto puede ser peligroso porque todos los temas que se den en clase pueden salir en el examen”, asevera el catedrático de la UNED.

 

Lo más conveniente es estudiar todos los días, lo que es válido tanto desde el comienzo del curso como para preparar los exámenes. En este sentido, es vital la planificación del horario para que se disponga de tiempo para los deberes si los hay y para repasar para ir preparando los exámenes. “La prioridad es hacer los deberes y un repaso que no tiene por qué ser muy exhaustivo según la materia. A partir de ahí, durante la semana, es aconsejable ir combinando asignaturas –una más fácil con otra más difícil- para que se repase, se busque más información si no se comprende bien el tema… con el fin de evitar la ‘gran panzada’ y que no haya comprensión de lo que se tiene que aprender”, aclara Milagros Valera, pedagoga y logopeda del Gabinete Psicopedagógico Mentor y vocal de Educación y Diversidad del Colegio de Pedagogos de Catalunya.

 

De gran ayuda, por ejemplo, es “procurar estudiar siempre a las mismas horas cada día porque ayuda a establecer buenos hábitos y organizar y planificar el tiempo en función de las tareas que deben realizarse. Es adecuado hacer un pequeño esquema que te permita prever el tiempo que va a dedicarse a cada actividad a desarrollar”, aconseja José Antonio Luengo, psicólogo y miembro de Colegio de Psicólogos de Madrid.

 

Y, a la hora de estudiar, es importante utilizar de forma inteligente la memoria y la imaginación. “En el estudio se debe explotar más la imaginación y la memoria”, señala Santiago Castillo, quien afirma que hay que comprender los temas que se estudian y memorizarlos para retenerlos.

  

Para trabajar la memoria, por ejemplo, se pueden subrayar ideas imprescindibles y que responden al tema de estudio y hacer esquemas con esas ideas y elaborar otro general cuando se han terminado las lecciones. “El esquema es fruto del esfuerzo hecho”, asegura Castillo. Por ejemplo, si se va a estudiar la I Guerra Mundial habrá que ir anotando las causas y motivos, su desarrollo y los acuerdos. Con independencia del tema de estudio, lo idóneo para estudiar y hacer un buen esquema es realizar una primera lectura general y luego ir dándose cuenta de lo que hay que retener y lo que no. Posteriormente, hay que subrayar llevando a cabo otra lectura y realizar el esquema. Pero cuidado con la extensión. No debe ser más de una hoja “porque el resto está asimilado en mi memoria y lo repaso con el esquema al día siguiente, la próxima semana, mes...”. [Ver cursos de Memoria]



   

Igualmente positivo puede ser incorporar “alguna actividad que nos permita disponer de un feedback o retroalimentación de lo que se ha trabajado previamente. Para ello, puede plantearse una exposición de prueba a otra persona o, incluso, grabar la exposición en una grabadora, de manera que pueda reproducirse con posterioridad el orden y la secuencia que se ha seguido en la exposición”, aconseja José Antonio Luengo. La memoria igualmente se puede trabajar haciendo “listados de palabras, comprendiendo las palabras clave, con acrósticos…”, añade Milagros Valera.

 

Este proceso de estudio “es un trabajo más lento, pero más seguro porque al final aprendes sí o sí”, afirma Santiago Castillo, si bien reconoce que también le cuesta más al alumno “hasta que se da cuenta de que aprueba con más facilidad y de que ese trabajo merece la pena porque pasar páginas y páginas no vale.

 

La imaginacióntambién es otro pilar importante. De hecho, es un apoyo de la memoria. ¿Cómo puede utilizarse? Muy sencillo. Al estudiar un tema hay que “ponerle imaginación, es decir, no quedarse pasivo ante lo que se lee y añadir una dosis extra de ganas para, por ejemplo, asociar lo que se lee a la vida cotidiana, aplicarlo a algo práctico, enlazarlo con algo que se conozca, asociarlo con una palabra o hacer una cadena de abreviaturas…” Pero ojo porque la imaginación no debe suponer una distracción, “sino usarla en servicio propio”, matiza Santiago Castillo.

 

Y, para aquellos estudiantes que estudian en grupo, una recomendación: “es bueno y valioso pero siempre y cuando cada uno haya hecho un estudio propio”, indica el catedrático de la UNED, quien también apunta la necesidad de subrayar la filosofía del esfuerzo “no entendida como el que está condenado a galeras, sino del que quiere algo”.

 

Junto con el esfuerzo igualmente importante es la motivación, que quizá sea el factor más difícil. Para que no sea un problema y estar motivado, es de ayuda comprender “para qué es importante estudiar, conocer las capacidades propias y tener un buen autoconcepto porque a todo el mundo le gusta triunfar y entender el error y el fracaso como algo que se puede superar y que ayuda a aprender”, aclara Milagros Valera.

 

De ayuda para la motivación es también que se busque un “correlato con la aplicación en la vida actual porque bajo el eufemismo de ‘fracaso escolar’ se identifican todas las dificultades que los alumnos tienen a la hora de manejar su interés y motivación y al déficit de control de la realidad y la influencia de las actitudes de los padres y familias. Si estos estilos no son conexos, se crean diferencias. Si se reactivan los hábitos y la aplicación a la vida real, se reactivan las ganas de aprender y de progresar”, añade Pedro Santamaría.

 

Y, en el caso de los niños que no abren ni una sola página del libro o el cuaderno, un consejo. Según explica Milagros Valera, los padres “tienen que estar ahí, pero dejando espacio. No hay que sentarse con ellos, pero sí controlar el horario” y lo que realizan. Es importante que “disfruten haciéndolo y que haya un objetivo, que entiendan que es un formación personal, una cultura que se adquiere y que no todo está enfocado a conseguir un 8 o un 10”.

 

A la hora de estudiar también influyen otros elementos que hay que cuidar como el entorno “en el que se desarrolla el estudio. Hablamos de buena iluminación y temperatura, materiales para la actividad a disposición y previamente preparados, muebles adecuados y ausencia de estímulos que puedan distraer. Estos ingredientes han de tomarse especialmente en consideración pues garantizan, como elementos básicos, un entorno favorable para el estudio”, recomienda José Antonio Luengo, psicólogo y miembro de Colegio de Psicólogos de Madrid.

 

Son pautas que deben seguirse de lunes a viernes, pero también durante el fin de semana. Porque para estudiar, el sábado y el domingo cuentan, aunque el tiempo de dedicación dependerá de la materia a estudiar, la dificultad que se tenga para aprenderla, del tramo educativo en el que se esté y de si se está al comienzo del curso o llega la época de exámenes.

 

“Conforme el alumno va superando cursos y avanzando en su itinerario, puede ser necesario que dedique un tiempo prudencial a repasar y ordenar apuntes, y, especialmente, a leer…. En cualquier caso, es imprescindible el oportuno equilibrio entre actividades en días festivos. No podemos olvidar que nuestros hijos y alumnos pasan muchas horas al día dedicados a lo que es su actividad esencial, sí, el estudio; pero siempre con la perspectiva clara de observar sus tiempos, sus necesidades y, por encima de todo, la necesidad de que crezca y se desarrolle de manera saludable. El deporte y la actividad al aire libre, las actividades familiares o con los amigos, el cine o el ocio digital son, también, imprescindibles”, apunta José Antonio Luengo.

 

Y, para hacer una buena combinación, se precisa orden y planificación previos porque en el caso contrario “cuesta levantarse el fin de semana, se levanta cansado y la desgana aparece con más intensidad. Además, el hogar genera el descanso dentro del contexto familiar. De ahí que tenga que entrar la disciplina y los hábitos”, asevera Pedro Santamaría.

 

Por ejemplo, se puede “estudiar por la mañana porque es cuando la mente está más despejada y más preparada para el aprendizaje”, indica Pedro Santamaría, por lo que igualmente es recomendable dedicar “las mañanas a las asignaturas más fuertes y las tardes de fin de semana a otras como el dibujo o los idiomas. La mente tiene más capacidad de incorporar conocimientos por la mañana y la tarde se asocia más con el relax, de ahí que sea más difícil condicionar las capacidades cognitivas”.



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La mejor alimentación para el estudiante

Pautas para el día del examen y la víspera

 





La mejor alimentación para el estudiante

  

Además de hacer ejercicio físico durante al menos 45 o 60 minutos al día, tener un tiempo de descanso mínimo de ocho horas de sueño y seguir todas las pautas indicadas anteriormente, también hay que prestar atención a la alimentación porque tiene una gran influencia a la hora de estudiar. [Ver cursos de Alimentación]

  

“Un estudiante es una persona que estudia, es decir, que utiliza su cerebro de forma intensa para adquirir conocimientos que deben perdurar en el tiempo. Por lo tanto, el estudiante, sea de la edad que sea, debe tener dos objetivos: mantener la salud tanto en su cuerpo como en su mente. ‘Mens sana in corpore sano’, que decían los clásicos. Su herramienta es el cerebro, pero este está contenido en un cuerpo que debe estar en el mejor estado de salud para que todo funcione bien”, asegura Begoña Pérez Llano, profesora del Curso de Experto en Nutrición y Dietética de la UNIR y profesora de Alimentación, Higiene y Educación de los Grados de Maestro Infantil y Primaria de la UNIR.

 

Dicho esto, hay que tener en cuenta que todos los nutrientes son necesarios para una correcta alimentación por lo que “debemos proporcionar una dieta completa y equilibrada en la que no falten nutrientes esenciales para el sistema nervioso como glucosa, lípidos, proteínas, vitaminas B y E, calcio, hierro, zinc y las vitaminas A, C y D, al igual que fósforo, magnesio, sodio y potasio. Todos estos aportes se deben realizar a través de cinco comidas al día sin saltarse ninguna de ellas. Las más importantes son el desayuno, la comida y la cena, que se apoyarían con alguna ingesta a media mañana y con la merienda.

 

Por ejemplo, en el caso del desayuno hay que tener en cuenta que “el organismo, cerebro incluido, para ponerse en marcha necesita volver a cargar las pilas. Si realizamos de forma deficiente esta comida, nos encontraremos que durante la mañana vamos a tener un rendimiento menor tanto físico como intelectual. Además, vamos a llegar a la hora de la comida con mucho apetito, lo que va a llevarnos a comer de forma excesiva”, explica Begoña Pérez, quien añade que la cena debe ser más ligera con alimentos menos grasos, mientras que las comidas de media mañana y merienda ejercen una función de mantenimiento de nutrientes y apetito en niveles óptimos para evitar esta situación de “bajón” antes de comer y de cenar.

 

Y, con estas indicaciones, ¿cómo sería el menú ideal? El desayuno más adecuado debería estar formado por un lácteo como leche con cacao, más cereales o pan con aceite o mermelada y fruta o bien un zumo. Para que las fuerzas no decaigan a media mañana, se puede ingerir un zumo de frutas natural y un bocadillo pequeño de queso, que es suficiente para llegar a la comida.

 

A la hora de comer, una buena opción es una ensalada de patatas con zanahoria rayada, aceitunas y huevo duro, además de cordero a la plancha con tomate y un melocotón, mientras que a media tarde se puede optar con un yogur con frutos secos. Finalmente, la cena podría estar formada por una crema de calabacín, merluza a la plancha con ensalada de berros y maíz, nísperos y un vaso de leche.

 

Es un ejemplo de dieta tipo en la que cada uno de los alimentos se puede sustituir por otros similares para que la alimentación sea variada y que cabe enriquecer en el supuesto de que no se tenga hambre por los nervios ante los exámenes. En esta situación, es posible tomar comidas enriquecidas con, por ejemplo, queso rallado, huevo cocido rallado, frutos secos picados o jamón picado para cremas, sopas o ensaladas. También se pueden añadir frutas o frutos secos al yogurt.

 

Hay que tener en cuenta que en el caso de hacer ejercicio físico, “se debe incrementar el aporte total de la dieta en unas 500 a 1000 kcal, dependiendo de la intensidad y duración del ejercicio. Es decir, debemos aumentar la ingesta de todos los nutrientes en proporción al ejercicio realizado”, aclara Begoña Pérez.

 

Modificaciones igualmente hay que hacer si se lleva una vida sedentaria -aunque no es recomendable no realizar ninguna actividad física-, para ajustarla a los niveles energéticos de la persona. Pero, con independencia de que se haga o no ejercicio, hay que tener claro que hay que “evitar la ingesta frecuente de snacks, comida rápida, embutidos, dulces que van a aportar un exceso de calorías, grasas saturadas y azúcares simples”, añade Begoña Pérez.

 

Estas pautas de dieta equilibrada deben seguirse siempre, incluso en épocas de exámenes. Una alimentación adecuada tiene la ventaja de que, aparte de ser beneficiosa para el organismo, la persona no necesita ingerir ningún suplemento vitamínico porque todos los aportes se reciben a través de los alimentos.

 

Y, si importante es la alimentación, no lo es menos la bebida. “El total de líquidos que debemos proporcionar al organismo está entre 2 y 3 litros al día. En esta cantidad se incluye tanto el agua como la leche o zumos que tomemos a lo largo del día”, señala Begoña Pérez.

 

Sin embargo, hay que tener cuidado con algunas bebidas como el café, las azucaradas y las que se denominan energéticas que “deben consumirse en contadas ocasiones. Es decir, no deben formar parte de la ingesta diaria de los estudiantes”, asegura la profesora porque estos productos contienen sustancias que producen efectos de diversa índole. Por ejemplo, el café. “Como sustancia estimulante del sistema nervioso central que mantiene la mente despierta, pero no aumenta ni la concentración ni la memoria”. Además, impide o dificulta la absorción del calcio, zinc y hierro.

 

Las bebidas energéticas tampoco se escapan de efectos adversos. Al contener cafeína y azúcares “producen un aumento rápido y corto de la glucemia, que provoca una necesidad de glucosa posterior”. El alcohol tampoco es beneficioso porque “disminuye la absorción de vitaminas y minerales, además de provocar otros efectos indeseables”. De este modo, “las únicas bebidas que se pueden aconsejar, en el caso de dificultad para conciliar el sueño, son infusiones como las de tila, melisa o hierbaluisa”.

 

Pautas para el día del examen y la víspera

 

Cuando llegan los días previos, el estudiante es conveniente que siga su día a día con normalidad y no quedarse hasta las tantas estudiando ni tomar café o medicamentos para estar despierto… “porque el organismo pasa factura y se puede estar despierto dos días antes y el día del examen tener un bajón. Eso no es bueno. Hay que hacer una vida normal y alimentarse adecuadamente”, explica Santiago Castillo.

 

Y tras haber estudiado, toca hacer el examen. Es un día en el que los alumnos suelen estar nerviosos. Un motivo por el que es importante prepararlo todo con antelación. Lo principal es organizar y tener dispuestos todos los elementos que se precisan para hacer la prueba como una calculadora, lápiz, goma, bolígrafos, reglas… “Es importante prepararlo todo previamente para que no se olvide nada”, explica el catedrático.

 

Con todo preparado, hay que acudir al examen con tiempo y sin prisas para no aumentar el estado de nervios. Una vez que se tiene la prueba ante sí se aconseja “respirar tres veces profundamente y leer con serenidad para ver lo que se pregunta realmente”, afirma Santiago Castillo, porque “vemos que muchos alumnos responden por lo que no se les ha preguntado y cuando empiezan a responder se les ha acabado el tiempo”.

 

Además de esta pauta general, también hay otros consejos que pueden ponerse en práctica a la hora de hacer el examen en función del tipo de preguntas que se formulen. Por ejemplo, “si la pregunta es de desarrollo, lo mejor es hacer un guión de respuesta con los aspectos que debe tener y no lanzarse a redactar la respuesta si no se tiene claro cómo organizarla para trasmitir las ideas claras”, recomienda Santiago Castillo, quien indica que es importante “facilitar la lectura al profesor porque, si se ve que la respuesta está ordenada, se aprecia que el alumno sabe lo que cuenta”.

 

Un estudiante también puede estar frente a pruebas objetivas. En este caso, se requiere una “técnica de estudio más analítica, de detalle, porque hay tres o cuatro respuestas posibles, siendo dos muy parecidas aunque sólo una es la más correcta. Hay que hacer un análisis más detallado de lo que se pregunta para ver cuál es la respuesta más verdadera porque la otra puede ser parcial”.

 

E igualmente hay exámenes en los que se hacen preguntas de respuesta breve. Este tipo de respuestas “son importantes porque requieren concisión y seguridad en lo que se responde. El análisis previo de qué me preguntan o no es importante para no irse por las ramas”, añade Santiago Castillo.

 

Y, por supuesto, este día no hay que olvidarse de apelar a “la ética del estudiante y que procure dar cuenta de lo que sabe y responder sin usar chuletas o fijarse en lo que hace quien está alrededor ni utilizar otros métodos porque esto son caminos cortos y tarde o temprano se paga”, afirma el profesor de la UNED, quien añade que es habitual que en los centros haya “tolerancia cero con quien intenta una conducta impropia”.

 

 

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