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El CHINO se prepara para conquistar el mundo

De menos que extrañeza lingüística, el chino mandarín ha pasado a convertirse en una competencia muy preciada por las empresas españolas y corporaciones multinacionales. Tal es la pujanza de este idioma, que muchos españoles empiezan a manifestar gra

Publicado en Histórico Reportajes
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Estudiantes-grado-INE

Lejos quedan esos tiempos en los que el poderío naval de una pequeña nación europea era capaz de humillar al país más poblado del mundo. Ha pasado más de un siglo y China ya no es, ni mucho menos, ese gigante con pies de barro. Bien al contrario, hablamos de una emergente superpotencia con la que sólo Estados Unidos está en disposición de rivalizar. Y no parece que por mucho tiempo.


 


Sangrientas revoluciones y décadas de estrictas reformas han sembrado la semilla del cambio y de la explosión económica que estos últimos 20 años vive el país asiático. Según datos de la OCDE, el Producto Interior Bruto de China superó en diciembre de 2005 al de Italia, convirtiéndose en la quinta economía mundial. Se espera que para finales de este año también supere a su vieja opresora. Qué distinta actitud muestra ahora Gran Bretaña cuya mayor aspiración pasa por entablar una relación cordial hasta donde su siempre eficaz diplomacia lo permita. Poco se puede discutir ante la fuerza de los números y China ya mira a Estados Unidos con el descaro y satisfacción de alguien absolutamente seguro de su prodigioso destino. 


 


Siglos de economía mundial dominada por el países de la órbita anglosajona han consolidado el inglés como la ‘incuestionable’ lengua universal, competencia esencial para todo aquel que ansíe prosperar en el mundo profesional. Efectivamente, los países de habla inglesa siguen a día de hoy acaparando gran parte del protagonismo económico internacional, en términos de PIB, y al menos así será hasta 2010. Sin embargo, las mismas previsiones, que asignan para ese año el 28,2% del PIB total a los países anglosajones, auguran un peso ‘económico’ a la población de habla china en torno al 23%. El chino mandarín va a ser, por tanto, el segundo ámbito lingüístico con mayor influencia, muy cerca del inglés, y desde luego muy por delante del español, el alemán o el japonés.


 


En un país tan grande y diverso como China resultaría muy difícil que todos hablaran una misma lengua. Cierto que existe una hegemónica, utilizada en condición de materna por 1.052 millones de sus habitantes. El idioma más hablado del mundo tiene detrás un gobierno muy poderoso interesado en imponerla, no sólo a todos los ciudadanos del país, sino también en generalizar su uso en el continente asiático. Tal es la relevancia que está adquiriendo el chino mandarín (Putonghua), que países como Corea del Sur, Vietnam, Camboya o Tailandia llevan años enfrascados en su implantación sistemática en colegios y universidades con un entusiasmo sólo comparable al que mostraban hace una década por el inglés. Y no es para menos, pues China amenaza a Estados Unidos con quitarle la supremacía en el mercado asiático.


 


A muchos causará pavor sólo imaginar tan inesperado escenario, pero también serán igualmente numerosos los que vean en ello una puerta abierta a nuevas y extraordinarias oportunidades. Además, China no es un país que genere particular animadversión entre el resto de naciones, muy al contrario de lo que sucede con Estados Unidos, dañado en su imagen por la agresiva política internacional que ha desplegado estos últimos años y también, entre otras cosas, por su discutida política de inmigración contra estudiantes y trabajadores extranjeros. No en vano, una encuesta de opinión llevada a cabo por Pew Research Center en 2005 sobre las dos superpotencias dejó claro que la mayoría de países tienen una actitud mucho más favorable hacia China que hacia Estados Unidos. Sólo 2 –India y Polonia- se mostraron claramente a favor del ‘País de las Oportunidades’. Canadá, incluso la población de su fiel aliado, Gran Bretaña, mostró ligeramente más simpatía hacia China. Por su parte, un 56% los españoles se declararon favorables a la política China mientras que a la estadounidense sólo se adhirieron un 40%.


 


17 años después de la masacre en la plaza de Tiananmen, ha conseguido en buena parte el poder político chino desprenderse del infame estigma que dejó tan brutal represión. Otros tiempos son los actuales, en los que la estabilidad y seguridad se ha convertido en un valor predominante, para muchos por encima de la libertad y la democracia. Además, China se ha abierto al mundo y también ha suavizado su control social especialmente entre el colectivo universitario tan golpeado en aquel fatídico episodio. También las universidades del país asiático han dado pasos decisivos a favor de su apertura al exterior. De sólo 30 centros docentes superiores que admitían, escasamente, a 1.000 estudiantes extranjeros en 1978, se pasó a 300 centros y un total de 40.000 matriculados dos décadas después. Según datos del Departamento de Cultura de la Embajada China en España, el número de alumnos extranjeros inscritos en universidades chinas durante el curso 2004-2005 ascendió a nada menos que 110.000, cifra, no obstante, insignificante si se tiene en cuenta que unos 30 millones de chinos estudian fuera de su país.


 


Una lengua con mucho recorrido


 


30 millones de personas en el mundo se estima que actualmente realizan algún tipo de estudios para aprender chino mandarín, una cifra que según fuentes oficiales subirá a los 100 millones en los próximos años. Por supuesto, el Gobierno chino no quiere dejar pasar la oportunidad de ampliar ente creciente interés por su lengua oficial y rica cultura, para lo que lleva tiempo desplegando ambiciosas acciones de difusión y enseñanza que tienen en el llamado ‘Instituto Confucio’ su ejemplo más relevante.


 


Abierto su primer centro en Seúl (Corea del Sur), en noviembre de 2004, el equivalente en China a nuestro ‘Instituto Cervantes’, se ha propuesto abrir en tiempo récord sedes repartidas por los 5 continentes en un centenar de países, entre ellos México, Argentina, Brasil, Chile, Perú y, por supuesto, los países europeos más poblados. De momento, el Instituto Confucio, gracias a un acuerdo de colaboración con la Universidad Autónoma de Madrid, se ha establecido en la capital de España desde donde imparte cursos de chino y organiza los distintos exámenes oficiales de nivel. En suma, los objetivos del Instituto Confucio son la enseñanza del chino, la capacitación de profesores de este idioma, la realización de exámenes de certificación, la enseñanza de asignaturas de expediente académico de chino correspondientes a las de los centros docentes de China, la difusión de la cultura de ese país, y un largo etcétera.


 


En línea con el resto lenguas de máxima proyección internacional, no podía faltar un examen para medir la competencia lingüística del Chino en aquellos que no lo tienen como lengua materna. El oficialmente denominado HSK o Hanyu Shuiping Kaoshi’ se realizó por primera vez en 1991, si bien no fue hasta el año 2000 cuando esta prueba empezó a despertar el interés que merecía. El ‘año del cambio de siglo’ marcó, de hecho, un punto de inflexión hacia su definitiva consolidación como prueba referente en el ámbito lingüístico internacional. De los 8.500 extranjeros que lo hicieron ese año, se ha pasado a los 40.000 inscritos en 2005, lo que da una idea de la importancia internacional que este idioma empieza adquirir en la esfera académica y profesional.


 


El organismo oficial encargado de la planificación y organización del HSK es el Centro de Exámenes de Nivel de Chino de la Universidad de Lengua y Cultura de Beijing. Los exámenes se convocan entre una y dos veces por año, tanto dentro como fuera de China, en este último caso, en 29 centros repartidos a lo largo de 16 países, entre ellos Japón, Australia, Singapur, Canadá, República de Corea, Alemania, Francia o Gran Bretaña, entre otros. El HSK, como cualquier otra titulación de idiomas (DELE para el español o DELF para el francés, por ejemplo), se divide en varios niveles y además de acreditar el grado de conocimiento de la lengua, están reconocidos por las instituciones y empresas que piden dominio del chino a la hora de la contratación.


 



Otra de las acciones emprendidas para la difusión y enseñanza del chino es la constituida por el concurso internacional Puente del Chino, cuya convocatoria preselectiva en España ha sido realizada por la Embajada de la República Popular China. El concurso, dirigido en principio a españoles menores de treinta años y ciudadanos originarios de China cuya lengua materna no sea el chino, consiste en pronunciar un breve discurso de tres minutos en ese idioma, contestar a las preguntas del jurado y representar un espectáculo corto relacionado con la cultura china. Los ganadores participan como finalistas en el concurso internacional que se celebra en Beijing. 


Una de las mayores dificultades con que se encuentra el gobierno chino a la hora de fomentar la enseñanza de su idioma es el escaso número de profesores, claramente insuficiente para atender la creciente demanda. Por ese motivo, se están llevando a cabo actividades como el "Programa Voluntario para Profesores Chinos Internacionales" por el que se reclutan profesores voluntarios que se envían al extranjero, previa cualificación por parte de la Oficina Nacional para la Enseñanza del Chino como Lengua Extranjera (ONECLE), organismo encargado de la gestión. También se han adoptado medidas para certificar la capacidad de profesores no nativos para la enseñanza del chino como idioma extranjero.


 


Y ahora, para los interesados en el tema, viene la gran pregunta. ¿Qué es lo que hay que hacer para aprender chino? La respuesta más lógica es evidente: ir a China. Pero antes de entrar en ese tema, conviene hacer una pequeña precisión acerca de este exótico idioma, y es que el chino a que nos estamos refiriendo es el chino mandarín. La aclaración no es baladí; en un territorio tan inmenso y de tan diversas etnias como el de China se hablan muchas lenguas distintas: Wu, Min, Gan, Hakka, Yuëh, Shiang y Mandarín son las principales. Éstas son tan distintas como puedan serlo, por poner un caso, el francés del alemán, de forma que es imposible para los hablantes de lenguas diferentes entenderse entre ellos. La lengua oficial de la República Popular China, hablada por la mayor parte de la población, es el chino mandarín y por lo tanto, es éste y no otro el idioma que conviene aprender.


 


Una vez aclarado este punto, volvemos de nuevo a la primera cuestión. Existen diversas formas de acceder al estudio del chino en su lugar de origen. Todos los años, la Comisión Nacional de Fondos para Estudios en China hace público el plan anual de becas elaborado por el Ministerio de Educación de China, presentándolo a los gobiernos de otros países a través de las Embajadas. Cualquier estudiante puede solicitarlas a través del departamento correspondiente de su país o de la propia Embajada China. Existen varios tipos: becas del Gobierno chino, establecidas en un marco de intercambio bilateral; becas para proyectos, dirigidas a estudiantes, investigadores y profesores que desean investigar o estudiar en China y que comprenden las concedidas a la UNESCO, las dirigidas a estudiantes sobresalientes, a titulados de HSK, las orientadas al estudio de la cultura china y las destinadas a formación de profesores de chino extranjeros.


 


En cuanto a la elección de centros docentes, la Universidad de Beijing fue la primera en admitir estudiantes extranjeros y desde entonces, ha realizado intercambios con 136 universidades de más de 40 países. Otro de los centros importantes es la Universidad de Lengua y Cultura de Beijing, la única dedicada principalmente a enseñar el chino a estudiantes procedentes de otros países, siendo además el centro nacional de la formación de profesores de chino y de la investigación de la enseñanza del chino como lengua extranjera. En ella se han formado ya cerca de 50.000 estudiantes de 150 países. En conjunto, existen en el país más de 300 centros de enseñanza superior que admiten alumnos extranjeros, entre ellos, las 79 universidades que aceptan estudiantes becados por el Gobierno chino. La oferta se completa con los numerosos cursillos impartidos en escuelas y universidades, con una duración comprendida entre las 4 y 20 semanas, que merced a la demanda han venido proliferando en los últimos años.


 


Aprender chino como en casa


 


Pero si lo que nos apetece es aprender el idioma sin tener que hacer las maletas, existe también la posibilidad de recurrir a centros que imparten la enseñanza del chino en España. Tal es el caso de Paraninfo, centro situado en Madrid que ofrece la posibilidad de recibir clases particulares o colectivas. También en la Capital, FYNE Formación, como centro especializado en la enseñanza de idiomas y traducción, dispone de un amplio catálogo académico centrado en lenguas asiáticas entre las que, por supuesto, no podía faltar el chino, tanto para particulares como para empresas. ALEA Idiomas, por su parte, con aulas en Madrid ofrece varios programas formativos para hacer que alumnos sin ningún conocimiento obtengan un nivel de competencia lingüística suficiente para desenvolverse en el país asiático en caso de hacer un viaje por motivos de trabajo o por vacaciones. Pero lo que de verdad hace atractiva la oferta de este centro, es la posibilidad de contratar durante varias semanas o meses una inmersión ligüística en ciudades de China referentes en la enseñanza del mandarín.


 


Aunque tímidamente, lo cierto es que poco a poco China empieza a despertar interés entre universitarios y jóvenes profesionales, lo que ha favorecido que algunas empresas promotoras de cursos en el extranjero hayan decidido incorporar este país entre sus destinos. FSL, una de las empresas que más españoles lleva al extranjero, repite por segundo año la ciudad de Pekín por su enorme interés cultural y turístico. Según Juan Carlos de los Mozos, director de FSL, mucha de la demanda viene por parte de familias de origen chino que quieren que sus hijos conozcan de cerca la lengua y fascinante cultura de sus ancestros. INFORT es otra veterana empresa especializada en inmersiones lingüísticas por todo el mundo que recientemente ha sumado Shanguai y Beijing a su extenso catálogo.


 


Volviendo a España, Barcelona también dispone de interesantes propuestas en lo que se refiere a la enseñanza del Chino Mandarín. BEEI es quizá la escuela más especializada en dicha ciudad, siendo, de hecho, una de las pocas que imparte formación específica para preparar los 4 niveles del HSK. P cualquier caso, siempre queda la opción de recurrir a la Escuelas Oficiales de Idiomas.



 


Más información:


 


Departamento de Cultura de la Embajada China en España


 


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