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Estudios de doctorado, ahora y después de Bolonia

Durante el pasado año se matricularon en estudios de doctorado algo más de 67.000 alumnos según la CRUE, aunque sólo logran terminarlos en su totalidad uno de cada veinte. La reforma de estos estudios decretada por el Gobierno para su convergencia eu

Publicado en Histórico Reportajes
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Cada año se doctoran en España alrededor de 5.000 estudiantes, obteniendo la titulación de mayor grado reconocida oficialmente en el sistema universitario español. Estos estudios tienen como principal finalidad la especialización de los alumnos en un campo científico, técnico o artístico después de haber superado con éxito una licenciatura, ingeniería o arquitectura. No obstante, a partir del año 2010, fecha en que está prevista la convergencia europea en materia de educación, el doctorado se verá modificado al igual que el resto de categorías universitarias, lo cual, abrirá un nuevo mapa de requisitos y planes de estudios.


Hoy por hoy, estudiar el doctorado supone para los estudiantes llevar a cabo un notable esfuerzo durante un largo período de tiempo: en torno a cinco años. Se trata, además, de una titulación cuyas salidas profesionales en España se enmarcan, mayormente, en el terreno de la docencia y la investigación. No es extraño, así pues, que la mayoría de licenciados se decanten por realizar un máster o curso de postgrado al ser estudios con menor carga lectiva y con un enfoque mucho más próximo al mercado laboral.


Sin duda, en España esta titulación no goza del prestigio que deberían reportar tanto esfuerzo y estudio. El mercado laboral no valora a un Doctor en su justa medida, decantándose incluso para puestos cualificados por profesionales con un perfil muy diferente, si exceptuamos las dos actividades ya mencionadas.


Etapas de estudio


La fase inicial del doctorado tiene una carga académica de 32 créditos que se obtienen tras completar dos periodos claramente diferenciados: una primera etapa docente de 20 créditos y un segundo periodo orientado principalmente a desarrollar la capacidad investigadora del alumno que reporta otros 12 créditos. El periodo de docencia se emplea en profundizar en los diversos campos del programa de estudios que, una vez finalizado, puede dar lugar a un certificado homologable. Durante la segunda etapa, los alumnos deben realizar más cursos y seminarios relacionados con los métodos y la formación en técnicas de investigación, aparte de diversos trabajos supervisados por profesores y otras acciones formativas de interés para la realización de la tesis. Por ello, además de estar en posesión del título de licenciado, ingeniero o arquitecto, para iniciar el doctorado se necesita contar con una buena base de conocimientos acerca de las materias sobre las que se ha de investigar.


Posteriormente, una vez superados los periodos iniciales, será un tribunal universitario el que hará una valoración de los conocimientos obtenidos.Será una exposición pública que, de superarse, dará lugar a la obtención del Certificado-Diploma de Estudios Avanzados que puede homologarse en todas las universidades españolas.


A continuación, los aspirantes al título de doctor deben superar una última etapa, más gratificante para los que tienen inquietudes investigadoras pero también más laboriosa: la tesis doctoral. Se trata de un trabajo creativo y de investigación que debe realizar el alumno durante un periodo aproximado de dos años en dedicación casi exclusiva, supervisado generalmente por un profesor universitario. En esta ocasión el contenido está relacionado con las materias del programa estudiado y los candidatos deben realizar una labor real de aportación sustancial al conocimiento. Cuando el director de la tesis considera que el trabajo está completo y, por tanto, dispuesto para su evaluación, autoriza al alumno a defender su tesis ante un tribunal universitario que deberá decidir la calificación oportuna.


Según las últimas cifras publicadas por la CRUE, durante el pasado año realizaron este tipo de estudios en las universidades públicas un total de 67.643 alumnos, en 2.360 estudios de doctorado. De todos ellos, el 35,06% lo hicieron en Ciencias sociales; el 21,65% en estudios técnicos; el 18,93% en Ciencias de la Salud; el 15,64% en Humanidades y el 8,72% en Ciencias Experimentales.


Las estadísticas indican que tan sólo uno de cada veinte alumnos de doctorado llega a obtener el título. Se apunta, como causa de este alto índice de abandono, la larga duración de los estudios; un mínimo cuatro años propician que alumnos con excelentes expedientes académicos estimen más útil realizar otros estudios o simplemente incorporarse al mercado laboral. En España cada año obtienen el título de doctor alrededor de 5.000 alumnos, aproximadamente la mitad que en el resto de países pertenecientes a la OCDE.


Salidas profesionales


Como ya es sabido, los doctores inician estos estudios con miras a formar parte del personal docente o investigador de las universidades. Comenzarán, por tanto, como becarios. Las condiciones laborales de estos últimos son realmente precarias, ya que, entre otras cosas, no suelen estar dados de alta en la Seguridad Social, carecen de prestaciones por desempleo o de baja por enfermedad.


Actualmente hay en nuestro país alrededor de 20.000 becarios de investigación, que vienen denunciando su precariedad desde los inicios de esta actividad. El actual Gobierno se ha comprometido a regularizar su situación en la medida de lo posible durante la presente legislatura. De hecho, la ministra de Educación, Mª Jesús San Segundo, anunció durante el pasado año que los becarios de investigación pasarán a formar parte de la Seguridad Social a lo largo de 2006, medida que afectará tanto a los becarios de Formación de Personal Investigador como a los de Formación de Personal Universitario.


Según informó el Secretario General de Universidades e Investigación a propósito de unas Jornadas de Jóvenes Investigadores celebradas en Valencia a principios de marzo, habrá un nuevo estatuto Estatuto del Personal Investigador a partir del año 2006 que sustituirá el aprobado durante el gobierno del PP en 2003.


El ahora vigente, considera becarios a los titulados universitarios con grado de doctor y también a aquellos que posean un certificado-diploma de suficiencia investigadora, es decir, los que han superado las fases de docencia en cursos y seminarios de investigación previas a la lectura de una tesis doctoral. Deja fuera, por tanto, a los becarios de primer y segundo año, así como, a los de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Además, la afiliación a la Seguridad Social de los becarios sólo incluye los supuestos de accidente de trabajo, considerando como tal el que sufran los beneficiarios de becas de investigación con ocasión o por consecuencia del desempeño de las tareas y funciones inherentes a su actividad, y la enfermedad profesional. Sin embargo, no reconoce el derecho de los becarios al seguro de desempleo debido a que el anterior Gobierno no consideraba que la actividad ejercida por los becarios no tiene carácter laboral sino formativo.


La reforma que prepara el nuevo Gobierno prevé la aplicación del modelo 2+2, que incluirá en la cobertura de la Seguridad Social a la totalidad de los becarios (es decir, también los de primer y segundo año) y un contrato para los de tercer y cuarto año. Otra novedad relevante será la cotización de estos investigadores en formación como titulados universitarios.


En lo que a investigadores post-doctorales se refiere, Ordóñez ha manifestado la intención de aplicarles, también en 2006, el Programa de Incentivación, Incorporación e Intensificación de la Investigación. Este programa financiaría tres anualidades completas a las entidades que garanticen a miembros de este colectivo contrataciones indefinidas y se aplicaría a unas 300 plazas por año.


Así y todo, los jóvenes investigadores lo consideran insuficiente, ya que quieren ser tratados como cualquier otro trabajador con contratos laborales durante los cuatro años previos a la obtención del título de doctor, pues comienzan a investigar desde el mismo inicio de estos estudios. Además, los becarios opinan que el nuevo texto sólo afectará a 9.000 de los 20.000 existentes, concretamente a los adheridos a los programas de formación del Ministerio de Educación, por lo que sus portavoces ya se han mostrado en contra de la futura situación antes de iniciarse la reforma.


Por otra parte, para fomentar el ingreso de los estudiantes en la carrera docente e investigadora, el Gobierno pretende cambiar la forma de acceso del profesorado a la Universidad sustituyendo la actual prueba de habilitación por un modelo de acreditación con criterios públicos y conocidos, modelo solicitado por la CRUE.


Una vez conseguido el título de doctorado se puede iniciar la carrera docente como profesor ayudante doctor. Para ello, hoy por hoy, los aspirantes deben superar una evaluación estatal y haber realizado previamente durante al menos dos años trabajos relacionados con la enseñanza o la investigación en una universidad distinta a la contratante. Otra posibilidad es la de trabajar como profesor contratado doctor, después de superar unas pruebas que establece la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), para lo que es imprescindible tener al menos tres años de experiencia docente una vez terminada la tesis doctoral. Éste último sería el paso previo para llegar a ser funcionario como profesor titular o catedrático, opción que exige superar las oposiciones que convocan a tal efecto las universidades de forma periódica.


Pero no podemos dejar de mencionar una alternativa incipiente, muy minoritaria todavía no obstante en la que diversas instituciones públicas están empezando a apostar. Se la conoce en el mundo angloparlante con el nombre de “Spin-Off” y con ello se refieren a empresas nacidas a partir de otra organización ya existente que suele ser, la mayor parte de las veces, una universidad o centro de investigación. Su ámbito de aplicación ideal es el sector de I+D, constituyendo una posibilidad de creación de empleo para la tan maltratada figura del investigador y un medio de transferencia del conocimiento y la investigación científica al mundo de la empresa. Es una oportunidad para ellos de transformar sus proyectos en empresas plenamente productivas.


Las instituciones implicadas en este tipo de programas ayudarán al emprendedor-científico a sortear las dificultades con las que va a encontrarse: financiación, ubicación adecuada (normalmente Parques Tecnológicos creados por universidades o gobiernos locales) y servicios empresariales especializados, entre otras cosas.


El Vivero Virtual de Empresas de la Comunidad de Madrid es un ejemplo de institución dedicada a facilitar la solución de estos problemas a los proyectos de spin-off. Perteneciente al Plan Regional de Investigación y Desarrollo Tecnológico de la Comunidad de Madrid, ha contribuido a la creación de 50 compañías en 4 años, de las que cerca de un 25% pertenecen al campo de la biotecnología. Por otro lado, la mayoría de universidades españolas incorporan desde hace años las conocidas como Oficinas de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRIS). Éstas constituyen canales institucionales que vinculan a las universidades y centros de investigación con las empresas, entre cuyas actividades encontramos la identificación de proyectos de investigación susceptibles de ser transformados en actividades empresariales (lo que sería “Spin-Off” propiamente dicho).

El Doctorado después de Bolonia


España se encuentra inmersa actualmente en el proceso de adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior, que deberá ser toda una realidad en el año 2010 según se estipula en el denominado Proceso de Bolonia. Este proceso de convergencia europea en materia de educación superior que afectará a la mayoría de los países de nuestro entorno, facilitará, entre otras cosas, la movilidad de estudiantes y titulados y favorecerá un nuevo sistema universitario europeo más competitivo. El nuevo mapa educativo se estructurará mediante un sistema de créditos, que facilitará el reconocimiento de estudios y títulos realizados en distintos centros o en cualquiera de los 40 países que hasta el momento se integran en el sistema.


En este sentido, el Gobierno español aprobó el pasado 21 de enero los Reales Decretos que regulan la estructura de las enseñanzas y los estudios de Grado y de Postgrado de cara a la citada convergencia europea. Esta reforma, impulsada por el Ministerio de Educación y Ciencia, cuenta con la aprobación de las universidades españolas, ya manifestado por la Conferencia de Rectores (CRUE).


Asimismo, según se establece en los citados Reales Decretos, España adoptará a partir del año 2010 un sistema comparable que contempla las titulaciones denominadas de Grado, Máster y Doctorado. Así, mientras las enseñanzas de Grado tendrán una duración de tres o cuatro años y englobarán a las actuales diplomaturas y licenciaturas, los estudios de Postgrado contemplarán tanto a los masters como a los estudios de doctorado con una duración de uno o dos años, independientemente del tiempo que posteriormente ocupe realizar la tesis en el caso del doctorado.


En cuanto al caso específico del doctorado, su acceso requerirá que los alumnos hayan obtenido un mínimo de 60 créditos en programas oficiales de postgrado, o haber logrado un título oficial de Máster. Además, los futuros doctores tendrán que haberse ganado como mínimo 300 créditos a lo largo de sus estudios universitarios de Grado y de Postgrado para posteriormente poder realizar el trabajo de investigación de la tesis doctoral.


Se buscan alumnos de Tercer Ciclo


Dado el bajo índice que se da en España de alumnos de doctorado y de Postgrado en general, las autoridades académicas intentan atraer a estudiantes de otros países, como una de las medidas diseñadas para paliar este déficit. Así, el Consejo de Coordinación Universitaria, un organismo dependiente del Ministerio de Educación y Ciencia, ha aprobado recientemente un proyecto de decreto para homologar los doctorados extranjeros sin necesidad de equiparar previamente las licenciaturas. De este modo, los doctores extranjeros podrán optar a las plazas de profesores universitarios o de investigadores sin tener que esperar a que sus títulos oficiales sean reconocidos por las autoridades universitarias, aunque para trabajar en otros campos sí se requerirá una homologación inmediata.


Además, una vez aprobado el futuro decreto, tampoco será necesario conseguir la validez profesional de los estudios extranjeros para poder realizar un doctorado en España, ya que bastará con acreditar la posesión de la titulación previa necesaria para comenzar los estudios de postgrado. En este sentido, no sólo los estudiantes extranjeros van a poder beneficiarse de esta reforma, ya que también son muchos los alumnos españoles que han estudiado en otros países, y a su vuelta el trámite de la homologación de sus carreras les impide ingresar en el mercado de trabajo de acuerdo con las titulaciones obtenidas.


Otra de las medidas para intentar “captar” alumnos de otros países es la del programa “Erasmus Mundus”, que funciona ya en 17 países de Europa incluida España, donde participan desde el presente curso académico siete universidades desarrollando cursos de Tercer Ciclo. Este proyecto pretende hacer más competitivas a las universidades europeas frente, principalmente, a las de EEUU, país que ha perdido durante los cuatro últimos años un tercio de sus alumnos extranjeros de Postgrado.


Enlaces de Interés:


Ministerio de Educación y Ciencia


Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE)


Consejo de Coordinación Universitaria


Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA)


Web Organización de Becarios de Investigación


Real Decreto por el que se regulan los estudios de Postgrado


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