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Claves de un master, del conocimiento a la acción

A la hora de elegir un master han de ser tenidos en cuenta muchos factores. Pero, si de algo debe partir cualquier decisión es, antes de nada, del enfoque eminentemente práctico tan necesario en este tipo de educación. En definitiva, hemos querido de

Publicado en Histórico Reportajes
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Formarse, pero sobre todo, formarse continuamente, es, a estas alturas del milenio, una de las claves para llevar a buen término cualquier proyecto profesional con unas mínimas garantías de éxito. Formarse a lo largo de toda la vida laboral, aprender diariamente, es un acicate para siempre seguir mejorando tanto personal como profesionalmente. Esto, ¿quién se atreve a ponerlo en duda?


Por eso, muchos docentes cuando hablan sobre "formación de postgrado" prefieren identificar dicho término con el más ambiguo de "formación continua". Se entiende que la formación de postgrado es la que se realiza una vez uno se ha graduado, ya sea una, dos, tres, o cuantas veces se estime necesario. Esa persona, en definitiva, ha concluido una etapa importante en su vida que es la de la educación reglada y a partir de entonces se dedicará en exclusiva al desarrollo de su carrera profesional. Y por eso hablamos de una educación quizá más flexible, más precisa, más libre tanto en cuanto es la propia persona la que escoge, más vocacional pues la escoge en base a unos objetivos profesionales concretos. No ha de tener necesariamente un reconocimiento oficial por parte de las autoridades educativas o por cualquier otra institución. Eso, en principio, va a carecer de valor cuando lo que realmente importa es que el programa formativo recibido sirva para abrir las puertas de las empresas en general y a determinados puestos en particular. Esta es, claro está, la formación que en este caso nos ocupa, como también es la que interesa a una gran mayoría de españoles (y no españoles) a punto de incorporarse al mercado de trabajo, o ya incorporados aunque con un persistente deseo de mejorar su situación laboral.


La meta, aunque móvil, ya está fijada. Así pues, para ir acercándonos a esa plenitud profesional qué mejor manera que realizando un buen master, el cual, precisamente puede colmar todas nuestras ansias de conocimientos útiles y de preparación para el empleo cualificado. Ahora es tiempo para tener ante todo presente a la empresa, pública o privada; de plantearse qué necesitan estas organizaciones y, partiendo de un perfil mío previo, de qué manera puedo yo hacerme valioso para ellas. Hasta ahora, la formación reglada ha sido de gran valor. Hemos adquirido unos conocimientos generales esenciales para desenvolvernos convenientemente en la vida moderna. Estos quizá nos sirvan para poder acceder a un primer nivel de empleo, incluso a un más alto nivel si hemos sido universitarios. Pero también hay que decir que ahí los conocimientos teóricos han sido preeminentes y eso poco va a interesar a las empresas si no vienen acompañados de otras aptitudes muy distantes de aquellas transmitidas hasta ahora por profesores, catedráticos y demás eminencias del mundo académico.


Y no está de menos recordar las cualidades que en general más valoran los responsables de recursos humanos y directivos de empresa de sus propios empleados. Por supuesto, siguen necesitando profesionales que aporten conocimientos especializados en el sector o en el área en el que van a trabajar. Pero, aparte de estas competencias que podríamos llamar "técnicas", otras aptitudes menos específicas van a ser también muy valoradas, especialmente cuando se trata de puestos de responsabilidad o más cercanos a la dirección. Y aquí debemos hablar de la creciente necesidad de tener una visión de la empresa en su conjunto, en cuya estructura, en definitiva, deben colaborar e integrarse todas las distintas áreas, incluyendo aquella a la que nosotros seamos más afines. Así pues, también se necesita de los profesionales que adquieran competencias "técnico-estratégicas", es decir, personas que sepan hacer su trabajo en el área o nivel específico que se les ha asignado pero que, además, siempre tengan presente la influencia que sus acciones van a tener sobre el resto de departamentos o áreas y sobre el conjunto de la organización y que, de ese modo, sepan actuar en consecuencia.

Y esto no es todo. Mientras va imponiéndose un modelo de empresa más horizontal, sin grandes jerarquías, en la que la interrelación e intercomunicación de todas sus partes es cada vez más necesaria, no hay que olvidar otras dos competencias igualmente importantes, aunque en este caso tengan más que ver con el carácter y actitud de las personas y menos con la formación académica que hayan recibido hasta ese momento. Nos referimos, por un lado, a las competencias que podríamos definir como "transversales" pero que entenderemos mejor si citamos cosas como la capacidad de liderazgo y trabajo en equipo, la adaptabilidad, aprendizaje e innovación, la firmeza, la gestión de recursos e influencia, aptitudes éstas de hecho, muy valoradas en perfiles directivos. Y por último, hay que hablar de la capacidad de comunicación, de participación, de empatía, y demás competencias conocidas como "relacionales".


Todo esto hemos de tenerlo claro como asimismo hay que tener muy presente cuáles son nuestros objetivos profesionales particulares. Los cursos de postgrado tratan de transmitir unos conocimientos, tratan de instruir en unas destrezas. Pero es que además, deben ir más lejos hasta el punto de llegar a transformar, profesionalmente hablando, al alumno para que éste asuma con éxito un tipo de puesto determinado. No sólo consiste en formar pues lo que en realidad se pretende es transformar al estudiante desde el mismo inicio del programa de manera que se vaya haciendo un nuevo profesional más capacitado. Y esto hay que matizarlo bien: tan importante como aprender cosas, es el hecho de adquirir la actitud y el talante necesarios para asumir nuevas responsabilidades, para ejercer un trabajo cualificado con solvencia, para tomar decisiones con firmeza y con un nuevo espíritu crítico coherente.
Así pues, toda escuela de postgrado ha de fijar su mirada en ese gran objetivo profesional que luego deberá particularizar, es decir, definiendo unos objetivos concretos según las necesidades del sector, nivel, área o campo en el que se centre cada uno de los programas que imparte. Hablamos de la "Justificación" o de los "Objetivos" definidos en el mismo inicio de la presentación de un master. Un curso se convoca debido a que la sociedad, las empresas u otras organizaciones requieren profesionales cualificados en unos determinados conocimientos o destrezas, los cuales, pueden ser adquiridos mediante un programa concreto de formación, y en este sentido, cada perfil debe cumplir al menos unos determinados requisitos. De ahí es lógico pensar que en el diseño de cualquier programa de postgrado, la relación entre las empresas y las escuelas deba de ser muy estrecha, y además, esta colaboración será en un doble sentido. Y esto es muy importante que todo interesado lo valore.


De la empresa, la escuela debe conocer sus necesidades e inquietudes, la evolución y las novedades de su sector. Debe acceder a la experiencia de sus profesionales, a su saber hacer. En resumen, la empresa tiene que participar en el diseño y realización del programa, dando al programa un enfoque práctico. En el otro sentido, está la escuela que debe poner a disposición de las empresas a nuevos profesionales bien formados y adaptados a la cambiante realidad económica, que tengan una visión precisa de la empresa y del sector, preparados para asumir tareas concretas. Además, debe llevar el conocimiento a los empleados que, como ya se dijo, tienen que estar en un continuo proceso de aprendizaje y mejora. Una empresa no puede vivir cerrada en sí misma sino que sus empleados tienen que conocer todo lo que está ocurriendo o está cambiando a su alrededor


En conclusión, el diseño de un programa va a ser en base a unos objetivos particulares. La empresa tiene que ayudar a definir esos objetivos y posteriormente a definir qué enseñanzas se van a incluir, e incluso, si fuera posible, colaborar en el propio proceso de enseñanza. Ahí habrá que encontrar el equilibrio entre los distintos tipos de competencias, como se dijo, relacionales, técnicas, técnico-estratégicas o transversales. Hay que puntualizar que este equilibrio dependerá de los objetivos de cada curso. En algunos puede interesar más transmitir competencias técnicas casi en exclusiva, en otros podría interesar más insistir en las competencias técnico-estratégicas y en las transversales, en otros, por el contrario, en las relacionales, o quizá lo más apropiado podría ser una combinación de todas ellas. Teniendo claro estas competencias, ahora sólo queda fijar la manera en la que mejor se van a poder transmitir, para lo cual, tenemos que conocer los tres elementos clave de todo programa formativo.


Primero los Contenidos: o el qué de la cuestión


Es el conjunto de información estructurado en módulos, lecciones y/o capítulos que, por un lado, el docente estima imprescindible y suficiente incluir dentro del programa y que por otro lado el alumno no debe dejar de analizar a fondo. Debe conocer el sector, área o campo en el que quiere especializarse, qué conocimientos son imprescindibles e importantes desde un punto de vista académico y, sobretodo, práctico, y, conforme a ello, comparar las distintas alternativas que tiene en el mercado. Puede servirse de estudios serios del sector, de la opinión de responsables de RR HH o de algún departamento.
En este caso no nos referimos a cómo se va a aprender sino qué es lo que se va a aprender y hasta qué punto se va a profundizar en los diferentes campos de estudio. Por eso, la participación en el diseño por parte de la empresa es muy necesaria. Ésta tiene que dar a conocer las necesidades actuales del sector, eso desde luego es imprescindible. Pero además, es de agradecer que el programa también sea capaz de adelantarse a los acontecimientos y posibles cambios que se avecinen o que ya sean irremediables, es decir, adoptando una actitud más proactiva. Así por ejemplo, el Master en e-Business de la Compañía de Formación Empresarial, contempla entre sus contenidos todas las aplicaciones actuales del sector e-business, profundizando sobretodo en las más utilizadas en estos momentos como es el caso de la aplicación ERP de SAP, pero además, ha incluido en las últimas ediciones un módulo dedicado a diversos CRM actualmente sólo incipientes pero que están experimentando un rápido crecimiento como es el caso de la aplicación Siebel. Asimismo, dentro del tan necesario enfoque práctico, es importante que el contenido vaya a lo concreto, como también es importante en muchos casos que exista un apropiado equilibrio entre lo global y lo local. El MBA del IESE, el de mayor prestigio en España, estudia entre sus más de 100 casos muchos que profundizan en los problemas concretos de conocidas multinacionales, pero también, entre ellos se estudian problemas de pequeñas y medianas empresas españolas de ámbito regional


Luego la metodología: o el cómo de la cuestión


¿Cuál es la mejor manera de aprender los contenidos de un programa, es decir, unos conocimientos, destrezas y actitudes determinados? Y sobre esta cuestión hay que decir en primer lugar que muchas son las metodologías pero no todas son apropiadas para cada caso. Cierto es que partimos de un objetivo claro: queremos capacitarnos para un empleo cualificado. Así pues, tenemos que desarrollar unas competencias determinadas que serán unas u otras dependiendo del propósito particular del curso. Para ello, siempre existirá una metodología, o combinación de ellas, que más nos pueden acercar a ese sutil equilibrio, tan necesario en la educación de postgrado, entre la información y la acción. Hay que aprender haciendo, y así, hay que utilizar métodos que nos permitan aplicar lo aprendido de la manera más parecida a lo que podría ser un trabajo real. Es, en definitiva, recrear fielmente la realidad de la empresa, que el profesional se enfrente a los problemas diarios de la profesión en la que se está especializando y que, además, esto sea de una manera convincente.



Así las cosas, en ocasiones, de lo que meramente se trata es de transmitir una gran cantidad de conocimientos técnicos aplicables en un puesto de trabajo. Entonces será válido utilizar metodologías más tradicionales en las que las clases presenciales, se combinan con la lectura y el estudio individual y exámenes periódicos. En el Master en Tributación y Asesoría Fiscal del Centro de Estudios Financieros prima la transmisión de conocimientos teóricos, con lo cual, han optado en su diseño por una metodología clásica de clases presenciales impartidas por docentes y profesionales de prestigio en dicho campo, combinado con el estudio de un material didáctico muy especializado que el propio centro pone a disposición del alumno y del que comprueba sus progresos con habituales controles y con un examen final. Eso sí, una vez concluido y para consolidar estas enseñanzas, los alumnos realizan unas prácticas tuteladas en una de las varias empresas que colaboran en dicho programa. Sin duda, la realización de prácticas, tanto en este como en la mayor parte de procesos formativos de postgrado, es un elemento pedagógico de importancia capital.
Y aunque en el anterior ejemplo, la metodología utilizada satisface perfectamente las expectativas que los alumnos tienen de alcanzar amplios y profundos conocimientos técnicos, no siempre tiene que ser así. En otros casos interesan alternativas quizá más participativas, que se apliquen de manera más inmediata, que fomenten el trabajo en equipo, la reflexión, la creatividad o quizá la toma de decisiones.


 

Tal y como dijo Javier Martínez en una publicación online especializada en recursos humanos y formación, en general toda educación de postgrado debería acercarse a un modelo 40/30/30. Y con esto este pedagogo se refería a que, por un lado, los alumnos en cualquier programa deben dedicar un 40% del tiempo a "trabajar individualmente" en un entorno práctico. Es decir, "aprender haciendo" de manera que adquieran conocimientos o desarrollen habilidades sin tener miedo a equivocarse o al fracaso, dando rienda suelta a su imaginación y aprendiendo de sus errores, y en esta línea podemos incluir métodos como es el propio estudio, la realización de trabajos, ejercicios o cuestionarios, la misma lectura, conferencias, utilización de simuladores informáticos o el aprendizaje en el puesto de trabajo, entre otros. Por otro lado, un 30% del tiempo debería pasarse en un entorno de trabajo e intercambio con un tutor y un pequeño grupo de compañeros -que perfectamente puede ser a distancia- donde compartir trabajos y proyectos. Y aquí encajarían perfectamente métodos como Role-Playing o desempeño de papeles, business games, torbellino de ideas, debates o diálogos simultáneos. Por último, estima este experto que un 30% del tiempo debería dedicarse a "socializar el conocimiento" con todos los compañeros, es decir, utilizando recursos metodológicos tales como debates dirigidos, foros, simulaciones o representaciones teatrales, demostraciones (enseñar a otros) o presentaciones en público.
No obstante, y sin excluir lo dicho hasta ahora, hay que destacar una metodología que por, su amplitud práctica, realismo y carácter integrador, se ha erigido ya desde hace décadas en el recurso pedagógico más importante utilizado por la mayoría de escuelas de postgrado. Efectivamente, el conocido "método del caso", en realidad, hay que considerarlo como un "método de métodos" pues en él confluyen varios recursos metodológicos que combinados van a "guiar" al alumno hacia el conocimiento útil, poniendo de ese modo en práctica habilidades fundamentales para cualquier ámbito empresarial actual, desde la observación, la escucha, el diagnóstico o el juicio, hasta la toma de decisiones y la participación en procesos grupales orientados a la colaboración. De ahí, el importante papel que ha de jugar el profesor, aquí convertido en un auténtico "guía del conocimiento", antes que mero transmisor de lecciones al estilo más tradicional..


Un caso representa una situación compleja de la vida real planteada por el profesor de forma narrativa, a partir de datos que resultan ser esenciales para el proceso de análisis. Casi siempre se trata de hechos problemáticos reales a los que una empresa (real y concreta), un profesional o un equipo de profesionales han tenido que enfrentarse (a veces se ocultan los nombres para proteger la privacidad de los protagonistas), con lo cual, se encuentra el estudiante con la oportunidad de analizar todos sus aspectos, discutir y, al final, decidir o buscar por sí mismo, o en colaboración, la solución a dichos problemas. Es, en definitiva, el método que, bien ejecutado, mejor pone en contacto la realidad empresarial con los estudiantes, y de ahí, que represente para ellos un auténtico reto profesional y un verdadero estímulo para el aprendizaje.



Así pues, podríamos dividir este método en cuatro fases bien diferenciadas. Una primera de asignación del caso, el profesor lo presenta y normalmente da unas orientaciones al respecto. Luego vendría el estudio y trabajo individual, (quizá en pequeños grupos), del caso por parte del alumno que puede durar desde sólo unos días hasta varias semanas. Por ejemplo, en el antes mencionado MBA del IESE, tras un tiempo de preparación y estudio individual, los alumnos se reúnen, debaten e intercambian ideas en pequeños grupos antes de reunir a toda la clase. La tercera fase sería la de discusión (debate dirigido) por parte de toda la clase, presentándose también las soluciones. Por último, es habitual hacer una recapitulación de todo lo más importante propuesto respecto al caso.
Claro que también hay que decir que el método del caso es en ocasiones menos eficaz que otras metodologías. Si el objetivo es ayudar al alumno a construir una mente con proyección analítica y de síntesis, aplicar conceptos a situaciones reales, aprender a resolver problemas, desarrollar juicios sólidos y acostumbrarle a pensar con espíritu crítico, reforzando su capacidad comunicativa, entonces este método es una excelente herramienta pedagógica. Pero si por el contrario lo que se pretende es transmitir un conocimiento factual o detallado, esta metodología será menos apropiada. Asimismo, no puede suplantar otras metodologías complementarias y en muchos casos tan importantes como puede ser la adquisición de conocimientos a través del estudio y de los exámenes, o las propias prácticas en una empresa.


En conclusión, lo que se pretende con ésta y con el resto de metodologías es poner a prueba al estudiante, hacerle enfrentarse a los problemas que, una vez haya finalizado los estudios, también encontrará en su puesto de trabajo. Es más, en ocasiones se lleva al alumno a situaciones extremas como así está ocurriendo últimamente con algunas novedosas propuestas relativas al Outdoor Training y en este sentido hay que destacar las "Himalaya Sessions" organizada anualmente por Warthon School, una de las más prestigiosas escuelas de negocios de los Estados Unidos. Los voluntarios, todos ellos alumnos o antiguos alumnos ahora directivos, ponen a prueba en estas expediciones su talante a la vez que fortalecen su carácter y aptitudes de liderazgo para la superación de un gran reto.


Por supuesto, el profesorado: o el alma de todo esto


El profesor es el que transmite los contenidos, desarrolla las metodologías, y sólo su buen hacer es el responsable del éxito de un programa de postgrado. Para ello, lógicamente tiene que tener una buena preparación. No obstante, la escuela también debe ser muy hábil en la elección del profesorado, y aquí hablamos de una cuestión de equilibrio..


Los profesores y los meros docentes (que sólo trabajan en la escuela) siguen teniendo su papel dentro de la educación de postgrado. Estos son necesarios para llevar a cabo con éxito los diferentes métodos y coordinar convenientemente todo el programa. Aún así, la proporción de profesores que, aparte de las clases, también ejercen trabajos especializados fuera de la escuela debe ser mayor. Lo más habitual es que la escuela contrate muchos profesionales que en cada curso sólo imparten, cada uno, unas pocas horas sobre campos muy concretos. De lo que se trata es de que sean eminencias o expertos de primer orden en su materia, y además, que sepan transmitir sus experiencias y conclusiones profesionales particulares. Entre ellos pueden estar políticos, dirigentes sindicales, funcionarios superiores, empresarios, directivos, deportistas, consultores, siempre dependiendo del propósito del curso. Este es el caso del Institute of Advanced Finance , en cuyos programas especializados en finanzas sólo imparten clases profesionales de prestigio en el campo. Esto da a la institución un enfoque totalmente práctico que se ve reflejado en el prestigio que tiene en el sector. Y en general esa es el imperativo que pesa sobre todas las escuelas de negocios así como las escuelas de postgrado especializadas en otras materias.


Y si hablamos de prestigio, estas escuelas deben buscar, asimismo, un equilibrio entre los profesores nacionales y extranjeros. Especialmente escuelas como el IESE, el Instituto de Empresa o ESADE tienen bien presente contratar docentes y profesionales de otros países y universidades punteras que den un más amplio, quizá profundo, enfoque a los programas.


Pero, como se ha citado, la vocación práctica de la educación de postgrado y así el recurso a metodologías más complejas que las meras clases presenciales, exigen un tipo de docente con una cualificación particular. Y esto se ve claramente en el desarrollo del método del caso, en el que, por otra parte, se combinan diferentes recursos pedagógicos. Y es que aquí el profesor ya no es un mero transmisor de conocimiento, de hecho, han de ser transmisores de experiencia y más allá guías del conocimiento, es decir, que no necesariamente enseñen pero que hagan descubrir. Ahora su principal función puede ser dirigir, orientar, asesorar, quizá sólo preguntar, o insinuar, sembrar la duda, o coordinar un debate.



Tanto los contenidos, como la metodología, como el profesorado, son los tres cimientos sobre los que se sostiene cualquier curso de postgrado, y de ahí, que el interesado en realizarlo, antes estudie en detalle todo esto, pues en ello va su éxito profesional.