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En materia educativa Europa tiene que aprender de otros países

Un reciente informe realizado por Andreas Schleicher, autor del conocido informe PISA, a petición de la Unión Europea, ha puesto de manifiesto que en Europa aún queda mucho por hacer para alcanzar los objetivos de Lisboa. Lo peor es que otros países

Publicado en Histórico Reportajes
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‘La Economía del Conocimiento. Por qué la educación es clave para el éxito en Europa’. Bajo este sugerente título, Andreas Schleicher -coordinador del informe educativo internacional PISA que emite de forma periódica la OCDE- desvela las claves de la situación educacional en Europa comparada con el resto de países que integran esta organización. Un estudio no excesivamente largo que, sin embargo, alcanza algunas conclusiones muy reveladoras.


 


El informe da comienzo señalando la importancia de la educación en una economía que en la actualidad ya no se basa en la agricultura, la fuerza de trabajo o el capital, sino en la producción de información y conocimiento. Países como China o India empiezan a aportar recursos altamente cualificados a bajo coste, por contraposición a un pasado no tan lejano en el que la mano de obra barata, común en estas regiones, estaba muy poco capacitada. Estamos, en definitiva, ante un sustancial incremento de la competencia global, con oleadas de graduados procedentes de tales países, que Europa no debe obviar.


 


El beneficio de invertir en formación


 


Por otro lado, los datos indican que los Estados que más invierten en educación y desarrollo de las habilidades son los que mayor retorno de la inversión registran. La sociedad en su conjunto obtiene beneficios palpables -fundamentalmente a través del crecimiento económico- y no únicamente las personas que han podido aprovechar las oportunidades de formación. Tanto es así, que los países en que los individuos cursan un año adicional de formación consiguen aumentar la producción y los resultados económicos entre el 3% y 6% a lo largo del tiempo. En otro orden de cosas, los trabajadores poco cualificados experimentan un mayor riesgo de padecer desempleo y exclusión social.


 


Desde el punto de vista individual, la formación parece marcar una diferencia muy significativa en los salarios, ya que, con la excepción de España, los trabajadores que han pasado por la educación secundaria y terciaria acceden a un nivel de ingreso bastante más elevado que el de aquellos que no lo han hecho. Los porcentajes varían desde el 25% registrado en Dinamarca y Nueva Zelanda hasta el 119% de República Checa, Finlandia, Francia, Alemania, Hungría, Italia o Portugal, entre otros. El salario al que los graduados pueden aspirar se ha incrementado anualmente en un punto porcentual entre 1997 y 2003 en 18 países de la OCDE.


 


Aunque la demanda de formación ha aumentado de forma global en los últimos años en los Estados miembros de esta organización y de hecho, casi todos ellos producen en la actualidad mayor número de licenciados que en 1960, la tasa de crecimiento varía significativamente. Hoy en día, algunos países europeos de gran peso específico en la economía del continente, como Francia, Italia o Inglaterra, simplemente mantienen el mismo número de graduados. En Alemania, por el contrario, se ha producido un importante retroceso: ha pasado de posiciones de privilegio en los años setenta a ocupar en los 90 una posición 23 más que discreta. La buena noticia es que España se encuentra entre los países que ha experimentado  un incremento, al igual que ha sucedido en Irlanda y Portugal.


 


Un sistema educativo de pobres resultados


 


En cuanto a la calidad de la enseñanza en las instituciones universitarias europeas, el informe se apoya en el ranking realizado por la Universidad Jiao Tong de Shanghai, que señala que Europa se está quedando atrás también en este aspecto. Únicamente dos universidades del continente, Oxford y Cambridge, se sitúan entre las veinte más destacadas, mientras que las diecisiete restantes ostentan nacionalidad estadounidense. Otro dato significativo es que el 40% del conjunto de estudiantes del globo que se desplazan para realizar estudios en el extranjero lo hacen a Estados Unidos, lo que indica que este país sigue constituyendo la primera elección de los consumidores de educación.


 


Para que las universidades de Europa consigan ponerse al día, dice el informe, será necesario que los gobiernos creen un sistema de instituciones diversas, sostenibles y altamente cualificadas, transfiriéndoles la responsabilidad de sus propios resultados. También será necesaria la implementación de políticas de financiación que movilicen los recursos públicos y privados de la forma que mejor refleje los beneficios sociales y personales de la educación terciaria. Las universidades europeas deberán evolucionar para alcanzar el nivel de liderazgo y capacidad de gestión característicos de las empresas actuales, aplicando la estrategia financiera más adecuada, así como técnicas de gestión de los recursos humanos.


 


Tampoco en el apartado de educación escolar sale Europa especialmente favorecida en la foto. Así, según los datos recogidos en el último informe PISA que evalúa el desempeño escolar de los principales países industrializados (el 90% del volumen económico mundial), en muy pocos países europeos los estudiantes superaban la media de la OCDE y muchos de ellos se mantenían por debajo de ella.


 


Una honrosa excepción la constituye Finlandia, que en los años ochenta apenas si superaba ligeramente la media de la OCDE en los test internacionales de ciencias usados en la época. Las claves del éxito en el desempeño de sus estudiantes parecen estar en la capacidad de asumir reformas en el ámbito educativo. Un elemento básico de la reforma en este país fue pasar de un sistema basado en la determinación exhaustiva de los contenidos educativos a otro centrado en la consecución de objetivos: las habilidades y conocimientos que los estudiantes debían obtener. De esta forma, se trasladó a las instituciones educativas gran parte de la responsabilidad, favoreciendo la aparición de un profesorado altamente selectivo y cualificado, el desarrollo de técnicas de educación innovadoras, y una formación más personalizada y enfocada a las características propias de cada estudiante. Al mismo tiempo, Finlandia desarrolló una red de intercambio de conocimientos e innovación entre las instituciones escolares. Los resultados de este proceso han mostrado la posibilidad de lograr un alto desempeño escolar en todo el sistema educativo, con una variación inferior al 5% en los rendimientos alcanzados por los diferentes colegios, como lo muestran los datos contenidos en el último informe PISA.


Y es que la educación, dice Andreas Schleicher, es una industria de conocimiento y, sin embargo, lo paradójico es que no parece que sea así en Europa, donde no se permite la auto-transformación por medio del conocimiento relativo a las propias prácticas. Mientras que en otros sectores los profesionales esperan que su profesión se transforme a través de la investigación y el desarrollo de nuevos conocimientos, en el campo educativo no ocurre así. La mayor parte de las indagaciones realizadas en dicho área se centran más en aspectos ajenos a la enseñanza del día a día. Las directrices centralizadas sobre lo que hay que enseñar que aún imperan en la mayoría de los sistemas europeos no favorecen la transformación de las prácticas educacionales por parte de los docentes, a través del compromiso profesional en la investigación de mejores prácticas. La advertencia del estudio es clara: no es probable que Europa consiga ponerse al día a menos que los gobiernos consigan crear un sistema de instituciones diversas, sostenibles y de elevada calidad con libertad para adaptarse a la demanda y responsabilidad sobre los resultados de su gestión.


 


Otro caso especialmente llamativo en cuanto a mejoras experimentadas ha sido el de Corea, que en 1960 ocupaba el puesto 21 dentro de los 30 países de la OCDE en términos de número de adultos en posesión de educación superior. Actualmente, este país se sitúa en la posición 3 por número de adultos entre los 25 y 34 años con titulación académica, el 97% de los cuales ha completado la secundaria, la tasa más alta registrada en los principales países industrializados. Los motivos de esta rápida evolución hay que buscarlos en la capacidad de adaptación a la creciente demanda educativa, por medio de la ampliación de las aulas y los horarios de estudio, así como la disposición de los padres a invertir fuertemente a fin de completar el gasto público en educación.


 


¿Matrículas más elevadas?


 


Precisamente en el apartado de la inversión, Estados Unidos supera a Europa en más de un 50%. Gran parte de esta diferencia, según el estudio de Schleicher, se debe a una más amplia contribución al gasto por parte de los propios estudiantes, por medio de las cuotas de matrícula, así como del sector privado. Dentro del continente europeo, los países nórdicos han aumentado sensiblemente el número de estudiantes de educación terciaria y otras modalidades de enseñanza en gran medida a través del gasto público. Sin embargo, la mayor parte de los países europeos están experimentando un retroceso en el ámbito universitario por no llevar a cabo suficiente inversión pública así como no permitir a las universidades cobrar a los estudiantes cuotas de matriculación.


 


Uno de los argumentos más utilizados para no hacer partícipes a los estudiantes del gasto educativo suele ser el de asegurar la igualdad de oportunidades. Curiosamente, esta parece ser otra de las asignaturas pendientes en Europa, a tenor de lo indicado en el informe. La procedencia social de los estudiantes demuestra tener más peso en países como Alemania, Francia o Italia que en otros como Estados Unidos en la determinación de la trayectoria educativa lo que se traduce en desigualdad de oportunidades de formación, que son menores para alumnos procedentes de entornos socio-económicos difíciles.


 


Por último, el informe hace alusión a la formación continua, que se ha convertido en una de las metas de las políticas educativas europeas. En este aspecto, se aprecian diferencias importantes entre los distintos países. Así, mientras algunos como Dinamarca, Finlandia, Suiza o Suecia el 40% de los trabajadores se matriculan cada año en formaciones relativas a su profesión, otros como Grecia, Hungría, Italia, Portugal o España apenas llegan al 10%. Preocupante es también el dato que que quienes necesitan más este tipo de formación (desempleados o personas de escasa cualificación) son los que con menor frecuencia la reciben. Ello se debe a que la formación continua se da con mayor asiduidad en grandes empresas, el sector público, el sector servicios o la banca y generalmente se dirige a los empleados fijos que trabajan a tiempo completo. Inquietante resulta, asimismo, la proporción de jóvenes con bajo nivel formativo que no estudian ni trabajan, más del 10% en el tramo de edad de 15 a 19 años en países como Francia, Italia, República Eslovaca o Turquía.


 


 


*  *  *  *


 


 


Enlaces de interés:


 


La Economía del Conocimiento. Por qué la educación es clave para el éxito en Europa (en inglés)


 


Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE)


 


Unión Europea


 


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