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“Un máster hay que hacerlo después de cierta experiencia laboral”

Nuestro protagonista se llama José Luis y su destino de estudios es Australia. Este gaditano afincado en Madrid es un profesional de la industria petrolera que el próximo año espera realizar un doble máster de dos años en Australia con una beca Tal

Publicado en Histórico Noticias
Foto de “Un máster hay que hacerlo después de cierta experiencia laboral”

José Luis se tituló como Ingeniero Químico en 2005, tras disfrutar de un año como becario Erasmus en Brighton (Inglaterra), probablemente la chispa que prendió su inquietud por probar suerte en el extranjero. Ahora, a sus 30 años y tras un quinquenio como profesional, ha recibido la admisión para realizar el Master of International Business and Master of Logistics Management impartido por The University of Sydney, con el que pretende dar un giro a su vida profesional.


 


Actualmente, tras ser aceptado en el programa de postgrado australiano y realizar una importante inversión para la reserva de la plaza, está simplemente a la espera de recibir la resolución de la beca Talentia de la Junta de Andalucía, que se publica a principios del próximo mes de diciembre, y que confirmaría su salto a Oceanía. Le preguntamos cómo se gesta la decisión de romper con todo. “Quería hacer algo diferente, que me permitiese formarme en gestión logística que es lo que más me interesa tras unos años de experiencia profesional”, señala José Luis.


 


Pero qué puede motivar a un español para decidirse a ir a estudiar casi a las Antípodas de España. “Mi motivación única no es el salario, sino la posibilidad de especializarme y de orientar mi carrera profesional hacia donde quiero”, subraya.


 


No obstante, este ingeniero químico gaditano confiesa que la inquietud por vivir en el extranjero tiene su origen en el curso 2003-2004, antes de sus inicios en el mundo laboral. Desde que tuve la ocasión de vivir en el extranjero realizando una beca Erasmus tenía la inquietud de volver a vivir fuera. Y lo he intentado en el mundo laboral –insiste-, pero no resulta fácil, por lo que pensé que a través de la formación podía encontrar la oportunidad de hacer las dos cosas: mejorar mi formación y encontrar una nueva oportunidad laboral”.


 


Además, el destino elegido por José Luis podría parecer atípico por lo remoto e inusual, pero él explica su elección. “Me interesaba la zona del sudeste asiático porque me gusta la cultura, porque por circunstancias familiares también he estado muy cerca de ella y porque es un referente en el sector logístico a nivel mundial; pero solo existía un máster como el que buscaba en Singapur, y por problemas en los plazos de admisión a este programa, preferí optar por la opción de Australia, que me permitía irme antes. Además de que es muy interesante por la posibilidad de complementar la formación en logística con la de negocios internacionales”, señala.


 


Nuestro protagonista se marcharía a Australia gracias al programa de becas Talentia, cuya existencia conoció en diciembre de 2008 a través de un amigo que la está disfrutando actualmente en EE.UU. “La beca está muy bien porque cubre todos los costes. Salió hace 3 años y ahora ya es bastante más demandada. Uno de los requisitos más importantes suele ser tener la admisión en el programa al que optas y el único problema es que el sistema universitario de lugares como EE.UU., Australia u otras escuelas anglosajonas es siempre menos accesible para españoles por el sistema de notas que disfrutamos”, insiste.


 


Pero para la adjudicación de la beca no vale cualquier universidad. La Junta de Andalucía tiene convenios con diferentes universidades del mundo de prestigio y sólo puedes salirte de esa lista si justificas adecuadamente la calidad del programa al que quieres optar, señala. En su caso, la Universidad de Sídney sí aparecía en esa lista, pero no le ocurrió lo mismo con otra opción que también barajó en Singapur y que, tras su solicitud, ahora también consta en ese listado oficial.


 


Lo que José Luis no tiene claro todavía es qué hará después de este postgrado de dos años en Australia porque, además, entre los requisitos de la beca con la que se marcharía está trabajar a favor de la región andaluza como compensación por la entrega de la beca durante al menos 4 de los 6 años siguientes a la graduación, bien trabajando en Andalucía o bien haciéndolo en beneficio de la comunidad andaluza en el exterior. “No lo tengo claro todavía. Una opción sería volver a Andalucía y montar algo por mi cuenta, pero otra opción sería trabajar allí como asalariado. Ya lo pensaré sobre el terreno”, subraya.


 


La burocracia, el enemigo número 1


 


El proceso de solicitud y matrícula al programa ha sido largo, exigente y a veces tedioso. Pero ante todas las dificultades, no hay duda ante cuál ha sido el más duro de los enemigos: la burocracia. “Es lo más complicado”, apostilla José Luis. “Llevo un año preparando el proceso para marcharme y creo que lo mínimo, si todo va muy bien, son 9 meses. Tienes que hacer exámenes, preparar documentación, etc.”, añade.


 


Los asuntos burocráticos le han supuesto de hecho algunas noches de desvelo debido a la diferencia horaria entre Australia y España (10 horas más en invierno y 9 en verano en Sídney respecto a Madrid), al tener que contactar en varias ocasiones con la universidad australiana para arreglar diversos asuntos.


 


“He tenido que llamar 7-8 veces para aclarar temas burocráticos y de la admisión, aunque gracias a Internet me ha supuesto un coste bastante bajo. El problema era que me tenía esperar hasta la madrugada para contactar con las personas que necesitaba. Hay días que he estado arreglando estos Asuntos casi hasta las 3 de la mañana”, recuerda José Luis, con el inconveniente que ello suponía para alguien que habitualmente se levanta a las 7 de la mañana para trabajar.


 


Otra de las cosas que no se debe ignorar es que toda la documentación a presentar tiene que estar traducida al inglés por un traductor jurado. Y como mínimo hay que presentar traducciones del título y el expediente académico y cada página que se traduce cuesta entre 30 y 50 euros. Además, si se exige presentar cartas de recomendación, hay que solicitar que éstas se hagan en inglés. 


 


La validación de toda la documentación a presentar le exigía además viajar a Barcelona, el único lugar de España donde la Universidad de Sídney tiene un agente oficial para validarla. “Hay que mandar toda la documentación original por correo o desplazarte para no correr el riesgo de perderla. En mi caso fue una academia de idiomas, reconocida como agente oficial, que se encuentra en Barcelona y a la que tuvo que ir mi padre para presentarlos y demostrar la autenticidad de los mismos”, explica.


 


En concreto, a este gaditano le resultó “muy compleja” la convalidación de las notas para el extranjero. “En España elaboramos las notas en base 4 (1 para el aprobado, 2 para el notable, 3 para el sobresaliente y 4 para la matrícula de honor) y para el extranjero se necesita traducir a una ponderación en base 10”, explica, lo que supone una desventaja para los españoles, ante una mayor dificultad para obtener notas altas y poder competir en igualdad de condiciones con titulados de otros países en los procesos de selección de másteres en el extranjero.


 


“Es como tirar piedras contra nuestro propio tejado. Creo que las notas en España son muy inferiores a las de titulados de países como Reino Unido o EE.UU. debido al sistema y no a la capacidad. Un 6,50 en España, una nota media muy habitual en las duras titulaciones técnicas, es una nota bastante baja en relación a las que se exigen para realizar un máster en el exterior, en los que habitualmente se exige entre un 7 y un 7,50, mucho más difícil de conseguir con motivo de nuestro sistema de puntuación”, añade.


 


De todas formas, en este sentido José Luis puede considerarse un afortunado porque reconoce que el centro donde cursó sus estudios, la Universidad de Cádiz, ha colaborado bastante en la emisión de certificados “a la carta” pese a que no están muy acostumbrados a cursar ese tipo de documentación para sus alumnos. “Cada documento me ha costado en torno a 24 euros, pero se han mostrado muy colaboradores y siempre bastante abiertos a ayudarme”, concluye agradecido.


 


Asumir el coste de documentos, exámenes, reservas…


 


Hay que sumar también el coste de los exámenes obligatorios para el ingreso como el TOEFL, el IELTS o los exámenes oficiales de Cambridge (Proficiency o Advanced) en el caso del inglés, o el GMAT y el GRE en el caso de algunos programas ejecutivos. Todos los cuales se preparan “mucho mejor”, apunta nuestro entrevistado, si vas a una académica, pero que también se pueden preparar de forma independiente, como ha hecho él. El coste económico de cada una de estas pruebas está en torno a 150 y 200 euros cada examen.


 


Sin embargo, el precio del programa, en este caso cerca de 30.000 dólares australianos por año (unos 21.000 euros por año) para un máster de 24 meses, lo sufraga la beca Talentia, que paga la totalidad de la matrícula, el viaje (una bolsa de viaje cada 8 meses, hasta un máximo de 2 bolsas), una dotación mensual para manutención que varía en función de la ciudad hasta un máximo de 1.700 euros (1.400 euros en su caso) y una dotación de 1.000 euros para establecimiento.


 


Pero además este ingeniero químico ha tenido que adelantar 12.000 euros para la reserva de la plaza mientras espera a la resolución de su beca y que le serían reembolsados cuando le confirmen la asignación de la ayuda. En caso de que finalmente no realizara el máster, perdería un 10% del importe adelantado.


 


“Aunque se solicite una beca, antes de plantearte hacer un máster de este tipo debes tener en cuenta que tienes que afrontar por ti mismo ciertos gastos: una cantidad destinada a exámenes junto a la traducción de notas y otro tipo de documentos, que hacen un total de unos 800 euros, Y esto sin incluir posibles gastos opcionales como la preparación de esas pruebas y teniendo que sumar también en muchos casos lo que se tenga que adelantar para reservar la plaza”, aclara.


 


También es consciente de que en un entorno como el de crisis actual, el riesgo de dejar atrás un trabajo estable para emprender este tipo de iniciativas no es lo más habitual. “A ciertas personas de mi entorno familiar creo que les dio cierto miedo que iniciara esta carrera que no sabes donde te va a llevar. Pero con el tiempo ven que es lo que quieres hacer y te animan a ello. Lo primero que todo el mundo me dice ahora es cuando pueden venir a visitarme…”, apunta con sorna.


 


“Un máster hay que hacerlo con experiencia profesional”


 


Sobre qué espera encontrar, José Luis señala que desea disfrutar de un programa que le ayude a formarse mejor en las áreas en las que está interesado y que le permita focalizar su carrera en un trabajo relacionado con la logística y con los negocios internacionales. Un máster creo que hay que hacerlo después de tener una experiencia laboral para saber claramente hacia donde llevar tu carrera profesional, apostilla.


 


De hecho, considera que la realización de un máster con la especialización que éste conlleva, probablemente le cierre algunas puertas a determinados perfiles profesionales, pero añade que le consta que “en empresas extranjeras hay mucha más movilidad”. “Puedes empezar en logística y terminar en un departamento muy diferente”, destaca.


 


Cuando se le cuestiona sobre qué es lo más difícil al enfrentar una aventura de este tipo, como es de esperar, señala que dejar atrás a familia y amigos. “Lo que peor llevo es saber que puedan surgir situaciones que te exigen desplazarte de urgencia por motivos de cualquier índole, y hay que ser consciente de que Australia está muy lejos y no es tan accesible. Es algo que tratas de no pensar, pero que siempre tienes en la cabeza”, explica.


Reconoce además que cree que una decisión de este tipo habría sido más compleja si hubiera tenido pareja estable, pero recuerda de inmediato que no debe suponer tampoco un obstáculo. “Conozco casos de amigos que para facilitar la tramitación de visados han tenido que formalizar urgentemente su relación para así poder ser acompañados por sus parejas”, relata.


 


Y tampoco cree que le vaya a suponer un largo período de adaptación, ya que reconoce que le resulta fácil adaptarse bastante bien a otros ambientes “por haber vivido en el extranjero, por haber tenido parejas no españolas y por haber viajado mucho”. “Además, creo que Sídney tiene bastante vida social”, subraya divertido. Y es que en el fondo, como recuerda él mismo, cuando un estudiante se aventura en un postgrado en el extranjero “no da mucho tiempo a darte cuenta de adónde vas”.


 


 


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