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“Estudiantes Maduros”: por una Universidad más Universal

Es cada vez más patente la necesidad que tienen las personas de formarse toda la vida, éste es ya un derecho irrenunciable en las sociedades modernas. Hablamos sobre todo de una educación superior cualificada, de transmitir un conocimiento útil para

Publicado en Histórico Reportajes
Foto de “Estudiantes Maduros”: por una Universidad más Universal

Para el que aún no lo sepa, somos parte de la sociedad del conocimiento, o al menos eso es lo que ya con suma naturalidad dicen nuestros políticos y medios de comunicación acerca de España, cosa que por otro lado parece coincidir con la situación del resto de países desarrollados. Pero en concreto, ¿qué es eso de la sociedad del conocimiento y qué implica eso de formar parte de ella?


Desde luego aquí no estamos para desvelar todas las claves de esta nueva sociedad ni pretendemos en este sentido conocer qué nos va a deparar este siglo que sólo ahora comienza. Pero sí hemos de reconocer, no se puede ser ajeno a los hechos, que estamos ante una nueva realidad social muy distinta de la de hace tan sólo dos o tres décadas. Ya sólo para empezar, el prototipo de profesional español ha cambiado de manera tan radical que ahora se le puede definir como una persona de media o alta cualificación, y así también, con metas y necesidades curriculares muy distintas, en claro contraste con la mano de obra meramente manual, antaño dominante en los países industrializados. Médicos, informáticos, abogados, biólogos, técnicos, psicólogos, fisioterapeutas, diseñadores, arquitectos, ingenieros, consultores, asesores, gestores, profesores, obreros especializados, todos ellos profesionales de campos tan diferentes y que, sin embargo, coinciden en un aspecto tan esencial como es su constante necesidad de conocimientos, y así de formación y reciclaje a lo largo de toda la vida.


Son, en definitiva, los trabajadores del conocimiento. Y con esto no hay que pensar en una persona que pasa el día cavilando, ideando o racionalizando, para ganarse el sustento. Como todos, el trabajador del conocimiento está casi toda la jornada laboral haciendo tareas simples y mecánicas, trabajando con sus manos, y sin embargo, y esto es lo importante, en momentos puntuales ha de aplicar inevitablemente en el puesto de trabajo conocimientos avanzados. Personas que, además, desarrollan la actividad profesional en una economía del conocimiento, economía llamada así, porque los propios trabajadores en su conjunto son los poseedores del principal medio de producción. Efectivamente, es el conocimiento útil que detentan y cómo lo aplican estas personas a sus tareas profesionales, el recurso clave de toda empresa moderna, y hay que decir también que eso es lo que en mayor medida marca su competitividad. Así pues, no es extraño que ese conocimiento, y particularmente la experiencia, sean los elementos que más influyen sobre el salario y la jerarquía profesional.


Siempre han existido trabajadores del conocimiento. Bien sabemos todos que desde tiempos lejanos ha habido maestros, médicos, abogados o científicos. Sin embargo, nunca había habido un incremento proporcional tan arrollador como en los últimos 100 años, y esto es precisamente lo que le hace tan singular el siglo pasado. En España, del total de la fuerza laboral, se estima que un 33% son en estos momentos propiamente trabajadores del conocimiento. Y esta cifra sigue y seguirá creciendo. Tanto es así, que un estudio presentado en la revista The Economist estimó que en aproximadamente 15 años 2/5 de la fuerza de trabajo de los países desarrollados serán trabajadores del conocimiento. Una parte importante está ya en el rango de edad 30-45, y cuanto más joven es la generación, más dominante se va haciendo este tipo de profesional.


Eterno retorno


Y claro, a este creciente grupo sólo le vale la educación superior formal. Se debe colocar al individuo y a sus necesidades de aprendizaje en el centro de toda acción. Es un objetivo prioritario. Pero debe quedar claro que, en este caso, educación ya no sólo es saber mucho, sólo recordar, sino ante todo ha de suponer un desarrollo integral de la persona a lo largo de toda su vida, pues el conocimiento tiene que ser especializado y ha de estar en constante movimiento, creciendo, reciclándose, transmitiéndose, dando vida, carácter y sentido a la sociedad.


Así pues, si el conocimiento rápidamente se vuelve obsoleto, lo normal es que los trabajadores del conocimiento regresen de vez en cuando al “colegio”, y esto mismo es lo que han ido reflejando sucesivos informes de la Unión Europea (Employment Reports) y de la OCDE realizados en la última década cuando en ellos se defiende la conveniencia de promover el acceso de los individuos a la formación permanente. Por ello, y teniendo en cuenta que la nueva sociedad demanda un elevado nivel cultural, científico y técnico, no debe ser descabellado pensar que en los próximos años se irán generalizando las instituciones educativas que provean de manera sistemática y organizada de conocimientos cualificados a las diferentes generaciones, formando sobretodo a los tecnólogos del conocimiento, precisamente aquellos profesionales más necesitados por las empresas. Y por supuesto, en todo este cambio, la universidad está llamada a jugar un papel fundamental ya que ésta es la única institución capaz de proporcionar a las personas, y de ahí a la gran masa social, conocimientos de alto nivel.


 

Por una universidad para todos


Si hubiera que hacer una síntesis de la enseñanza superior en el siglo XX, sin duda, no podríamos dejar de destacar el arrollador fenómeno de la democratización de la universidad. En Europa y en el resto de países desarrollados se ha pasado de una sociedad en la que sólo las élites intelectuales y adineradas accedían a la educación superior, a una nueva sociedad en la que nadie que acredite cierta capacidad va a tener impedimentos para estudiar una carrera. Acudir a la universidad es la norma en todas las sociedades modernas y poseer una titulación universitaria es ahora el pasaporte casi indispensable para conseguir un trabajo decente.


También en España, aunque con cierto retraso, se ha pasado de un sistema de universitario de tipo elitista a uno que proporciona eminentemente una formación de masas. Como dato valga citar que en 1970 había en nuestro país 330.000 estudiantes matriculados y ya en 2000 esta cifra había subido hasta 1,6 millones. Los estudios internacionales de los últimos años sitúan a España por encima de la media internacional en la escolarización superior de los jóvenes. Según estimaciones de la UNESCO, el total de estudiantes españoles en nivel terciario en relación a la población de 20 a 24 años presentaba en 1980 un indicador igual al 22% que en 1995 ya se había colocado en el 46%, exactamente igual que la media europea.


En efecto, hoy es el nuestro el quinto país desarrollado con mayor tasa de escolarización superior de jóvenes con 20 años y, sin embargo, en edades más avanzadas mostramos un comportamiento muy diferente y desde luego más preocupante teniendo en cuenta la importancia que han adquirido dichos estudios para el desarrollo de las empresas, la sociedad y los profesionales cualquiera que sea su edad. Así, por ejemplo, según datos de la OCDE del año 1996 nuestra tasa de escolarización para la población de 26 a 29 años ya se cifraba en un discreto 6,2%, frente a una media para la UE del 7,3%, incluso con países como Suecia, Noruega, Alemania o Estados Unidos, que superaban el 10%. En este sentido, España muestra un comportamiento similar al de países como Francia e Italia en los que también hay una inmensa mayoría de universitarios jóvenes. La edad media de los estudiantes universitarios en España es de 21,8 años mientras que la de Suecia, por ejemplo, es de 31,7 años.


Con todo, algo ha venido a complicar la situación. De hecho, debería ser una magnífica noticia comprobar que el número de universidades se ha duplicado en 18 años y que en 7 años, gracias sobretodo a la iniciativa privada, haya aumentado el número de plazas en un 7,7%. Pero cuando la fuerte caída demográfica está haciendo sentir sus más feroces efectos en la universidad española, cuando hay este año 30.000 alumnos menos que el año pasado matriculados en enseñanza reglada superior y 130.000 menos que hace dos, entonces, a uno no le queda más remedio que considerarlo como un grave problema. Bueno es que cada vez sea más probable que todos y cada uno de los alumnos obtenga plaza en su carrera elegida, pero menos bueno es que la universidad adolezca de profundos desajustes por todo esto.


Precisamente cuando el sistema universitario español está sufriendo los implacables efectos de la caída de natalidad, algunos expertos empiezan a preguntar si no deberían las instituciones oficiales educativas replantearse una diferente asignación de los recursos que también atendiera a otros grupos de población, y no sólo a los jóvenes, con mismo interés en la educación superior. Y en este aspecto hay que decir que el gobierno español todavía no ha dado los pasos para una mejora.


¿Y para qué hacerlo? Éste nunca ha sido un gasto prioritario. Está claro que si realizáramos un estudio coste-beneficio, ya por el simple hecho de estar en una edad profesional avanzada, vamos a tener mucho menos tiempo para recuperar nuestra inversión, que es a fin de cuentas gastar en educación superior. Entonces concluiremos que financiar los estudios superiores a personas mayores es una mala inversión. Y de los que opinan esto, hay desgraciadamente demasiados en España.


Siempre la educación será la mejor inversión 


Conchita Ybarra está segura de que estudiar siempre abre las puertas al mercado laboral. “Sí, totalmente”, y además añade, “aunque no terminaras la carrera siempre merecería la pena. Estudiar abre la mente, te espabila. Te sirve para adquirir cultura y para moverte en el ámbito profesional, te motiva para aplicar lo aprendido”. No en vano, Conchita inició sus estudios universitarios cumplidos los 40 años. “Lo decidí porque ya tenía a mis hijos en la universidad y quería estar al mismo nivel que ellos, sentía la necesidad de adquirir unos fundamentos que cuando era joven no tuve la oportunidad”. Y a fe que lo hizo, licenciándose en Geografía e Historia por la UNED, obteniendo, de hecho, el premio extraordinario fin de carrera que luego completó con el doctorado. Tanto es así que ahora Conchita trabaja como profesora en la UNED, enseñando y apoyando en el estudio precisamente a personas que, como ella en su día, no pueden asistir a las clases presenciales de una universidad convencional.


Muy al contrario de lo que se pueda pensar, los beneficios sociales que genera la educación superior en la gente adulta son muy apreciables. Por lo pronto, podemos citar la mejora de la cualificación y la posibilidad de reorientación de la carrera, que probablemente traerá consigo un incremento de la riqueza y un aumento de las cotizaciones sociales e impuestos a satisfacer, a lo que hay que añadir las menores posibilidades de sufrir desempleo por parte de estas personas. Así pues, para definir una nueva política de apoyo a la formación permanente que sea eficiente y equitativa, reconocer estos y otros beneficios será imprescindible, y hay que decir que tradicionalmente en la mayoría de países los adultos se han visto excluidos de los programas de becas y préstamos por ser considerados capaces de autofinanciar sus diferentes actividades educativas, cuando en realidad, éstos son lo que soportan prácticamente la totalidad de las cargas familiares, tanto de sus gastos como los de sus hijos.
Un buen ejemplo de iniciativa novedosa en este cambio de dirección lo tenemos en el Reino Unido. En concreto, este país ha desarrollado un programa de ayuda financiera para acciones de enseñanza superior orientada a “mature students” (así se les llama en Reino Unido a los universitarios mayores de 25 años). Se trata de estimular la captación de estos alumnos por parte de las universidades, ofreciéndolas financiación suplementaria para las plazas que ocupan los estudiantes maduros que es probable que pronto alcance el 20% de la matrícula. Con ello, también se pretende estimular acciones personalizadas que integren a estos estudiantes y se adapten a sus necesidades particulares, entre las que podemos citar, sesiones y cursos de orientación y adaptación, tutorías, horarios especiales y ofertas modulares, entre otros. Además, directamente a estas personas, el gobierno de dicho país contempla diferentes programas de ayuda financiera, destacando uno de ayudas para guardería y otros costes de mantenimiento de los hijos. Como dato valga, que en el curso 2001-2002 los estudiantes con hijos pudieron recibir hasta 3.900 euros por el primer hijo y hasta 3.200 euros por el segundo.


En España, la educación de adultos ha permitido en los últimos veinte años que aproximadamente 1,5 millones de personas hayan completado estudios de EGB y, sin embargo, por desgracia no se ha producido un acceso generalizado de las diversas generaciones a la educación superior, y en efecto, los informes anuales de empleo de la UE ponen de manifiesto que nuestro país carece de una estrategia global de formación permanente. En el caso de los adultos, dos son los aspectos sobre los que se debería actuar: en primer lugar sobre la educación superior formal previa y en segundo lugar sobre la educación continua y de reciclaje.


Posibilidades de acceso


Tras la nueva Ley Universitaria aprobada en diciembre de 2001, para el acceso a la universidad en principio se deberá estar en posesión del título de bachiller; se suprime la selectividad que se sustituye por un examen de admisión propio a cada universidad siempre con respeto a los principios de igualdad, mérito y capacidad. Así, para facilitar el acceso existen algunos centros a distancia que ofrecen programas de preparación. Es también posible, no obstante, acceder directamente a la universidad sin necesidad del examen específico si se posee el título de FP de Segundo Grado y se pretende estudiar una diplomatura, ingeniería o licenciatura relacionada oficialmente con la familia profesional de la FP que se haya realizado (para ellos deben las universidades por ley reservar entre un 7% y un 15% de las plazas).


En el caso que nos afecta, mención aparte merece el acceso a la universidad de personas mayores de 25 años que en su momento no hubieran aprobado la selectividad, pudiendo realizarla incluso personas sin estudios de bachillerato, COU o de cualquier otra enseñanza secundaria reglada. Se trata, así pues, de abrir la universidad, y en ella, la formación permanente a estudiantes “no tradicionales”, personas que poseyendo experiencia y capacidad de aprendizaje, carecen de las credenciales académicas habituales. Para estos, la vía de acceso lógica hasta su reciente reforma había sido un examen de selectividad especial y común para todas estas personas interesadas, que ahora se sustituye por un examen específico para mayores de 25 años propio de cada universidad que será convocado por ley entre principios de febrero y finales de marzo. Aprobado éste, sólo será cuestión, si se desea, de realizar el correspondiente curso de orientación o iniciación de los estudios superiores.


Pero el principal problema aún no resuelto que presenta esta prueba de acceso exclusiva para adultos es el alto índice de suspensos que registra, hecho que en los últimos años ha venido “curiosamente” unido al progresivo descenso en el número de matriculados. Y es que parece injusto que el porcentaje de aprobados de la selectividad ordinaria se sitúe cada año entre el 85 y el 90% de alumnos de Bachillerato mientras el acceso a mayores de 25 años está entre el 30 y 35%. Así las cosas, se ha pasado de las 55.000 personas matriculadas en 1992 hasta las 27.800 personas matriculadas en 1999.


Puede que la dificultad de esta prueba desanime a muchos a presentarse. No obstante, Conchita Ybarra, que en su día también tuvo que realizarlo antes de ingresar en la carrera, quiso señalar a Aprendemas.com que debemos tener en cuenta que estas personas han de partir prácticamente de cero en sus conocimientos teóricos, aspecto por el cual, van a tener que trabajar mucho más duro. “Por otro lado”, nos dice Conchita, “no todo el mundo vale para estudiar y muchos de ellos se matriculan sin ser conscientes de la dificultad, sin saber si van a ser capaces de afrontar un estudio tan intenso. Creo que falta información continua, que se haga un seguimiento más cercano del alumno, que se coordine y organice su trabajo y que se disponga de apoyo psicológico continuo”. Por eso, en opinión de Conchita, previo al inicio de un programa de estudio, todas estas personas deberían realizar un Cursos de Iniciación en el que se les explicara estas dificultades y se les orientara en cómo afrontar el reto. Además, el apoyo no debería de ser sólo en el acceso, debería ser también durante todo el tiempo que durasen los estudios superiores.


 

Sobretodo distancia y quizá presencial


Dado su alcance y así también su particular metodología pensada para profesionales, la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) ha sido tradicionalmente la institución que, con gran diferencia, mayor número de personas adultas registra tanto en su curso de acceso como en sus carreras y demás estudios universitarios. Principalmente a distancia, ha incorporado en los últimos años un gran campus virtual en el que ya la mayoría de alumnos matriculados participan. Dispone además de 62 centros repartidos por toda la geografía española y por determinadas ciudades de otros países, en los que además se puede optar por asistir a clases nocturnas. Es así, la máxima expresión de flexibilidad, característica muy valorada por las personas adultas que normalmente compaginan sus estudios con un trabajo o con otras actividades irrenunciables. Otra razón por la que esta universidad es tan demandada, aparte del carácter oficial del que gozan sus carreras, es por las facilidades económicas que ofrece y, en primer lugar, por el bajo coste de la matrícula que a su vez se puede ver rebajada por una de las numerosas ayudas que se conceden. De hecho, aproximadamente al 20% de su alumnado se le concede una de estas becas, ya sea completa o sólo para el pago parcial de la matrícula incluyéndose también el material didáctico, siempre que se cumplan ciertos requisitos como es el hecho de estar en paro o de no llegar a un nivel de renta establecido.


En definitiva, con cerca de 200.000 matriculados, casi todos profesionales, la UNED es la mayor comunidad universitaria de habla hispana. Pero además, en España hay otras importantes instituciones universitarias privadas a distancia también pensadas para profesionales y personas adultas que tratan de rivalizar con este gigante de la educación superior pública. Como en precio no pueden competir, parece que su éxito va a depender de la mayor calidad, así como, de la gran especialización y el enfoque eminentemente profesional que se dé en los distintos programas. Entre estas escuelas superiores podemos destacar la UOC, tanto sus carreras superiores como cursos de postgrado, ya de gran prestigio internacional, y asimismo la Universidad Abierta Interactiva (UNIACTIVA), de más reciente creación y que incide sobretodo en los programas específicos de postgrado orientados a profesionales.


Si bien la distancia es la metodología que más se ajusta a las posibilidades de las personas adultas, lo que está claro es que las universidades convencionales también deben asumir los cambios que se están experimentando en las sociedades modernas en lo que respecta a sus necesidades educativas. Es innegable el hecho de que las aulas de las universidades españolas se están vaciando por falta de jóvenes, pero también es un hecho que la educación superior es, cada vez más, una necesidad en todas las personas, jóvenes y adultos, y que el incremento de demanda es posible con una mayor apoyo a todos los niveles.


Las empresas, ya en muchos casos con una nueva organización del trabajo, esencialmente más flexible, legalmente más dotada para el desarrollo curricular de los trabajadores, tiene y puede favorecer la disposición de tiempo para la formación, que cada vez más fácilmente es posible compatibilizarla con las cargas laborales. Además, ya es más habitual la jornada parcial o el trabajo en el que el profesional tiene cierta libertad para organizar su horario de trabajo de acuerdo a sus intereses. Por otro lado, el alumno adulto es un nuevo alumno más curtido, con conocimientos más sólidos a fuerza de años y de experiencia personal y profesional, teniendo además muy claro que es lo que necesita para su progreso y mejora profesional y académica, que va a exigir de la universidad una educación o formación más ajustada a su perfil, por no decir que en ocasiones exigirá una mayor calidad académica.



La Universidad Complutense de Madrid no tiene un programa específico, aunque sí da ciertas facilidades a aquellos alumnos que compaginen la carrera con su trabajo. “Siempre que lo justifiques, te permiten elegir grupo con mejor horario”, que en el caso de Joaquín Alonso sería el de tarde-noche. Y es que este profesional de 33 años de edad, ya licenciado en económicas y ocupando un puesto directivo en Telefónica, decidió que estudiar derecho iba ser un excelente complemento para su carrera. “Por ejemplo, todo lo que estoy aprendiendo sobre fiscal y laboral en la universidad me está siendo muy útil en el departamento de Recursos Humanos donde trabajo. Pero el derecho es importante también en otros muchos ámbitos, es más, pienso que se debería estudiar en el colegio”. Reconoce lo difícil que resulta asistir a las clases a partir de las 7 de la tarde y que muchas veces no le queda más remedio que conseguir de otros los apuntes. Y así, ir por años, lógicamente es muy difícil, aunque eso no quita que Joaquín se tome la carrera con seriedad, “a esta edad tienes las cosas muy claras y si haces algo es porque realmente te interesa, te lo tomas con mayor interés”. Y también algunas empresas están empezando a interesarse en eso de fomentar los estudios entre sus profesionales más inquietos. “Mi empresa me paga un porcentaje de la matrícula. Ya es habitual entre las grandes empresas pagar la formación de sus empleados. A cambio te hacen firmar un compromiso de permanencia. Con ello logran retener el talento y es también en cierto modo una inversión para ellos”. 
Sí, estamos de acuerdo en que la universidad es el agente del conocimiento por excelencia, pero en estos tiempos ha de ser, además, la gran fuente de conocimiento cualificado y útil para las empresas. Y su transmisión va a exigir de las instituciones educativas superiores un gran esfuerzo por actualizar sus propios programas y así adaptarse a las necesidades y posibilidades de los profesionales. Sin duda, se necesitará cambiar buena parte de sus métodos tradicionales introduciendo acciones alternativas como clases nocturnas, seminarios de fin de semana, programas modulares optativos, campus virtuales, programas de entrenamiento online, etc.. Y en esta mejora, está claro que las nuevas tecnologías jugarán un papel crucial. También se va a necesitar de un mayor esfuerzo de coordinación entre las distintas universidades para hacer posible y dar continuidad a la carrera académica de cada persona. Así, es prioritario lograr la homologación y reconocimiento de los títulos y créditos por parte de las instituciones oficiales en todo el territorio español y europeo, esto, con el fin de facilitar, entre otras cosas, la movilidad profesional. Con todo, no siempre las licenciaturas o diplomaturas convencionales son posibles...


Sea como sea pero ante todo formarse


“Yo porque ya tengo carrera pero, si no, me lo plantearía”. Patricia Gómez ya hace bastantes años que terminó la universidad y, desde entonces, ha trabajado como secretaria de dirección en empresas multinacionales. Sin embargo, poco se planteó cambiar de campo profesional. Y eso que su sueldo no era malo... “no lo hago por motivos económicos sino por vocación, sentía que podía dar más de mí misma y aquí busco tener mi proyección profesional. Pensé que un curso de postgrado me daría el empujón que necesitaba para entrar en el campo de los Recursos Humanos. Teniendo responsabilidades familiares y siendo ya profesional, un curso no excesivamente largo y muy enfocado a una cualificación específica creí que era lo más apropiado en mi caso”. Y así lo hizo, en concreto el Curso Superior de Recursos Humanos del Centro de Estudios Garrigues, y desde luego no se arrepiente, “es una inversión económica grande pero sobretodo es una inversión de esfuerzo. Aún es pronto para sacar conclusiones, eso se tendrá que ver a largo plazo, aunque en principio estoy muy satisfecha”.


Más que una carrera superior, es habitual que los profesionales titulados prefieran realizar programas de un año o año y medio a tiempo parcial. Y es que, tal y como nos dijo Patricia, “sin experiencia previa es muy difícil entrar en cualquier campo profesional y, si uno quiere hacer un cambio, un curso de postgrado facilita las cosas, es lo más recomendable. Aparte de los conocimientos especializados, con ello demuestras de cara a futuros empleadores tu compromiso, además consigues valiosos contactos entre tus compañeros y profesores”. Pero para Patricia también es fundamental la escuela en la que te formes, hay que elegir una que sea de prestigio y reconocida en su campo, ya que, en cualquier caso, la inversión siempre va a ser grande. Quiso destacar, por último, el carácter eminentemente participativo que deben tener las clases... “la relación entre el alumno, como profesional con experiencia que ya es, y el profesor ha de ser cercana, casi de igual a igual. Y es que de lo que se trata en las clases es que todos compartan sus experiencias profesionales. Es así, muy importante la participación y aportaciones de tus compañeros”.


Lo cierto es que cuando se trata de profesionales titulados ya asentados en el mercado laboral, la oferta de postgrado más interesante procede en gran parte de las escuelas privadas. Pero también las universidades, públicas y privadas, deben impartir nuevas enseñanzas profesionales, potenciar sus diplomas y títulos propios, departamentos o escuelas de postgrado, cursos monográficos y seminarios. En definitiva, deben apostar por la formación a lo largo de toda la vida siempre adaptándose a las puntuales necesidades de las personas y los profesionales cualificados.


No quiso terminar Patricia sin asegurar que va a seguir formándose, quizá con seminarios o quizá con cursos monográficos. Asimismo Conchita, como brillante profesora de la UNED, reconoce que no tiene otra alternativa que estar constantemente renovando sus conocimientos, “la enseñanza es mi trabajo y en esta profesión tienes que estar totalmente al día de todo lo que va saliendo, no puedes parar, lo mío ha de ser un continuo aprendizaje para transmitir”. Joaquín también tiene claro que cuando finalice su licenciatura realizará otros estudios, quizá un master, quizá una carrera. Patricia, Conchita, Joaquín, y así muchos, cada uno a su modo y de acuerdo a sus necesidades y expectativas. En definitiva, son trabajadores del conocimiento que, como tales, no tienen más alternativa que formarse continuamente.



redaccion@aprendemas.com



Enlaces de interés:


Informe CRUE. El Sistema Universitario Español desde una Perspectiva Internacional



La universidad en tiempos de crisis



PROCEDIMIENTO PARA EL INGRESO EN LOS CENTROS UNIVERSITARIOS



Estadística Universitaria (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte)