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Especial Medicina: un largo calvario

Una década es el tiempo mínimo que cualquier médico ha de dedicar a su formación previo a ejercer la profesión con total independencia. Largo y duro período que no siempre se verá recompensado con un salario acorde, o con esa situación laboral idónea

Publicado en Histórico Reportajes
Foto de Especial Medicina: un largo calvario
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Tradición y vocación – Seis años y medio – Facultades de Medicina: carencias y mejoras – MIR: nuevos tiempos, nuevas necesidades – Profesión Médica: de calidad e insatisfacción – Entre leyes y reformas



Empieza la cuenta atrás. El
período de inscripción al temido examen oficial de acceso a la Formación Sanitaria Especializada se cerró el pasado 29 de octubre y será el 31 de enero cuando miles de jóvenes titulados en distintas carreras científico/sanitarias -médicos, psicólogos, enfermeros/as, químicos, biólogos y farmacéuticos- habrán de luchar por una de las 6.400 plazas en hospitales e instituciones sanitarias que este año que viene va a otorgar el Ministerio de Sanidad, un 4,5% más que la convocatoria de 2003.


Lógicamente, son los licenciados en medicina el grupo al que, con gran diferencia, mayor número de plazas se les ha asignado. En concreto, serán 5.670 plazas. Claro que también son estos titulados los que concurren en mayor número ya que para ellos los tres años del MIR suponen prácticamente la única vía de acceso a la profesión médica, precisamente para la que previamente han dedicado más de 6 años de su vida.


 


Tradición y vocación


 


Largo y difícil período formativo para los licenciados en medicina que sólo justifica el hecho de que estamos, sin duda, ante la carrera universitaria más vocacional. Y médicos ha habido siempre a lo largo de la historia poniendo de manifiesto que se trata de una disciplina del saber antiquísima y absolutamente universal. Hipócrates, en Grecia, entre los siglos V y IV antes de Cristo, Galeno, en Roma, en el II después de Cristo, y muchos más posteriormente que han luchado por entender más allá de la superstición y que así han ido profundizando en el conocimiento certero del cuerpo humano y de la vida. Antes como ahora, una larga lista de personas célebres y anónimas que las ha distinguido su afán inquebrantable por ayudar al prójimo. Un especial saber que para quien bien lo aplique siempre habría de ser admirado por sus congéneres.


La medicina es disciplina que encuentra sus raíces en la caridad, virtud que desde muy antiguo llevó a la fundación de hospitales y asilos para socorro de los menesterosos y enfermos; y cuya única vía de acceso viene desde el estudio riguroso, indagar en el cuerpo del hombre, buscar explicación y remedio a sus enfermedades y dolencias, que ya en los tiempos de la Edad Media llevó al establecimiento de las primeras escuelas como la de Salerno (S XI) y luego cátedras como la impartida en la Universidad de Bolonia.


Y España tampoco ha podido ser indiferente a este saber universal. España fue, no en vano, lugar donde la medicina árabe medieval alcanzó su mayor auge, la que entonces sería modelo para toda Europa. Y muy cerca, en tierras cristianas, desde la misma Real Cédula de 1254 dada en Toledo por Alfonso X El Sabio, auténtica carta magna constitucional de la Universidad de Salamanca, primera universidad española, la medicina ya formó parte de las 11 disciplinas o cátedras inicialmente citadas.


Descubrir los misterios de la vida humana y así de paso ayudar al prójimo podría ser la razón que la mayoría de estudiantes de primer curso de medicina esgrimirían si se les preguntara el porqué de su elección frente al resto de carreras. Los médicos siempre han gozado de un gran reconocimiento social y muchas veces también económico, y es también esta vocación filantrópica algo que todavía sigue seduciendo poderosamente a un grandísimo número de jóvenes españoles.


 


Seis años y medio


 


Como viene siendo habitual estos últimos años, Medicina, junto con otras carreras relacionadas con la salud, ha alcanzado las notas de corte más elevadas en las universidades españolas. Fisioterapia y medicina fueron las dos únicas titulaciones que superaron los 7 puntos como nota exigida para matricularse en la Universidad de Zaragoza; la Universidad de Las Palmas registró la nota de corte en medicina más elevada de España: 8,31; la Universidad de Oviedo pidió nota superior a 8 sólo en tres titulaciones y estas fueron Medicina (8,29), Fisioterapia (8,21) y Odontología (8,06); en la Universidad de Cantabria también fue medicina la más preciada con 7,2 puntos; y en la de Castilla-La Mancha (8,12); y en la de Granada con Fisioterapia (8,35) y Medicina (8,22), universidad que, por cierto, batió récord en nota de corte (Traducción: 8,51); y así en general en la mayoría de universidades públicas a lo largo y ancho de toda España donde, del total de carreras, 19 de las 50 notas de corte más altas correspondieron a medicina, 10 a fisioterapia y 4 a odontología.


A priori, son los jóvenes más preparados, indudablemente, con un gran talento para el estudio y dispuestos a llevar el Juramento Hipocrático hasta sus últimas consecuencias. Pero pronto se encontrarán con la cruda realidad de un plan de estudios demasiado teórico, con muchas de las universidades carentes de medios, especialmente para las sesiones prácticas, y, sobretodo, un sistema que tiene al Examen MIR como referencia omnipresente.


Y en efecto, según reconoció Josep Argemí, catedrático de pediatría y decano de la Universidad Internacional de Catalunya, en Barcelona, en declaraciones a propósito del Día del Médico (23 Oct.), el estudiante recibe en la carrera una formación demasiado orientada a aprobar el MIR, siendo este, a fin de cuentas, un mero examen tipo test que no habría de ser tan decisivo. En opinión de dicho experto, esta etapa formativa debería cambiar hacia, por un lado, la obtención de una base de conocimientos fuertes en las asignaturas básicas, hacía una formación más instrumental y una formación práctica más amplia. El estudiante no debería obsesionarse con asimilar grandes cantidades de datos, ya que lo más importante al final en la profesión va a ser tener criterio, actuar con sentido común y con coherencia. Muchos más importante será, por tanto, el aprendizaje a través de la práctica profesional, a través del ejercicio, como esencial es que se conciencie de la necesidad de un aprendizaje permanente o reciclaje profesional.


 

Facultades de Medicina: carencias y mejoras


 


Y no iban desencaminadas estas declaraciones de Argemí cuando un estudio reciente realizado en la Universidad Autónoma de Madrid ha puesto de manifiesto que los alumnos de medicina no obtienen en la carrera varias aptitudes fundamentales para el ejercicio profesional. Bajo el título “Percepción de las necesidades de formación de los estudiantes de Medicina”, Benjamín Sierra, profesor de Psicología de la UAM, realizó este estudio en base a 277 alumnos de los tres últimos cursos de Medicina y 12 Médicos Internos Residentes (MIR) del Hospital Puerta de Hierro de Madrid. Estos alumnos encuestados se declararon incapaces de afrontar situaciones de estrés, aptitud a la que concedían una nota de 8,89 en cuanto a su grado de relevancia para la profesión. Y cuando la pregunta se centró en una jornada de urgencias en un hospital, estos mismos alumnos se dieron un aprobado raspado a la hora de saber hacer frente a las malas condiciones de trabajo o de afrontar la muerte y el sufrimiento a diario.

La falta de habilidad de comunicación para transmitir un diagnóstico "preciso" y el saber cómo tomar decisiones sobre salud individual o colectiva también inquietó a los futuros doctores. En una escala de 0 a 10, el grado medio en que reconocieron poseer estas cualidades estuvo por debajo de 5.

La escasa formación práctica fue el tercer aspecto por el que los alumnos de medicina mostraron mayor preocupación. Los encuestados opinaron mayoritariamente que falta más información sobre centros médicos especializados y la realización de cursos monográficos prácticos. Asimismo, se debería contar con más asignaturas sobre temas específicos como primeros auxilios o salud tropical, desconocidos para ellos.
Y también en cuestiones legales lamentaron la poca formación recibida pese a estar interesados en conocer, sobretodo, qué responsabilidades civiles se derivan de su práctica profesional. Como casi ignorantes se consideraron en lo relativo a sus derechos y obligaciones sobre cuestiones tan controvertidas como la eutanasia, el aborto o la ingeniería genética. (La puntuación no supero el 4,5).

La informática y los idiomas estuvieron más nivelados en su relación “grado de importancia-nivel de conocimientos”, de hecho, los estimaron importantes y moderadamente satisfactorios. Sin embargo, en habilidades para al investigación los alumnos se declararon carentes de ellas, incapaces de elaborar proyectos o publicaciones científicas, a la vez que dudaron de sus aptitudes para presentarlas en público.

Así las cosas, Sierra recomendó en su estudio el mayor énfasis que deberían hacer las facultades de medicina en el componente humanístico, asimismo, en organizar cursos monográficos y talleres de técnicas de toma de decisiones o sobre cómo afrontar situaciones de estrés. Es el estrés, y el desgaste profesional como consecuencia de ello, dolencia generalizada que afecta a uno de cada tres médicos, enfermedad laboral que junto a docentes, enfermeros y comerciales son los médicos los que más la sufren de entre todos los colectivos profesionales. Opina este experto docente que prevenir esta peligrosa dolencia ha de iniciarse desde la misma etapa formativa, todavía en las facultades, y no sólo cuando el profesional está plenamente incorporado al mercado laboral.

El caso es que, guste o no dicho programa, todo aspirante que pretenda llegar a algún sitio en la profesión médica tendrá que afrontar irremediablemente los seis laboriosos años que dura la licenciatura, la más larga del sistema educativo español, para luego enfrentarse a un difícil examen y encontrase con otro nuevo y largo período de aprendizaje como Médico Interno Residente (MIR), que el Gobierno también denomina Formación Sanitaria Especializada. Claro que aquí no todos se especializan en lo que más desean, sino sólo lo que les permite la nota obtenida en el más “infame” de los exámenes.

A la mayoría le gustaría ser neurólogo, o cirujano cardiovascular, o ginecólogo, o traumatólogo, pero eso hemos de decir que está reservado a los pocos privilegiados que hayan obtenido las mejores calificaciones en el Examen MIR. De nuevo se pone a prueba el talento, la disciplina y la capacidad de sacrificio llevada hasta el límite para mayor suplicio de este colectivo de “eternos estudiantes”. Y añadamos que una cosa es lo que uno desea y otra bien distinta es lo que la sociedad necesita.


 


MIR: nuevos tiempos, nuevas necesidades


 


Y es que la realidad de la profesión médica no es algo estático, está sujeto, por el contrario, como bien dijo el Doctor Josep Argemí, a cambios fruto de los avances tecnológicos y científicos. La tecnología instrumental, las nuevas tecnologías asociadas, por ejemplo, al genoma humano o la biología molecular que tanto está repercutiendo a los ámbito del diagnóstico y la terapéutica; y más allá la realidad social como puede ser el paulatino cambio poblacional, un necesario cambio en la legislación o, a veces, en la actitud de las empresas. Cambios que, destacó este eminente médico, han provocado, entre otros efectos, una disminución del ámbito pediátrico mientras que el geriátrico ha venido experimentando un espectacular crecimiento. Además, añade Joseph Argemí, que la otrora habitual relación paternalista médico-paciente es ahora insostenible, en tanto en cuanto los ciudadanos españoles están mucho más informados. Ya no se trata con un ignorante del que no es necesario escuchar su opinión y, por ello, incluso más importante que la preparación técnica, es la preparación humana que permita al médico establecer una relación con el paciente mucho más enriquecedora en beneficio también de sus intereses profesionales.

Fruto de estos cambios y de las necesidades inmediatas puestas de manifiesto, es el hecho de que el Gobierno haya decidido aumentar este año el número de plazas en las especialidades de Radiodiagnóstico, Anestesiología y Reanimación, Aparato Digestivo, Nefrología y Oftalmología. Por el contrario, ha reducido las plazas en medicina familiar y comunitaria, compensado con el moderado repunte de las especialidades médicas hospitalarias.

Caso particular ha sido en esta convocatoria MIR el extraordinario crecimiento de las plazas para Medicina del Trabajo, hasta alcanzar ochocientas en total, y todo debido a las nuevas disposiciones que desarrollan la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Si fuéramos estrictos, 51 son los minutos que por ley se debe dedicar en servicios médicos de prevención a cada empleado, que multiplicado por los 12 millones de personas que trabajan en España hacen necesario, grosso modo, 5.700 profesionales que presten este servicio (según cálculos que expuso Jorge García del Moral).


Desde 1959 hasta 1988, año en que desapareció la Diplomatura en Medicina del Trabajo, el Gobierno cifra en 11.509 las personas que se han titulado en esta especialidad. Hay que decir, además, que muchos de los titulados en esta extinta diplomatura ocupan puestos que nada tienen que ver con medicina del trabajo, incluso algunos que ya están retirados de la vida activa. Posterior a ello, se han expedido 4.000 Títulos de Especialista de Trabajo, entre los que figuran parte de los 1.140 médicos que han realizado la especialidad (o la están haciendo) en los últimos diez años (de los 1.140, están pendientes de entrar en las escuelas 115, y 230 aún no han terminado la especialización).


El paro en esta especialidad es inexistente, es de suponer que la práctica totalidad de estos 4.000 especialistas ya están ocupados y que, en consecuencia, no parece posible que haya especialistas suficientes para la demanda que esta nueva ley, junto con el crecimiento del empleo, empiezan a generar, ni en este ni en años posteriores, pese a las 800 plazas MIR de la última convocatoria.


 

Y si consideramos la opinión de los licenciados hay que decir que dicha especialidad es una de las menos demandadas por los médicos, tal y como se puede comprobar en los actos de asignación de plazas: las de Trabajo son prácticamente las últimas en asignarse. Es muy importante, según declaró hace unas semanas el presidente del Grupo de Trabajo de Profesionales Sanitarios de la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, Miguel Ángel Zamarrón (de UGT), llevar a cabo reformas para hacer de Medicina del Trabajo una especialidad atractiva, capaz de atraer profesionales con vocación y talento.

Se propone, entre otras soluciones, potenciar las rotaciones dentro de los hospitales, resolver los problemas de movilidad en Europa y remunerar a los especialistas en formación. Pero, además, muchos expertos creen necesario acciones de mayor calado como sería la apertura de un proceso de titulación al margen de la vía MIR en una convocatoria -similar a la prevista en el Real Decreto 1.753/1998 (de homologación de médicos generales con especialistas de familia) habilitando entidades formativas de ámbito local, permitiendo el acceso también, por concurso de méritos, para aquellos profesionales vinculados a la salud laboral-. También se habla de la opción consistente en permitir de manera restringida la participación de otros profesionales sanitarios (¿médicos generales?) no especialistas en Medicina del Trabajo o Enfermería de Empresa en tareas de vigilancia de la salud. Incluso, ya hay algunos que sugieren, la posibilidad de restablecer la diplomatura en Medicina de Empresa. De lo que no cabe duda es de que estamos ante la especialidad ahora más pujante.


Profesión médica: de calidad e insatisfacción



Como disciplina que tiene su base en el conocimiento, son sólo sus profesionales los únicos capaces de llevar la medicina hasta unos niveles de calidad satisfactorios. La calidad es, en definitiva, una prioridad en el Sistema Nacional de Sanidad que sólo pasa por la aplicación de una adecuada política de recursos humanos y que tiene como último desafío la gestión eficaz del conocimiento. La Agencia de Calidad del SNS nace con la Ley de Cohesión y Calidad del SNS y para cumplir su misión se ha de valer de sus dos principales herramientas que son el Instituto de Información Sanitaria y el Observatorio del SNS.

En este afán por la calidad el período de Formación Sanitaria Especializada es una etapa fundamental. Por desgracia, a muchos Expertos en la docencia de los MIR les preocupa que mayoría de los programas de las distintas especialidades son demasiado confusos y no reflejan claramente los objetivos que debe cumplir el residente, algo que estiman es fundamental para que el tutor sepa qué evaluar. Todavía, es necesario hacer un esfuerzo de clarificación para poner en marcha una evaluación real. También se echa en falta un más estricto cumplimiento de los programas, que lleva en muchas ocasiones a quejas a la hora de calificar al residente.

El tutor es, definitivamente, una figura clave en el proceso de aprendizaje de los MIR, actúa como referente y modelo y, por tanto, debe reunir una serie de características que garanticen que desarrolla con eficacia sus funciones. Además de los requisitos profesionales y académicos es preciso que asuma un firme compromiso y que tenga condiciones humanas en las que resalte la capacidad de relación y comunicación, actividad docente que también ha de ser convenientemente evaluada y acreditada de manera periódica en aras de esa deseada calidad.

Y aquí hemos de hablar de una calidad en todos los sentidos, es decir, calidad en el ejercicio de la profesión médica pero sin olvidar ponerla en relación con la calidad en lo que se refiere a las condiciones de trabajo de los médicos. Desgraciadamente, distintos estudios apuntan a que estas condiciones no son las idóneas. Por citar un reciente estudio llevado a cabo por el
Colegio Oficial de Médicos de Madrid -promovido por el Grupo Medicina y Mujer-, en la comunidad de Madrid más de la mitad de los médicos en ejercicio están “insatisfechos” con su situación laboral, opinión que en el caso de los médicos de familia y aquellos que trabajan en el sector público resulto ser de aún mayor descontento.
1.500 profesionales sanitarios fueron entrevistados para este estudio, el 30% ejercía su actividad en el ámbito de la Atención Primaria y el 61% a la Atención Especializada. Menos de la mitad de los facultativos (48%) resultaron tener contrato fijo. Además, quedó de manifiesto la generalizada situación de interinidad del colectivo femenino, los jóvenes y los médicos de familia.

Sorprendió mucho en este estudio que el 82% de médicos afirmara que su profesión no está suficientemente valorada por la sociedad, opinión compartida sobretodo por aquellos que trabajan en el sector público. Además, el 40% de los médicos encuestados se sintió discriminado en su ámbito profesional. Destacan la discriminación por razón de sexo (52% de las mujeres como principal motivo) y por razón de edad. Los médicos generales y los que se especializan en Medicina de Familia son los que más se sienten discriminados durante el período de Formación Sanitaria Especializada.

Y también sufren la amenaza del acoso, algo que un tercio de los preguntados declaró haberlo sufrido. El 70% citó el acoso moral o psicológico. Paradójico es el hecho de que sean los profesionales de la salud uno de los que gozan de peor salud laboral. La tercera parte de los entrevistados, sobretodo las mujeres, han padecido alguna enfermedad relacionada con el desempeño de su profesión en los últimos diez años. Y, por supuesto, aparece como más citada el estrés, seguido de las infecciones, la depresión y los problemas músculo-esqueléticos.
Casi la totalidad de estos médicos opinaron que es necesario una mayor dedicación a la formación continua. En concreto, se estimó que sólo se dedican a docencia e investigación entre un 3% y un 4% de las horas de trabajo por término medio. En definitiva, un estudio clarividente de la verdadera situación de la profesión médica que en absoluto coincide con la imagen que se tiene de ella, tal y como afirmó durante la presentación del mismo Dolores Crespo, la secretaria del Colegio Oficial de Médicos de Madrid.


Entre leyes y reformas



Así las cosas, está claro que la profesión médica bien necesita una profunda reforma. Y hemos tenido un reciente intento por parte del gobierno en los que se han denominado Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS) y el Estatuto Marco. Con ella se ha pretendido crear un entramado jurídico completamente nuevo para los profesionales de la sanidad que sustituye a un ordenamiento anticuado que se remonta a 1966. Más allá, se trata de la primera regulación sistemática del ejercicio profesional médico que se acomete en España y afecta tanto al sector público como al privado.

Según Ana Pastor, la Ministra de Sanidad, son factores esenciales para determinar la calidad de la práctica profesional la formación inicial –la de pregrado y la especializada-, la formación continuada y la motivación, a través de incentivos tanto profesionales como económicos a las prácticas más eficientes, más efectivas, y más seguras. En estos tres aspectos incide la nueva ley. Además, se ha querido hacer acorde a los retos que plantean los sistemas sanitarios europeos, compartiendo visiones y objetivos semejantes a países como Holanda, Reino Unido o Francia.


En lo que respecta a los sistemas de formación pregraduada y especializada, lo que se pretende es actualizar el Sistema de Especialización. Se introduce las bases de la carrera profesional, que se articulará en cuatro grados y estará implantada en no más de tres años. La carrera reconocerá el conocimiento y la experiencia en asistencia, docencia e investigación, así como el cumplimiento de objetivos. La LOPS define como profesión sanitaria la licenciatura superior organizada en colegios profesionales e introduce la acreditación cada tres años, que en el caso de los gestores podrá suponer la remoción del puesto.


En el pregrado prevé ya la adecuación de las admisiones a las necesidades futuras de especialistas. En materia de formación especializada incorpora la troncalidad: cada tronco tendrá un periodo formativo de al menos dos años y permitirá la reespecialización entre sus ramas una vez que se tengan cinco años de experiencia y se pase una evaluación.


La especialización basada en práctica profesional remunerada y tutelada seguirá siendo el instrumento básico aunque, después de 20 años, será adaptado el Sistema MIR a las necesidades de mayor flexibilización. El examen será reformado para introducir aspectos prácticos y habilidades clínicas y los residentes contarán con una regulación especial de su relación laboral, que incluirá jornada, dedicación y descansos. Las áreas de capacitación específica abarcarán los contenidos que afecten a más de una especialidad. Aunque la LOPS evita deliberadamente definir competencias entre especialidades y apuesta por la transversalidad, prevé la creación de un órgano que dirima disputas en esta área.
Otro de los objetivos de la LOPS es incidir en los mecanismos de incentivación, para lo cual se define un sistema de homologación y se diseña un Sistema de Desarrollo Profesional que alcanzará al conjunto de los Servicios del Sistema Nacional de Salud. Con ello se dará cobertura a actividades hasta ahora no reconocidas ni formal ni retributivamente.

De destacar por su trascendencia es la norma por la que se crea un registro público de médicos en el que los pacientes podrán contrastar la especialidad y formación de los facultativos. Este registro, será gestionado por los colegios profesionales, cosa que ha levantado generalizadas críticas por parte de la oposición pues en su opinión supone instaurar la colegiación obligatoria. En cierto sentido, organizarse en este tipo de corporaciones pasa a ser una condición para recibir el rango de "profesión sanitaria". Además, supone que los colegios participen, junto a la Administración, en el régimen sancionador y en la formación continuada, donde estima el PSOE que se relega a sociedades científicas, sindicatos y otros agentes.


La LOPS recibió el apoyo del Grupo Popular, CiU, PNV y Coalición Canaria (CC). En este sentido, el Estatuto Marco recibió un mayor apoyo, incluso contó con el voto favorable de Izquierda Unida que estimó positivo del texto que haya recogido reivindicaciones históricas como la regulación del personal en formación, la causalización de los contratos y la ordenación del tiempo de trabajo.

Fundamentalmente, de lo que se trata con el Estatuto Marco es de establecer un nuevo modelo de relaciones laborales para más de medio millón de trabajadores del Sistema Nacional de Salud. El Estatuto Marco regula cuestiones de tanta importancia como la carrera profesional, el régimen retributivo y la movilidad geográfica por todo el Sistema Nacional de Salud.

Para facilitar la movilidad, el proyecto de Ley prevé homologar las categorías profesionales y coordinar las convocatorias de plazas entre las diferentes Comunidades Autónomas. También contempla la regularización de la jornada de trabajo y los descansos, hecho especialmente importante en un sector como el sanitario, que lleva implícito la atención continuada durante las 24 horas del día los 365 al año. Esto se llevará a cabo mediante la transposición de una Directiva Europea.

El proyecto de Ley clasifica al personal estatutario según la función que desarrolla, el título exigido para el ingreso en el SNS y el tipo de nombramiento. Dicha clasificación distingue entre: personal estatutario sanitario, personal estatutario de Gestión y Servicios, personal estatutario fijo y personal estatutario temporal.

La norma establece la carrera profesional para todo el Sistema Nacional de Salud, conforme a los criterios recogidos en la Ley de Cohesión y Calidad. Esto supone el derecho de los profesionales sanitarios a progresar, de forma individualizada, como reconocimiento a sus conocimientos, experiencia en las tareas asistenciales, investigación y cumplimiento de los objetivos de la organización en la que prestan sus servicios.


A finales de 2002 la Fundación para la Formación de la Organización Médica Colegial anunció el inicio de un ambicioso proyecto para conocer a través de encuestas online la situación de la profesión médica en España. Este estudio se desarrollaría a lo largo de seis meses, para informar sobre el mismo, para participar en las encuestas y conocer los resultados, se ha habilitado una página web de acceso libre:

Estudio-Encuesta de la Profesión Médica: Una Visión desde la Perspectiva Europea

Otros enlaces de interés:

Web Oficial Ministerio de Sanidad

Web Institucional del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos – Organización Médica Colegial (OMC)

Web Institucional Colegio Oficial de Médicos de Madrid

Listado de todos los Colegios Oficiales de Médicos en España

Estudio “Percepción de las necesidades de formación de los estudiantes de Medicina” (UAM-Pfizer)

Comunicado del Ministerio de Sanidad sobre la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS) y el Estatuto Marco

Información General MIR 2003-2004 (Ministerio de Sanidad)

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