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Bolonia, las dos caras de una misma moneda

La reforma de la educación superior conocida como ‘Proceso de Bolonia’ se implantará definitivamente en las aulas de nuestro país en 2010. Ante los múltiples cambios que contempla este proyecto europeo, las reacciones no se han hecho esperar y ya se

Publicado en Histórico Reportajes
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La inminente reforma universitaria conocida como Plan Bolonia que se consolidará en nuestro país durante el próximo curso académico, ha generado un mar de opiniones entre las que no faltan las críticas y los desplantes.


 


Y es que, si nada lo impide el próximo mes de octubre los universitarios de nuestro país tendrán que comenzar a cursar sus carreras bajo las directrices que les marca el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), un ambicioso y complejo plan que han puesto en marcha los países del viejo continente para favorecer la convergencia europea en materia educativa.


 


Este nuevo modelo planteará aspecto interesantes y muy favorecedores para los estudiantes que cursen su carreras en los próximos años pero, como toda reforma, llevará intrínseca una serie de medidas que hoy por hoy están generando un mar de dudas entre toda la comunidad universitaria y la sociedad española.


 


Uno de los puntos más conocidos por todos los ciudadanos acerca del Plan Bolonia es su capacidad para promover la movilidad de los estudiantes, ya que gracias a esta reforma, los alumnos que cursen un grado o master tendrán más posibilidades de salir a otros países de Europa y llevar a cabo allí una formación teórico- práctica de los estudios que han elegido.


 


Como consecuencia a esta medida vendrá otra absolutamente necesaria y que nuestro sistema universitario llevaba pidiendo a gritos desde hace ya muchos años: el fomento del aprendizaje de idiomas.


 


Así mismo, el tercer pilar sobre el que se sustenta la reforma es la posibilidad de un mayor contacto de los estudiantes con el mundo profesional, medida que ha sido aplaudida por muchos y muy criticada por sus detractores cuando aluden a que “si la universidad se va a ceñir exclusivamente a ofrecer conocimientos sobre el desempeño profesional, el papel social de las universidades va a quedar limitado a una parcela muy estrecha y se van a transformar en fuentes de conocimiento muy sesgadas”.


 


Sin embargo, el nuevo presidente de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE), Federico Gutiérrez-Solana, desde su reciente toma de posesión en el cargo ha aludido en reiteradas ocasiones que “nunca se ha pensado tanto en los estudiantes como lo va a hacer ahora el Plan Bolonia”.


 


Para Gutiérrez-Solana, esta reforma ha adquirido un compromiso total para potenciar la movilidad del conocimiento de profesores y futuros profesionales, y además, a partir de ahora, el proceso educativo será mucho más amplio y estará mucho más próximo a ellos.


Otro de los puntos que destaca el antiguo rector de la Universidad de Cantabria y actual presidente de la CRUE es que Bolonia va a ayudar a superar las tasas de fracaso actuales, cifradas la pasada semana por el Informe de la Fundación CYD en una cifra oscilatoria de entre el 30 y el 50%, así como a reducir la media de tiempo que emplea cada estudiante en terminar su carrera, cifrada en un 50% más de los años que tiene previstos para acabar su titulación.


 


Según Gutiérrez-Solana, “estamos delante de una oportunidad única de mejorar los aspectos metodológicos por parte del profesorado” y ante un buen momento para mejorar la eficacia del sistema universitario desde el punto de vista del servicio público.


 


El diálogo será la herramienta fundamental, según el presidente de la CRUE, para convencer a todos aquellos que no son capaces de ver las bondades del proyecto.


 


 


Los colegios profesionales


 


Asimismo, múltiples representantes de asociaciones y colegios profesionales aplauden Bolonia y han pedido desmontar los ‘bulos’ que se han generado en torno a las reformas que va a traer consigo esta reforma educativa, especialmente en algunos sectores profesionales.


Los representantes de siete colegios profesionales de las Islas Canarias analizaron hace unas semanas en la Universidad de La Laguna las repercusiones que tendrá este proceso y concluyeron que, hay que saludarlo como una iniciativa ‘positiva’ que, entre otros logros, “permitirá mejorar la formación práctica de los titulados y adaptar los títulos a las demandas de la sociedad”.


Según apuntó el representante del Colegio de Titulados Mercantiles y Empresariales de Tenerife, Pedro Melián, esta reforma va a mejorar las deficiencias de formación práctica que presentan los universitarios recién salidos de las aulas y que, actualmente, obliga a los colegios profesionales a hacer un importante esfuerzo para mejorarlo.


El representante del Colegios de Enfermeros, José Ángel Rodríguez, definió la convergencia como “una opción positiva de cambio en la Universidad”, aunque admitió que como todos los cambios “da miedo”.


Asimismo el representante del Colegio de Médicos de las islas, Rodrigo Martín, reconoció que el Plan Bolonia está bien para Medicina, pues se van a abandonar las clases magistrales y se van a pasar a la práctica los conocimientos teóricos tan arraigados a esta carrera universitaria.


Sin embargo, advirtió que es ‘inviable económicamente’ aplicar la convergencia y al mismo tiempo querer ampliar el número de alumnos, alertando así de que esta reforma puede atribuir a las universidades un papel que, a su juicio, corresponde a los colegios profesionales, el de la formación continuada.


Pero no son éstas las únicas críticas y dudas que el Plan Bolonia ha generado en torno a su inminente llegada porque para muchos ciudadanos y, especialmente los vinculados a la comunidad universitaria, este es un modelo que presenta múltiples riesgos ya que, de no controlarse su aplicación, puede que haya un flagrante contraste entre los objetivos propuestos y los resultados finalmente alcanzados.


 


Masteres y postgrados,


Farmacia ‘manos a la obra’


Malos abogados


La voz de los estudiantes


 

Masteres y postgrados


Uno de los riesgos más aludidos en las múltiples manifestaciones y protestas que se han llevado a cabo en los últimos meses, es que puede que se establezca un modelo uniformista que, de no modularse según el contexto y el tipo de estudios a impartir, puede derivar en preparaciones académicas deficientes.


Los nuevos masteres son uno de los escollos más grandes y que más quebraderos de cabeza ha traído consigo el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), pues muchos críticos han argumentado que en un año de duración, los alumnos no van a salir lo suficientemente preparados como para ejercer una profesión de forma autosuficiente.


El master para la Formación del Profesorado de Enseñanza Secundaria es, sin duda alguna, el postgrado que más críticas ha despertado, pues para muchos es una aberración que puedan acceder a él estudiantes que no han cursado un título de grado.


De esta forma, los que terminen este año una licenciatura tendrán que realizar obligatoriamente un master si quieren ser profesores de Secundaria, con lo cual la exigencia  a esta promoción y a las venideras, hasta que terminen sus estudios los grados, será de seis años de formación, mientras que cuando comiencen a salir titulados de los grados lo harán con cuatro años más el master.


Los pasos que habrá de seguir un estudiante que desee llegar a dar clases de Secundaria son, en primer lugar, cursar un grado que contendrá: un año general; dos años de contenido especializado y un año más de practicas obligatorias.


Seguidamente, deberá acceder al nuevo master de Pedagogía, como requisito legal para poder opositar pero, para acceder a dicho postgrado, los alumnos habrán de superar una prueba en la que acrediten el adecuado dominio de competencias de la materia, además de acreditar el dominio de una lengua extranjera con un nivel minino de B1.


 


A todo esto, los detractores de Bolonia añaden que el master de 60 créditos supondrá un coste para el alumno cercano a los 1.500 euros, lo que consideran realmente injusto e incluso privativo.


Por otro lado, el sector de las Ingenierías ha planteado también serias dudas acerca de cómo va a quedar la profesión una vez entren en vigor los grados del Plan Bolonia.


Los ingenieros superiores dieron desde el principio el visto bueno a la nueva reforma universitaria sin embargo, los ingenieros técnicos se han opuesto frontalmente desde que se anunció que su implantación estaba prevista para 2010.


No obstante, el presidente del Instituto de la Ingeniería de España, Manuel Acero, apuntó hace unas semanas que los técnicos han creado “una nube de declaraciones” para dar una sensación de maltrato porque hasta ahora se quejaban de tener menos competencias profesionales así como un año más de estudio.


Sin embargo, Acero opina que gracias al Plan Bolonia, van a llegar a tener conocimientos de su especialidad en cuatro años y después podrán convertirse en postgraduados sólo con cursar un año más de master, que les dará formación tanto generalista como especializada.


El sector de la Enfermería, por otro lado, parece estar de enhorabuena pues tras muchos años de peticiones, el Plan Bolonia ha conseguido equiparar sus estudios al del resto de titilaciones, ya que de ser una diplomatura pasará a ser un grado con su correspondiente postgrado en el horizonte.


Las asociaciones profesionales, los sindicatos y altos cargos profesionales se han congratulado por los beneficios que va a traer esta reforma a la profesión pero, uno de los aspectos que más les molesta, es el hecho de tener que acreditar cada cinco años su competencia y validez para seguir ejerciendo, cosa que no tendrán que hacer los titulados en Medicina.


 


 


Farmacia, ‘manos a la obra’


 


En el grado de Farmacia ya existe un proyecto que se está encargando de armonizar los aspectos que conformarán los postgrados de su especialidad, es el consorcio ‘Pharmine, formado por las universidades de Bruselas, Nancy, Lisboa y Londres, que se han puesto manos a la obra en este tema.


 


El proyecto consiste en tratar de desarrollar un sistema de estudios de postgrado para esta carrera que tenga en cuenta, tanto las competencias básicas del farmacéutico, como la especialización necesaria en las tres principales áreas de la Farmacia: hospitalaria, comunitaria e industrial.


Junto a estas cuatro universidades también están colaborando: el Grupo Farmacéutico de la UE, hospitalaria (EAHP) e industrial (Grupo Europeo de Farmacéuticos de la Industria) y la Asociación Europea de Estudiantes de Farmacia.


Este consorcio desarrollará, por tanto, un plan de estudios común para el nivel de competencias básico, así como planes para la farmacia especializada, más específicos.


El objetivo de esta ambiciosa iniciativa no es otro que proponer un estándar común para que lo asuman los Estados miembro, así como por los candidatos a ingresar en la UE. Además, no se descarta exportar estos modelos formativos a otras zonas ajenas a Europa como África, China, India y Sudamérica.


 


 


Malos abogados


También han sido muchos y muy variopintos los profesionales de la Abogacía que se han alzado en contra del Plan Bolonia, alegando entre otros muchos argumentos que va a ser imposible que haya buenos abogados tras la implantación de esta reforma universitaria.


Así por ejemplo, el catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Alicante, José María Asencio, aseguró en el marco de las VII Jornadas Jurídicas Por el Diálogo celebradas hace unas semanas que, “va a ser imposible formar a buenos abogados, procuradores, jueces o notarios en tan sólo cuatro años”.


“Bolonia está excesivamente vinculado al mercado, y en el marco del Derecho no se está haciendo nada salvo estudios muy genéricos donde se pide un cambio de todo, pero sin saber qué se quiere y con qué se cuenta. Hasta ahora sólo hay un Real Decreto de 2007 y varios libros blancos y eso es fácil de hacer. Pero no hay nada más, ni medios ni nada", aseguró Asencio.


 


Asimismo, la opinión del vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Miguel Collado, es que también algo negativa respecto a Bolonia ya que "si bien va a permitir una mayor adaptación de la formación universitaria a todos los países europeos, en el caso concreto del Derecho va a chocar porque el Derecho español no es igual que el italiano, el francés o el alemán".


 


Por este motivo, asegura que uno de los aspectos negativos de Bolonia en relación a la Abogacía es que los estudiantes no van a estar preparados para ejercer su profesión cuando salgan a hacer prácticas a países de Europa, de los cuales no conocen su legislación ni su aplicación a casos concretos.


 


 


La voz de los estudiantes


Pero si ha habido realmente un colectivo protagonista dentro de la vorágine que ha ocasionado esta reforma universitaria, ese ha sido sin duda el de los estudiantes.


Múltiples asambleas de alumnos han tomado las calles, se han encerrado en las aulas durante días y noches enteros y han proclamado a ‘vox populi’, que el proceso de Bolonia no va a beneficiar a las universidades sino a las empresas, y a todos aquellos que quieren hacer dinero a costa de la educación.


La Asamblea de estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid, por ejemplo, ha denunciado en múltiples ocasiones que el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) va a eliminar muchas carreras importantes como las Filologías Clásicas (este será el caso de la Románica).


Asimismo, estos representantes del alumnado de la universidad madrileña han puesto de manifiesto que están “muy indignados” con la postura del rector de la Complutense, Carlos Berzosa, por haber decidido seguir adelante con el master para Formación de Profesorado (el antiguo CAP), que supondrá un suplemento importante de tiempo y dinero para los alumnos.


Por otro lado, una de las quejas se ha centrado en el master en Abogacía que tendrán que hacer todos los abogados que quieran ejercer su profesión en otros países de Europa, pues los estudiantes reclaman que aún no han tenido acceso a la información sobre este postgrado y no saben cuánto les va a costar, cuántos años va a durar, ni que contenidos se van a estudiar.


Por último, el precio de las tasas de las matrículas es otro punto que preocupa seriamente a esta asamblea de estudiantes de la Universidad Complutense, dado que sino ha habido información concreta, puede que estas tasas se disparen y supongan un gran desembolso para los estudiantes.


Los peores aspectos de la reforma universitaria de Bolonia y los que más preocupan a la comunidad estudiantil a día de hoy, según se recoge en varios foros de Internet dedicados a este tema es, en primer lugar, “la poca información” que se ha facilitado sobre el proceso a lo largo de estos años, pues las universidades y el ministerio han esperado hasta el último momento para empezar a informar a través de campañas.


 


Otro aspecto destacado por la voz de los estudiantes en foros y comunidades de la red es que, los Estados que han participado en la reforma, han formulado unas premisas básicas para su implantación pero, en muchos casos, estas premisas son demasiado básicas y han dejado “lagunas” que no aclaran que va a pasar. Por ejemplo, con la convalidación de determinados títulos.


 


Sobre los nuevos títulos de grado, muchos estudiantes plantean que deberían haberse regulado un mínimo los contenidos de todas las carreras y no sólo las de algunas como Medicina, Pedagogía o Arquitectura. En opinión de muchos estudiantes, se debería haber regulado la base de todas las titulaciones, para garantizar así un mínimo de estudios comunes en todas las carreras.


 


Por ejemplo, muchos estudiantes consideran que el Plan Estratégico 2015 debería contemplar que, al menos el último curso de cada titulación, se impartiera íntegramente en inglés. Esto supondría que los primeros alumnos “100% Bolonia”, cursarían el 4º curso de sus estudios en lengua inglesa.


  


 


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Más información:


Espacio Europeo de Educación Superior (EEES)


 


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