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¿Cómo contribuye la Universidad al desarrollo social y económico?

La Fundación CYD ha dado a conocer las conclusiones del Informe 2006 sobre la contribución de las universidades españolas al desarrollo, plagadas de luces y sombras aunque con buenas perspectivas de futuro. Descenso de alumnos universitarios, escasa

Publicado en Histórico Reportajes
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La Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD), impulsada y presidida por Ana Patricia Botín, ha presentado la pasada semana las conclusiones del Informe CYD 2006: “La contribución de las universidades españolas al desarrollo”. Este trabajo plantea la necesidad de que Universidad, Empresa y Administraciones Públicas diseñen estrategias comunes que impulsen la innovación y fomenten la contribución de las universidades al desarrollo económico y social.


 


En términos generales, el informe analiza la contribución del sistema universitario español al desarrollo económico y social, con el objetivo de dar a conocer la relevancia de las universidades en este ámbito y también algunos de los problemas que deben afrontar, incorporando las experiencias positivas que se dan al respecto en los países líderes de nuestro entorno durante los últimos años.


 


Durante el acto de presentación de este trabajo, al que asistieron los Príncipes de Asturias, el ministro de Industria, Turismo y Comercio, Joan Clos, la ministra de Educación y Ciencia, Mercedes Cabrera o el presidente de la CRUE, Juan Antonio Vázquez, entre otras personalidades, Ana Patricia Botín afirmó que “Los indicadores del informe reflejan que se están produciendo cambios positivos en el ámbito de la capacidad investigadora y transferencias de tecnología a las empresas, pero quedan todavía tareas y retos pendientes”.


 


Por ello, el Informe CYD 2006 propone algunos aspectos a los que se debe conceder especial atención, como la necesidad de profundizar en un marco legal más flexible, destinado a permitir a cada universidad mayor diferenciación, con más capacidad de iniciativa y de gestión, reduciendo la uniformidad e introduciendo una mayor competencia entre los centros universitarios.


 


Asimismo, el trabajo también apunta otros aspectos que pueden mejorar la situación actual como el desarrollo de un sistema de financiación por objetivos, cuyos parámetros deben surgir de un consenso máximo entre las diversas universidades españolas, así como definir un sistema de indicadores de gestión objetivos y homogéneos que permitan un seguimiento constante de la calidad en la enseñanza e investigación universitarias. En definitiva, y en palabras de la presidenta de la Fundación CYD, el informe aboga por “más autonomía, más posibilidad de diferenciación, más rendición de cuentas y más y mejores indicadores de gestión”.


 


Capital humano


 


El estudio de la Fundación CYD señala en su apartado sobre enseñanza superior y capital humano, que España ha incrementado el número de estudiantes universitarios en un 5,4% durante los últimos años analizados (1998-2004), aumento muy inferior al 20,3% que obtiene como media el conjunto de la Unión Europea. Sin embargo, el porcentaje de población entre 25 y 64 años con estudios universitarios (18%) supera sensiblemente a la media de los países que forman parte de la OCDE, establecida en el 16%, pero todavía aumenta más cuando la referencia es la población de entre 25 y 34 años, con un 26% frente al 20%.


 


No obstante, la situación contrasta con el ya conocido descenso paulatino de estudiantes universitarios en España debido principalmente a causas demográficas, que lleva aparejado consigo inevitablemente el descenso en el número de graduados de primer y segundo ciclo. Así, en el curso 2003-04 se matricularon en las universidades españolas en primer y segundo ciclo un total de 1.485.993 alumnos, un 1,2% menos que el curso anterior, que ya había registrado a su vez una disminución del 1,5%. No obstante también se sigue manteniendo la tradición en lo que a preferencias del alumnado se refiere, ya que el 48,8% de los estudiantes se decantó por carreras de ciencias sociales y jurídicas, seguida por las de enseñanzas técnicas con el 26,6%.


 


Por otra parte, los desajustes entre la oferta y la demanda de plazas universitarias, ha provocado que en el curso 2005-2006 se produjera de nuevo un descenso en el número de plazas ofertadas por las universidades y de la matrícula de nuevo acceso, en torno al 1,1% y 1,3% respectivamente. Así la relación entre matrícula y oferta se situó en un ratio de 83%, o lo que es lo mismo, 17 de cada 100 plazas quedaron desiertas durante el curso pasado. El informe señala la rama de ciencias de la salud como la de mayor desajuste, ya que la demanda casi triplica la oferta, mientras que en humanidades y ciencias experimentales la demanda no cubre ni siquiera el 70% de las plazas ofertadas. Asimismo, las mujeres siguen siendo mayoría entre el alumnado universitario representando ya el 54,2% del total en primer y segundo ciclo, llegando a su cota más alta en ciencias de la salud con el 74% de los alumnos matriculados y el 27,9% en titulaciones técnicas, como porcentaje más bajo. 


 


En cuanto a la movilidad de los estudiantes, destaca el bajo porcentaje de alumnos extranjero en titulaciones de primer y segundo ciclo (1,2%) en el curso 2003-2004, aunque en estudios de doctorado el porcentaje se eleva al 18% en el mismo periodo. Por su parte, los alumnos españoles también presentan un bajo índice de movilidad, ya que sólo el 9,2% del total en primer y segundo ciclo estudiaron en una comunidad autónoma distinta a la de su residencia. Los datos contrastan con la cantidad de alumnos que se acogen al Programa Erasmus: casi 21.000 estudiantes españoles estudiaron en el extranjero durante el curso 2004-2005, mientras que fueron unos 25.000 los alumnos que vinieron a estudiar a España de fuera de nuestras fronteras a través de este programa de movilidad.


 


Universitarios y empleo


 


Otro aspecto analizado por el Informe CYD es la relación que se establece entre los graduados universitarios y el mercado de trabajo. En este sentido, el informe viene a constatar que la tasa de actividad aumenta cuanto mayor es la formación de los ciudadanos. En España había en el año 2005, según la Encuesta de Población Activa, un 15,5% con titulación superior universitaria, dato que se eleva hasta el 22% si se añaden las personas que cuentan con una titulación superior no universitaria. De ahí que la población con estudios superiores tuviera en el mismo año una tasa de actividad del 81,7% y del 90,3% en el caso de los que cursaron masters y postgrados. En cambio, la tasa disminuye para las personas que no pasaron de la educación secundaria (67%) y de primaria (30,4%).


 


En el mismo sentido, la tasa de paro es menor cuanto mayor es el grado formativo. Así en 2005 la tasa de paro entre personas con estudios superiores era del 6,8% (4,4% para los que cursaron masters y postgrados); un 10,5% para los que contaban con estudios secundarios y el 10,1% para los que no pasaron de la educación primaria. Además, el indicador del grado formativo también incide en el nivel medio de ganancias, ya que las personas que cuentan con estudios superiores consiguen un 41% más de ingresos que los que tienen como máximo educación secundaria.


 


El estudio también analiza el desajuste existente entre la oferta de puestos de trabajo de alta cualificación por parte de las empresas y la demanda de trabajo por parte de la población formada. Generalmente, la demanda de empleo en este caso siempre supera a la oferta del mundo empresarial, por lo que una parte de la población con estudios superiores tiene una ocupación con un nivel de exigencia formativa inferior al que ha conseguido en su etapa de estudios. Este desajuste, conocido como sobrecualificación, se traduce en que aunque el 32,2% de las personas ocupadas cuenta con estudios superiores, sólo el 30% de los mismos realiza una actividad profesional acorde con ese nivel formativo. Por categorías profesionales, el mayor desajuste se da en ocupaciones como secretariado, periodismo, control de calidad y diseño-creatividad, mientras que las diferencias son menores en las áreas de tecnología, sanidad, arquitectura, telecomunicaciones, finanzas y seguros.

En lo referente a la formación continua y a los programas formativos de títulos propios de las universidades, el informe destaca la escasa participación de los estudiantes españoles en este apartado. Así, mientras que en países nórdicos europeos como Suecia, Finlandia o Dinamarca, entre el 60% y el 65% de sus alumnos universitarios cursan estudios de formación continua, en España el índice disminuye al 21%. En este caso, el estudio refleja la necesidad de rediseñar la oferta de títulos propios, debido también a la inminente incorporación de los masters oficiales en la oferta de las universidades.


 


Investigación en la Universidad


 


La inversión en I+D, por su parte, ha experimentado un considerable aumento en España durante los últimos años, aunque todavía está lejos de la que se produce en Europa. Así, se pasó de una inversión del 1,06% del PIB en 2004 a un 1,13% en 2005, mientras que la media de los 25 países de la Unión Europea alcanza el 1,86%. En el caso concreto de los gastos en I+D dentro del sector de la enseñanza superior, el gasto público y privado fue del 0,33% del PIB frente al 0,31 que se daba en 2004, año en el que el ratio correspondiente a la UE se situó en el 0,41%.


 


Este aumento de la inversión en I+D se refleja también en la participación de los investigadores de las universidades respecto del total. Tanto es así que los investigadores vinculados a la enseñanza superior suponen el 49% de los cerca de 110.000 existentes en el año 2005 en España, mientras que el 32% están ligados a empresas y el 18,6% a la administración pública.


 


Aunque a todas luces insuficientes, los recursos que maneja cada investigador  también han venido subiendo durante los últimos años, rondando en el año 2004 los 51.000 euros, la mitad que la media europea y, en todo caso, una cifra muy inferior al promedio de 88.500 euros que se maneja en la totalidad de sectores científicos existentes en España.


 


A pesar de ello la repercusión de su trabajo también viene experimentando una línea ascendente, ya que el total de publicaciones científicas llevadas a cabo por investigadores españoles ligados a la Universidad, alcanza ya el 2,9% de la producción científica mundial.


 


Transferencia de tecnología


 


Una de las conclusiones más reveladoras de este informe es la que denuncia la escasa relación que existe actualmente entre la Universidad y la Empresa en cuanto a la transferencia de tecnología. Como dato importante en este sentido, destaca que sólo un 3,5% de las compañías innovadoras colaboró con instituciones académicas entre 2002 y 2004. Esto refleja un descenso respecto al 4,1% del período 2001-2003, teniendo en cuenta que la relación aumenta al 21,5% si se trata de grandes empresas (más de 250 trabajadores).


 


Por su parte, la creación de spin-offs desde las universidades, -empresas que ayudan a transferir el conocimiento y la investigación científica al mundo empresarial- que habían pasado de 39 a 87 desde 2001 a 2003, ha sufrido cierto estancamiento desde entonces ya que en 2004 se pusieron en marcha 90 y en 2005 tan sólo 89.


 


Tampoco despegan en nuestro país las licencias de patentes como línea de transferencia de conocimientos. Si en el año 2003 los ingresos por este concepto fueron de 1,7 millones de euros, en 2004 tan sólo aumentaron hasta 1,9 millones de euros, muy por debajo de los países más avanzados. Además, en 2004 se firmaron 143 contratos de licencias que descendieron a 106 en 2005.


 


Otro signo que refleja la debilidad en cuanto a la transferencia de tecnología entre las universidades y las empresas, es el número de investigadores que trabajan en éstas últimas respecto del total. El índice en este caso se sitúa en el 30% frente al 49% de la media en la Unión Europea cuando contaba con 15 miembros.


 


Por el contrario, la financiación empresarial de la I+D universitaria se ha recuperado sustancialmente incrementándose en más de un 23% frente al retroceso experimentado en 2003, situándose muy cerca de los niveles medios que se dan en la UE en este aspecto. Además, los fondos gestionados por la red de Fundaciones Universidad- Empresa aumentaron durante el año 2004 un 9% frente al 4,7% de 2003, alcanzando los 181,07 millones de euros.


 


En cuanto a la Red OTRI de Universidades (Oficinas de Transferencia de Resultados de Investigación), tuvieron una buena recuperación en 2004 respecto a años anteriores, relativa al volumen de facturación correspondiente a contratos de I+D y transferencia tecnológica con un incremento del 9,3%, alcanzando los 281,8 millones de euros. Si además se añaden las ayudas concedidas en convocatorias para proyectos de I+D y la facturación por servicios, las OTRI españolas movieron en ese periodo alrededor de 420 millones de euros. Finalmente, también aumentó más de un 10% en 2004 la facturación de los parques tecnológicos, llegando a alcanzar la cifra de 6.115 millones de euros.  


 


La elaboración del Informe CYD 2006 ha sido dirigida por  el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona, Martí Parellada, asesorado por los vicepresidentes de la Fundación CYD, Francesc Santacana y Francesc Solé Parellada. De su redacción se han ocupado directamente 5 investigadores, que han contado con la colaboración de más de 100 profesionales expertos en los distintos ámbitos de Universidad, Empresa y Administración pública. Por otra parte, han colaborado, entre otras entidades, la CRUE (Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas), la Red FUE (Red Española de Fundaciones Universidad Empresa) la Red OTRI y la APTE (Asociación de Parques Científicos y Tecnológicas de España).


 


 


 


Enlaces de interés:


 


Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD)


 


Informe CYD 2006: “La contribución de las universidades españolas al desarrollo”


 


Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE)


 


Ministerio de Educación y Ciencia


 


Red OTRI de Universidades


 


Red FUE


 


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