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Un informe aborda los grandes retos del próximo presidente de los EEUU

Estados Unidos lidera por décimo cuarto año consecutivo el Anuario Mundial de Competitividad elaborado por IMD, si bien, los últimos acontecimientos en relación al sistema financiero internacional y la crisis global, amenazan seriamente este puesto d

Publicado en Histórico Noticias
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¿En qué consiste la competitividad? La Real Academia de la Lengua (RAE) lo define como la "capacidad de competir" y la "rivalidad por la consecución de un fin". Sin embargo, estas descripciones no abarcan todo el significado de esta palabra, clave para el desarrollo económico de un país, el éxito de una empresa, el ascenso profesional y ahora también el triunfo electoral. Y es que la pérdida de competitividad se ha convertido en una parte central en la carrera que el demócrata Barak Obama y el republicano John McCain hacia la Casa Blanca.


 


Tradicionalmente Estados Unidos ha sido una de las economías con mayor tasa de competitividad empresarial, que junto con otros méritos le ha permitido alzarse con el reconcomiendo de primera economía del mundo. Sin embargo, la pujanza de nuevos países y sobre todo de las empresas asiáticas, donde los costes laborales son menores, hace que deba replantearse su estrategia y realizar un nuevo 'esfuerzo extra. La brecha entre las superpotencias es cada vez más pequeña según desvela el Anuario Mundial de Competitividad de IMD. Se trata de un estudio que lleva a cabo la escuela de negocios suiza IMD todos los años y que en 2008 ha analizado un total de 55 naciones.


 


Por decimocuarto año consecutivo Estados Unidos lidera la clasificación, si bien cada vez este diferencia se recorta respecto a sus competidores: Singapur, Hong Kong, Suiza y Luxemburgo (los cinco primeros clasificados). Por fortuna, el informe de IMD analiza al detalle cada una de las fortalezas y debilidades de su economía para que el futuro presidente, bien sea Obama o McCain, tenga claro en qué apartados necesita mejorar.


 


Los fundamentos de la competitividad estadounidense siguen siendo los más sólidos. Su economía ha crecido más rápido que la de cualquier otro país en los últimos diez años gracias, en parte, a que por sí sola supone el 20% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial y cerca del 10% de las exportaciones. De hecho, EE.UU. es el tercer mayor exportador de productos manufacturados y primero por servicios, además del mayor importador con un gasto de 2 billones de dólares. Las cifras también sitúan al 'país de las oportunidades' como el principal receptor de inversión extranjera directa, lo que además se refleja en que acumula cerca del 40% de los activos financieros globales.


 


Todo eso para un país donde vive el 5% de la población mundial pero que sin embargo acumula casi un tercio de los investigadores en ciencia e ingeniería que hay en el mundo y gasta el 40% del total destinado a I+D a través de proyectos privados y universitarios. No en vano, 30 de las 40 universidades más prestigiosas del planeta están en suelo estadounidense. Algo parecido ocurre en cuanto a las grandes multinacionales, donde las estadounidenses copan 14 de los 20 primeros puestos. En definitiva y desde una perspectiva global, EE.UU. es el líder del actual modelo económico y social, aunque eso no implica que tenga que seguir siéndolo indefinidamente. Como cualquier sistema, tiene sus puntos negros, que son precisamente a los que más atención deberán prestar Obama y McCain.


 


En el apartado económico, EE.UU. se enfrenta a varios retos y problemas, empezando por el declive del dólar, algo que preocupa a ambos candidatos. En este sentido, la reciente revalorización del 'billete verde' no debe llevar a engaño sobre la debilidad de esta divisa frente a un euro que cada vez se utiliza en más transacciones financieras. Del mismo modo, Nueva York también ha visto cuestionada su hegemonía como centro mundial de la banca de inversión por empuje de Londres.


 


Sin embargo, su mayor reto es abandonar viejos hábitos ligados con los préstamos. Y es que EE.UU. tiene un problema endémico con su balanza de pagos y la deuda externa, tal y como reflejan los datos del Anuario Mundial de Competitividad de IMD, donde la eficiencia gubernamental estadounidense ha caído en picado desde 2001, cuando ocupaba el octavo puesto hasta el decimo octavo de 2008.


 


Algo parecido ocurre en el sector educativo, ya que tener las mejores universidades y escuelas de negocio no es sinónimo de contar con una población bien formada. EE.UU. ocupa la decimo segunda posición en el ranking educativo al tiempo que los estudiantes norteamericanos se quedan atrás en los tests internacionales. A esto hay que añadir la incomprensible actitud del gobierno de cerrar sus puertas al talento extranjero, según demuestra la caída del número de visados para estudiantes de los 200.000 de 2001 a los 65.000 de 2006. Estos futuros trabajadores que no se forman en EE.UU. suponen una dura competencia que está haciendo que muchas compañías empiecen a trasladar sus actividades de I+D fuera del país, con el aliciente de que los costes también suelen ser menores. Esto podría llevar a la nación a perder su ventaja estratégica en este campo a favor de potenciar pujantes como China.


 


Según IMD, el nuevo presidente debe hacer frente a los miedos de la población hacia la globalización enfocando su actividad hacia políticas que fomenten la creación de empleo en lugar de aquellas que ayuden a conservar los actuales puestos de trabajo. Esto implica una 'socialización' del sistema de seguridad social con una mejor prestación por desempleo y programas de formación. Algo parecido ocurre con el sistema educativo en sus niveles básicos, donde debería invertir más en la formación profesional en nuevas tecnologías si quiere mantener una masa de trabajadores altamente cualificados.


 


Para recuperar parte de la competitividad perdida en I+D y tecnología, EE.UU. debería incentivar este tipo de inversiones así como la innovación en general dentro del ámbito privado y sobre todo en sectores que están quedándose atrás como el de telecomunicaciones. Al mismo tiempo, deberían ser más flexibles en las restricciones que imponen a los investigadores y trabajadores altamente cualificados para entrar en el país y promover un perfil más científico y matemático en su curricular académico.


 


Las finanzas personales de los estadounidenses también necesitan un buen repaso, sobre todo en lo que a consumo se refiere. EE.UU. es el mayor consumidor mundial con una tasa del 70% del PIB, muy por encima de otros países también 'derrochones' como Japón (55%) o China (40%). La solución pasa por incentivar el ahorro y 'atacar' fiscalmente un determinado tipo de gastos. El mayor reto es qué estrategia elegir, la de afrontar el déficit o apostar por el crecimiento. Por último, Obama y McCain deberán solucionar el problema de unas infraestructuras ya anticuadas y de una red de telecomunicaciones insuficiente en términos de conectividad.


 


La rapidez de respuesta y la habilidad para solucionar estas cuestiones serán la clave para que EE.UU. pueda mantener su hegemonía mundial y dejar de perder terreno frente a otros países. El nuevo presidente deberá tomar medidas urgentes para 'tapar' estos agujeros si no quiere tener un problema añadido a la crisis económica.


 


 


Más información:


 


Anuario Mundial de Competitividad de IMD