Menú
¡Llama gratis! 900 264 357

Becas y prácticas, ¿solo formación?

Si al principio de los 80 eran malos tiempos para la lírica, hoy son las becas y las prácticas las que carecen de buena racha. Un desempleo galopante, la falta de productividad y la necesidad de las empresas de ahorrar costes las han condenado a conv

Publicado en Histórico Reportajes
Foto de Becas y prácticas, ¿solo formación?
Estudiantes-grado-INELas becas y prácticas en empresas han sido tradicionalmente uno de los instrumentos a través del cual jóvenes estudiantes o recién titulados tenían su primer contacto con el mercado laboral. Un período de duración variable, con la formación como característica central, durante el cual el becario se incorpora a un institución o entidad empresarial con el objetivo de aprender y poner en práctica los conocimientos adquiridos en su formación académica.



Con el objetivo de dotar de ciertos derechos a este colectivo, además de ampliar las garantías en materia de salud laboral, en 2011, y dentro del marco de la modernización del sistema de Seguridad Social, se habilitó la inclusión en dicho régimen de aquellos que participaran en programas de formación, pero se excluía a los que realizaran prácticas externas (curriculares y extracurriculares) en empresas. El pasado junio, el Tribunal Supremo anulaba el Real Decreto y el Ministerio del Interior ha autorizado, de forma extraordinaria,la presentación de las altas y las bajas antes del 30 de septiembre, mientras redacta un nuevo real decreto.

 

Esto supone un avance, sin duda, en el reconocimiento a los becarios de una serie de derechos. Pero aun así, los ecos de fraude laboral vinculados a este instrumento formativo se oyen cada cierto tiempo. El pasado agosto, una inspección de trabajo descubrió a 33 becarios en un único hotel de Mallorca, con el ánimo de reforzar la plantilla para la temporada de verano. Una denuncia sindical fue la que dio la voz de alarma en este caso. Del mismo modo, CCOO y UGT han presentado a lo largo de la actual temporada turística un centenar de denuncias ante la Inspección de Trabajo de Baleares por la contratación irregular de becarios en el sector de la hostelería.

 

Santiago González Ortega, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad Pablo de Olavide, afirma que en un altísimo porcentaje de casos, las becas han sido utilizadas –tanto ahora como en el pasado- como una forma de obtener trabajo a un precio muy bajo, utilizando a los becarios como trabajadores: “Una praxis corrupta bastante extendida en las empresas, corroborada por sentencias judiciales, que ha generado lo que nosotros llamamos el falso becario”.

 

¿Pero qué mecanismos de control existen para evitar que los becarios sean víctima de un fraude laboral de estas características? “Los abusos se evitan cumpliendo estrictamente con la normativa vigente”, según el director gerente de la Fundación Universidad y Empresa, Fernando Martínez Gómez. Insiste en que todoslos programas de las prácticas deben estar siempre directamente vinculados a unos estudios universitarios, bien sean de Grado o de Postgrado; contar con un plan formativo específico, un plan de seguimiento y evaluación, unos tutores académicos y empresariales, y un convenio firmado entre la universidad, la empresa, el estudiante y, en su caso, la entidad gestora, en el que se detallen las obligaciones y derechos de todas las partes. “Los problemas surgen cuando el acuerdo se hace al margen de la universidad, de manera bilateral entre la empresa y el estudiante”.

 

Pero la realidad es que este protocolo no asegura que no existan becarios cubriendo el puesto de un trabajador de forma fraudulenta. ¿Qué se necesita para que tanto las prácticas como las becas puedan cumplir con su función formativa? Detectar la existencia de falsos becarios en empresas no es fácil. De hecho, “es muy difícil de controlar”, asegura Santiago González, aunque haya mecanismos diseñados para ello. En primer lugar, es el propio becario quien puede poner una denuncia a la empresa. Sin embargo, esta no suele producirse hasta que se rescinde el acuerdo de prácticas. Es a posteriori cuando denuncia el alumno, ya que en un principio alberga la esperanza de conseguir un puesto de trabajo, después de haber soportado esos meses de explotación. Sin embargo son pocos los que deciden denunciar debido a lo farragoso del proceso y a la poca rentabilidad que en la mayoría de los casos se va a sacar.

 

Otra vía son las inspecciones de trabajo, pero en este caso en España tenemos un problema: la tasa de inspectores de trabajo en nuestro país es una de las más bajas, en comparación con el resto de Europa, y no llegan a controlar todo. La tercera es la denuncia sindical, “pero para ello tiene que ser una empresa que tenga representación sindical, y contando con que la mayoría de empresas en España son PYMES”, explica González Ortega, se torna muy difícil. “Es por esto que se consolidan este tipo de formas de actuar, que constituyen casi una filosofía, en la que el joven entiende que le van a explotar, no le van a pagar, pero al menos va a conseguir una experiencia laboral, y quizás que la empresa que le han explotado sea condescendiente, y un poco más adelante le contrate”, explica el catedrático de la UPO.

 

El problema que ve Dolores Dolado, del Centro de Orientación e Información para el Empleo (COIE) de la UCM, es que se ha olvidado por parte de determinados agentes que participan en la gestión de becas y prácticas en empresas el componente formativo de estas herramientas. Considera que se debe poner en valor a la práctica y la beca, que los tutores sean conscientes de que su tarea con el estudiante es una responsabilidad, “todos hemos estado en la universidad y hemos descubierto lo importante que es una formación práctica”, afirma. Por otro lado, está claro que no podemos dejar al estudiante la responsabilidad de agente vigía, pero Dolado recuerda que si no son los jóvenes los que alertan de que algo no se está desarrollando de la forma que debiera, ellos no pueden hacer nada porque nollegan a tener conocimiento. Cualquier anomalía, abuso o circunstancia no conveniente que pueda darse en el desarrollo de la práctica o beca debe se puesta en conocimiento por el alumno. Por eso Dolado observa esta problemática como un asunto de carácter muy transversal: “Son muchos factores los que intervienen y debería estar mejor regulado”.

Tipos y modelos

 

Las becas y prácticas no constituyen un contrato de trabajo, y al no existir relación laboral, los que las realizan quedan fuera de las normas que conciernen a asuntos como la duración de la jornada, salario, vacaciones, despidos o suspensiones de contrato. En definitiva, un agujero por el que se cuelan las supuestas garantías de los jóvenes que comienzan su andadura en el mercado laboral.

 

Desde la incorporación al Espacio Europeo de Educación Superior, que introdujo la obligatoriedad de la realización de las prácticas en empresas como requisito para conseguir el título de grado, existen dos tipos de prácticas: las prácticas externas curriculares y las externas no curriculares. Las primeras se enmarcan en el contexto de la carrera universitaria, como si fueran una asignatura más. Las segundas son de carácter voluntario.Sin embargo ambas se llevan a cabo bajo el amparo de los convenios entre empresas y centros de estudio. Una vez más se recuerda su carácter formativo. En base a la experiencia de González Ortega en la UPO de Sevilla, la formación en este tipo de becas es real “aun cuando los becarios tengan que hacer alguna tarea productiva”. Al fin y al cabo, a trabajar se aprende trabajando.

 

Sin embargo, cuando no existe retribución por las mismas, asalta la duda de en qué condición queda elbecario o estudiante en prácticas, “pues en la medida en que son estudiantes tienen la protección que les da el hecho de ser alumnos de la universidad, pero poco más”. Unas prácticas sin remunerar y fuera del ámbito de la universidad dejarían al becario sin acceso a la citada ampliación de derechos en materia de salud laboral y seguridad social. Sin embargo, para la mayoría de jóvenes, el hecho de adquirir experiencia laboral en un determinado sector puede ser motivo suficiente para aceptar trabajar sin cobrar un euro.

 

Y así lo hizo en Berlín una joven que prefiere no ser citada. Ha hecho prácticas en tres empresas. Por su último puesto de becaria no percibió ninguna retribución, “pero de eso ya era consciente cuando acepté las prácticas, así que me puedo quejar pero sabía a dónde iba”. Sus tareas no se diferenciaban en absoluto de las encomendadas a otro miembro de la empresa que estuviera en nómina. La jornada laboral variaba en función de la productividad, excediendo en algunos casos las ocho horas propias de una jornada regular. Sin embargo, puede decirse que su valoración es positiva: “Hice contactos y conocí por dentro el sector en el que estaba interesada. Sí considero útiles unas prácticas, aun que sean sin remunerar, cuando suponen adquirir conocimientos que no has aprendido durante tus estudios. Si simplemente vas a repetir lo que ya sabes hacer, entonces no”.

 

Son muchos los que piensan igual que esta joven. Según el informe ‘Estado del mercado laboral en España’,realizado por ESADE en colaboración con Infojobs, un 75% de los menores de 30 años que participaron en el estudio estaban dispuestos a hacer prácticas laborales sin percibir ningún salario, únicamente con el objetivo de aumentar su experiencia.Y es que, ‘haberlas haylas’. Basta con echar un vistazo en cualquier web de búsqueda de empleo, buscar “prácticas no remuneradas” y encontrar al menos un par de páginas con unos 20 resultados que piden candidatos que estén cursando un máster, tener un porcentaje mínimo de créditos superados oestar vinculado a un centro universitario para poder hacer convenio, para puestos de jornada completa.

 

La valoración por parte de los alumnos de sus experiencias como becarios no es muy positiva, aunque hay que destacar pequeños matices al respecto. Un 65% de los jóvenes encuestados para el mencionado estudio no perciben las prácticas como una herramienta útil para encontrar empleo en su sector. Sin embargo, la percepción de su utilidad aumenta cuando se les pregunta a los que hicieron prácticas antes de 2012 o conforme va pasando el tiempo.

 

La carencia de oportunidades de empleo, falta de empleabilidad y pocos puestos de trabajo no son el mejor escenario posible. Según el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), el índice de conversión de becas en contratos indefinidos se ha reducido un 57% desde 2008. “Las empresas antes de la crisis hacían uso de las becas como método de selección. Ahora con la crisis las empresas no crean empleo y utilizan la beca como un forma de obtener trabajo a bajo coste. Por lo que el ratio de transformación de beca en contrato indefinido va a seguir descendiendo. Pero es la realidad que no está tocando vivir”, explica el catedrático de la UPO. A este respecto, Dolores Dolado coincide con Santiago González respecto a la capacidad de contratación de las empresas: “¿Cuantos puestos de trabajo van a generar las pequeñas y medianas empresas? Pocos”. También hace un apunte acerca de cómo ha afectado la crisis laboral al mercado de las prácticas en función de los diferentes sectores. Apunta que en algunos ámbitos, las becas siguen funcionando, como es en el sector de la informática “donde están bien remuneradas” y puedes cambiar fácilmente porque hay oferta y se demandan profesionales de este perfil. Dolado recuerda que es labor de todos cuidar de las prácticas y becas.

 

Mientras, en la Consejería de Empleo de la Comunidad de Madrid se prepara un programa para la inserción laboral de parados de larga duración y jóvenes sin experiencia. Por el momento sólo se sabe que serán hasta 500 horas de prácticas con una remuneración de 240 euros al mes. Será interesante, tal y como plantea Santiago González ver de qué manera conjugarán el espíritu de la beca (orientada a personas jóvenes, a cualificar a aquellos que no tienen ninguna experiencia profesional) con el concepto de parado de larga duración. “Podría pensarse que un parado de larga duración a perdido cualificaciones porque lleva tanto tiempo apartado de su profesión, y que está igual que un joven [con falta de experiencia]”. Según González, este tipo de discurso será válido cuando no encontramos con alguien que después de 20 años fuera del escenario laboral quiere volver al mercado de trabajo. “Sin embargo, resulta un poco sarcástico pensar que alguien que lleva 25 años trabajando en un sector, el que sea, después de dos años desempleados hay darle una beca de formación otra vez, sin contar con su experiencia previa”. De todas maneras, todavía no hay mucho definido, sólo que el programa previsto para antes de fin de año será de carácter voluntario y se podrá solicitar en las oficinas de empleo. 11 millones de euros para un plan del que no hay más información disponible, aunque desde la consejería de Trabajo prevén que “a lo largo de este mes, estará todo concretado, aún se encuentran trabajando en los detalles”.





¡Sigue a aprendemas.com en FacebookTwitterTuenti y LinkedIn